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EL TRAVIESO ARCE: de ÍDOLO a PRESO… La VERDAD OCULTA que HUNDIÓ al campeón

El 31 de julio de 1999 en Tijuana se enfrentó a Michael Carvajal, el escampeón americano de tres veces en lo que debía ser una pelea de dinero para Arce y un paseo de despedida para el veterano Carvajal. Y Carvajal, ya mayor pero todavía peligroso, lo noqueó en el undécimo round cuando Arce iba ganando en las tarjetas.  Una lección brutal sobre lo que significa confiar de más.

De esa derrota también se levantó. Así era Arce. Se caía y se levantaba. Peleaba con lo que hubiera enfrente. Y cuando no había nadie lo suficientemente peligroso, creaba el peligro él solo con esa personalidad desbordante que hacía imposible que pasara desapercibido. Los primeros años del siglo XXI fueron los de la consolidación.

Esar se fue construyendo su carrera con una mezcla de talento pjilístico y espectáculo que lo convirtió en uno de los boxeadores más queridos del público mexicano. No era el más técnico, no era el más académico, era el más entretenido, el que nunca salía a sobrevivir sino a pelear, el que dejaba sangre en el ring y daba entrevistas con la misma energía que ponía en los combates.

el que era para decirlo en una sola palabra, travieso. En 2002, Arce viajó a Corea del Sur para enfrentarse al campeón local Josam Choy por el título mini mosca del Consejo Mundial de Boxeo.  Fue a territorio hostil con el público entero en contra en el país del rival y lo noqueó. Ese tipo de victorias no se olvidan.

Son las que construyen leyendas, las que confirman que el tipo no solo puede pelear en casa, sino en cualquier arena del planeta. Sin público amigo, es que no sin el calor de la afición propia,  con nada más que sus manos y sus agallas. Y luego vino el 2005,  la pelea que muchos consideran la más representativa de toda la carrera del travieso.

El 22 de octubre en Los Ángeles, Arce se enfrentó al australiano Jusin Hussein por el título mosca del CMB. En el transcurso del combate, Arce recibió un golpe que le fracturó la nariz. Los médicos del ring amenazaron comparar la pelea. El travieso se negó a salir. Siguió peleando con la nariz destrozada, sangrando, respirando por la boca hasta el décimo round, donde lo noqueó con la nariz rota.

Ganó con la nariz rota. Esa imagen, la del travieso ensangrentado levantando los brazos sobre el australiano caído, es la que resume en un solo fotograma quién era Jorge Arce cuando estaba en su elemento. Es 74 peleas a lo largo de su carrera profesional, 64 victorias, 49 de ellas por knockout, dos empates, ocho derrotas, cinco divisiones, siete títulos mundiales, campeón en minimosca, mosca, supermosca, gallo y supergallo.

El segundo mexicano en ganar campeonatos en cuatro divisiones diferentes en la historia del boxeo. 1,63 de estatura, un corazón  que no ocupo nunca en esa altura. En 2007 llegó la primera derrota que lo sacudió de verdad como figura. Cristian Mijares, boxeador mexicano, le dio una lección que en ese momento nadie esperaba  y en 2012 llegó la que lo mandó al retiro por primera vez, Nonito Donaire.

El filipino que en esa época era considerado el mejor libra por libra del mundo, la pelea más grande en términos económicos de toda la carrera de Arce. Eh, le ofrecieron la bolsa más grande de su vida. Su esposa no quería que la aceptara. Arce lo sabía de antemano. Venía de bajada. Lo dijo él mismo años después en entrevistas.

Sabía que ya no era el mismo de  antes que Doner lo superaba, pero la cantidad de dinero era la que nunca había ganado en su carrera  y no pudo decir que no. El 15 de diciembre de 2012, en el tercer round, Doner conectó un gancho izquierdo que el travieso no vio venir. Al suelo, no cautécnico.

Arce se levantó, pero no pudo continuar. Al finalizar el combate, con lágrimas en los ojos frente a las cámaras, anunció su retiro del boxeo. Había llegado al fin del camino, pero el fin del camino en el ring no fue el fin  de la historia, porque lo que vino después de ese knockout, lo que Arce vivió en los meses siguientes, fue algo que pocas figuras del deporte mexicano han admitido con la honestidad que él usó años después.

una depresión de verdad clínica que lo tumbó al suelo igual que Donier, pero sin guantes y sin público. Sus propias palabras dadas en el podcast un round más años después no dejan espacio para la ambigüedad. Él era muy rápido para mí. No vi el golpe, me noqueó y me deprimí un año con esa pelea porque perdí. Estaba muy mal.

Me deprimí un año sin hacer nada. Empecé a creer que ya no era bueno, que no servía más. Y más adelante empecé a subir de peso. Me sentía mal porque no agarraba aire. Estaba totalmente deprimido. Fui con un psicólogo y me dijo que traía una depresión espantosa. El hombre que había ganado con la nariz rota en Los Ángeles, que había noqueado en Corea con el público en contra e que había sido campeón en cinco divisiones.

Estaba sentado en un consultorio diciéndole a un psicólogo que creía que ya no servía para nada. El boxeo hace eso, te da los momentos más altos que puede vivir un ser humano y luego  te cobra todo junto cuando para. Arce eventualmente volvió al ring en noviembre de 2013, impulsado en parte por las recomendaciones del psicólogo de volver a hacer lo que amaba salir del abismo.

Tuvo algunas peleas más y el 4 de octubre de 2014, al caer ante Johnny González por knockout técnico en el décimo round, se retiró por segunda y definitiva vez del boxeo profesional con 35 años, con el cuerpo marcado por décadas de golpes y el alma marcada por décadas de gloria. Y entonces empezó su tercera vida, la de los medios. La transición de boxeadora comentarista fue natural para alguien con el carisma de arce. La pantalla lo amaba.

Él era irresistible en cámara con esa combinación de saber real sobre el boxeo, anécdotas de primera mano y esa personalidad que nunca pudo apagar por completo, aunque los golpes se hubieran detenido. Primero en Televisa como analista y comentarista de Sábados de Box, el programa más tradicional del boxeo en la televisión mexicana.

Arce era parte del equipo, el excampeón que ponía el contexto técnico y  el espectáculo en la misma frase. También hizo reality shows en Televisa y TV Azteca. Participó en programas donde competía como atleta, como cantante, como bailarín, como figura de entretenimiento total. El travieso era uno de esos personajes que funcionan en cualquier formato porque el carisma es transferible.

Si servía en un ring de boxeo, también servía en un foro de televisión. México lo quería ahí. Pero detrás de esa imagen de ídolo querido y comentarista animado, la vida de Jorge Arce tenía capítulos que el público no veía. Sus amistades con figuras del crimen organizado de Sinaloa, que él mismo mencionó en entrevistas con el periodista Javier Alarcón, donde habló de haber asistido a fiestas en las que estaban Joaquín el Chapo Guzmán, el Mayo Zambada y Juan José Esparragosa  Moreno el azul. Arce fue explícito.

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