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El Asqueroso Secreto que le costó la Vida a la esposa de Peña Nieto (LA GAVIOTA)

En diciembre canceló dos visitas oficiales a comunidades rurales del norte del estado. una de ellas con menos de 24 horas de aviso. La explicación oficial siempre fue la misma. Malestar pasajero. La explicación que circulaba en los pasillos era distinta. Mónica había descubierto algo y lo que había descubierto le quitaba el sueño.

Volvamos a la madrugada del 11 de enero. La versión oficial de la noche apareció en dos lugares y nunca terminó de cuadrar. La primera versión la dio el propio Peña Nieto a través de su columnista de cabecera, Joaquín López Dóriga, en su columna en privado de milenio del viernes 12 de enero. Peña Nieto contó que un poco después de la medianoche, a las 0:50 ya del jueves, llamó por teléfono a su esposa para decirle que ya iba a regresar, que estaba en Santa Fe, que llegó, que entró al cuarto sin encender la luz, que le susurró al oído que le hiciera un lugar

en la cama, que ella no le respondió, que insistió, que nada, que alarmado, encendió la luz y que la vio muerta. La segunda versión vino del hospital. El neurólogo Paul Skurovic Bialic, médico tratante del hospital AC de Santa Fe, declaró que Mónica fue ingresada con un cuadro crítico de convulsiones epilépticas alrededor de las 3 de la madrugada, que fue conectada a ventilador, que se le colocaron varios catéteres, que a las 10 de la mañana se le practicó un electroencefalograma que confirmó muerte cerebral por

encefalopatía anoxia. es decir, daños al tallo cerebral por falta de oxígeno y que a la 1 de la tarde se confirmó el diagnóstico final. Cualquiera que ponga las dos versiones una junto a la otra ve el problema. Si Peña Nieto entró al cuarto y la encontró ya muerta según su propia declaración a López Zóriga, ¿cómo es que dos horas después llegó al hospital ABC con convulsiones activas? Una persona declarada con muerte cerebral no convulsiona y una persona que convulsiona no está muerta.

Las dos versiones contradicen lo más básico de la cronología médica y nadie en 19 años ha aclarado cuál de las dos es verdad. ¿Por qué dos versiones? ¿Por qué un esposo cuenta una cosa al periodista más cercano al gobierno y un hospital cuenta otra? ¿Quién mintió esa madrugada? Guarda esta pregunta, porque su respuesta llega más adelante.

Hay un objeto físico que conviene tener presente desde ahora. La revista Proceso número 1576, edición de enero de 2007. La portada llevaba un título que pocas publicaciones se atrevieron a imprimir entonces. El duelo de Peña Nieto, las dudas. Adentro, dos plumas pesadas del periodismo mexicano, José Gilolmos y Ricardo Rabelo, hicieron el trabajo que Televisa no quiso hacer.

Entrevistaron a Shkurovic, buscaron neurólogos independientes, compararon versiones y publicaron un texto que sembró las primeras dudas formales sobre la muerte de Mónica Pretelini. En esa misma edición de Proceso aparece una declaración del propio Dr. Skurovic que vale recordar palabra por palabra. El médico dijo que el caso de Mónica era inusual.

Esa fue la palabra que usó, inusual. El neurólogo que la atendió durante los 8 meses previos, el mismo que firmó el certificado de defunción, dijo en entrevista que lo que le pasó a su paciente era poco común. Y otro neurólogo independiente, Felipe Arturo Vega, del Hospital Médica Sur, declaró que la muerte por crisis convulsiva en una persona supuestamente controlada con tratamiento es rara, que normalmente requiere una enfermedad asociada, un problema cardíaco previo, algo que potencie la crisis.

Hay un dato que ningún noticiero conectó esa semana. Mónica llevaba 8 meses con tratamiento neurológico y los mismos médicos que la atendieron dijeron que su muerte era poco común. Ahora viene la pregunta que cambia todo. Porque los colaboradores cercanos de Mónica en el DIF, los mismos que la veían todos los días, declararon a proceso que ella no tenía ninguna enfermedad asociada visible, que no se quejaba del corazón.

que hacía ejercicio, que llevaba una vida normal. ¿Cómo puede una mujer sana, con una epilepsia supuestamente controlada morir de una crisis fulminante en menos de 10 horas? La pregunta no es retórica, es médica y nunca tuvo respuesta. Hay otro detalle de aquella madrugada que vale repasar.

Los doctores consultados por proceso señalaron los factores que pueden empeorar una epilepsia hasta volverla letal. La falta de sueño, el estrés sostenido, el consumo de alcohol y sobre todo el consumo de otros medicamentos que anulen el efecto del tratamiento neurológico. Recuerda lo que decía la nota de proceso del día de la muerte.

Mónica consumía desde hacía meses medicamentos para dormir, somníferos, para sus alteraciones nerviosas, para sus alteraciones emotivas. Esos medicamentos pueden interactuar con los anticonvulsivos y esa interacción puede provocar exactamente lo que pasó esa madrugada. Pero la pregunta que importa no es médica.

La pregunta que importa es, ¿por qué Mónica estaba tan nerviosa, tan emotiva, tan separada de su marido, que necesitaba somníferos para dormir? ¿Qué sabía? ¿Qué había descubierto? ¿Quién la había puesto en ese estado? Y ahora viene el dato que rearma toda la madrugada del 11 de enero. Porque mientras Mónica tomaba pastillas para conciliar el sueño en una casa de Toluca, su esposo construía una segunda vida en silencio, una segunda vida con 12 años y medio de edad.

Su nombre durante años no apareció en ningún noticiero estelar de México. Marita Díaz Hernández, licenciada en Administración de Empresas, funcionaria de la Secretaría de Finanzas del Estado de México durante la administración de Arturo Montiel. Era ahí, en esa secretaría donde Enrique Peña Nieto tenía su despacho como subsecretario antes de convertirse en gobernador.

Y fue ahí, según la propia Maritza ha contado en entrevistas posteriores, donde empezó la relación, una relación que duró 9 años en clandestinidad mientras él seguía casado con Mónica. Una relación que produjo un hijo, Diego Alejandro Peña Díaz, nacido el 25 de junio de 2004. Cuenta los meses tú mismo. Diego nació en junio de 2004.

Mónica murió en enero de 2007. Eso significa que en la madrugada en que Peña Nieto llamó a su esposa para decirle que ya regresaba a casa, ese hombre llevaba 2 años y 7 meses con un hijo que dormía en otra cama, en otra casa, con otra mujer. Esa es la cuenta exacta, 2 años y 7 meses. El mismo tiempo aproximadamente que Mónica pasó tomando somníferos para dormir.

Y mira lo que esto rompe. Mientras la prensa pintaba en revistas del corazón a un matrimonio sólido con aniversarios y fotos de domingo, en otra casa del Estado de México crecía un niño que también lo llamaba papá. Y Mónica en algún momento se enteró. Hay algo más que conviene anotar sobre Maritza Díaz. La relación con Peña Nieto se sostuvo durante 9 años con la estructura de una vida paralela completa.

Maritza tenía trabajo formal en el gobierno donde Peña Nieto trabajaba, tenía carrera propia, tenía departamento propio y mantuvo el vínculo de manera continua, no en encuentros ocasionales escondidos en hoteles. Esta habilidad implica recursos, cómplices y una decisión sostenida durante años. La fecha aproximada de inicio, alrededor de 1999, según las propias declaraciones de Maritza, en entrevistas posteriores, coloca el arranque de la relación cuando Peña Nieto ya llevaba 5 años casado con Mónica. Piensa por un momento en lo que

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