Los mejores soldados del ejército mexicano, entrenados con las técnicas más avanzadas disponibles, convertidos en el brazo armado de la organización criminal más poderosa del noreste de México. Guzmán de Cena empezó a reclutar y entre los primeros en responder al llamado estaba Eriiberto Lazano, el cabo de apan que el gafe había convertido en uno de los mejores soldados del país.
Los registros señalan que el Azcano fue Zatres, el tercer número en la lista de fundadores de los Zas. Rogelio González Piña era Zados y Arturo Guzmán de Cena era Zuno, el origen de todo. Lo que ese grupo de exmilitares trajo al mundo del narco mexicano fue algo que el narco nunca había tenido antes. Disciplina militar real.
No la disciplina que cualquier banda criminal puede imponer con la amenaza de la violencia, sino la disciplina que produce el entrenamiento castrense, la capacidad de operar en coordinación, de mantener comunicaciones seguras, de planificar operaciones complejas, de adaptarse a situaciones cambiantes en el campo, los zas originales, los 14 exmilitares que formaron el núcleo inicial, eran soldados que habían cambiado de bando.
Y esa diferencia de formación produjo una organización que se comportaba diferente de todo lo que México había visto antes en el crimen organizado. Arturo Guzmán de Cena, el Zuno, murió en noviembre de 2002, acribillado dentro de un restaurante en Matamoros, Tamaulipas. El liderazgo de los cetas recayó en Lazcano.
El C3 se convirtió en el jefe y bajo su mando, los cetas dejaron de ser el brazo armado del cártel del Golfo para convertirse en lo que ningún capo del Golfo había anticipado cuando les dio el poder una organización independiente con su propia estructura, sus propias rutas, su propia ideología del crimen y su propia disposición para la violencia que superaba en escala y en brutalidad todo lo que el narco mexicano había producido hasta ese momento. La separación llegó en 2010.
Los zetas del Azcano se independizaron del cártel del Golfo formalmente y comenzó una guerra entre las dos organizaciones que produjo algunos de los episodios de violencia más extremos que el noreste de México vivió en ese periodo. Bajo el mando del Azcano, los zetas operaban en al menos 10 estados mexicanos.
Sus rutas se extendían desde la frontera con Estados Unidos hasta Guatemala y Centroamérica y sus métodos, que incluían masacres de civiles, decapitaciones, el uso del terror sistemático como herramienta de control territorial, definieron un capítulo específicamente oscuro de la historia del narco mexicano.
La masacre de San Fernando, Tamaulipas. En agosto de 2010, 72 migrantes centroamericanos y sudamericanos asesinados en un rancho, encontrados por el ejército cuando un sobreviviente llegó herido a un puesto militar. Los ZAS los habían matado porque se negaron a trabajar para ellos. 72 personas masacradas en un rancho de Tamaulipas.
Eso era lo que Azcano había construido, no solo una organización criminal, una estructura de terror que usaba la violencia como idioma primario de comunicación con el territorio que controlaba, con los rivales que quería eliminar y con cualquier persona que se pusiera en su camino.
El gobierno de Estados Unidos ofrecía 5 millones de dólares de recompensa por información que llevara a la captura del Azcano. La DEA y el FBI lo tenían entre sus objetivos prioritarios y el gobierno mexicano, que había tenido momentos en que creyó haberlo atrapado o eliminado, seguía buscándolo. En septiembre de 2007, las autoridades mexicanas reportaron la muerte del Azcano en un enfrentamiento con militares en Tamaulipas.
La noticia circuló, los medios la publicaron, era falsa. Lazca estaba vivo, seguía dirigiendo los zetas. Y el hecho de que el gobierno hubiera declarado su muerte prematuramente era también una señal de cuánto control tenía el Lazca sobre su propia visibilidad. Era lo suficientemente fantasmal como para que sus propios enemigos no supieran con certeza si estaba vivo o muerto.
5 años después de esa muerte falsa, el 7 de octubre de 2012, Heriberto Lazano fue a ver béisbol en progreso. Coahuila, los marinos estaban ahí. No porque supieran específicamente que él iba a ese partido, sino porque en el noreste de México en 2012 la presencia de los marinos en los municipios era constante y los hombres armados en camionetas blancas levantaban atención automáticamente. La camioneta se detuvo.
Los disparos empezaron. El chóer cayó primero. Lazcano intentó huir a pie. Tres impactos: cintura, abdomen, nuca. El hombre más entrenado militarmente que el narco mexicano había producido, murió en una calle de un municipio de Coahuila, a 300 m de su camioneta. El cuerpo fue llevado a la funeraria García en Sabinas.
