Y un día uno de los cómicos no llegó. Estaba borracho o enfermo, nadie sabe. El dueño de la carpa estaba desesperado. Necesitaba alguien que saliera al escenario, cualquiera. “Yo puedo hacerlo”, dijo Mario, un joven flaco de 19 años sin experiencia alguna. El dueño lo miró con escepticismo, pero no tenía opción. “Está bien, sal y haz algo, lo que sea, solo haz que la gente no pida su dinero de vuelta.
” Mario salió al escenario. Estaba aterrado. No sabía qué decir. No tenía rutina preparada. Así que empezó a hablar y a hablar y a hablar. Hablaba rápido, decía frases sin sentido, comenzaba oraciones que no terminaba, saltaba de un tema a otro sin lógica, usaba palabras rebuscadas incorrectamente, era un caos verbal completo.
Y la gente empezó a reír. Reían porque lo que Mario estaba haciendo sin quererlo era brillante. estaba parodiando a los políticos mexicanos, a los intelectuales, a la gente que usa palabras complicadas para no decir nada. Estaba creando un nuevo tipo de comedia. Nació el cantinflismo, el arte de hablar mucho sin decir nada.
La audiencia lo amó. El dueño de la carpa lo contrató inmediatamente y Mario Moreno, el bolero pobre de Tepito, se convirtió en Cantinflas. Hay varias leyendas sobre el origen del nombre. Algunos dicen que viene de En la cantina flash, en la cantina estás. Otros dicen que viene de canta en las plazas. La verdad es que nadie sabe con certeza, ni el mismo Mario lo sabía.
Un día me llamaron Cantinflas y el nombre se quedó. Explicaría décadas después. Durante los años 30, Cantinflas se hizo famoso en las carpas de México. Desarrolló su personaje icónico, el peladito, un don Nadie. Un hombre de clase baja con ropa vieja, pantalones caídos que siempre se estaban cayendo y necesitaban una cuerda para mantenerse arriba.
Sombrero desgastado, bigote fino. El peladito era pobre, pero no estúpido. Era ingenioso, listo. Siempre encontraba manera de burlar a la autoridad, al policía, al jefe, al político. Era el México de abajo, riéndose del México de arriba y la gente lo adoraba. En 1936, Cantinflas dio el salto al cine con la película No te engañes, corazón.
Fue un éxito moderado, pero fue en 1940 cuando Cantinflas se convirtió en superestrella con Ahí está el detalle, ahí está el detalle, rompió todos los récords de taquilla en México. La frase, “Ahí está el detalle, se convirtió en parte del lenguaje cotidiano mexicano. La película se proyectó durante meses en todos los cines.
Pantinflas se convirtió en un fenómeno nacional. Las películas seguían saliendo. El gendarme desconocido, 1941, donde interpretaba a un policía torpe pero honesto. Ni sangre ni arena. 1941. Una parodia brillante del mundo del toreo que rompió récords de taquilla en México y España. El circo, 1943. Un homenaje directo a Charlie Chaplin que mostraba la influencia del comediante británico en el estilo de Cantinflas.
Los Tres Mosqueteros, 1942, donde parodiaba la novela clásica con su estilo único. Una tras otra, éxitos masivos. Cada película que salía batía el récord de taquilla de la anterior. Cantinflas no solo hacía reír, sus películas tenían mensaje social, criticaban la corrupción gubernamental, se burlaban de los políticos, defendían al pobre contra el rico, al débil contra el poderoso.
En el gendarme desconocido. Cantinflas interpretaba a un agente de policía honesto en un sistema corrupto. La película mostraba como incluso el policía más pequeño podía hacer la diferencia si se mantenía honesto. Se convirtió en una inspiración para las fuerzas policíacas de toda América Latina.
Policías de verdad veían la película y se sentían orgullosos de su profesión. En El Padrecito, 1964, una de sus películas más queridas, Cantinflas interpretaba a un sacerdote humilde que defendía a los pobres de su pueblo contra un acendado corrupto. La película era una crítica directa a la desigualdad social en México y fue un éxito masivo no solo en México, sino en toda América Latina y España.
Cantinflas trabajaba casi exclusivamente con el director Miguel M. Delgado, quien entendía perfectamente el humor de Cantinflas y sabía cómo filmarlo. Juntos crearon más de 30 películas durante las décadas del 40, 50, 60 y 70. Era una de las colaboraciones director actor más exitosas en la historia del cine latinoamericano.
