Hay quienes dicen que Julián vivía con una tristeza muy onda de esas que no se notan a simple vista, de esas que uno aprende a esconder detrás de una sonrisa, detrás de publicaciones en redes, detrás de apariciones públicas donde todo parece estar bien. Pero por dentro la historia era otra. tenía conflictos que no se habían resuelto con su entorno más cercano, con decisiones que se habían tomado sobre su vida, sobre su carrera, sobre su hijo, que él no había podido controlar del todo.
Y hay quienes aseguran que en esos últimos meses Julián estaba en un punto de quiebre, vulnerable, expuesto, en un estado en el que cualquier cosa podía afectarlo profundamente. Y es exactamente ahí donde Cristian Valerio señala que algo pasó. Porque según él, cuando una persona está así de vulnerable emocionalmente es cuando ciertas energías pueden actuar.
Cuando ciertos trabajos espirituales, según sus propias palabras, encuentran el camino libre, cuando lo que se hace en la oscuridad puede llegar a tocar a alguien que está con las defensas bajas, esto para muchas personas que lo escuchan puede sonar a algo imposible, algo de otro tiempo, algo que no tiene lugar en el mundo de hoy.
Pero hay que entender algo. Para el público que conoce esta historia, para las personas que crecieron en la cultura mexicana, en la cultura de la sierra, en el México profundo, estas cosas no son cuento. Son parte de una realidad que muchos han vivido en carne propia, que muchos han visto en sus propias familias.
Y cuando Cristian Valerio habla de trabajos espirituales, de energías dirigidas, de entregas, hay personas que entienden exactamente de lo que está hablando porque lo han visto, porque lo han sentido. Pero lo más inquietante de todo lo que dijo no fue lo espiritual, lo más inquietante fue lo humano. Porque Cristian Valerio también habló de algo muy concreto, de silencios, de personas que sabían cómo estaba Julián, de personas que estaban cerca, que lo veían todos los días, que podían haber dicho algo, que podían haber hecho
algo y no lo hicieron. ¿Por qué no lo hicieron? Esa es la pregunta que se queda flotando. ¿Por comodidad, por miedo, por interés? ¿O la situación de Julián para alguien dentro de su círculo era conveniente? Hay versiones muy duras, versiones que hablan de conflictos, de intereses, de herencias, de propiedades, de un niño pequeño en medio de una batalla entre dos familias.
que nunca se pusieron de acuerdo. Porque hay que recordar algo que mucha gente ya sabe. Cuando Julián murió, la guerra por la custodia de su hijo José Julián no era un secreto. Maribel Guardia de un lado y Melda Tuñón del otro y Julián en medio. Julián que amaba a su hijo. Julián, que estaba en una situación emocional muy delicada precisamente por eso, ¿había alguien a quien le convenía que Julián no estuviera? Esa pregunta la dejamos ahí, porque no somos nosotros quienes la vamos a responder, pero sí somos nosotros quienes te la ponemos enfente
para que tú la pienses. Regresemos al mensaje que Julián publicó el día antes de morir. Era un mensaje sencillo en apariencia de esos que uno publica sin pensar demasiado, o al menos eso parece. Hablaba de su padre, de Joan Sebastián. Hablaba de extrañarlo, de sentirlo, de creer que iba a volverlo a ver pronto.
Pronto. Esa palabra pronto. ¿Qué significa pronto cuando lo dice un muchacho de 27 años que aparentemente está sano? Algunos lo leyeron como nostalgia, como amor de hijo, como la forma en que uno extraña a alguien que se fue antes de tiempo. Pero hay quienes lo leyeron de otra manera. Hay quienes vieron en ese mensaje algo que no era solo nostalgia, algo que sonaba a despedida, a alguien que ya sabía en algún lugar muy profundo de sí mismo que el tiempo se estaba acabando.
Cristian Valerio fue uno de los que lo leyó así y dijo algo que pocas personas se atrevieron a decir en voz alta, que ese mensaje no fue un mensaje de amor hacia su padre, fue un mensaje de alguien que ya estaba del otro lado, que ya estaba a medias, que ya había cruzado una línea que no tiene regreso. Ahora bien, aquí hay algo que no se puede ignorar.
Julián Figueroa tenía 27 años cuando murió. Su medio hermano, trigo de Jesús, también murió a los 27. Y en el mundo del espectáculo, del arte, de la música, hay un número que muchos artistas grandes conocen bien, el 27. El club de los 27. Esa cifra oscura que se repite en historias de artistas que se fueron demasiado pronto, en la plenitud de su talento, en el momento en que todo debería estar empezando de verdad.
¿Fue una coincidencia que Julián muriera exactamente a esa edad? ¿Fue una coincidencia que su hermano trigo también se fuera a los 27? ¿O hay algo más detrás de esos números? ¿Algo que la familia Figueroa carga sin querer cargarlo, una sombra que los persigue. Cristian Valerio habló de eso también. Y lo que dijo sobre la familia Figueroa, sobre lo que los rodea espiritualmente, sobre lo que hay quienes dicen que se colocó sobre esta familia hace muchos años, es uno de los capítulos más oscuros de esta historia. Y ese capítulo lo vamos a
abrir más adelante, pero antes hay algo que necesitamos establecer muy claramente. Julián Figueroa era un hombre joven con problemas reales. No era un personaje de telenovela, era una persona de carne y hueso que estaba pasando por cosas muy difíciles. Su relación con Imelda Tuñón no había terminado bien.
La situación con su hijo era una herida abierta. Su carrera estaba en un momento de transición [resoplido] y encima de todo eso cargaba con algo que muy poca gente puede imaginar. Ser hijo de Joan Sebastian. Ser hijo de Joan Sebastián no es solo un privilegio, es también un peso. Porque Joan Sebastian no era solo un cantante famoso, era una leyenda, era un mito.
Era un hombre que había marcado la música mexicana de una manera que pocos han logrado. Y cuando eres el hijo de ese hombre, todo lo que haces se compara. Todo lo que cantas se juzga. Todo lo que eres se mide contra lo que fue él. Julián lo sabía y lo cargaba silenciosamente como cargan las cosas los hijos de los grandes.
Hay personas cercanas a Julián que han contado cosas que nunca llegaron a los medios grandes, cosas que se quedaron en conversaciones privadas, en mensajes que no se publicaron, en testimonios que algunas personas dieron de manera reservada. Hay quienes aseguran que en los últimos meses Julián hablaba de sentirse observado, de sentir que había algo a su alrededor que no era normal, que había energías que él no podía explicar, pero que sentía físicamente, que había noches en que no podía dormir, que se levantaba con una angustia que no
tenía nombre, que algo en él sabía que algo estaba pasando. Aunque no supiera qué es esto, ¿cierto? No podemos saberlo con certeza. No somos quienes lo vivieron. Pero hay demasiadas personas que cuentan versiones similares como para descartarlo así no más. Y Cristian Valerio cuando habla de todo esto dice algo que muchos encontraron estremecedor, que Julián lo sintió, que en algún nivel él supo y que por eso escribió ese mensaje, no para sus seguidores, sino para su padre, porque Joan Sebastián era el único que podía
entender lo que estaba pasando. Joan Sebastian, hay que hablar de él en este punto, porque Joan Sebastian murió en 2015, 8 años antes que Julián y sin embargo, su presencia en esta historia es tan fuerte como si todavía estuviera aquí. Joan Sebastian fue un hombre que vivió rodeado de misterio, de contradicciones, de sombras.
Un hombre que amó con una intensidad que pocos pueden imaginar, que perdió a dos hijos de manera violenta, que batalló 16 años contra un cáncer que debería haberlo matado mucho antes, que siguió de pie subiendo a los escenarios, cabalgando, cantando, cuando todos los médicos decían que ya no tenía fuerzas. Ese era Joan Sebastián, un hombre que no le rendía a nada, ni al dolor, ni a la enfermedad, ni a la muerte.
Pero hay algo que muy poca gente sabe, algo que forma parte de la historia más oscura de esta familia. Porque Joan Sebastian también se movió en un mundo donde no todo era limpio, donde no todo era visible. donde hay versiones que hablan de compromisos que se hicieron en la sombra, de favores que se pidieron y que se cobraron, de deudas que no tienen que ver con dinero y si esas deudas se cobraron en sus hijos.
Eso es lo que hay quienes se preguntan en voz muy baja. Trigo asesinado a los 27, Juan Sebastián asesinado a los 32 y ahora Julián muerto a los 27 de un infarto que nadie esperaba. Tres hijos, tres tragedias, tres historias que tienen en común una cosa, que en todas ellas hay preguntas que nunca se respondieron del todo.
¿Qué une esas tres muertes más allá de la sangre? ¿Qué hay detrás de esta familia que parece atraer la tragedia de una manera que va más allá de lo que la estadística puede explicar? Cristian Valerio tiene una respuesta para eso y cuando la da, uno puede estar de acuerdo o no. Uno puede creer o no creer, pero lo que uno no puede hacer es dejar de escucharla.
