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El Asqueroso Secreto de Maribel Guardia que Mató a Julián Figueroa

El miedo que llevó a Maribel Guardia a tomar la decisión más peligrosa de su vida. Llevaba casi 20 años creciendo dentro de ella. Y para ver cómo nació ese miedo, hay que volver al principio, a la casa donde Julián creció, a la sombra que ya vivía dentro de esa familia, mucho antes de que él tuviera uso de razón.

Esa casa estaba en la Ciudad de México y estaba llena de fotos de un padre al que Julián casi nunca veía. La más importante de todas estaba en la mesita de noche del niño. Una imagen pequeña en blanco y negro donde Joan Sebastian lo tenía en brazos antes de que cumpliera un año.

Maribel la enmarcó y la puso ahí para que Julián se durmiera mirándola. Esa foto fue prácticamente toda la relación que Julián tuvo con su padre durante sus primeros 5 años de vida. un padre que estaba vivo, que tenía dinero de sobra y aviones para cruzar el país en una sola noche y que aún así prefería estar en cualquier otro lado. Joan Sebastian tenía otros hijos.

Tenía muchos, los reconocidos, los no reconocidos, los que vivían con él en el rancho de Juliantla, Guerrero, y los que veían a su padre cuando podían. La constante era una. Ninguno de ellos tenía un padre presente. La diferencia entre los que vivían en el rancho y los que vivían en otra parte era de horas a la semana, no de calidad de presencia.

12 horas en el mejor de los casos, dos en el peor. Pero el padre en realidad era siempre el escenario. A Julián le tocó vivir en otra parte, en la Ciudad de México con Maribel, donde la madre trabajaba turnos dobles entre las telenovelas. los conciertos, las giras y los teatros. Maribel llegaba a casa de madrugada, cansada, con maquillaje todavía en la cara.

Se metía a la habitación del niño a verlo dormir. Esa imagen, la madre, observando al hijo dormido a las 3 de la mañana, la cuentan dos amigas íntimas de Maribel en entrevistas separadas, hechas en años distintos. Era el único momento del día en que estaban juntos sin ruido. Aquí es donde todo cambia, porque el día que Julián cumplió 10 años, una llamada telefónica que entró a esa misma casa a las 11:20 de la noche le cambió la mirada para siempre.

El 14 de marzo de 2006, Trigo Figueroa, hijo mayor de Joan Sebastian, salió del rancho de Juliantla. Tenía 22 años. Lo encontraron al día siguiente, muerto, en una camioneta abandonada en el camino entre Teloloapan y Arselia. Le habían disparado a quemarropa. La versión oficial habló de un ataque relacionado con una disputa familiar.

La versión que nunca llegó a los periódicos habló de un negocio que estaba creciendo demasiado rápido en una región donde el dinero rápido tiene reglas propias. Joan Sebastian no asistió al funeral de la misma manera en que tampoco había asistido a la mayoría de los cumpleaños de trigo.

Le pidió a alguien que lo representara y siguió de gira. Julián tenía 10 años cuando vio a su madre sentada al borde de la cama escuchar esa noticia por teléfono. Maribel le había dicho a la persona del otro lado de la línea, “No me digas eso, no me digas eso, por favor.” Después se había quedado muda mirando la pared sin colgar, una hora entera con el teléfono en la mano, según contaron las personas que estaban con ella esa noche.

4 años después llegó la segunda llamada. ¿Cuántas veces puede una madre escuchar la misma noticia antes de empezar a esperarla? Maribel estaba a punto de averiguarlo. El 13 de noviembre de 2010, Juan Sebastián Figueroa Madariaga, otro hijo de Joan Sebastián, fue asesinado a tiros en el estacionamiento de un hotel en Hermosillo, Sonora. Tenía 30 años.

Le dispararon junto a su padre. Joan Sebastián salió ileso por unos centímetros, pero su hijo cayó de bruces contra el pavimento, herido en el pecho. Murió camino al hospital. Las imágenes del cuerpo de Juan Sebastián tapado con una sábana blanca, todavía con sangre saliéndose por debajo, dieron la vuelta a México esa noche.

Julián tenía 15 años. Estaba en la escuela cuando se enteró. Maribel fue por él. Ella misma, sin ningún chóer, lo subió al carro. Le dijo lo que había pasado. De regreso a casa en silencio dentro de aquel coche que olía a perfume y a humo de cigarrillo. Julián dijo una sola frase que su madre recordaría 17 años después en una entrevista que dio en el verano de 2024.

Esa frase era, “Mamá, yo voy a ser el siguiente. Tenía 15 años y ya lo sabía.” Imagina por un momento que esa frase te la dijera tu propio hijo a los 15 años y que tú como madre supieras dentro de ti que tenía razón. A partir de esa noche cambió algo en Julián, cambió algo en Maribel. La madre empezó a vigilar al hijo de un modo distinto, a leer sus mensajes cuando él no estaba en la habitación, a revisarle los bolsillos, a preguntarles a sus amigos cómo estaba el niño cuando ella no estaba presente.

Esa vigilancia no era paranoia, era miedo concreto. Maribel ya había visto la maldición de los Figueroa una vez, después dos. Y sabía exactamente cómo se llamaba la sombra que se llevaba a los hijos de Joan Sebastian. Uno detrás de otro. Esa sombra tenía un hombre que en la casa de Maribel nunca se dijo en voz alta hasta que ya fue demasiado tarde.

Se llamaba adicción y empezaba en cada uno de los hijos varones del cantante, exactamente con la misma sustancia. La cocaína, la fiesta, la gira, el acceso ilimitado al dinero antes de cumplir los 20. Maribel lo sabía, Joan Sebastian también lo sabía. Lo que ninguno de los dos quiso aceptar en su momento es que Julián, con 15 años recién cumplidos ya había empezado.

¿Recuerdas la palabra Nalttrexona? Te dije que iba a doler la segunda vez que la escucharas. Estamos cada vez más cerca de esa palabra. Las primeras señales aparecieron de manera lenta, casi invisibles, para una madre que trabajaba 16 horas diarias entre Televisa y los teatros del centro histórico.

Julián empezó a salir más, a regresar tarde, a bajar de peso, a faltar a clases en la preparatoria, a perder el interés por la guitarra que Joan Sebastian le había regalado en suarto cumpleaños. La mirada cambió. Esa mirada que dos décadas después, en una entrevista al programa Ventaneando hecha en marzo de 2022, Maribel describiría con una sola frase: “Es la mirada que tienen los que ya tomaron una decisión por dentro y todavía no la han dicho en voz alta.

” Maribel intentó hablar con el padre. Joan Sebastian ese año estaba en una gira de 4 meses por Estados Unidos. Le decía a Maribel por teléfono que cuando regresara hablaría con el niño. Le decía a Maribel que el niño necesitaba un hombre. Le decía a Maribel que si ella no podía con el muchacho, que se lo mandara al rancho de Juliantla, que ahí lo enderezaba en un mes. Maribel nunca lo mandó.

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