Las películas seguían una fórmula. Cantinflas interpretaba a un hombre humilde, un policía, un cartero, un bombero, un barrendero, que enfrentaba una injusticia. A través de su ingenio, su bondad y su habilidad para hablar sin parar confundiendo a todos, Cantinflas triunfaba sobre los poderosos y ayudaba a los débiles.
Era Robin Hood mexicano, pero en lugar de robar con arco y flechas, robaba con palabras, con cantinflismo. Pero el éxito profesional contrastaba con una tragedia personal que Mario guardaba en secreto. podía tener hijos. Pero antes de esa tragedia personal, Cantinflas ya había demostrado que no solo era un artista, era un activista, un defensor de los trabajadores.
En los años 40, Cantinfla se involucró profundamente en el sindicalismo mexicano. fue elegido presidente de la Asociación Nacional de Actores Anda, el sindicato que representaba a todos los actores de cine, teatro y televisión de México. En ese rol, Cantinflas peleó por mejores salarios para actores, por seguro médico, por pensiones para actores retirados, por condiciones laborales justas en los sets de filmación.
No lo hacía por él, ya era millonario. Lo hacía por los actores extras, por los dobles de riesgo, por los actores secundarios que apenas ganaban para comer. También fue el primer secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, STPC, que representaba a todos los trabajadores técnicos del cine mexicano.
camarógrafos, electricistas, carpinteros, maquillistas, vestuaristas. Cantinflas entendía la lucha porque él había venido de abajo. Había sido el bolero pobre, el mandadero, el que barría las carpas. Nunca olvidó sus orígenes, usaba su fama para ayudar. Si un actor viejo estaba enfermo y sin dinero, Cantinflas le pagaba los tratamientos médicos.
Si una familia de un trabajador de cine estaba en problemas, Cantinflas les daba dinero sin publicidad, sin buscar reconocimiento. El pueblo me dio todo, decía Cantinflas. Mi deber es de volver al pueblo. Esta filosofía también se reflejaba en sus películas. Cantinflas nunca interpretó a un rico, nunca interpretó a un poderoso, siempre interpretó al hombre humilde, al trabajador, al que lucha por sobrevivir, porque ese era él, ese era México y el pueblo mexicano lo adoraba.
Por eso no era solo un comediante, era su representante, su voz, su héroe. Pero detrás de esa imagen pública de hombre feliz que ayudaba a todos, había un dolor profundo que Mario guardaba en secreto. No podía tener hijos. En 1934, a los 23 años, Mario se había casado con Valentina Ivanova Zubarev, una mujer rusa, hija de un empresario circense.
La conoció cuando todavía trabajaba en las carpas. Valentina era hermosa, inteligente, de familia acomodada. Sus padres se opusieron al matrimonio, su hija casándose con un cómico pobre de carpas, pero Valentina lo amaba. Se casaron el 27 de octubre de 1934 y permanecieron juntos durante 32 años. Fue un matrimonio sólido, amoroso, lleno de complicidad.
Valentina administraba el dinero, negociaba los contratos, manejaba el negocio mientras Mario se enfocaba en el arte. Pero había un dolor constante, no podían tener hijos. Mario se sometió a exámenes médicos en los años 40. Los resultados fueron devastadores. Era estéril, completamente estéril. Nunca podría tener descendencia biológica.
La noticia lo hundió en una depresión profunda. Se refugió en el alcohol. Bebía para olvidar. Bebía para no sentir el dolor de saber que su línea familiar moriría con él. Fue la peor noticia de mi vida. Confesaría décadas después. Peor que cualquier fracaso profesional, me sentía menos hombre. Pero entonces, en 1960, sucedió algo extraordinario.
Una mujer estadounidense llamada Marion Roberts llegó a México. Era turista, joven, atractiva, aventurera y Mario Moreno, ya una superestrella del cine, la conoció en algún evento o fiesta. tuvieron una aventura, un romance secreto. Mario estaba casado con Valentina, pero la aventura sucedió de todas formas y Marion quedó embarazada.