Y entonces comenzó la segunda parte de esta historia, la parte que ningún gobierno había visto antes y que convirtió la muerte de el Lazca en algo diferente de todas las muertes de Capos que México había registrado hasta ese momento. El dueño de la funeraria García recibió los cuerpos como reciben los cuerpos todas las funerarias. como un trabajo.
No sabía exactamente quién era el hombre en la camilla hasta que personal de la Procuraduría General del Estado llegó esa misma tarde para tomar fotografías y confirmar la identidad. El hombre en la camilla era Eriiberto Lazano. Lazcano. La PGJ de Coahuila confirmó la identidad, tomó las fotos y se fue sin dejar custodia, sin proteger el cuerpo del hombre más buscado del país, sin informar inmediatamente a las autoridades federales de lo que tenían en esa funeraria de Sabinas. El dueño de la
funeraria quedó solo con el cadáver del Lazca y con el de su escolta y sin ninguna protección del Estado, que acababa de confirmarle que tenía en su establecimiento al narcotraficante más buscado de México. Pasada la 1 de la mañana del lunes 8 de octubre, el grupo armado llegó.
Entraron a la funeraria García, amagaron a los empleados con armas. Le dijeron al dueño lo que tenía que hacer, meter los dos cuerpos en la carroza fúnebre, manejar. No hablar. El dueño manejó 66 km en la noche de Coahuila hasta la presa Benustiano Carranza, donde una camioneta esperaba, donde los cuerpos fueron transbordados, donde los hombres armados desaparecieron con el cadáver del fundador de los ZAS hacia algún lugar que nadie oficial ha podido determinar desde entonces.
El dueño de la funeraria llamó a las autoridades a las 8 de la mañana del lunes. Denunció el robo. Demandó a la PGJ por no haberle dado protección. Las autoridades llegaron. Encontraron la funeraria vacía de los cuerpos que debían estar ahí. El cadáver de Eriiberto Lazano Lazcano, el Z3, el fundador de los ZAS, el exmilitar del gafe, que había desertado para construir la organización criminal más violenta de México, había desaparecido, quién mandó el comando a recuperar el cuerpo
la versión que los investigadores y periodistas que cubrieron el caso construyeron en los días siguientes señalaba a Miguel Ángel Treviño Morales, el Z40, el hombre que dentro de los Z llevaba tiempo en conflicto con Lazcano, el hombre que para julio de 2012 ya lideraba una facción separada de los Cetas, en guerra interna con la facción leal a Ella Lazca y el hombre que horas después de que el gobierno confirmó la muerte de su rival se proclamó el nuevo jefe de la organización. El Z40 quería el cuerpo de
Ella Lazca por la misma razón que cualquier sucesor quiere el cuerpo de su predecesor en el mundo del narco para demostrar control sobre lo que le pertenecía. incluyendo la muerte de su antecesor, para asegurarse de que el lazca estuviera efectivamente muerto y no fingiendo y para enterrarlo o hacerlo desaparecer en los términos que el Z40 considerara apropiados.
Pero la revista Proceso, 8 días después del supuesto enfrentamiento, publicó una nota que lanzó otra dimensión al misterio. El cadáver exhibido no era el del lazca. Especialistas en criminalística habían examinado las fotografías del cuerpo y determinado que la descripción del examen traumatológico no concordaba con las fotos. No concordaba.
Si el cadáver de la funeraria no era el lazca, entonces las preguntas se multiplicaban. ¿Quién era el hombre que murió en progreso? ¿Estaba el lazca vivo? ¿Había fingido su muerte de la misma manera que un año antes el gobierno había creído matarlo en Tamaulipas y resultó que estaba vivo? El gobierno mexicano respondió a todas esas preguntas con una sola decisión.
Clasificó toda la información relacionada con la muerte de el Lazca por motivos de seguridad nacional y esa clasificación se mantuvo activa hasta 2024. 12 años de silencio oficial sobre la muerte del fundador de los cetas. El mausoleo que Heriberto Lazano había construido para sí mismo en el panteón de San Francisco de Pachuca. Seguía ahí.
una construcción lujosa que se distinguía de las demás por una gran cruz metálica de casi 3 m, similar a la que él mismo había mandado construir en la entrada de una iglesia local que había financiado con dinero del cártel puertas de madera con vidrio tallado, un pequeño jardín en la entrada, el mausoleo que el Lazca había preparado para su propia muerte.