Hay que entender algo sobre la familia Figueroa para comprender el contexto de todo esto. Esta es una familia que viene de la sierra de Guerrero de Juliantla, un lugar pequeño, recóndito en las montañas del norte del estado. Un lugar donde el mundo moderno llega tarde y donde el mundo antiguo, el mundo de las creencias, el mundo de lo que no se ve pero se respeta.
tiene una presencia muy fuerte. En Guerrero, las tradiciones espirituales no son algo que se aprende en un libro, son algo que se vive, que se hereda, que corre por la sangre, igual que corre el apellido. Y la familia Figueroa no es ajena a eso. No puede serlo porque viene de ese lugar, porque lleva ese lugar adentro.
Joan Sebastian lo sabía y hay quienes dicen que él mismo en algún momento de su vida tuvo que recurrir a cosas que no pertenecen al mundo de lo cotidiano para proteger lo que amaba, para abrir caminos, para cerrar puertas, para mantener lo que tenía y que al abrir ciertas puertas no siempre se pueden cerrar tan fácilmente.
Pero regresemos a Cristian Valerio, porque esto no es solo un asunto del pasado, no es solo una historia de lo que le pasó a Joan Sebastián hace décadas. Lo que Cristian Valerio dice es sobre ahora, es sobre Julián, es sobre lo que pasó esa noche de abril de 2023 y es sobre lo que según él hay personas que saben y que han decidido callar.
habla de alguien del círculo de Julián que tenía conocimiento de lo que estaba pasando, que sabía del estado emocional de Julián, que sabía de las energías que rodeaban esa casa y que en lugar de actuar esperó. ¿Por qué esperaría alguien así? ¿Qué tipo de persona puede saber que algo malo se acerca y elegir no hacer nada? La respuesta que Cristian Valerio sugiere es la más incómoda de todas.
Alguien que tiene algo que ganar con la ausencia de Julián, alguien para quien el mundo era más conveniente sin él. Y ahí es cuando los nombres empiezan a flotar en el aire. No los vamos a pronunciar nosotros, no nos corresponde, pero sí te decimos que las versiones que circulan apuntan en una dirección que tiene que ver con el conflicto más público que rodeó los últimos meses de Julián, la custodia de su hijo, el niño José Julián, el nieto de Joan Sebastián y de Maribel Guardia.
Ese niño que se convirtió en el centro de una batalla que todos vieron, pero que nadie entendió completamente, porque lo que se mostró en los medios fue solo la superficie. Lo que pasaba detrás de cámaras, dentro de esas cuatro paredes, era algo mucho más oscuro, mucho más complicado, mucho más doloroso. Hay quienes dicen que Julián estaba en un punto en el que ya no podía más, que la presión por su hijo lo estaba destrozando por dentro, que las discusiones, las amenazas, las manipulaciones habían llegado a un nivel que él no sabía cómo manejar.
y que había quienes se aprovechaban de eso. Cristian Valerio habló de manipulación emocional. Habló de personas que usaban el estado de vulnerabilidad de Julián para obtener cosas, para controlarlo, para mantenerlo en una posición de debilidad. y habló de algo más, de que esa manipulación no era solo emocional, de que había elementos espirituales involucrados, de que hay quienes aseguran que alguien en el entorno de Julián recurrió a prácticas que van más allá de lo psicológico.
Prácticas que en México y en particular en ciertos estados como Guerrero se conocen muy bien. trabajos, amarres, ataques espirituales dirigidos, cosas que en el siglo XX uno no debería estar diciendo en serio. Pero, ¿qué Cristian Valerio dice con una seriedad que no deja espacio para la duda? ¿Qué evidencia hay de todo esto? Esa es la pregunta justa, la pregunta que cualquier persona razonable haría.
Y la respuesta honesta es que no hay evidencia física, no hay documentos, no hay nada que se pueda presentar ante un juez. Lo que hay son testimonios, versiones, coincidencias que para algunos son demasiadas para ser accidentales. Y la palabra de Cristian Valerio, que para sus seguidores pesa más que cualquier documento.
Pero hay algo que si se puede ver, algo que sí está documentado y es el patrón, el patrón que se repite en esta familia, la manera en que la tragedia los persigue. La forma en que los jóvenes de esta familia no llegan a viejos. Trigo de Jesús Figueroa, 27 años. Asesinado afuera de un concierto de su padre en Texas, un disparo en la cabeza y Joan Sebastian sosteniéndolo entre sus brazos mientras se desangraba, sin que nadie viniera a ayudar, sin que el asesino fuera capturado.
Nunca, nunca. piénsalo. Un homicidio a plena vista, afuera de un concierto lleno de gente y el responsable nunca fue capturado. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo puede alguien matar al hijo de Joan Sebastián en suelo americano y desvanecerse como si nada? Hay quienes dicen que no fue posible, que alguien lo protegió, que alguien se aseguró de que ese hombre no fuera encontrado y que la razón por la que fue protegido tiene que ver con nombres que no se pueden decir fácilmente.
Juan Sebastián Figueroa, 32 años, asesinado afuera de un bar en Cuernavaca, un guardia de seguridad que le disparó en el cuello y en el abdomen. Y días después un narcomensaje del cártel del Pacífico Sur adjudicándose el crimen, diciendo que Juan Sebastián había tenido relaciones con la esposa de un miembro del cártel, ¿verdad o pretexto? Eso nunca se supo con certeza.
Lo que sí se sabe es que Joan Sebastian salió a negar cualquier vínculo con el crimen organizado, que dio declaraciones públicas, que insistió en que él era un artista, no un narcotraficante. Pero hay preguntas que esas declaraciones no respondieron. Preguntas que quedaron flotando en el aire, preguntas que años después, con el surgimiento de ciertos libros y ciertos testimonios en juicios internacionales, volvieron con más fuerza que nunca.
Y luego vino Julián. El tercero, el que nació de la relación más conocida, el hijo de Maribel Guardia, el que creció bajo las luces más brillantes de esta familia, el que interpretó a su padre en la bioserie, el que cargaba el apellido con más visibilidad que ningún otro, y el que murió de la manera más inesperada, sin balas, sin violencia visible, sin un agresor al que señalar, solo un corazón que dejó de latir en una casa tranquila en la ciudad de México un domingo por la mañana.
Cristian Valerio dice que esa es la forma más peligrosa de un ataque. La que no deja marcas, la que no tiene testigos, la que se ve como algo natural porque por fuera todo parece normal. Y dice algo más que ha generado un debate enorme, que quienes hacen este tipo de trabajos saben exactamente cómo hacer que algo parezca natural.
saben cómo debilitar a alguien sin que nadie lo note, cómo hacer que el cuerpo ceda cómo hacer que el corazón se rinda esto posible desde un punto de vista médico, desde un punto de vista científico, la respuesta sería no. Pero desde el punto de vista de millones de personas en México y en América Latina que han vivido de cerca el poder de ciertas prácticas, la respuesta no es tan simple.
Y aquí hay que detenerse un momento para hablar de algo que Cristian Valerio mencionó, que tiene que ver directamente con un video que ya está en este canal. Un video que muchos de ustedes ya vieron, un video que habla de algo que el brujo mayor de Catemaco reveló sobre Julián Figueroa. Porque lo que el niño de la luz dice y lo que el brujo mayor de Catemaco dijo no son historias separadas, son piezas del mismo rompecabezas, piezas que encajan de una manera que cuando las ves juntas te dejan sin palabras.
Pero eso viene después, porque primero necesitamos entender algo fundamental, algo que Cristian Valerio estableció antes de hablar de Julián, algo que tiene que ver con Joan Sebastian mismo. Juan Sebastian tenía enemigos, no del tipo que manda flores con espinas, enemigos de verdad, personas que lo odiaban con una intensidad que va más allá de los celos profesionales o la rivalidad artística.
Y hay quienes dicen que algunos de esos enemigos nunca se conformaron con verlo sufrir en vida, que algunos de ellos querían algo más profundo, más permanente, algo que tocara lo que él más amaba, lo que él más cuidaba, lo que le daba razón de vivir, incluso cuando el cáncer lo estaba consumiendo por dentro.
Sus hijos. ¿Puede el odio de una persona llegar hasta ahí? ¿Puede alguien odiar tanto a otra persona que dirija su daño no hacia ella, sino hacia sus hijos? ¿Hacia los que no tienen culpa, hacia los que solo cargan un apellido que no eligieron? En la historia humana, la respuesta a esa pregunta es sí. Siempre ha sido sí, desde los tiempos más antiguos hasta hoy.
El daño dirigido hacia los hijos de alguien que uno odia es una de las formas más antiguas de venganza que existe y una de las más crueles. Cristian Valerio habla de esto con mucha precisión y lo que dice sobre los hijos de Joan Sebastian, sobre el patrón de sus muertes, sobre lo que hay quienes aseguran que se colocó sobre esta familia, es algo que no se olvida fácilmente una vez que lo escuchas.
dice que hay una marca sobre los hijos varones de Joan Sebastian, una marca que no es metafórica, que es real en el sentido en que él entiende la realidad y que esa marca viene de algún lugar muy específico, de alguna decisión que se tomó en algún momento de la vida de Joan Sebastian, una decisión que él no midió del todo, que no consideró las consecuencias que tendría para los que vendrían después de él.