Cuando Marion le dijo a Mario que estaba esperando un bebé, Mario se enfrentó a una decisión imposible. Podía abandonarla y negar al niño o podía hacer algo radical. Hizo algo radical. Mario y Valentina llegaron a un acuerdo con Marion. Cuando el bebé naciera, Marion lo entregaría para que Mario y Valentina lo adoptaran oficialmente.
Marion renunciaría a sus derechos maternos. El bebé sería criado como hijo de Mario y Valentina. Nadie sabría jamás la verdad. No se sabe si hubo dinero de por medio. Probablemente sí. Pero Marion aceptó. El 12 de agosto de 1960, curiosamente el mismo día del cumpleaños de Mario, nació un niño varón en México.
El bebé fue registrado oficialmente como Mario Arturo Moreno Ivanova, Moreno por Mario, Ivanova por Valentina. Al mundo se le dijo que Mario y Valentina habían adoptado a un bebé de un año en 1962 porque no podían tener hijos propios. Esta fue la versión oficial durante décadas, pero la verdad era otra.
Mario Arturo no era adoptado. Era el hijo biológico de Mario Moreno con Marion Roberts. Mario había hecho lo imposible. El hombre diagnosticado como estéril había tenido un hijo. Había burlado al destino, pero el precio fue alto. Marion Roberts, la madre biológica de Mario Arturo, cayó en una depresión profunda después de entregar a su hijo.
Tenía problemas de salud mental, problemas con el alcohol. En diciembre de 1961, apenas un año después de dar a luz, Marion se suicidó. se pegó un tiro sola, devastada por haber entregado a su hijo. Mario guardó el secreto del suicidio de Marion durante décadas. Valentina también. Nadie podía saber que Mario Arturo era en realidad su hijo biológico, no adoptado, porque si se sabía, se sabría de la aventura, se sabría de la infidelidad, se destruiría la imagen pública de Mario como esposo fiel y hombre de familia. Así que criaron a
Mario Arturo como su hijo adoptado. Le dieron todo, dinero, educación, privilegios. Lo enviaron a estudiar a Estados Unidos. Durante su adolescencia lo trataron como príncipe, pero algo estaba mal. Algo en Mario Arturo nunca estuvo bien. Años después, en su adolescencia, Mario Arturo descubrió la verdad sobre sus orígenes.
Descubrió que Marion Roberts no había sido una madre biológica cualquiera que renunció a él. Descubrió que era su madre real. descubrió que su padre había tenido una aventura. Descubrió el suicidio y ese descubrimiento lo destrozó. “Nunca pude perdonar a mi padre por lo que le hizo a mi madre”, diría Mario Arturo décadas después.
Él era un dios para México, pero para mí era el hombre que destruyó a mi madre y la llevó al suicidio. La relación entre Mario y su hijo nunca fue igual después de que Mario Arturo descubrió la verdad. Había resentimiento, había rabia, había dolor. Pero las cosas empeoraron mucho más en 1966. El 5 de enero de 1966, Valentina Ivanova murió.
Tenía apenas 49 años. murió de cáncer después de una batalla brutal contra la enfermedad. Mario quedó devastado, completamente devastado. Valentina había sido su compañera durante 32 años, la mujer que lo había apoyado cuando era nadie, la que había administrado su carrera, la que había mantenido su secreto sobre Mario Arturo.
Sin Valentina, Mario se desmoronó. se hundió en una depresión aún más profunda que cuando supo de su esterilidad. Bebía, lloraba, se encerraba en su mansión durante días, dejó de trabajar durante meses y Mario Arturo, que tenía apenas 6 años cuando murió Valentina, quedó prácticamente huérfano emocional.
Tenía un padre vivo, pero ausente, un padre hundido en el dolor, un padre que bebía y lloraba. La paternidad de Mario Moreno, que nunca había sido su fuerte, se convirtió en un completo desastre. Mario Arturo creció sin la guía real de un padre. Tenía dinero, sí, tenía privilegios, sí, pero no tenía amor, no tenía disciplina, no tenía límites y se convirtió en exactamente lo que Mario más temía.
un crápula, un hombre problemático, un adicto. Durante las décadas de los 70 y 80, mientras Mario seguía haciendo películas y siendo un icono nacional, Mario Arturo se hundía en las drogas y el alcohol, cocaína, barbitúricos, alcohol, todo lo que pudiera consumir para llenar el vacío en su vida. Mario lo sabía.
veía a su hijo destruirse, intentaba intervenir, pero no sabía cómo. No sabía ser padre. Las peleas entre padre e hijo eran legendarias, gritos, insultos. Y en una ocasión, según reportes de la prensa mexicana, Mario Arturo abofeteó violentamente a su padre en plena discusión. Cantinflas, el hombre que había hecho reír a millones, lloraba en privado por su hijo.