Pero los lugareños de Pachuca, que visitaban ese panteón en los años posteriores al robo del cadáver, decían siempre lo mismo. En ese mausoleo solo estaban los restos de la madre de Lazano. El cuerpo del Lazca nunca llegó. Nadie sabe dónde está el cadáver del fundador de los Zetas. si fue enterrado en secreto por el Z40 en algún lugar del noreste de México, si fue destruido para eliminar cualquier posibilidad de identificación posterior, si hay algo de verdad en la teoría de que el hombre muerto en progreso no era Lazcano y que el Lazca siguió su vida en
algún lugar que nadie conoce. Lo que sí se sabe es que los Zs Lazano, siguieron el camino de la fragmentación que el Z40 y las divisiones internas habían iniciado. Miguel Ángel Treviño Morales, el Z40, fue capturado por la Marina en julio de 2013, 9 meses después de la muerte del Azcano.
Su hermano Omar Treviño, el Z42, intentó mantener la organización. En 2017, los ZAS fueron declarados oficialmente desarticulados como organización unificada, la organización que Lazano había construido sobre los cimientos del entrenamiento militar de élite, que había definido el narco mexicano durante más de una década, con una brutalidad que cambió los estándares de lo que el crimen organizado podía hacer en México, se fragmentó en los años posteriores a su muerte o desaparición hasta convertirse en una serie de grupos regionales sin la
cohesión que el C3 había mantenido. Apan Hidalgo, el municipio donde nació el 25 de diciembre de 1974, donde un joven sin apellido importante y sin dinero entró al ejército a los 16 años buscando una salida hacia algo diferente y terminó como el fundador de la organización criminal más temida de México.
Muerto en un partido de béisbol un domingo por la tarde con el cadáver robado de la funeraria por el hombre que quería su puesto y con el mausoleo que construyó para sí mismo vacío, esperando un cuerpo que nunca llegó. Suscríbete al canal para no perderte la próxima historia. Cada semana la historia completa de los que vivieron y murieron bajo el peso de un apellido que México no olvida.
Dale like si llegaste hasta el final y mira el próximo video en tu pantalla ahora mismo, porque la historia que sigue tiene el mismo ADN que esta, el poder, la traición y la verdad que el gobierno clasificó durante 12 años. Para entender completamente quién era Heriberto Lazano, hay que entender lo que significaba pertenecer al gafe en los años 90 y por qué la deserción de esos soldados fue uno de los errores más costosos que el Estado mexicano cometió.
En ese periodo, el grupo aeromóvil de fuerzas especiales fue creado en los años 90 como la respuesta del ejército mexicano a la necesidad de contar con una fuerza de élite capaz de operaciones de alta complejidad. contraterrorismo, rescate de rehenes, operaciones encubiertas, inteligencia táctica. Para nutrir ese grupo, el ejército seleccionaba a los mejores elementos de sus filas y los sometía a un proceso de entrenamiento que incluía cooperación con fuerzas de élite extranjeras. El entrenamiento
israelí que los miembros del gafe recibieron era particularmente valorado. Israel tiene una de las tradiciones de fuerzas especiales más desarrolladas del mundo, producto de décadas de operaciones en ambientes de alta hostilidad. Las técnicas de combate urbano, de inteligencia táctica, de operaciones en condiciones adversas que el ejército israelí había refinado en sus propios conflictos, fueron transmitidas a los elementos del gafe mexicano que pasaron por esos programas de intercambio. El
ejército de los Estados Unidos también contribuyó a esa formación. La cooperación militar entre México y Estados Unidos en ese periodo era parte de la política antidrogas que ambos gobiernos habían acordado y esa cooperación incluía el entrenamiento de unidades de élite mexicanas en bases americanas.
Eriberto Lazano recibió todo eso, las técnicas israelíes, el entrenamiento americano, los métodos que las fuerzas especiales más avanzadas del mundo habían desarrollado para sus propias necesidades operativas y después lo usó para construir los ZAS. La ironía de esa transferencia de conocimiento es la ironía más brutal de la política antidrogas de México en los años 90.
El Estado invirtió recursos enormes en entrenar a los mejores soldados del país con las técnicas más avanzadas disponibles y algunos de esos soldados decidieron que esas técnicas valían más en el mercado del crimen organizado que en el servicio del Estado. No fue un caso aislado. De los 14 fundadores originales de los ZAS, todos o casi todos eran exmilitares del GAFE.