¿Qué decisión fue esa? ¿Cuándo se tomó? ¿Y quién o [carraspeo] qué estaba del otro lado de esa decisión? Eso lo vamos a explorar a fondo. Pero antes de seguir hay algo que necesitamos decir claramente. Maribel Guardia es una mujer que ha perdido demasiado. Ha perdido más de lo que ninguna madre debería perder.
Y nada de lo que se diga aquí es para atacarla. Nada de esto es para señalarla. Maribel Guardia es parte de esta historia porque era la madre de Julián y como madre, como mujer que amaba a su hijo, ella también tiene preguntas. Ella también quiere entender qué pasó. Ella también merece respuestas. Lo que sí hay que decir es que el entorno de Julián era complejo, muy complejo, y que en ese entorno había personas con intereses distintos, con agendas distintas, con niveles de información muy distintos y que no todos los que rodeaban a Julián
lo hacían desde el amor. Hay un elemento en esta historia que Cristian Valerio menciona de manera recurrente y que merece un espacio propio. El rancho. Rancho Las Palmas, la propiedad en Cuernavaca que Joan Sebastian le heredó a Julián en vida. una propiedad enorme, valiosa, con historia, con una energía particular que, según hay quienes afirman, no era precisamente tranquila.
Joan Sebastián compró ese rancho al padre de Salma Hayek, una propiedad de estilo colonial de 8500 m² con tres pisos, más de 15 habitaciones, museo personal, picadero con fuente y espejos. una joya, una propiedad que cualquiera querría y que Joan Sebastian decidió dejarle a Julián mientras todavía vivía. ¿Por qué a Julián? ¿Por qué no al primogénito? ¿Por qué ese gesto tan explícito hacia ese hijo en particular? Hay quienes dicen que Joan Sebastian tenía con Julián una relación distinta.
más intensa, más cargada de sentido, que lo veía de una manera en que no veía a sus otros hijos, que había algo entre ellos que iba más allá de la sangre. Y si esa propiedad, esa herencia tan visible se convirtió en un problema para Julián, si tener ese rancho lo puso en el centro de una guerra que él no quería pelear.
Si fue ese rancho, esa herencia, ese dinero, lo que despertó en alguien un interés que Julián no supo ver a tiempo. Cristian Valerio dice que la propiedad tiene un papel importante en esta historia, que hay cosas que ocurrieron dentro de esas paredes que no son de conocimiento público, que hay momentos en la vida de Julián dentro de ese rancho que fueron cruciales, que fueron, según él, el escenario de ciertas cosas que no se hacen a la luz del día.
No da detalles específicos, pero lo que sí dice es que el rancho no era un lugar neutral, que tenía una carga, una carga que Julián sentía que lo afectaba, que contribuía a esa sensación de ser observado, de estar rodeado de algo que no podía nombrar y que hay personas que sabían exactamente qué era esa carga y que no hicieron nada para quitarla.
Ahora hay que hablar de algo que está directamente relacionado con lo que Cristian Valerio dice y que tiene que ver con la cronología de los últimos días de Julián. Porque cuando uno repasa esa cronología con cuidado, hay cosas que no cuadran, cosas pequeñas, detalles que por sí solos no significan nada, pero que juntos pintan un cuadro que resulta incómodo de ver.
Los días previos a su muerte, Julián había tenido contacto con ciertas personas de su entorno con quienes las relaciones eran tensas. Había habido conversaciones que no terminaron bien. Había habido decisiones que se estaban tomando sobre su vida, sobre su hijo, que lo afectaban profundamente. Y había habido, según versiones que circulan, una discusión importante que dejó a Julián en un estado de gran agitación.
¿Con quién fue esa discusión? Eso es algo que no todos coinciden en señalar, pero sí hay consenso en algo que Julián no estaba bien emocionalmente en esos últimos días, que estaba en un momento de gran fragilidad y que las personas que lo rodeaban lo sabían. Y en ese contexto, Cristian Valerio hace una pregunta que nadie hasta ahora había formulado públicamente de esta manera.
¿Quién fue la última persona que estuvo con Julián antes de que muriera? ¿Qué pasó en esas horas? ¿Qué se dijo? ¿Qué se hizo? ¿Y qué no se hizo? Esas preguntas todavía no tienen respuesta oficial y hay quienes dicen que nunca la tendrán, que hay personas con el interés suficiente en que esas preguntas se queden sin responder, en que la versión del infarto natural se quede como la versión oficial para siempre.
Pero lo que Cristian Valerio asegura es que la verdad, como siempre, encuentra la manera de salir, que las almas no se callan, que Julián Figueroa tiene cosas que decir y que las está diciendo a través de quienes tienen los oídos para escucharlas. Parte dos. Po. La muerte de Julián Figueroa dejó una grieta en el mundo del espectáculo mexicano que todavía no se cierra.
Y no se cierra porque hay demasiados cabos sueltos, demasiadas versiones que no terminan de coincidir, demasiado silencio de personas que deberían hablar. El silencio es quizás el elemento más revelador de esta historia. Porque cuando alguien muere de manera inesperada, lo normal es que su entorno más cercano salga a hablar, a dar testimonios, a contar cómo era, a describir cómo estaba en sus últimos días, a decir lo que recuerdan.
Pero en el caso de Julián, hay personas de su círculo más íntimo que han guardado un silencio que llama la atención, un silencio que no encaja del todo con el dolor, que suena algo más que discreción, que parece, para quienes conocen el caso de cerca, un silencio calculado. ¿Por qué callarían personas que querían a Julián? ¿Qué saben que no quieren decir? O qué les han dicho que no digan.
Cristian Valerio habló de presiones, de personas del entorno de Julián que habrían sido abordadas, que habrían recibido mensajes directos o indirectos sobre la conveniencia de no hablar, de no hacer preguntas, de dejar que las cosas queden como están. ¿Quién tiene el poder para silenciar a personas dentro del entorno de Julián Figueroa? Eso es una pregunta que tiene respuestas muy incómodas, porque el entorno de Julián no era solo artístico, no era solo familiar, era un entorno que conectaba con poder, con dinero, con
intereses que van mucho más allá de la música y el espectáculo. Y hay que recordar algo que también forma parte de esta historia. El apellido Figueroa en Guerrero no es solo un apellido artístico, es un apellido que tiene peso en la región, un peso que Joan Sebastian construyó durante décadas y un peso que después de su muerte quedó en manos de sus herederos, de sus hijos, de su familia.
Hay que hablar del hermano Federico Figueroa, el hermano de Joan Sebastian, un hombre que ha estado rodeado de sombras desde hace muchos años. Un hombre cuyo nombre apareció en narcomantas en 2014, señalado como líder de Guerreros Unidos. Un hombre que ha sido vinculado en versiones que circulan desde hace tiempo con uno de los casos más dolorosos y oscuros de la historia reciente de México, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotsinapa.
Eso hay que dejarlo muy claro. Son versiones, son señalamientos, no son condenas, pero son parte del contexto, son parte del mundo en el que creció esta familia. del mundo que rodeaba a Joan Sebastian, del mundo que inevitablemente también rodeaba a sus hijos. ¿Sabía Julián sobre su tío? ¿Tenía contacto con ese mundo? ¿Se sentía protegido por ese apellido o amenazado por él? Esas preguntas no tienen respuesta pública, pero Cristian Valerio dice que el mundo que rodeaba a la familia Figueroa era un mundo donde ciertas
cosas se toleraban en silencio, donde ciertas realidades se vivían pero no se nombraban, donde todos sabían más de lo que decían. Y ahora hay que hablar de algo que Cristian Valerio planteó de una manera que dejó a muchos sin palabras. habló de la posibilidad de que la muerte de Julián no haya sido algo que ocurrió de repente, que no haya sido un evento puntual, sino que haya sido el resultado de un proceso, un proceso largo, sostenido, invisible para el mundo exterior, pero muy real para quien lo estaba viviendo.
Un proceso de desgaste emocional. físico y espiritual, si uno acepta esa dimensión. Un proceso en el que Julián fue perdiendo fuerzas poco a poco, perdiendo claridad, perdiendo la capacidad de defenderse, perdiendo finalmente la voluntad de seguir peleando. Hay médicos que dirían que eso describe perfectamente lo que puede pasar cuando alguien joven tiene factores de riesgo cardíacos que no se detectaron, que el estrés sostenido es uno de los mayores enemigos del corazón.
Que la ansiedad, la angustia, los conflictos sin resolver son venenos lentos que trabajan desde adentro. Y Cristian Valerio estaría de acuerdo con eso, pero añadiría algo, que ese estrés, esa angustia, esos conflictos no llegaron solos, que alguien los puso ahí, que alguien los alimentó con intención, con conocimiento de lo que estaba haciendo.
Esto nos lleva a un tema que hay que abordar con cuidado, pero que no se puede ignorar. La relación de Julián con Imelda Tuñón, la madre de su hijo, la mujer con quien tuvo la vida más complicada en sus últimos años. Nadie está diciendo aquí que Imelda Tuñón haya hecho nada malo. Eso hay que dejarlo muy claro.