Es mi mayor fracaso, confesó a amigos cercanos. Conquisté el mundo, pero perdí a mi hijo. Pero Mario seguía trabajando, seguía haciendo películas, seguía siendo cantinflas para el público. Y en 1956, en la cúspide de su fama, sucedió algo que cambiaría su vida. Hollywood lo llamó. El productor Michael Todd estaba preparando la producción más ambiciosa de la historia de Hollywood hasta ese momento.
La vuelta al mundo en 80 días, basada en la novela de Julio Berne. Tod quería a Cantinflas para el papel de Paspartú, el fiel sirviente del protagonista Philias Fog. Pero había un problema. Cantinflas no quería ir a Hollywood. Hollywood destruye a los actores latinos le dijo Cantinflas a Tod. Los convierte en estereotipos, en sirvientes, en jardineros, en bandidos.
Yo no quiero eso. Tod insistió. Esto es diferente. Paspartut no es un estereotipo. Es un personaje completo, heroico, cómico, humano. Y la película va a ser la más grande jamás hecha. Tod viajó a México personalmente en 1955. Se encerró durante una semana en reuniones con Cantinflas negociando. Le mostró el guion, le explicó la visión, le prometió control creativo sobre su personaje.
Cantinfla seguía dudando. No hablaba inglés perfectamente. tenía miedo de que su humor, tan basado en el español, en los juegos de palabras, en el cantinflismo, no se tradujera, pero Tod era persistente y finalmente ofreció algo que Cantinflas no podía rechazar, un salario masivo y el derecho a doblar su propio diálogo al español para las versiones latinoamericanas.
Está bien, aceptó Cantinflas finalmente, pero con una condición, no seré solo un comediante. Haré mis propias escenas de acción, especialmente la tauromaquia. Yo sé torear de verdad y no usaré dobles. Tod aceptó y Cantinfla se fue a Hollywood. La vuelta al mundo en 80 días fue una producción masiva como jamás se había visto.
El presupuesto era de 6 millones dólares. Una fortuna astronómica para 1956. Se filmó en 13 países diferentes: Londres, París, España, India, Hong Kong, Japón, Estados Unidos. El equipo de producción literalmente viajó alrededor del mundo para filmar. Se usaron 140 sets construidos en seis estudios diferentes de Hollywood.
74,685 vestuarios fueron diseñados específicamente para la película. 68,894 extras fueron contratados. 8552 animales participaron. Camellos, elefantes, toros, caballos. La producción voló más de 4 millones de millas en total. era la película más cara jamás hecha hasta ese momento. El director inicial, John Farrow, fue despedido en su primer día de rodaje porque Tod satisfecho.
Lo reemplazó Michael Anderson, un director británico menos conocido, pero que Tod podía controlar. David Niven, el elegante actor británico, interpretaba a Phile Ashfog. Shirley Mclein en su debut cinematográfico interpretaba a la princesa Auda y Cantinflas interpretaba a Paspartut. Había una escena de tauromaquia filmada en Chinchón, España.
Tod quería usar un doble para Cantinflas, pero Cantinflas se negó. “Yo fui torero de joven”, dijo Cantinflas. “Sé cómo hacerlo y el público merece ver la escena real, no trucada. Así que Cantinflas estuvo en el ruedo con un toro real, toreo de verdad, sin trucos, sin dobles, arriesgando su vida. La escena quedó espectacular.
La audiencia española en particular la adoró porque sabían que Cantinflas estaba haciendo todo el mismo. La película también tenía cameos de prácticamente todas las estrellas de Hollywood. Frank Sinatra aparecía como un pianista. Marlene Dietrich como una mujer en un salón. Paster Kiton como un conductor de tren. John Gielgud como un mayordomo.