No fue una coincidencia, ni fue algo que el cártel del Golfo hizo a ciegas. Osiel Cárdenas Guillén buscó específicamente a los exmiembros de las fuerzas especiales porque sabía que lo que esos hombres habían aprendido en el ejército era exactamente lo que su organización necesitaba. Arturo Guzmán de Cena fue el reclutador. Lazcano fue uno de los primeros en responder y lo que construyeron juntos fue la primera organización criminal en México que operaba con estructura celular, comunicaciones seguras, disciplina de operaciones militares y la capacidad de
enfrentarse directamente con el ejército y la marina con tácticas que habían aprendido del ejército y la Marina. Eso cambió el narco mexicano de maneras que no se han revertido completamente. Antes de los cetas, el narco en México era violento, pero no estaba militarizado de esa manera.
Después de los cetas, cada organización criminal del país tuvo que adaptar sus propias capacidades de fuerza para competir con lo que los ZAS habían establecido como el nuevo estándar. El Estado mexicano pagó ese precio durante años y sigue pagándolo. Existe una dimensión de la historia de El Lazca que habla sobre su personalidad específica y que contrasta de manera llamativa con la imagen habitual del capo narco mexicano.
Era notablemente discreto. La mayoría de los capos mexicanos más poderosos de los años 90 y 2000 tienen una historia pública construida sobre la ostentación. El Chapo Guzmán con sus múltiples identidades, pero también con la fama que cultivó deliberadamente, los Arellano Félix con su presencia visible en la vida social de Tijuana, Amado Carrillo con sus aviones y sus mansiones que nadie podía ignorar, el Lazca era diferente.
Sam Logan, fundador de Southern Pal y autor del libro The Executioners Men sobre Azcano y los Zas, describió que el Azcano rechazaba las grandes demostraciones de poder y riqueza que eran comunes, entre otros capos mexicanos, prefiriendo mantener un perfil bajo, un perfil bajo para el líder de la organización criminal más violenta de México.
esa aparente contradicción. Dice algo sobre quién era el Azcano y sobre la lógica con que manejaba el poder que tenía. El soldado que había sido entrenado en operaciones de élite entendía algo que los capos que construyeron su identidad sobre la ostentación frecuentemente no entendían. La visibilidad mata.
Cada humer dorado, cada fiesta con celebridades, cada foto en redes sociales es un punto de datos que las agencias de inteligencia usan para construir el mapa de dónde estás y con quién. El Lazca prefería no estar en ese mapa si podía evitarlo. La muerte falsa de 2007, cuando el gobierno declaró que había muerto en Tamaulipas y resultó que estaba vivo, fue también posible gracias a esa discreción.
Si Lazano hubiera sido el tipo de capo que aparecía en eventos públicos y se fotografiaba con políticos y cantantes, su presencia constante en el registro fotográfico habría hecho mucho más difícil que alguien confundiera a otra persona con él. Pero Lazano era tan invisible públicamente que cuando el gobierno declaró que lo habían matado, no había suficiente información disponible para desmentirlo con rapidez.
Esa discreción tenía también sus límites. El domingo 7 de octubre de 2012, Heriberto Lazano fue a ver béisbol con escoltas, con un arsenal en la camioneta que cualquiera que mirara podía ver. En un municipio del noreste de México, donde la presencia de los marinos era constante, la discreción que lo había mantenido vivo durante 14 años de operaciones falló ese domingo específico, quizás porque llevaba demasiado tiempo sin salir de sus escondites y la confinación lo estaba desesperando, quizás porque creía
que ese municipio específico era lo suficientemente seguro como para hacer una excepción, quizás porque en los últimos meses con la guerra interna contra el Z40, fracturando su propia organización. Estaba tomando decisiones diferentes de las que habría tomado en los mejores años de su poder.
Cualquiera que sea la razón, el hombre que pasó 14 años evitando ser visto, murió siendo visto en un partido de béisbol. La guerra interna de los ZAS entre el Z3 y el Z40 es el capítulo de esta historia que explica muchas de las preguntas que la muerte de Ella Lazca generó y que sin ese contexto no tienen respuesta.
Miguel Ángel Treviño Morales no tenía el perfil de exmitar de élite que caracterizaba a los fundadores originales de los Zetas. Era de nuevo Laredo, Tamaulipas. Había crecido en el ambiente del narco fronterizo y cuando se unió a los cetas no venía del gafe, sino del mundo de la calle, pero tenía algo que compensaba la falta de formación militar, una brutalidad y una disposición para la violencia que incluso dentro de los Zetas, que no era precisamente una organización conocida por su moderación, lo distinguían.
El Z40 fue asociado con algunos de los actos más extremos de violencia que los ZAS cometieron durante sus años de operación. era el tipo de operador que no necesitaba el entrenamiento militar para ser letal, porque su capacidad para el horror no tenía límites que la disciplina castrense le pusiera.