Imelda Tuñón es la madre de José Julián. Es una mujer que también perdió al padre de su hijo y nada de lo que se diga aquí es para cargarle una responsabilidad que no tiene. Pero si hay que decir que la relación entre Julián y Melda no era fácil, que había tensiones profundas, que había conflictos que no se habían resuelto y que esos conflictos afectaban a Julián de una manera que todos los que lo conocían podían ver.
Hubo manipulación en esa relación. Hubo presiones que lo afectaron más de lo que se supo. ¿Hubo momentos en que Julián sintió que no tenía salida? Esas son preguntas que los que lo conocían se hacen en privado y son preguntas que Cristian Valerio también hace, pero desde otro ángulo, desde el ángulo de lo que según él hay detrás de ciertas dinámicas de pareja, de lo que sucede cuando una relación deja de ser solo amor y se convierte en otra cosa.
Y aquí Cristian Valerio dijo algo que generó una reacción enorme, algo que para muchos fue demasiado, pero que para otros fue el punto donde todo empezó a tener sentido. dijo que en ciertos entornos, en ciertas culturas, cuando una relación se vuelve un problema para alguien, hay personas que recurren a intermediarios, que pagan por soluciones, que van a lugares donde se hacen cosas que no se pueden hacer con las manos limpias y que ese tipo de soluciones, aunque no dejan huella visible, dejan huella en el cuerpo de quien las recibe.
señaló a nadie, no mencionó nombres, pero la dirección de sus palabras era clara y mucha gente la entendió y mucha gente se quedó en silencio después de escucharla. Pero hay más, porque Cristian Valerio no solo habló de Julián desde la perspectiva de lo que le pasó, también habló de lo que Julián, según él, le comunicó desde el otro lado.
Y lo que dijo que Julián le comunicó es algo que hay que escuchar con mucha atención, porque no es una historia de odio, no es un mensaje de acusación, es algo más complejo, más humano, más triste. Según Cristian Valerio, Julián no está en paz, que hay algo que lo tiene atado, algo que no le permite seguir su camino con tranquilidad y que ese algo tiene que ver con su hijo, con José Julián, con el niño que dejó en este mundo, con el niño por quien pelea desde donde está.
Dice que Julián sigue en este plano porque no puede dejar a su hijo, porque la situación en que quedó ese niño lo tiene encadenado, que lo que siente por su hijo es tan fuerte que ni siquiera la muerte puede separarlo de él del todo. Y que hay alguien que usa eso, que sabe que Julián sigue cerca y que lo usa para sus propios fines.
Eso es lo que Cristian Valerio dice y uno puede creer en ello o no creerlo. Pero lo que es innegable es que la situación de ese niño, de José Julián, sigue siendo una guerra. Una guerra que empezó antes de la muerte de Julián y que no ha terminado. Una guerra entre Maribel Guardia y la familia de Imelda Tuñón.
Una guerra por la custodia, por la crianza, por el futuro de un niño que perdió a su padre a los 4 años. ¿Qué tipo de mundo es ese para un niño? ¿Cre entiendes? Saber que los adultos que te rodean no pueden ponerse de acuerdo sobre quién eres tú. Julián nunca quiso eso para su hijo. Eso es algo en lo que todos los que lo conocieron coinciden.
Que Julián amaba a ese niño sobre todas las cosas, qué era lo más importante que tenía en el mundo, que haría cualquier cosa por él y que la incapacidad de protegerlo fue tal vez lo que más lo destrozó. Hay un momento en la vida de Julián que Cristian Valerio menciona de manera especial. Un momento que no fue público, un momento que solo las personas más cercanas a él conocen.
Habla de una noche, una noche en que Julián estuvo solo, en que se quedó en casa sin compañía y en que, según versiones que llegaron a Cristian Valerio, algo pasó que cambió su energía de manera notable. que después de esa noche Julián no fue el mismo. No habló de lo que pasó esa noche con nadie, o si lo habló, la persona con quien lo habló no lo ha contado.
Pero hay quienes que lo vieron en los días siguientes, notaron algo diferente en él. una tristeza más profunda, una distancia, como si algo en él hubiera cedido, como si una puerta que antes tenía cerrada se hubiera abierto. Cristian Valerio dice que esa noche fue un punto de inflexión, que lo que pasó esa noche no fue accidental y que lo que entró por esa puerta abierta no volvió a salir.
Necesitamos hablar de la conexión entre Joan Sebastian y su hijo en el plano espiritual, porque es algo que Cristian Valerio aborda de manera muy particular y que arroja una luz diferente sobre ese mensaje que Julián publicó el día antes de morir. Joan Sebastian murió en julio de 2015. Julián tenía 20 años en ese momento.
Era joven, estaba apenas empezando y la muerte de su padre lo marcó de una manera que él mismo describió en varias ocasiones. Dijo que su padre era su norte, su guía, la voz que escuchaba cuando no sabía qué hacer, que cuando algo le pasaba, lo primero que hacía era preguntarse qué diría Joan Sebastian. ¿Qué haría él en su lugar? Y que en el silencio a veces llegaba la respuesta.
¿Era eso imaginación de alguien que extrañaba a su padre? Probablemente, para la mayoría de las personas sí. Pero Cristian Valerio dice que en el caso de Julián esa conexión era real, que Joan Sebastian sí estaba ahí, que lo acompañaba. y que en sus últimos días esa presencia se hizo más intensa, como si Juan Sebastián supiera lo que se venía y estuviera tratando de preparar a su hijo para cruzar.
Eso es lo que hay quienes creen y es una imagen que duele, la imagen de un padre que ya estaba del otro lado viendo como su hijo se acercaba sin poder detenerlo, sin poder gritarle que regresara, sin poder hacer nada más que acompañarlo. Joan Sebastián perdió a dos hijos mientras vivía. Y ahora desde el otro lado perdió a un tercero.
Existe un dolor mayor que ese algo que pueda compararse con ver a tus hijos irse antes que tú una y otra vez sin poder hacer nada. Cristian Valerio dice que Joan Sebastian carga ese dolor todavía, que es visible, que cuando él lo percibe hay una oscuridad alrededor de esa figura que no es ordinaria, que es el peso de una pérdida que va más allá de lo que el alma humana está diseñada para cargar.
Pero volvamos a lo concreto, porque hay algo que hay que establecer sobre la mecánica. de lo que Cristian Valerio denuncia. Habla de alguien que, según él, tomó una decisión activa, no pasiva. No fue alguien que simplemente no ayudó, no fue un descuido, no fue una omisión accidental. Según Cristian Valerio, lo que ocurrió con Julián involucró una decisión conscientemente tomada, una decisión de actuar, de hacer algo y de hacerlo de una manera que no dejara rastro visible, que no levantara sospechas, que pudiera presentarse ante el mundo
como lo que no era una muerte natural. ¿Cómo puede alguien hacer eso? En el mundo físico hay respuestas médicas para esa pregunta. Hay sustancias que pueden provocar fallos cardíacos, que son difíciles de detectar en una autopsia estándar, que no se buscan si nadie sospecha. Se hizo una autopsia exhaustiva en el caso de Julián.
¿Se buscaron todas las posibilidades? ¿O la versión del infarto natural cerró la investigación antes de que pudiera profundizarse? Esas son preguntas que Cristian Valerio también hace. Desde el ámbito espiritual, él tiene sus propias respuestas, pero también invita a pensar en las respuestas del mundo físico, en las del mundo de la medicina, en las del mundo de la investigación.
Porque si hay algo que une lo espiritual y lo material en esta historia es esto. La verdad todavía no ha salido completamente y hay personas interesadas en que siga sin salir. Hay quienes que han seguido este caso de cerca señalan algo que llama la atención. La velocidad con que todo se resolvió. La velocidad con que se emitió el certificado de defunción.
La velocidad con que se hicieron los trámites, la velocidad con que la versión oficial quedó establecida. En casos de muerte súbita de personas jóvenes, lo normal es que haya una investigación, que se hagan preguntas, que se tome tiempo, que no se saque al mundo a enterrar a alguien antes de saber exactamente qué pasó.
Eso ocurrió con Julián. Hubo una investigación seria o la presencia del nombre Figueroa, la presión mediática, la urgencia de las personas involucradas cerraron ese proceso antes de que pudiera completarse. Cristian Valerio dice que sí, que algo se cerró prematuramente y que lo que quedó por investigar es lo que él lleva meses tratando de sacar a la luz.
Volvamos un momento a Maribel Guardia, porque su papel en esta historia es complejo y hay que tratarlo con justicia. Maribel Guardia es una mujer que ha dado la cara, que ha hablado, que ha llorado en público, que no ha guardado silencio sobre el dolor que siente. Y eso hay que respetarlo. Nadie que ha visto a Maribel hablar de su hijo puede dudar de que ese dolor es real.
de que esa pérdida la rompió. Pero también hay algo que hay que decir. Maribel ha tomado decisiones en relación con su nieto, que son polémicas, decisiones que generaron conflictos, que pusieron a la familia en una posición difícil y que algunos interpretan como decisiones tomadas desde el dolor, pero que otros interpretan como decisiones tomadas desde el control.

