En una de las jornadas más tensas y dramáticas que se recuerden en la radio colombiana, Angie Rodríguez, directora del Fondo de Adaptación, rompió un silencio de meses para lanzar una serie de acusaciones que han puesto en jaque la estabilidad del entorno más cercano al presidente Gustavo Petro. En una entrevista exclusiva con Julio Sánchez Cristo, Rodríguez, visiblemente afectada y por momentos al borde del colapso emocional, denunció una red de extorsión, amenazas de muerte y una presunta infiltración de grupos armados ilegales en las altas esferas del poder ejecutivo.
El relato de Rodríguez comienza con una revelación estremecedora: ha sido víctima de una extorsión sistemática por parte de una persona que, según sus palabras, pertenecía a su círculo de confianza y trabajaba anteriormente en el Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre) . La funcionaria r
elató cómo este individuo le exigió “20 de los grandes” bajo la amenaza de entregar información comprometedora a figuras como Carlos Carrillo, director de la Unidad de Gestión del Riesgo, y Juliana Guerrero, una funcionaria de gran influencia en el Ministerio de la Igualdad .
Uno de los puntos más explosivos de la denuncia recae sobre Juliana Guerrero. Rodríguez afirmó haber presenciado situaciones en las que Guerrero hablaba abiertamente de mantener relaciones y realizar “misiones secretas” con el ELN . Estas advertencias, según la directora del Fondo de Adaptación, fueron comunicadas en su momento al presidente Petro, lo que habría desencadenado una reacción hostil por parte del mandatario hacia ella.

Rodríguez describió un ambiente de trabajo tóxico y peligroso, marcado por un “chock emocional” que la obligó a pasar una noche entera refugiada en su oficina del Dapre por temor a salir . Según su testimonio, el presidente Petro la habría maltratado verbalmente, acusándola de tener vínculos con el paramilitarismo y el contrabando, e incluso de entregar su “corazón” a figuras relacionadas con Jorge 40 . La funcionaria subrayó que el mandatario llegó a cuestionar su salud mental y sus motivaciones, sugiriendo que sus reparos hacia Guerrero se debían a supuestos celos por el aspecto físico de esta última .
El drama personal de Rodríguez se extiende a su familia. Denunció que sujetos desconocidos ingresaron a la casa de sus padres, adultos mayores que viven en el sur de Bogotá, para amedrentarlos, rompiendo fotos de su hijo y destruyendo objetos personales en un claro acto de intimidación . Ante la falta de protección por parte de la Unidad Nacional de Protección (UNP), Rodríguez reveló que se vio obligada a utilizar recursos del Fondo de Adaptación para contratar su propio esquema de seguridad a través de un convenio de 250 millones de pesos, argumentando que su vida y la de su hijo corren peligro inminente .
La entrevista tomó un giro aún más amargo cuando los periodistas cuestionaron a Rodríguez sobre su situación financiera y su lugar de residencia actual. Al ser consultada sobre la supuesta compra de un apartamento de lujo en el barrio Rosales, la funcionaria estalló en llanto, acusando a los comunicadores de “revictimización” y de ponerle una “lápida en la espalda” al revelar detalles que podrían ayudar a sus perseguidores a localizarla . Entre sollozos, Rodríguez responsabilizó a los medios de cualquier cosa que pudiera pasarle a ella o a su hijo, afirmando que se veía obligada a abandonar su vivienda de inmediato para protegerse .

A pesar de los cuestionamientos sobre su gestión en el Fondo de Adaptación, donde se le señala por una contratación masiva de personal que asciende a los 32,000 millones de pesos en apenas dos meses, Rodríguez defendió su labor técnica. Aseguró que dichas contrataciones eran necesarias para ejecutar un presupuesto de un billón de pesos y para suplir la falta de personal misional en una entidad que, según ella, ha sido bloqueada sistemáticamente desde el gobierno central para impedirle trabajar por las comunidades más vulnerables, como las de La Mojana .
Angie Rodríguez concluyó la entrevista con un mensaje directo al presidente de la República: “Presidente, pare esto y proteja mi vida, por favor. Usted es el único que lo puede hacer” . Mientras las autoridades competentes y la Fiscalía General de la Nación inician las investigaciones sobre este complejo entramado de denuncias, el país asiste con asombro a lo que parece ser una de las crisis internas más profundas y personales del actual gobierno, donde el miedo, la desconfianza y los secretos de estado se entrelazan en un relato de supervivencia.