La tensión entre Azcano y Treviño Morales creció gradualmente a medida que los Z se expandían y que el Z40 acumulaba poder en el noreste. Para julio de 2012, la organización ya estaba formalmente dividida en dos facciones, la de Lazano y la de Treviño Morales, en conflicto abierto. Iván Velázquez Caballero, el talibán, era el principal operador de la facción leal Alazcano.
Fue capturado en septiembre de 2012, un mes antes de la muerte de el Lazca. Ese golpe debilitó significativamente la posición del Azcano dentro de la organización que él había fundado. Para cuando el 7 de octubre de 2012, Lazano fue al partido de béisbol, su posición dentro de los ZAS era más débil de lo que había sido en cualquier momento de los 14 años anteriores.
El sucesor natural que él habría elegido estaba preso y el rival interno que quería su puesto controlaba cada vez más territorio. que el Lazca muriera en ese momento específico, en ese estado específico de debilidad organizacional, tiene una lógica que las teorías conspirativas de los años posteriores usaron en diferentes direcciones.
¿Lo había entregado el Z40? ¿Había alguien de su propio entorno que le había dado información a la Marina sobre sus movimientos ese domingo? ¿O fue simplemente la coincidencia fatal de un hombre que salió de su escondite en el momento equivocado? El Z40 recuperó el cuerpo horas después de la muerte. Se proclamó jefe de los ZAS antes de que el gobierno hubiera terminado de procesar lo que había ocurrido.
La velocidad de esa proclamación sugiere que Treviño Morales estaba preparado para ese momento, que no llegó como sorpresa para él. 9 meses después, en julio de 2013, el Z40 fue capturado por la Marina. Irónicamente, lo agarraron en una camioneta también. en la carretera de Nuevo Laredo a Monterrey. Sin que se disparara un solo tiro, el hombre que había recuperado el cadáver de el Lazca para proclamarse sucesor duró menos de un año como jefe de los zetas antes de ser detenido por los mismos marines que habían eliminado
al azcano. El heredero del heredero Omar Treviño, el Z42, intentó sostener lo que quedaba. fue detenido en 2015 y en 2017. Los cetas fueron declarados desarticulados como organización unificada. La organización que Heriberto Lazano había construido desde los 14 fundadores originales del gafe, sobrevivió su propia muerte por 5 años antes de fragmentarse completamente.
Ese dato, por sí solo dice algo sobre la fortaleza de la estructura que el Lazca había establecido, que pudo seguir operando sin él durante 5 años, aunque en un estado de creciente desintegración. El mausoleo de Pachuca es el detalle de la historia de el Lazca. que más dice sobre quién era y sobre la manera específica en que concebía su propia existencia y su propia muerte.
Construir tu propio mausoleo antes de morir es el gesto de alguien que acepta que la muerte es inevitable y que quiere tener algo de control sobre cómo se produce ese momento. No es una vanidad común, es un acto que combina la conciencia de la mortalidad con la voluntad de que esa mortalidad ocurra en los términos que uno elige.
Lazca eligió Pachuca, Hidalgo, la capital del estado donde nació, la ciudad donde había hecho su formación militar inicial en la 18 zona militar. A 300 m del cuartel donde empezó su vida como soldado, construyó el lugar donde quería terminar su vida como el fundador de los ZAS.
Esa elección geográfica es significativa. No eligió Nuevo Laredo, el bastión de los cetas en el noreste. No eligió Tamaulipas, el estado donde la organización tenía su mayor presencia. Eligió Hidalgo. Eligió el lugar donde era Heriberto Lazano de Apan, el muchacho sin dinero que se había unido al ejército a los 16 años.
Eso dice algo sobre la identidad que conservaba debajo de todo lo que se había convertido. El muchacho de Apan, que nunca olvidó de dónde venía. La construcción del mausoleo también dice algo sobre sus relaciones con las instituciones locales. El Lazca financió la construcción de una iglesia en Pachuca, la parroquia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, que pertenece a la Arquidiócesis de Tulancingo.
Mandaba dinero periódicamente para su construcción y mantenimiento, y la gran cruz metálica de casi 3 met que distingue el mausoleo es similar a la de la entrada de esa misma iglesia. El narcotraficante que construyó la organización más violenta de México también construyó una iglesia y financió una parroquia en la ciudad de su estado natal.
Esa combinación de brutalidad y devoción que en el narco mexicano no es infrecuente, pero que en el caso del Azcano adquiere dimensiones específicas por la escala de la violencia que ordenó, es uno de los elementos más perturbadores de su historia. El mausoleo esperó al cuerpo de Lazca y el cuerpo nunca llegó.