¿Qué quería Maribel para su nieto? ¿Qué quería para ella misma? ¿Y qué tan lejos estaba dispuesta a llegar para conseguirlo? Esas preguntas tampoco tienen respuesta oficial, pero son preguntas que circulan y que Cristian Valerio, aunque no apunta directamente hacia Maribel, tampoco descarta en sus reflexiones sobre el entorno de Julián.
Y aquí llegamos a uno de los puntos más tensos de todo lo que Cristian Valerio ha dicho. Habló de personas del entorno de Julián que tenían conocimiento de lo que estaba pasando espiritualmente, que sabían de las energías negativas que lo rodeaban, que estaban informadas de una manera u otra de lo que se estaba haciendo y que en lugar de alertar a Julián, en lugar de intervenir, en lugar de buscar protección para él, eligieron no decir nada.
¿Por qué elegiría alguien el silencio en ese momento? ¿Por miedo, por lealtad, a quien estaba haciendo el daño? ¿O por interés propio, por saber que si Julián desaparecía, algo cambiaría en su favor? Cristian Valerio no da nombres, pero dice que esas personas existen, que están vivas, que siguen en sus lugares y que cargando con ese silencio.
Hay una imagen que Cristian Valerio describió que se quedó grabada en la mente de quienes lo escucharon. describió a Julián en sus últimas semanas como alguien que caminaba bajo una nube, no en sentido figurado, en el sentido literal de cómo él percibe las energías. una nube oscura, densa, que lo seguía a donde fuera, que se hacía más pesada con el tiempo, que lo agotaba, que lo iba apagando lentamente y describió algo más, que alrededor de esa nube había como hilos.
y los que conectaban esa oscuridad con personas específicas, personas que en su percepción tenían colores muy particulares, que no eran personas del mundo espiritual, eran personas del mundo real, personas de carne y hueso que conscientemente o no alimentaban esa nube, alimentaban conscientemente. Eso es lo que Cristian Valerio cree, al menos en el caso de algunas de ellas, al menos una o dos personas de ese círculo que sabían exactamente qué estaban haciendo.
Esto nos lleva a una pregunta que es imposible ignorar en este punto de la historia. ¿Hay alguien que deba responder por la muerte de Julián Figueroa? No desde el punto de vista de Cristian Valerio únicamente, sino desde el punto de vista de cualquier persona que mire esta historia con ojos críticos. Hubo negligencia, hubo omisión, hubo personas que sabían que Julián estaba en un estado de riesgo y no hicieron nada.
En el mundo físico, en el mundo médico, en el mundo legal, esas preguntas también tienen peso. Porque si Julián tenía factores de riesgo cardíaco que no se atendieron, si había señales de alarma que se ignoraron, si había personas a su alrededor que sabían del estado en que estaba y eligieron no actuar, cuánto de eso es culpa y cuánto de esa culpa es pasiva y cuánto es activa.
Cristian Valerio no habla solo de lo espiritual, habla también de algo muy concreto, de que hay personas que usaron el estado de vulnerabilidad de Julián, que aprovecharon su fragilidad emocional para obtener cosas, para tomar decisiones sobre su vida y sobre su hijo. Decisiones que Julián en un estado de mayor fortaleza no habría aceptado.
Y eso, independientemente de lo espiritual, independientemente de lo que se crea o no se crea, es manipulación, es abuso, es el tipo de cosa que destruye a las personas desde adentro, que las hace ceder en sus límites, que las hace aceptar cosas que no deberían aceptar. ¿Fue Julián víctima de eso? Las personas que lo conocieron dicen que sí, que había momentos en que él hacía cosas que no quería hacer, que decía cosas que no sentía, que se movía en una dirección que no era la suya.
¿Por qué hacía eso? ¿Qué lo tenía tan atrapado que no podía salirse? Hay quienes dicen que la respuesta es simple. amor por su hijo, que Julián habría hecho cualquier cosa, habría aguantado cualquier cosa con tal de no perder el acceso a José Julián, que esa era su debilidad, su punto vulnerable, y que las personas a su alrededor lo sabían [carraspeo] y lo usaban.
Usaban al niño como herramienta. Usaban el amor de Julián por su hijo para controlarlo, para mantenerlo en una posición de dependencia, para asegurarse de que no se alejara, de que no tomara decisiones por su cuenta, de que siguiera necesitando de ciertas personas para poder estar con lo que más amaba. Eso es una de las formas más crueles de control que existe. Y Julián lo vivió.
en silencio durante meses, hasta que su cuerpo no pudo más. Cristian Valerio habló de un momento específico, un momento en que Julián intentó salir de esa dinámica, en que buscó apoyo, en que se acercó a personas que pensaba que podían ayudarlo, que podían sacarlo del lugar en que estaba. y habló de que ese intento fue bloqueado, de que las personas a las que se acercó por distintas razones no pudieron o no quisieron ayudarlo de la manera en que él necesitaba.
De que Julián se quedó solo con esa decisión, sin salida, sin apoyo, con el peso de todo cayendo sobre él y con un corazón que literalmente no aguantó más. Hay algo que Cristian Valerio repite mucho en sus declaraciones sobre Julián, una frase que dice varias veces de distintas maneras y es esta que Julián era una persona con mucha luz.
No lo dice de manera figurada, lo dice como lo diría alguien que trabaja con energías, que Julián tenía una luminosidad espiritual muy alta, que era una persona especial en ese sentido, que tenía dones que no había desarrollado del todo, que había cosas en él que en otras circunstancias, en otro entorno, podrían haber florecido de una manera extraordinaria.
Y dice que precisamente por eso era un objetivo, que las personas con mucha luz son las más vulnerables a ciertos tipos de ataques, que quienes trabajan con energías oscuras buscan precisamente eso, la luz, para apagarla, para absorberla, para usarla. ¿Es eso posible? Desde la perspectiva de millones de personas que han crecido con estas creencias. Sí, absolutamente.
Y no son personas ignorantes, no son personas que no tienen criterio, son personas que han visto cosas en sus propias familias que les han enseñado a respetar esas fuerzas, a tomárselas en serio, a no reírse de ellas. Y hay que decir algo más. México tiene una tradición espiritual que es de las más ricas y complejas del mundo.
Una tradición que mezcla lo indígena, lo colonial, lo africano, lo moderno. Una tradición donde los curanderos, los brujos, los videntes, los chamanes no son figuras del pasado, son parte del presente, son parte de la realidad cotidiana de millones de personas. Y en ese contexto, lo que Cristian Valerio dice no es descabellado, es parte de una visión del mundo que mucha gente comparte y que para muchos de los que escuchan esta historia resuena con algo que sienten en sus propias entrañas.
Pero hay un momento en las declaraciones de Cristian Valerio, que es el más perturbador de todos. El más perturbador no es cuando habla de la entrega, no es cuando habla de los trabajos espirituales, no es cuando habla de las personas del entorno que callaron. El más perturbador es cuando habla de lo que viene después, de lo que según él no ha terminado, de lo que si no se hace algo puede seguir pasando.
Porque Cristian Valerio dice que lo que afectó a Julián no se detuvo con su muerte, que las energías que se dirigieron hacia él siguen activas, que el daño que se hizo no desapareció porque Julián ya no esté, que sigue ahí, que puede afectar a otros, ¿a quién? Esa es la pregunta que nadie quiere hacer en voz alta, pero que todos los que escuchan a Cristian Valerio se hacen por dentro.
José Julián, el niño, el hijo de Julián, el nieto de Joan Sebastián, el nieto de Maribel Guardia, un niño pequeño que creció sin su padre, que está creciendo en medio de una guerra entre familias, que lleva un apellido que tiene tanto peso como peligro. Cristian Valerio habla de ese niño con una preocupación muy real.
dice que ese niño necesita protección, que hay energías que lo rodean que no son buenas, que el ambiente en que está creciendo no es espiritualmente limpio y que quienes lo cuidan tienen la responsabilidad de hacer algo al respecto. ¿Lo están haciendo? ¿Alguien se está ocupando de limpiar el camino de ese niño? o están tan ocupados peleando entre ellos que nadie está mirando lo que le puede estar pasando a él.
Y aquí la historia da un giro que hay que tomar muy en serio, porque no es solo Cristian Valerio quien ha hablado de una sombra sobre esta familia. No es solo el niño de la luz quien ha señalado que hay algo oscuro que rodea al apellido Figueroa. Hay otro personaje en esta historia, alguien que habló antes que Cristian Valerio, alguien cuyas palabras en su momento sacudieron a quienes las escucharon.
Alguien que viene de un lugar donde el conocimiento de estas cosas es muy profundo, muy antiguo, muy respetado. El brujo mayor de Catemaco. Catemaco, Veracruz. Un lugar que en México necesita poca presentación, un lugar que es sinónimo de poder espiritual, de tradiciones que vienen de siglos atrás, de conocimientos que se pasan de generación en generación en el silencio de rituales que muy pocos ojos han visto.
