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CHUCKY LOZANO: LA RAZÓN OCULTA por la que QUEDÓ AFUERA DEL MUNDIAL 2026

Un compañero veterano, según supimos por una persona que estaba ahí, se le acercó y le preguntó qué pasaba. El Chucki le respondió con una sola frase, 60 minutos. 60. Y soy yo el que mete los goles cuando hace falta. Después se metió a las regaderas y no salió hasta que el vestidor estaba prácticamente vacío.

Para 2023, la relación entre Choqui Lozano y la Federación Mexicana ya estaba quebrada. Lo dejaron fuera de varias convocatorias. La explicación pública siempre fue la misma. Lesión, cansancio, decisión técnica. La privada era otra. estaban hartos de su actitud, hartos de las exigencias, hartos de un jugador que quería ser tratado distinto al resto.

Después vino el regreso al PSB, una segunda etapa que no fue tan brillante, lesiones, bajón de rendimiento y al final una salida hacia un destino que pocos esperaban, la MLS. San Diego FC, un equipo nuevo, recién creado, sin historia, sin grandes expectativas, pero con una propuesta económica que ningún otro club estaba dispuesto a igualar, 12 millones de dólares por la ficha, salario de 7,600,000 al año, contrato hasta 2028 para el Chaki. La oferta era irresistible.

Para los analistas mexicanos era una decisión preocupante. La MLS, aunque ha crecido en los últimos años, sigue estando un escalón por debajo de las grandes ligas europeas. Todos los analistas, todos los exjugadores, todos los exeleccionadores que opinaron en aquel momento dijeron lo mismo, que ir a San Diego era ir a cobrar, que era bajar el ritmo, que a los 29 años era empezar a despedirse del fútbol de élite mucho antes de tiempo.

Pero el Chaki no escuchó. Firmó. se mudó a California con su familia, compró una casa cerca de la playa y empezó la temporada del San Diego FC bajo las órdenes de un entrenador estadounidense de 38 años llamado Mikey Varas, un técnico joven, ambicioso, con ideas modernas y poca paciencia para los caprichos de las estrellas.

Y ahí, entre un entrenador exigente y un jugador acostumbrado al trato preferencial, empezó a desmoronarse todo. Pronto vas a entender por qué la pelea de Chucky con Mikey Varas fue mucho más grave de lo que se reportó. ¿Y por qué esa pelea una tarde de octubre de 2025 fue el verdadero principio del fin de su sueño mundialista? Aquella tarde, San Diego jugó contra Los Ángeles Galaxy.

El equipo venía de perder dos partidos seguidos. Chucki había arrancado de titular y no había hecho gran cosa en los primeros 45 minutos. Una pérdida de balón fácil, un mal control, una jugada en la que se quedó parado mirando cómo el rival se le iba por la banda. La afición de San Diego, que al principio lo recibió con cánticos, empezó a chiflar cuando se acercaba al área.

Al medio tiempo, Mikey Varas lo sustituyó. Lo cambió por uno de los jóvenes del plantel, un chico de 20 años que llevaba 3 meses con el equipo. El Chaki, según testigos presenciales, salió de la cancha sin mirar al banco, le dio la espalda a varas y al regresar al banco lanzó la chamarra al suelo con tanta fuerza que el utilero tuvo que recogerla con una mirada incómoda.

Varas lo vio, no dijo nada en ese momento. Se mordió el labio y siguió dirigiendo el partido. Pero al terminar en el vestidor lo llamó aparte. La conversación duró menos de 5 minutos. Empezó tranquila. Varas le dijo que entendía su frustración, pero que el gesto no era aceptable. le dijo que como capitán moral del equipo, su actitud marcaba la pauta para los más jóvenes.

Le pidió que ofreciera disculpas en grupo al día siguiente y ahí explotó el Chucki. Alzó la voz tanto que los otros jugadores que ya estaban en las regaderas lo escucharon perfectamente. le respondió que a él en el Napoli nadie le pedía disculpas por nada, que él era el referente del equipo, no un escolar al que se manda a pedir perdón, que el club lo había contratado por su jerarquía, no para tratarlo como uno más del montón. La discusión escaló rápido.

Varas, según el mismo testigo, le respondió en inglés y en español, mezclando los dos idiomas, que en San Diego no había referentes inmunes a las reglas, que si quería el trato del Napoli que volviera al Napoli. Esa última frase encendió más al Chucki. Otros miembros del cuerpo técnico tuvieron que intervenir para que la discusión no escalara aún más.

Y Chocki Lozano salió del vestidor sin ducharse, todavía con la ropa del partido, manejando hacia su casa con un humor que solo se le pasó al día siguiente. Lo que pocos contaron es lo que pasó esa misma noche en su casa. Llegó, cerró la puerta del garaje, subió directo a la habitación. Su esposa le preguntó si necesitaba algo. Él respondió que no.

Se encerró en el baño más de una hora y al salir tomó el teléfono y llamó a su agente. La conversación fue corta pero intensa. Chui le dijo que se quería ir de San Diego, que no aguantaba más a Mikey Varas. El agente, un hombre experimentado, le pidió calma. le dijo que iba a sondear opciones, pero le aclaró algo importante.

Si se iba en plena bronca, ningún club iba a pagar un sueldo cercano al de San Diego. Las negociaciones serían a la baja. Tendría que aceptar perder dinero, probablemente bastante dinero. Esta noche, sentado en la sala con el teléfono en la mano, Chucki se quedó callado casi un minuto y antes de colgar le dijo a la gente cinco palabras que en retrospectiva fueron una premonición.

Yo no acepto bajar nada. Esa frase dicha en plena crisis emocional fue el principio del fin. Porque a partir de ese momento todas las decisiones del Chucki giraron alrededor de un solo objetivo, defender el monto del contrato, aunque le costara la cancha, aunque le costara los minutos, aunque le costara al final el mundial.

A partir de esa noche, la relación entre Mikey Varas y Hirvin Lozano quedó rota. El entrenador habló con la directiva, les dijo que no contara con él y la directiva con un contrato millonario en juego tuvo que tomar una decisión. Apoyaron al entrenador. Chocki Lozano fue apartado del primer equipo. Lo mandaron a entrenar con los suplentes y los juveniles.

Le quitaron la titularidad, le quitaron el banco y durante los siguientes meses hasta el final de la temporada jugó cinco partidos completos en total. Su última aparición oficial con un balón profesional fue el 29 de noviembre de 2025 en un partido de playoffs que San Diego perdió en primera ronda. A partir de ahí, silencio.

4 meses sin jugar, cinco, seis. Y en algún momento de ese silencio, en una oficina del centro de alto rendimiento, el vasco Aguirre agarró el teléfono. Esos meses de silencio merecen una pausa porque definieron muchas cosas. Chucky Lozano vivió una rutina extraña. Se levantaba a las 7 de la mañana, desayunaba con su familia, llevaba a los niños al colegio.

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