Los lugareños del panteón de San Francisco dicen que en esa lujosa construcción con la gran cruz metálica solo están los restos de la madre de Heriberto Lazano, que el espacio que él había reservado para sí mismo sigue vacío. Vacío o no, el mausoleo existe. Es la única tumba del lazca que se puede visitar aunque no contenga lo que debería contener.
Y esa tumba vacía es el símbolo más exacto de toda la historia de Heriberto Lazano. El hombre que planeó cada detalle de su propia muerte, incluyendo el lugar donde quería que su cuerpo descansara, y que terminó con el cadáver robado de una funeraria de Coahuila, y con el mausoleo que construyó para sí mismo, esperando un cuerpo que nadie sabe si alguna vez va a llegar.
Para cerrar la historia de Heriberto Lazano, hay que hablar de lo que los cetas le hicieron a México y de por qué el legado de el Lazca es más complejo que el simple inventario de los crímenes que ordenó. Los cetas introdujeron en el narco mexicano algo que el narco no tenía antes y que cambió permanentemente la naturaleza del crimen organizado en el país.
La militarización del brazo armado. Antes de los cetas, las organizaciones criminales usaban la violencia como herramienta de control, pero esa violencia era la violencia de los criminales que habían aprendido a pelear en la calle. Después de los cetas, la violencia del narco en México tuvo estructura militar, tácticas militares, armamento militar y la capacidad de enfrentar directamente a las fuerzas del Estado en condiciones de paridad o superioridad táctica.
En ciertos escenarios ese cambio no se puede deshacer. Las organizaciones que surgieron después de los ZAS, que compitieron con ellos o que absorbieron a sus miembros después de la desarticulación, heredaron algunos de esos métodos y algunas de esas capacidades. El cártel Jalisco Nueva Generación, que en 2015 derribó un helicóptero militar y enfrentó al ejército en Jalisco con armamento pesado, es el ejemplo más visible de cómo la militarización que los cetas introdujeron se transmitió

al narco mexicano posterior. El Lazca no creó ese problema solo. Cárdenas Guillén le dio la idea. Guzmán de Cena la ejecutó y Lazano la convirtió en la organización que el mundo vio. Pero Lazcano fue el que la mantuvo viva y la hizo crecer durante 14 años, el que la expandió de Tamaulipas al resto del país y hasta Centroamérica, el que estableció los métodos y los estándares que los ZAS usaron para aterrorizar a México durante más de una década.
Las víctimas de los zetas bajo el mando del Azcano son incontables. Los 72 migrantes de San Fernando son los más conocidos porque la escala de esa masacre específica fue suficientemente grande para que los medios internacionales la cubrieran. Pero detrás de esos 72 hay miles de historias individuales. Policías, militares, rivales, civiles, periodistas, personas que estaban en el lugar equivocado, en el momento equivocado.
Eso también es el legado de Eriiberto Lazano. No solo la muerte en el partido de béisbol, no solo el cadáver robado y el mausoleo vacío, sino los miles de muertos que la organización que él construyó produjo durante los años que estuvo al mando. El Estado mexicano que lo formó como soldado de élite tiene también su parte de responsabilidad en esa historia, no porque haya previsto lo que ocurrió, sino porque las condiciones que llevaron a que exmiembros del gafe prefirieran el narco al servicio militar
eran condiciones que el Estado conocía y no había resuelto. los salarios bajos de los militares, la corrupción institucional que hacía que algunos mandos miraran hacia otro lado ante el crimen. La falta de opciones económicas reales para los soldados que salían de la institución sin las conexiones que hacen falta para prosperar en el mercado formal.
Lazano salió del ejército como cabo. El narco le ofreció lo que el ejército no podía ofrecerle. dinero real, poder real, la posibilidad de usar lo que sabía hacer de maneras que el sistema formal no le permitía. Tomó esa oferta y construyó lo que construyó, que ahora esté muerto o desaparecido en algún lugar que nadie puede precisar con el cadáver en paradero desconocido y el mausoleo vacío en Pachuca.
es la conclusión de esa historia, no una conclusión justa, porque las conclusiones justas en el narco son raras, sino simplemente la conclusión que la historia produjo. El soldado de Apan, que se convirtió en el Z3, terminó en una calle de Coahuila con tres disparos en el cuerpo, con el cadáver robado por su propio sucesor y con la tumba que él mismo había construido esperándolo vacía, el Lazca, el fundador, el C tres, sin tumba definitiva, sin verdad oficial completa, sin respuesta a la pregunta de si el hombre en
la camilla de la funeraria García era realmente eriberto. Lazano o si el lazca encontró la manera de desaparecer una vez más como lo había hecho en 2007. El gobierno clasificó la información por 12 años y en el panteón de San Francisco de Pachuca, la gran cruz metálica de casi 3 m sigue marcando el lugar donde el fundador de los Zs planeó ser enterrado sin cuerpo adentro.