El brujo mayor de Catemaco no es una figura del espectáculo, no es alguien que sale en televisión buscando fama. Es una figura de autoridad en ese mundo. Alguien cuyas palabras pesan, cuyas revelaciones se toman en serio por personas que conocen ese mundo. Y lo que el brujo mayor reveló sobre Julián Figueroa es lo más oscuro que se ha dicho en este caso, algo que va más allá de lo que Cristian Valerio planteó, algo que, para quienes lo escucharon cambió la manera de ver todo lo que pasó.
Si no has visto ese video, hay que decirte que lo que el brujo mayor dijo sobre Julián habla de algo que se colocó sobre él con intención, con conocimiento, con acceso a información que no tiene cualquiera y que lo que se colocó sobre él no fue obra de alguien menor, no fue algo improvisado, fue algo hecho por alguien que sabe lo que hace.
¿Y qué dijo exactamente el brujo mayor? Eso está en un video que ya está en este canal, un video que no puedes dejar de ver si quieres entender el cuadro completo de lo que pasó con Julián Figueroa. Pero sigamos con lo que Cristian Valerio dijo, porque hay más, hay mucho más. habló de una red, no solo de una persona, no solo de un trabajo espiritual, habló de algo más organizado, más sistemático, una red de intereses que convergieron en la figura de Julián, una red donde participaban personas que tenían distintos motivos, distintas razones para querer que Julián no
estuviera, algunos por dinero. Algunos por control, algunos por poder y algunos, según Cristian Valerio, por razones que van mucho más allá de lo personal, razones que tienen que ver con compromisos hechos en la oscuridad, contratos que se sellaron con algo más que dinero, con promesas que se hicieron en nombre de los que vendrían después.
Y aquí hay que regresar a Joan Sebastián. Porque Cristian Valerio es muy específico sobre algo que el origen de lo que le pasó a Julián no empieza con Julián, empieza más atrás, empieza con decisiones que Joan Sebastian tomó, con el mundo en que se movió, con los compromisos que hizo, con las personas con las que se asoció y con las deudas que acumuló, deudas que él no pagó en vida.
y que alguien algo decidió cobrar en sus hijos. ¿Tiene Joan Sebastián responsabilidad en la muerte de Julián? Esa pregunta es tan difícil que da vértigo. Porque Joan Sebastian amó a sus hijos. Eso nadie lo discute. Pero también vivió en un mundo donde ciertas decisiones tienen consecuencias que van más allá de uno mismo, donde ciertos compromisos no se limitan a la vida de quien los hace, donde el precio que se paga puede ser el precio de los que vienen después.
Cristian Valerio habla de eso con mucho cuidado, con mucho respeto hacia Joan Sebastian. No lo acusa, no lo condena. Dice que Joan Sebastian era un hombre que amó y que sufrió, que cometió errores como todos, pero que algunos de sus errores tuvieron consecuencias que él no pudo prever. y que ahora desde donde está Joan Sebastian carga también eso, carga el peso de haber abierto puertas que dejaron pasar cosas que terminaron alcanzando a sus hijos.
Y eso, dice Cristian Valerio, es algo que lo tiene en un estado de mucho dolor en el plano en que está. Un padre que se fue y que no pudo proteger a sus hijos, no por falta de amor, sino por las consecuencias de un mundo en que se movió. Un mundo que tiene sus propias reglas y que cobra sus propias deudas. Parte tres. Hay algo que Cristian Valerio señaló que no se ha dicho públicamente en ningún otro espacio, algo que cuando lo escuchas te hace recapitular todo lo que sabes sobre esta historia y verla con ojos completamente distintos.
Habló de señales. Señales que Julián dio en los meses previos a su muerte. señales que no fueron interpretadas como tales por las personas que estaban a su alrededor o que sí fueron interpretadas, pero ignoradas. No solo el mensaje del día antes de morir, hubo otros. Hay quienes dicen que en las semanas anteriores Julián habló varias veces de su padre, más de lo normal, con una intensidad que llamaba la atención, como si la presencia de John Sebastian en su mente se hubiera vuelto constante.
Inevitable. Hay quienes dicen que habló de cansancio, no el cansancio de quien ha dormido poco, sino el cansancio más profundo, el de quien ya no puede más, el de quien ha peleado demasiado tiempo contra algo que no tiene nombre. Y hay quienes dicen que habló de paz, de querer paz, de buscar un descanso que en su vida no encontraba.
¿Lo escucharon? ¿Alguien se detuvo a escucharlo de verdad? ¿O todos estaban tan ocupados en sus propias guerras que las palabras de Julián se perdieron en el ruido? Cristian Valerio dice que Julián habló, que dio señales, que intentó pedir ayuda de la única manera que sabía, sin ser demasiado directo, sin decirlo claramente, porque había aprendido en la escuela dura de su familia que mostrar debilidad tiene un costo, que pedir ayuda puede usarse en tu contra.
Eso es algo que se aprende en las familias, donde el orgullo es más importante que la vulnerabilidad, donde mostrar que estás mal es un riesgo, donde la fortaleza se exhibe, aunque por dentro todo se esté cayendo. Joan Sebastian era así, un hombre que siguió de pie, aunque el cáncer lo estuviera destruyendo por dentro, que subió a escenarios cuando los médicos decían que era imposible, que montó caballos en secreto cuando le habían dicho que eso podía matarlo.
Y Julián aprendió de él. Aprendió que los Figueroa no se doblan, que los Figueroa siguen, que los Figueroa aguantan hasta que no pueden más. Hay una parte de las declaraciones de Cristian Valerio que ha generado más debate que cualquier otra. La parte donde dice que sabe quién fue la persona que, según su percepción espiritual tomó la decisión que afectó a Julián, que lo ha visto, que tiene claridad sobre esa figura, pero que por razones que no explica completamente ha decidido no revelar ese nombre en este momento.
¿Por qué no lo dice? Esa es la pregunta que todos le hacen y su respuesta es inquietante porque el momento no es el correcto todavía. Porque hay cosas que tienen que ocurrir primero, porque hay personas que tienen que estar en una posición determinada antes de que ese nombre pueda salir sin causar un daño que no se puede medir.
¿Qué significa eso? Está protegiendo a alguien. está esperando que algo cambie o está midiendo el impacto de sus palabras de una manera que otros no pueden ver. Nadie sabe. Y esa incógnita es tal vez la parte más perturbadora de toda esta historia, porque sugiere que hay más, que lo que se ha dicho es solo una parte, que la historia completa todavía no está lista para contarse.
Y entonces uno se queda con esa sensación, esa sensación incómoda de estar viendo un rompecabezas al que le faltan piezas. Un rompecabezas que ya tiene suficiente forma para adivinar lo que muestra, pero que sin esas piezas que faltan no puede completarse del todo. ¿Cuándo van a aparecer esas piezas? ¿Quién las tiene? ¿Cuándo va a decidir Cristian Valerio? que el momento es el correcto.
Esas son las preguntas que la gente le sigue haciendo en redes, en comentarios, en mensajes privados y la respuesta que él da es siempre la misma cuando sea el momento, cuando las señales le indiquen que es hora, cuando lo que venga de la otra parte le diga que puede hablar. Hay algo que no se puede pasar por alto en esta historia, algo que forma parte del contexto más amplio y que conecta todo lo que hemos hablado.
La herencia de Joan Sebastián, ese tema enorme, ese nudo que lleva casi 10 años sin resolverse completamente. 51 propiedades, 854 canciones, millones de pesos. y nueve herederos que no siempre han estado de acuerdo. Cuando Julián vivía, él era parte de esa disputa. Tenía su lugar, tenía el rancho Las Palmas, tenía un patrimonio que le había dejado su padre, un patrimonio que lo convertía en una figura importante dentro del reparto.
Con Julián muerto, ese panorama cambió. Su parte no desaparece, por supuesto. Pasa a su hijo, a José Julián, un niño pequeño que no puede administrar nada por sí mismo, que necesita un tutor, que depende de los adultos que lo rodean para que su herencia sea administrada. ¿Y quién administra la herencia de un niño? ¿Quién tiene la tutela? ¿Quién tiene la custodia? quien está reconocido legalmente como responsable de ese niño.
¿Entienden ahora por qué la batalla por la custodia de José Julián es tan feroz? ¿Entienden ahora por qué hay tanto en juego más allá del amor por el niño? ¿Entienden ahora por qué ciertas personas tienen intereses que van mucho más allá del bienestar de ese niño? La herencia de Joan Sebastián es el corazón de todo esto, el corazón al que todo regresa, el punto donde los intereses se cruzan, donde el amor y el dinero se mezclan de una manera que ya no se pueden separar.
Y Julián, sin quererlo, sin buscarlo, estaba en el centro de eso. Era una pieza clave. Y cuando las piezas clave se eliminan de un tablero, alguien gana, alguien que diseñó el movimiento, alguien que sabía exactamente qué pasaría cuando esa pieza cayera. Cristian Valerio no dice esto en términos de ajedrez, lo dice en términos espirituales, pero la estructura de lo que describe es la misma.
Un movimiento, una pieza que cae, un tablero que cambia. Hay personas que han criticado a Cristian Valerio que dicen que está aprovechándose del dolor de una familia para ganar atención, que sus declaraciones no tienen ningún respaldo verificable, que mezcla lo espiritual con lo concreto de una manera irresponsable que genera desconfianza sin pruebas.
