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CUAUHTÉMOC BLANCO: CONFESÓ LO ASQUEROSO QUE LE HIZO A SU HERMANA

Pero entre el primer matrimonio y el segundo, en los años de su mayor fama futbolística, Cuautemoc Blanco hacía otras cosas, cosas que el medio sabía y callaba. Cosas que las mujeres con las que se cruzaba aprendieron a no contar. Cosas que durante 20 años nadie del fútbol mexicano se atrevió a poner por escrito.

Hubo demandas que no llegaron a juicio. Hubo acuerdos económicos para que ciertas situaciones se cerraran en privado. Hubo periodistas que dejaron de cubrir su nombre porque les recomendaron desde sus propias redacciones que no se metieran. Y hubo sobre todo un patrón, un patrón que el público del fútbol mexicano vio en pequeño durante años, sin entenderlo del todo hasta que en 2024 estalló todo de golpe.

Quautemoc Blanco tenía un problema con las mujeres y especialmente con las mujeres jóvenes que se cruzaban en su entorno. En 2004, durante un partido de la apertura mexicano, Quutemok protagonizó una escena que recorrió toda la televisión nacional. Una aficionada lo había insultado desde la grada. Él, en lugar de ignorarla, fue hasta el alambrado del estadio y le lanzó al cuello una sucesión de gestos obsenos delante de las cámaras.

La aficionada lloró, la transmisión cortó y el muchacho del Tepito, Capitán del América, siguió jugando como si nada. La directiva del club lo amonestó simbólicamente. La Federación Mexicana de Fútbol le impuso una sanción que casi no cumplió. Y todo el medio del fútbol entendió, sin que nadie lo dijera en voz alta, que con Cuutemoc Blanco había cosas que era mejor no señalar. Otra escena. 2008.

Quautemok estaba en una discoteca de Polanco. Hubo un incidente con la novia de un periodista deportivo. Ella lo acusó de tocarla sin permiso en la pista. El periodista, que estaba ahí lo enfrentó. Quautemok le lanzó un golpe. La pelea se separó con guardias del lugar. Esa noche no salió en ningún periódico al día siguiente.

El periodista, según contó años después en privado a colegas, recibió una llamada de su director donde le pidieron que no escribiera nada y no escribió nada. La novia ese mismo año dejó de aparecer en eventos públicos. Cosas así pasaron varias veces. La gente del medio sabía, las redacciones sabían, las directivas de los clubes donde Cuautemoc jugaba sabían, pero callaron porque el ídolo del Tepito no era un futbolista cualquiera, era el rostro del club América, era el capitán de la selección, era la imagen comercial de marcas que

pagaban millones por su sonrisa. En 2015, Cuautemok dio el salto a la política. Se postuló como candidato a presidente municipal de Cuernavaca, capital de Morelos, por un partido pequeño llamado Partido Socialdemócrata. y ganó 3 años después, en 2018, hizo el siguiente salto. Se postuló a gobernador del estado de Morelos y ganó otra vez, por mayoría amplia, con los votos del Partido Morena, del Encuentro Social y del Partido del Trabajo.

El 1 de octubre de 2018 tomó posesión como gobernador y a partir de esa fecha, durante los siguientes 6 años, el muchacho de Tepito vivió en la residencia oficial de gobierno, una mansión grande con jardines, con cocheras, con cuartos para invitados, con personal de seguridad las 24 horas del día. El cargo de gobernador para un hombre como Cuautemoc Blanco no fue una transición, fue una explosión de poder concentrado.

De pronto manejaba presupuestos millonarios. De pronto tenía la Secretaría de Seguridad del Estado bajo sus órdenes. De pronto podía nombrar fiscales, jueces, contratistas. De pronto cualquier denuncia menor podía ser archivada con una llamada telefónica. Y de pronto, lo más importante, la gente que se atrevía a hablar mal de él en Morelos empezó a tener problemas.

Periodistas locales fueron amenazados, funcionarios opositores fueron despedidos, empresarios que no cooperaron con el gobierno empezaron a recibir inspecciones fiscales y en una foto que se filtró en 2020, el propio gobernador Cuautemoc Blanco apareció sentado en una mesa al lado de líderes presuntos de la familia michoacana, uno de los cárteles más fuertes del centro de México.

foto, esa imagen, recorrió todos los noticieros nacionales. La oposición pidió investigar. Cuautemoc Blanco dijo que era un montaje, que no conocía a esas personas y a los pocos meses el escándalo se enterró. Y aquí está el ambiente en el que Nidia Fabiola Blanco Fernández en 2019 decidió aceptar la invitación de su medio hermano para mudarse a la residencia oficial y trabajar en el gobierno de Morelos.

Un ambiente donde el gobernador podía hacer prácticamente lo que quisiera, donde nadie podía decirle que no y donde las mujeres, especialmente las mujeres de su propia familia, eran las más vulnerables. ¿Dónde? A esa residencia oficial conocida como Casa Morelos. Llegó a vivir un tiempo en 2019 por invitación expresa del propio gobernador, una mujer que iba a cambiar la historia.

su media hermana, la hija de Faustino Blanco con otra madre, una mujer que entonces tenía 30 y pico años y que había sido nombrada por su medio hermano gobernador como directora general de apoyo a pequeñas y medianas empresas en la Secretaría de Desarrollo Económico del Estado. Esa mujer, que en este guion vamos a empezar a nombrar con cuidado, se llamaba Nidia Fabiola Blanco Fernández.

tenía formación profesional licenciada en administración de empresas turísticas por la Universidad Tecnológica de México. Había trabajado en el sector privado durante años. Había vivido en España entre 2012 y 2013 como ejecutiva de viajes corporativos. No era una mujer dependiente del medio hermano, pero la oportunidad que Cuautemok le ofreció en 2019, dirigir un área del gobierno del estado, era el tipo de oportunidad que cualquier profesionista de su edad aceptaría y aceptó.

El día que aceptó esa invitación, sin saberlo, firmó su propio sufrimiento y el día que se mudó a la casa Morelos no entró a trabajar, entró a vivir 5 años en silencio. Durante los 5co años siguientes, según declaró el abogado de Nidia Fabiola, el licenciado Rodrigo Dorantes, ex fiscal de Morelos, en entrevista posterior a la denuncia, la mujer vivió situaciones incómodas con Cuautemoc.

No fueron situaciones aisladas, no fueron un malentendido, fueron, según el abogado, un patrón, acercamientos, miradas, comentarios fuera de lugar, bromas que no eran bromas, insinuaciones que ella manejaba como podía, alegando trabajo, alegando familia, alegando lo que fuera, pero sin atreverse a denunciarlo.

Porque pelear contra Cuautemoc Blanco era pelear contra el gobernador del estado, era pelear contra su jefe directo, era pelear en términos prácticos contra el aparato político de Morelos. Nidia Fabiola, según declararía después en su denuncia formal, vivió esos 5 años en silencio, esperando que el patrón se detuviera, esperando que el medio hermano que la había contratado, que le había abierto puertas profesionales, que en los actos oficiales la presentaba con orgullo, como su hermana, dejara de cruzar la línea cuando estaban solos. Cada cena

oficial, cada reunión privada, cada vez que el gobernador ebrio se acercaba más de la cuenta, ella sonreía, se hacía a un lado, cambiaba de tema, salía del cuarto. Pero 5 años de evadir, 5 años de estar alerta cada noche, 5 años de cargar el secreto de tener un medio hermano con esas costumbres terminan cansando hasta la mujer más fuerte.

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