Suscríbete, dale like si llegaste hasta el final y mira el próximo video que aparece en tu pantalla ahora mismo, porque la historia que sigue tiene el mismo misterio y la misma oscuridad que esta. Hay un elemento de la historia de los zetas que rara vez se menciona en los análisis sobre elkaca y que, sin embargo, es fundamental para entender cómo esa organización se convirtió en lo que fue.
La manera en que introdujeron el terror sistemático como política institucional. El narco mexicano anterior a los zetas usaba la violencia como instrumento. Mataban rivales, mataban traidores, mataban a quien se ponía en su camino. Pero la violencia tenía una lógica transaccional. Servía para resolver problemas específicos.
Los cetas bajo Azcano introdujeron algo diferente, el terror como política de gobierno territorial, no simplemente matar al rival o al traidor, sino matar de maneras que enviaran un mensaje tan brutal que nadie en el territorio controlado pudiera ignorarlo. las decapitaciones con mensajes, los cuerpos colgados en los puentes, las mantas con amenazas, el nivel de crueldad diseñado específicamente para producir un terror que paralizara cualquier resistencia antes de que se organizara.
Esa estrategia venía directamente del entrenamiento militar. Las fuerzas especiales del mundo estudian el terror como herramienta de control psicológico en contextos de conflicto armado. El objetivo no es solo eliminar al enemigo, sino producir en la población que el enemigo ocupa o en la que uno mismo ocupa un nivel de miedo que hace que la resistencia parezca inútil.
Los cetas aplicaron esa doctrina al control territorial del narco y funcionó. Durante los años de mayor poder de la organización. Las comunidades bajo control Z en Tamaulipas, Veracruz, Coahuila y otros estados tenían niveles de terror que hacían muy difícil que las personas reportaran crímenes, cooperaran con las autoridades o resistieran las extorsiones.
Ese modelo fue también imitado parcialmente y con variaciones por otras organizaciones criminales que observaron la efectividad de los cetas y que incorporaron algunos de sus métodos a sus propias operaciones. El legado más oscuro de Heriberto Lazano no es solo el número de muertos que los cetas produjeron bajo su mando.
es haber institucionalizado el terror sistemático como método de control en el narco mexicano de una manera que marcó a generaciones de comunidades en el noreste del país y que dejó cicatrices sociales que tardarán décadas en sanar si es que sanan. Ese es también el Zatres. Ese es también el Lazca, no solo el ex sooldado de Apan que murió en un partido de béisbol, sino el arquitecto de un sistema de terror que cambió permanentemente las reglas del narco en México. Existe una última pieza de la
historia de Heriberto Lazano, que conecta su caso con algo que México lleva años intentando resolver sin éxito completo, la desaparición del cadáver y lo que eso dice sobre la capacidad del Estado para proteger la evidencia de los crímenes que investiga. El robo del cadáver del Lazca no fue una operación discreta ni improvisada.
Un comando armado entró a una funeraria, amagó a los empleados, obligó al dueño a participar activamente en el traslado y se llevó el cuerpo a través de 66 km de territorio de Coahuila, hasta una presa donde otra camioneta los esperaba. Para que esa operación fuera posible, quienes la planearon tenían que saber que el cuerpo estaba en esa funeraria específica, tenían que saber que no había custodia oficial protegiéndolo y tenían que haber coordinado el punto de encuentro en la presa con suficiente anticipación como para que todo
funcionara en la madrugada del 8 de octubre. Eso implica inteligencia, implica que alguien dentro del sistema oficial o con acceso a información del sistema oficial le comunicó a los que mandaron el comando que el cadáver estaba en la funeraria García y que no había protección. El dueño de la funeraria se lo dijo directamente a las autoridades cuando denunció el robo.