Esas críticas existen y son legítimas. Hay que decirlo, pero también hay algo que las críticas no responden, el patrón. Las críticas no explican por qué tres hijos de Joan Sebastian no llegaron a los 40. No explican por qué hay tantas preguntas sin respuesta en cada una de esas muertes. No explican por qué hay silencios donde debería haber testimonios.
No explican por qué hay personas que saben más de lo que dicen. [carraspeo] Las críticas tampoco explican por qué Julián publicó ese mensaje el día antes de morir. ¿Por qué habló de reencontrarse con su padre? ¿Por qué se fue un domingo por la mañana solo en su casa sin que nadie lo viera venir? Las críticas son bienvenidas, pero las preguntas siguen ahí.
Y hay una pregunta más, una que Cristian Valerio deja flotando al final de sus declaraciones, una que es tal vez la más difícil de todas. ¿Qué habría pasado si alguien hubiera intervenido? No en términos espirituales, en términos humanos. ¿Qué habría pasado si alguien, cualquier persona del entorno de Julián, hubiera dicho en voz alta que algo estaba mal? Que Julián necesitaba ayuda, que la situación en que estaba era insostenible, que había que hacer algo antes de que fuera demasiado tarde.
¿Habría sobrevivido Julián si alguien hubiera tenido el valor de decir eso en voz alta? Si alguien hubiera roto el silencio a tiempo, si el amor que decían tenerle hubiera sido más grande que los intereses que tenían en juego, no podemos saberlo. Nadie puede saberlo. Pero la pregunta quema, porque sugiere que la muerte de Julián no era inevitable, que había ventanas, que había momentos en que el curso de las cosas podría haber cambiado y que esas ventanas se dejaron cerrar por descuido, por egoísmo o por intención.
Julián Figueroa nació el 2 de mayo de 1995. El hijo de Joan Sebastian y Maribel Guardia, un niño que llegó al mundo rodeado de música, de luces, de un apellido que abría puertas y que también, como se fue viendo con los años, las cerraba. Creció viendo a su padre en el escenario, aprendiendo que la vida pública era parte de lo que él era, que su historia no le pertenecía solo a él, que era patrimonio de la gente que amaba a su familia.
Decidió seguir los pasos de su padre con toda la valentía que eso requiere, con todo el peso que conlleva y con toda la certeza de que no iba a ser fácil. que nada en su vida iba a ser fácil y que el apellido Figueroa era tanto una bendición como una carga. Murió el 9 de abril de 2023. tenía 27 años, el mismo número que su hermano Trigo, la misma cifra que aparece en las historias de tantos artistas que se fueron antes de tiempo.
Coincidencia, maldición, diseño, cada quien que decida qué creer. Pero que nadie diga que no lo pensó, que nadie diga que los números no le llaman la atención. Que nadie diga que no hay algo en esta historia que va más allá de lo que la ciencia puede explicar cómodamente, porque hay algo, sea lo que sea, hay algo.
Cristian Valerio sigue hablando, sigue dando declaraciones, sigue diciendo que hay más que revelar, que lo que ha dicho hasta ahora es solo el principio, que hay versiones que están por salir, que hay personas que están a punto de hablar, que hay algo que se está moviendo en el entorno de esta familia que va a cambiar la narrativa de todo lo que pasó.
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¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Qué? Eso todavía no lo sabemos, pero sabemos que esta historia no ha terminado, que sigue viva, que sigue generando preguntas, que sigue generando respuestas a medias que abren nuevas preguntas y que hay un nombre que cada vez que surge en conversación, en noticieros, en videos como este, mueve algo en la gente, un nombre que no se puede pronunciar sin sentir algo.
Un nombre que pertenece a alguien que se fue demasiado pronto y que, según algunos, todavía está cerca, todavía escuchando, todavía esperando que alguien diga la verdad. Julián Figueroa, hijo de Joan Sebastian, hijo de Maribel Guardia, padre de José Julián, cantante, actor, hombre joven que amó demasiado y que sufrió demasiado y que se fue en el momento en que más necesitaba quedarse.
Y la pregunta que lo rodea, que lo ha rodeado desde el primer momento, que sigue rodeándolo ahora, ¿fue su muerte tan natural como dijeron? ¿O hay alguien en algún lugar que sabe exactamente lo que pasó y que ha decidido callarlo para siempre? Cristian Valerio dice que esa persona existe, que esa persona vive con eso, que esa persona lo carga todos los días.
y que hay cosas que no se pueden cargar para siempre sin que algo seda. La verdad dice, siempre encuentra la manera de salir. siempre, aunque tarde años, aunque alguien la entierre muy profundo, aunque alguien la cubra con silencios y conversiones y con funerales y con certificados de defunción, la verdad sale y cuando sale no hay manera de volver a meterla.
Eso dice Cristian Valerio, el niño de la luz. Y hay quienes le creen y hay quienes no le creen. Pero todos, absolutamente todos, siguen escuchándolo. Porque algo en lo que dice resuena con algo que todos sentimos cuando pensamos en Julián Figueroa, que algo no cerró bien, que algo quedó abierto, que hay una historia que todavía no se ha contado completa y que tal vez un día alguien tenga el valor de contarla.
Hasta ese día, el nombre de Julián Figueroa va a seguir sonando, no solo en canciones, no solo en recuerdos, sino en preguntas, en dudas, en ese espacio incómodo donde la versión oficial y la verdad que se siente no terminan de coincidir. Y mientras ese espacio exista, la historia de Julián Figueroa no habrá terminado, porque las historias que no se resuelven no terminan, siguen, cambian de forma, encuentran nuevas voces, nuevos testigos, nuevas revelaciones como esta.
Y si esta historia te dejó pensando, si estas preguntas te quedaron dando vueltas, si hay algo en ti que siente que todavía falta saber más sobre lo que rodea a la familia Figueroa y a las fuerzas oscuras, que hay quienes dicen, han perseguido a este linaje desde mucho antes de que Julián naciera. Entonces, hay algo que no puedes dejar de ver. Está en este canal.
Es el video donde el brujo mayor de Catemaco reveló que Julián Figueroa fue ofrecido a un demonio. Sí, así como lo oyes. El brujo mayor de Catemaco, con toda la autoridad que su posición le da, con todo el conocimiento que sus años de práctica le otorgan, habló de lo que ocurrió con Julián desde una perspectiva que va más allá de lo que cualquier periodista o analista podría decir.
habló de lo que hay quienes llaman un pacto, de lo que hay quienes llaman una entrega, de algo que se hizo y que dejó marcas que el brujo mayor pudo ver con una claridad que resulta difícil de ignorar. Ese video ya está en el canal y si lo que escuchaste hoy te movió algo por dentro, ese video va a removerlo todo.
Pero antes de llegar a ese video, hay algo más que Cristian Valerio dijo y que no podemos dejar sin contar, porque hubo una parte de sus declaraciones que se viralizó de una manera que ni él mismo esperaba, una parte que fue compartida miles de veces. que generó comentarios que todavía siguen llegando, que tocó algo en la gente de una manera que va más allá del chisme y la curiosidad, habló de una conversación, una conversación que dice haber tenido en el plano espiritual con Julián Figueroa.
No una visión, no una imagen, una conversación real según él, con palabras, con sentido, con un contenido que lo dejó sin palabras por varios días después de haberla tenido. ¿Qué le dijo Julián? Cristian Valerio fue cuidadoso en cómo lo reveló. Dijo que Julián no habló de quién lo dañó. No, en esa conversación lo que Julián le transmitió fue algo diferente, algo que nadie esperaba.
Le habló de perdón. Perdón. Esa palabra que es tan difícil de decir, que es tan difícil de sentir, que cuesta tanto cuando uno ha sido dañado de verdad. Cristian Valerio dice que Julián desde donde está no carga odio, que eso fue lo que más lo sorprendió, que esperaba encontrar una energía de rabia, de injusticia, de reclamación, y encontró algo completamente distinto, una calma que no cuadraba con todo lo que él había percibido sobre las circunstancias de su muerte.
¿Cómo puede alguien que fue traicionado, que fue dañado, que murió antes de tiempo no cargar rencor? ¿Cómo puede alguien que dejó a su hijo, que no pudo verlo crecer, que tuvo que irse sin resolver lo que más amaba, encontrar la paz? Cristian Valerio tiene una respuesta para eso y es una respuesta que curiosamente es la más humana de todas las cosas que ha dicho.
Dice que Julián encontró algo en el otro lado que no encontró aquí, que encontró a su padre, que Joan Sebastian estaba esperándolo, que el reencuentro que Julián había escrito en ese mensaje el día antes de morir ocurrió. que Joan Sebastian y Julián Figueroa están juntos, que el Padre que no pudo proteger a su hijo en vida está con él ahora, que hay una conversación que no pudieron tener aquí y que están teniendo allá y que en esa conversación hay muchas cosas que se están aclarando.
Esa imagen, esa idea le llegó a mucha gente al corazón. Porque todos los que amaron a Joan Sebastián, todos los que sufrieron cuando él se fue, todos los que después sufrieron cuando Julián se fue, encontraron en esa imagen algo que no habían podido encontrar en la versión fría y clínica del infarto. Algo que se parece al consuelo, algo que se parece a la esperanza.
