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El CALVARIO que VIVE LUPITA DALESSIO a los 72 AÑOS

La adicción es que la marcaron de por vida. La adicción de Lupita Dalecio a la cocaína no fue un accidente puntual. Fue una etapa que duró aproximadamente 20 años de su vida adulta, un periodo largo que coincidió con el momento de mayor éxito profesional de su carrera. Mientras grababa los discos que la convirtieron en leyenda, mientras llenaba auditorios, mientras ganaba premios y firmaba contratos millonarios, su vida personal estaba siendo destruida en silencio por un consumo cada vez más severo.

Llegó a admitir públicamente en entrevistas dadas años después de su recuperación que en la peor etapa consumía hasta 5 g de cocaína al día. 5 g es una cantidad que para cualquier organismo humano es una sentencia de muerte aplazada. El consumo no era aislado tampoco. La marihuana también formaba parte de la rutina diaria y el alcohol acompañaba todo.

Lupita lo confesó sin rodeos en su bioserie Hoy Voy a cambiar producida por Televisa, donde por primera vez le contó al público en detalle la magnitud del [música] problema. Había mucho desorden en mi vida, una vida sin sentido, una vida vacía completamente. Los hice pasar muy malos momentos, los avergoncé muchísimo. Eso fue muy triste para mí.

Una enferma no lo ve porque estaba enferma, dijo durante una transmisión en vivo con su amiga María del Sol, que se hizo viral en mayo de 2020 cuando se estrenó el último capítulo de la bioserie. Lo que hizo que su adicción fuera particularmente devastadora es que era una doble vida. Por fuera estaba la artista exitosa, la madre, la figura pública.

Por dentro estaba la mujer que rentaba departamentos para drogarse en secreto, sola, escondida del mundo y especialmente [música] de sus propios hijos. Esa duplicidad la fue consumiendo emocionalmente al mismo tiempo que las drogas la consumían físicamente. Porque cuando uno vive escondiendo algo durante años, lo que termina destruyéndose no es solo el cuerpo.

Es la capacidad de estar presente, de ser madre, de ser amiga, de ser cualquier cosa parecida a una persona completa. Mis hijos se fueron de mi vida. La gente que me quería, yo la alejé, confesó en una de las entrevistas que dio durante su proceso de recuperación. Es una de las frases más duras que ha dicho y es exacta. Los episodios más oscuros de su vida.

Hay momentos en la vida de Lupita Dalecio que parecen sacados de una película, pero que ocurrieron de verdad y que ella misma se ha encargado de contar con todos los detalles. Uno de los más estremecedores fue la noche del incendio. Lupita estaba pasando por una etapa especialmente oscura del consumo. Esa noche había tomado varias pastillas para dormir y antes de quedarse profundamente dormida había encendido velas alrededor de la habitación que la llenaban de un ambiente que ella, en el estado en que estaba, encontraba

reconfortante. Las velas estaban demasiado cerca de las cortinas de seda. El sueño profundo provocado por las pastillas era tan pesado que no había manera de que ella se diera cuenta de lo que estaba pasando. Las cortinas se incendiaron, el fuego se extendió por la habitación. El humo empezó a llenar el cuarto donde Lupita dormía sin enterarse de nada.

Y fue en ese momento cuando sus hijos, que estaban en otra parte de la casa, vieron el humo saliendo de debajo de la puerta y entendieron lo que estaba pasando. Ernesto, su hijo, fue el que reaccionó. Primero pateó la puerta hasta romperla. Se cubrió la cara con una toalla mojada para poder entrar al cuarto en llamas y sacó a su madre del fuego antes de que el humo o las llamas hicieran lo que las pastillas y la cocaína todavía no habían terminado de hacer. su propio hijo le salvó la vida.

Literalmente. Ese episodio del incendio quedó grabado en la familia de Alesio como un punto de inflexión, pero no fue el único momento donde la muerte estuvo a un paso de llevarse a Lupita. Hubo otro momento, quizás aún más grave en términos de proximidad al final, que ella misma narró la noche en que estuvo a punto de inyectarse heroína.

Ya había probado todo lo que una persona puede probar. La cocaína ya no le hacía efecto en las dosis que estaba consumiendo y entonces tomó la decisión de probar algo más fuerte. Compró heroína para inyectársela en el brazo. Tenía la jeringa lista, la dosis preparada. Era el siguiente paso lógico para alguien tan profundamente [música] metido en el consumo. Y entonces algo la detuvo.

Prendí primero la tele y estaba Ernesto cantando y vi alrededor y me desplomé, contó después. Esa coincidencia, ver a su hijo cantando en televisión justo en ese momento, fue lo que le hizo decir en voz alta, “Yo no me quiero morir. Quiero ver a mi familia.” Lo que vino después en la historia de Lupita Dalecio es quizás el capítulo más difícil de contar, porque cruza una línea que ni siquiera muchas personas con problemas graves de adicción cruzan.

Lupita no consumía sola. Cuando sus dos hijos mayores, Jorge y Ernesto, ya eran adolescentes y vivían con ella, las drogas que circulaban en su casa empezaron a ser parte de la vida de ellos también. Ernesto Dalesio lo describió años después en una entrevista con el periodista Gustavo Adolfo Infante en el programa en compañía de Al salirnos de la estructura de mi papá y llegar a la vida de mi mamá, inconscientemente comenzamos a repetir un patrón de comportamiento que nosotros veíamos en mi mamá.

Y en una fiesta o en alguna reunión cuando se nos ofreció droga, cocaína, marihuana, pues todo el mundo lo hace, una cana al aire, no pasa nada y lo probamos y sí pasa. Jorge Dalecio, el hijo mayor que años después se haría famoso como integrante del grupo Matute, vivió la situación de una manera todavía más cruda.

Tenía 18 años cuando le confesó a su madre que ya había probado la cocaína. La reacción de Lupita en ese momento, según el propio Jorge, no fue la que cualquier madre daría. Fue la reacción de una persona enferma que ve en su propio hijo a un cómplice. Un día llegó y me dijo, “¿No quieres?” “Ya sabes que en ese entonces, “Sí, claro, por supuesto.

No sabía en lo que me estaba metiendo. Después llegué a contárselo a mi mamá porque yo me daba cuenta de lo que pasaba. Por supuesto que para mi mamá fue que mejor. Y entonces para mí era ilimitado. Si lo que quería era eso, ahí estaba Yagranel. Y entonces vino la noche que Jorge casi se muere por sobredosis. Estaban los tres juntos en una fiesta en casa de Lupita.

Habían pasado dos días y medio sin parar de consumir. Jorge, en algún momento de la madrugada sintió que su cuerpo colapsaba. Le marcó a su hermano Ernesto desde [música] el teléfono y hasta ahí llegan sus recuerdos. Lo siguiente es lo que le contaron después. Estaba convulsionando. Estuvo a punto de morir. Lupita y Ernesto le aplicaron maniobras de reanimación durante minutos eternos antes de que volviera.

Cuando Ernesto narró ese [música] episodio años después en el podcast del periodista Gustavo Adolfo Infante, lo hizo con la misma claridad brutal que ha caracterizado los testimonios de la familia. Mi hermano estuvo a punto de fallecer de sobredosis. Pero la frase más dura sobre ese momento la dijo la propia Lupita.

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