En la era de la hiperconectividad, las relaciones sentimentales han mutado hacia formas tan complejas como dolorosas. Lo que antaño se resolvía con una conversación directa, hoy se ve atravesado por una serie de comportamientos normalizados bajo anglicismos que, lejos de ser inofensivos, esconden una carga de manipulación emocional de proporciones considerables. La humorista y presentadora radiofónica Eva Soriano, conocida por su agudeza y capacidad para retratar la cotidianidad, ha alzado la voz en el pódcast ‘Poco se habla!’ para desgranar lo que ella denomina la hoja de ruta del desencanto: un proceso metódico de descarte que muchas mujeres sufren sin saber siquiera cómo ponerle nombre.
El señuelo: El ‘Lovebombing’ como punto de partida
El proceso que describe Soriano no comienza con el abandono, sino con un exceso de atención casi abrumador. Esta primera etapa, conocida como lovebombing, es la trampa perfecta. La presentadora describe un escenario en el que una persona entra en tu vida desplegando todo un arsenal de encantos: atención constante, planes inmediatos, una sintonía emocional que parece sacada de una película y promesas de un futuro compartido que, en aquel momento, se sienten legítimas.

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“Conoces a un fulano y te crea una circunstancia en la que estás increíble, todo va bien, habláis todos los días y tú te pones a la par”, explica Soriano. Es el momento en el que la víctima baja la guardia, ilusionada por haber encontrado una conexión aparentemente auténtica y profunda. Sin embargo, bajo esta fachada de romanticismo intensivo, se esconde una estrategia de desestabilización emocional. La otra persona no está buscando una conexión, sino un enganche rápido que le permita controlar la dinámica desde el minuto uno.
El banquillo y las migajas: La trampa del ‘Breadcrumbing’
Cuando la víctima ya está emocionalmente vinculada, la estrategia cambia drásticamente. Es aquí donde el sujeto de la historia empieza a dosificar su presencia. Ya no hay mensajes constantes ni planes inmediatos; el interés se vuelve intermitente. Es lo que técnicamente se conoce como breadcrumbing o, en términos más coloquiales, “dar migajas”. La finalidad es clara: mantener a la otra persona interesada, esperando un retorno a la intensidad inicial que nunca llega, mientras el manipulador conserva su posición de poder sin realizar ningún esfuerzo real.
Pero el análisis de Soriano va mucho más allá. Según la presentadora, este comportamiento suele ser simultáneo y, a menudo, se practica en serie. Mientras se te hace creer que eres la única, es muy probable que esa persona esté aplicando el mismo esquema con otras personas. Soriano utiliza el término benchmarking para describir esta táctica: mantener a varias personas “en el banquillo”, probando quién ofrece más atención o validación, como si de una competición se tratara. Esta deshumanización del proceso es la que convierte a la persona en un objeto de validación, no en un ser humano con sentimientos.
El muro de la negación: La llegada del ‘Gaslighting’
Cuando la víctima, notando el distanciamiento y la falta de coherencia, decide confrontar la situación, se enfrenta a la etapa más dañina del proceso: el gaslighting. Este término hace referencia a la manipulación psicológica que busca hacer que la otra persona dude de su propia percepción, de sus recuerdos o de su cordura.
Si decides preguntar: “¿Por qué me dijiste esto y ahora actúas así?”, la respuesta automática del manipulador es negar la realidad: “No, es que yo no te dije eso así”. Al invalidar las vivencias de la otra persona, el manipulador consigue dos objetivos: desviar la responsabilidad de sus actos y posicionar a la víctima como la persona “problemática” o “excesiva”. Es un mecanismo de defensa cínico que deja a quien pregunta en un estado de confusión absoluta, sintiéndose responsable de algo que, en realidad, nunca fue culpa suya.
El desenlace final: El ‘Ghosting’
La última pieza del puzzle es el ghosting, el momento en que la persona desaparece por completo sin ninguna explicación. “Cuando ve que eres problemática porque le estás encarando, te hace el ghosting”, sentencia Soriano. Es el cierre lógico de un proceso que nunca tuvo la intención de ser una relación madura.

El ghosting es la última herramienta de evasión. Una vez que la víctima ha comenzado a cuestionar la dinámica, ha dejado de ser “útil” o “fácil” para el manipulador. Ya no hay necesidad de mantener la fachada de la inversión emocional. La desaparición, el bloqueo en redes sociales o el silencio sepulcral son la forma definitiva de evitar cualquier rendición de cuentas. Como bien señaló Xuso Jones durante la intervención de Soriano, es un momento de ruptura brutal que deja a la otra persona sumida en el desconcierto y la duda.
¿Por qué seguimos cayendo en el ciclo?
El análisis de Eva Soriano resuena con tanta fuerza porque pone de manifiesto una verdad incómoda: gran parte de las interacciones digitales están diseñadas para favorecer estos juegos de poder. La inmediatez, el anonimato relativo y la deshumanización que facilita la pantalla crean el caldo de cultivo perfecto para que comportamientos como el lovebombing o el benchmarking florezcan sin consecuencias.
Es fundamental entender que, aunque estos términos parezcan modernos o banales, los daños que provocan en la salud mental son reales. La confusión, la ansiedad y el sentimiento de insuficiencia que dejan estas situaciones no son una debilidad de quien las sufre, sino el resultado directo de una manipulación externa. La clave, según sugiere el tono de la presentadora, reside en la capacidad de identificar estos patrones desde el principio. Cuando la intensidad inicial sea excesiva, cuando las promesas no se traduzcan en hechos o cuando nuestra percepción de la realidad empiece a ser cuestionada por el otro, es momento de cuestionar la relación en sí misma.
La advertencia de Soriano no es solo una anécdota de pódcast, es una llamada de atención necesaria sobre cómo nos estamos relacionando. En un mundo donde la facilidad de conexión ha aumentado exponencialmente, la profundidad y el respeto parecen haberse vuelto bienes escasos. Aprender a reconocer estas fases es el primer paso para proteger nuestra integridad emocional y exigir el trato que merecemos, negándonos a ser simplemente una pieza más en el banquillo de alguien que no sabe —o no quiere— construir un vínculo real. Al final, como bien refleja la experiencia de la presentadora, el ghosting no habla de quien lo sufre, sino de la cobardía y la falta de madurez de quien lo ejecuta.