Pero Cristian Valerio no se queda en la comodidad de esa imagen. No deja a la gente con el consuelo sin exigir también la responsabilidad. Porque dice algo más, que el reencuentro de Joan Sebastian y Julián no cancela lo que pasó aquí. que estén juntos allá no significa que lo que se hizo acá no tenga consecuencias, que no hay escapatoria para quien actuó con intención, que las leyes del universo, dice, son más exigentes que las leyes humanas y que no hay prescripción para lo que se hace desde el mal.
¿Es eso un consuelo? Para algunas personas sí. Para quienes sienten que la justicia humana ha fallado, que los tribunales nunca van a llegar a donde debería llegar, que los responsables van a vivir su vida sin consecuencias. La idea de que hay una justicia más grande, más antigua, más inevitable es un consuelo.
Para otros, esa idea no alcanza. Para otros, la justicia que importa es la que se puede ver, la que tiene nombre y apellido, la que cambia las cosas en este mundo para el niño que se quedó sin padre. Y hablando del niño de José Julián, hay algo que Cristian Valerio dijo sobre él que es importante mencionar. Dice que ese niño tiene una luz extraordinaria, como la tenía su padre, como la tenía su abuelo Joan Sebastián, que en la familia Figueroa hay una luminosidad que ha sido tan intensa que ha atraído tanto la
admiración como la envidia, tanto el amor como el ataque. Y dice que ese niño necesita ser protegido de una manera que va más allá de lo legal. que las batallas en los tribunales por su custodia son importantes. Pero, ¿qué hay una protección que los tribunales no pueden dar? Una protección espiritual, una limpieza del ambiente en que crece, una atención a las energías que lo rodean.
¿Quién está haciendo eso por él? ¿Alguien entre las personas que pelean por tenerlo está pensando en eso? O están tan concentrados en la guerra que el niño real con sus necesidades reales, con su historia real, con el peso enorme que lleva sobre sus hombros, se está quedando desprotegido. Esa es la pregunta con la que Cristian Valerio cierra sus declaraciones más recientes, no con un nombre, no con una acusación, sino con esa pregunta sobre el niño.
Y es una pregunta que va directamente al corazón de lo que está mal en esta historia. Porque en medio de toda la guerra, de todas las acusaciones, de todas las revelaciones, de todo el escándalo, hay un niño pequeño que perdió a su papá, que no entiende por qué su papá no está, que escucha su nombre en conversaciones de adultos, que no termina de comprender, que crece sabiendo que hay algo muy grande, muy oscuro, muy complicado alrededor de su historia y que va a tener que cargarlo el resto de su vida.
Hay algo más en esta historia que vale la pena explorar antes de cerrar. Algo que tiene que ver con el tiempo, con la manera en que los secretos se comportan con el tiempo. Los secretos no se quedan quietos. Eso es algo que cualquier persona que ha guardado un secreto sabe, que los secretos se mueven, que buscan salida.
que encuentran grietas en las versiones que los cubren, que se filtran de maneras inesperadas, que aparecen en conversaciones que no deberían tenerlos, que salen de las bocas de personas que juraron callar. Los secretos tienen una vida propia y los secretos grandes, los que involucran vidas, los que involucran muertes, los que involucran traiciones, son los más inquietos de todos.
Los que menos se quedan quietos, los que más buscan la salida. ¿Cuánto tiempo puede mantenerse en silencio lo que hay quienes dicen que pasó con Julián Figueroa? Cuánto puede sostenerse una versión oficial que deja tanta gente insatisfecha. ¿Cuánto pueden callar las personas que saben más de lo que dicen? Cristian Valerio dice que no mucho más, que hay cosas que están a punto de moverse, que el ciclo en que está esta familia está llegando a un punto de quiebre, que hay personas que están pensando en hablar, que hay energías que
se están alineando de una manera que va a ser difícil de ignorar. ¿Qué significa eso en términos concretos? No lo sabemos. No podemos saberlo, pero lo que sí podemos decir es que esta historia sigue generando revelaciones, sigue generando voces nuevas, sigue generando preguntas que no estaban antes y que el nombre de Julián Figueroa, 3 años después de su muerte, sigue siendo el nombre que más conversaciones genera en el espectáculo mexicano, más que el de cualquier otro artista de su generación más que muchos que siguen vivos y
activos. ¿Por qué? Porque su historia no cerró. Porque hay algo en su historia que no deja a la gente ir, que los jala de regreso, que los hace seguir preguntando, que los hace seguir buscando. Y eso al final es lo más revelador de todo. No lo que Cristian Valerio dice, no lo que el brujo mayor reveló, no las versiones que circulan en los grupos de fans, en los comentarios, en los mensajes privados de personas que dicen saber algo.
Lo más revelador es que la gente no puede soltar esta historia, que algo en ella pide ser completada, que algo en ella insiste en que falta algo, en que hay una pieza que todavía no apareció, en que la última palabra todavía no se dijo. Y esa insistencia, esa sensación colectiva de que algo está pendiente no se genera con nada, no es producto de la imaginación, es la respuesta de la intuición a una realidad que todavía no se reveló completamente.
Joan Sebastian cantó una vez, Que te recuerden bonito. Esa canción se volvió su despedida involuntaria. La canción que todos pensamos cuando su nombre aparece. La canción que resume lo que él quería para sí mismo al final de todo. Julián nunca cantó algo así. Julián se fue sin esa canción. se fue con un mensaje sobre reencontrarse con su padre, sin saber o tal vez sabiendo que eso era lo último que iba a decir.
¿Qué canción le cantamos nosotros a Julián? ¿Qué le decimos a alguien que se fue así, con tanto sin resolver, con tanto sin decir, con tanto que todavía está buscando la manera de salir a la luz? Tal vez lo que le cantamos es esto, que no se fue solo, que hay personas que no lo dejan ir, que hay personas que siguen haciéndose preguntas por él, que hay personas que no aceptan una versión que no convence y que mientras esas personas existan, la historia de Julián Figueroa no habrá terminado del todo, porque las historias que no se resuelven
encuentran siempre, siempre la manera de volver, de aparecer de nuevo, con nuevos nombres, con nuevas voces, con nuevas revelaciones que cambian la manera de ver lo que se creía saber. Cómo cambió Cristian Valerio, cómo cambió lo que el brujo mayor dijo, cómo cambiará lo que todavía está por venir. Y hasta que eso llegue, el nombre de Julián Figueroa va a seguir sonando en este canal, en las memorias de quienes lo amaron, en las preguntas que no tienen respuesta todavía y en ese espacio entre lo que se sabe y lo que se
siente, donde viven las verdades que todavía no encontraron su voz, porque él fue real, su dolor fue real, su amor por su hijo dijo, fue real. Su voz fue real y lo que le pasó, sea lo que sea, fue real también. Y eso no se puede ignorar, no se debe ignorar. Y mientras haya personas que se nieguen a ignorarlo, la historia de Julián Figueroa seguirá viva.
Igual que la de su padre, el poeta del pueblo, igual que la de Joan Sebastian, que se fue a la sierra de Guerrero a morir rodeado de los suyos, con sus caballos, con sus canciones, con el pueblo que lo vio nacer y que dejó en este mundo una familia marcada por el talento, por la tragedia. y por preguntas que siguen sin cerrarse del todo.
Una familia cuya historia cada vez que parece terminada da un giro más. Un giro que nadie esperaba, un giro que obliga a mirar de nuevo, a escuchar de nuevo, a preguntarse de nuevo. Y eso al final es lo que hace que esta historia sea tan poderosa, tan imposible de soltar. tan viva como Julián Figueroa, que murió a los 27 años, pero que sigue aquí, en las canciones de su padre que se niegan a apagarse, en el hijo que dejó, en las preguntas que nadie puede callar y en la voz de quienes como Cristian Valerio dicen
escucharlo todavía. Que el alma de Julián Figueroa descanse en paz. y que la verdad sobre lo que le pasó encuentre algún día la luz que merece. Y si esta historia te dejó pensando, si estas preguntas te quedaron dando vueltas, si hay algo en ti que siente que todavía falta saber más sobre lo que rodea a la familia Figueroa y a las fuerzas oscuras, que hay quienes dicen, han perseguido a este linaje desde mucho antes de que Julián naciera.
Entonces, hay algo que no puedes dejar de ver. Está en este canal. Es el video donde el brujo mayor de Catemaco reveló que Julián Figueroa fue ofrecido a un demonio. Sí, así como lo oyes. El brujo mayor de Catemaco, con toda la autoridad que su posición le da, con todo el conocimiento que sus años de práctica le otorgan, habló de lo que ocurrió con Julián desde una perspectiva que va más allá de lo que cualquier periodista o analista podría decir.
habló de lo que hay quienes llaman un pacto, de lo que hay quienes llaman una entrega, de algo que se hizo y que dejó marcas que el brujo mayor pudo ver con una claridad que resulta difícil de ignorar. Ese videoídeo ya está en el canal y si lo que escuchaste hoy te movió algo por dentro, ese video va a removerlo todo.