La PGJ había confirmado la identidad del cadáver por la tarde. Había tomado fotos y se había ido sin dejar custodia, sin protección, sin siquiera informar a las autoridades federales de lo que tenían. Esa negligencia, si fue negligencia, produjo la condición que hizo posible el robo y el hecho de que el gobierno mexicano clasificara toda la información por motivos de seguridad nacional durante 12 años sugiere que lo que esa información contiene es suficientemente incómodo como para que no fuera
conveniente hacerlo. Público incómodo. ¿Para quién? Para el gobierno que no protegió el cadáver. para las autoridades locales que sabían lo que tenían y no tomaron las medidas básicas para quienes dentro del sistema pudieran haber facilitado la información que permitió el robo. 12 años de clasificación hasta 2024 y el cadáver de el lazca en paradero desconocido.
combinación, el silencio oficial prolongado y el cuerpo desaparecido, es lo que alimenta las teorías sobre si el lazca realmente murió ese domingo de octubre, porque si murió y el cuerpo fue robado, la clasificación tiene sentido como protección de una investigación activa sobre quiénes robaron el cuerpo y por qué, pero si no murió, si el cuerpo en la camilla no era el suyo, la clasificación tiene un sentido diferente.
proteger la información de que el gobierno declaró la muerte de un capo sin haberlo verificado realmente. Ninguna de las dos explicaciones es completamente satisfactoria y esa insatisfacción es parte de la historia de Ella Lazca, el hombre que pasó 14 años siendo fantasmal, que en 2007 logró que el gobierno declarara su muerte falsamente, que rechazaba las grandes demostraciones de poder para mantenerse fuera del mapa de sus enemigos.
Terminó su historia o su existencia conocida de la manera más ambigua posible. Muerto según las huellas dactilares, cuestionado según los peritos de criminalística, con el cadáver robado antes de que pudiera hacerse la autopsia completa y con la información del gobierno clasificada durante 12 años.
El Zatres, el Lazca, el fundador, nacido en Apan, Hidalgo, el 25 de diciembre de 1974, muerto en progreso, Coahuila, el 7 de octubre de 2012, o no muerto, dependiendo de a quién le preguntes y qué información tengas acceso. El mausoleo en Pachuca sigue ahí con la gran cruz metálica, con las puertas de madera y el vidrio tallado, con el pequeño jardín en la entrada vacío.
Hay algo en la historia del béisbol y la muerte de el Lazca que merece su propio análisis, porque ese detalle específico es el que más habla sobre los errores que los poderosos cometen cuando llevan demasiado tiempo encerrados. Heriberto Lazano llevaba meses en un estado de debilitamiento que no había experimentado antes.
La guerra interna con el Z40 había dividido a su propia organización. El talibán, su principal operador, había sido capturado un mes antes y el Z40 estaba expandiendo su control sobre territorios que antes eran del Azcano. Para un hombre que durante 14 años había construido su seguridad sobre el movimiento constante, la discreción y el control de la información, ese periodo de debilidad era también un periodo de confinamiento.
moverse se había vuelto más peligroso porque tenía menos gente de confianza para garantizar la seguridad de sus rutas. Confiar en alguien se había vuelto más difícil porque la guerra interna había erosionado la lealtad que antes era la base de su operación. El confinamiento tiene efectos específicos en las personas que están habituadas a moverse con libertad.
La necesidad de salir, de hacer algo normal, de existir en el mundo como una persona y no como un objeto que hay que proteger, se vuelve una presión que la racionalidad táctica a veces no puede contener. El domingo 7 de octubre, Eriiberto Lazano eligió ir a ver béisbol. No era una operación táctica, no era una reunión de negocios disfrazada de evento deportivo, era un hombre que quería ver béisbol.
Esa humanidad, ese momento en que el Lazca eligió ser simplemente un aficionado al béisbol y no el fundador de los zetas fue exactamente lo que produjo su muerte. La historia del narco mexicano está llena de capos que fueron capturados o eliminados en momentos de aparente normalidad. El Chapo fue recapturado en Los Mochis porque había regresado para reunirse con actores y productores que iban a hacer una película sobre su vida.
Amado Carrillo fue a un quirófano a cambiarse la cara. Ella Lazca fue a un partido de béisbol. En todos esos casos, el hombre que había sobrevivido durante años, gracias a la disciplina y la discreción, tomó una decisión que priorizó algo humano, algo normal, algo que no era tácticamente necesario sobre la seguridad que la disciplina requería.
Y en todos esos casos, esa decisión fue la última. Hay algo en eso que es más que solo un error de cálculo. Es el límite de lo que un ser humano puede soportar en la existencia del capo. El aislamiento perpetuo, la imposibilidad de hacer nada normal sin que sea un riesgo, la vida como objeto a proteger en lugar de sujeto que elige.
El Lazca eligió un partido de béisbol y pagó el precio que la elección produjo. Los tres disparos en Progreso. Coahuila, cerraron 14 años de una carrera criminal. que comenzó con la deserción de un cabo de apan y que construyó la organización más violenta de la historia del narco mexicano.
Y el mausoleo de Pachuca sigue esperando.