Peter Lorre como un agente. Ronald Colman como un oficial. Charles José Greco. Cedric Harwick. John Caradine. 44 estrellas haciendo cameos. Tod había llamado a cada uno personalmente, convenciéndolos de participar. Algunos lo hicieron por favores que le debían, otros porque querían ser parte del proyecto más ambicioso de Hollywood.
El rodaje duró 75 días. Cantinflas trabajaba 16 horas al día. Aprendía sus diálogos en inglés fonéticamente. No entendía completamente lo que decía, pero lo decía con perfección. Y cuando llegaba el momento de doblar al español, Cantinflas improvisaba, tomaba el sentido del diálogo en inglés y lo convertía en cantinflismo puro.
Los diálogos en español eran completamente diferentes a los ingleses, pero decían lo mismo. Era brillante. La película tenía una innovación técnica importante. se filmó en Todo, un sistema de 70 mentía la resolución de pantalla más alta disponible en ese tiempo. Era como IMAX antes de que existiera IMAX. Otra innovación, los créditos.
Normalmente las películas tenían créditos al inicio. La vuelta al mundo en 80 días no tenía ningún crédito al principio, solo el título. Todos los créditos estaban al final en una secuencia animada de 6 minutos y 21 segundos, diseñada por Saul Bas, el legendario diseñador gráfico. La gente no abandonaba el cine hasta que terminaban los créditos porque eran tan entretenidos.
La promoción fue igual de masiva. Michael Todd y su pareja Elizabeth Taylor viajaron a 80 países promoviendo la película. En Londres gastaron 120,000 en una fiesta con orquesta y leones enjaulados. En Nueva York organizaron una fiesta de cumpleaños para Elizabeth Taylor en el Madison Square Garden, aunque fue un desastre.
Cuando la vuelta al mundo en 80 días se estrenó en octubre de 1956, fue un fenómeno cultural. Las primeras proyecciones duraban 3 horas y 2 minutos. Era épica, majestuosa, divertida, emocionante y Cantinflas robó la película completamente. Los críticos estadounidenses que no conocían a Cantinflas quedaron fascinados.
La revista Barayeti escribió que su calidad chaplinesca había contribuido enormemente al éxito de la película. En países de habla inglesa, los pósters mostraban a David Niven como la estrella principal. Pero en América Latina, España y gran parte de Europa, los pósters mostraban a cantinflas como la estrella, porque lo era.
La película recaudó 42 millones de dólares en taquilla global, una cantidad masiva para 1956. Fue la película más taquillera del año. La revista Variayeti escribió que la calidad chaplinesca de Cantinflas había contribuido enormemente al éxito de la película. Charlie Chaplin mismo vio la película y quedó impresionado. “Es el mejor comediante del mundo”, dijo Chaplin sobre Cantinflas.
Viniendo de Chaplin, el rey indiscutible de la comedia muda, ese elogio era sagrado. En marzo de 1957 se celebraron los globos de oro. Cantinflas estaba nominado como mejor actor en musical o comedia. Competía contra Marlon Brando por faldas de acero, Glenn Ford por Ransom, Jul Brinner por el rey y yo y James Mason por Bigger than Life.
Era imposible que ganara. Un actor mexicano haciendo su debut en Hollywood compitiendo contra Marlon Brando y Jul Briner. Imposible. Cuando abrieron el sobre, el nombre que salió fue Mario Moreno Cantinflas. Cantinflas había ganado el globo de oro. Le había ganado a Marlon Brando. Un mexicano haciendo su debut en Hollywood había vencido a las estrellas más grandes de América.

Meses después, la vuelta al mundo en 80 días, ganó el Óscar a mejor película. Cantinflas no ganó el Óscar. No fue nominado porque los Oscars no tenían categoría de musical o comedia en ese tiempo, pero su performance fue reconocida mundialmente. Como resultado del éxito de la película, Cantinflas se convirtió en el actor mejor pagado del mundo.
Literalmente ganaba más que cualquier otro actor en el planeta. Hollywood quería más. En 1960, Cantinflas hizo su segunda película estadounidense, Pepe. El estudio intentó replicar el éxito de la vuelta al mundo con cameos de Judy Garland, Frank Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr. Vin Crosby, Maurice Chevalier. Pero Pepe fue un fracaso.
La película era demasiado larga, demasiado elaborada y el humor de Cantinflas no se traducía bien para audiencias estadounidenses sin la estructura de una historia de aventuras como en La Vuelta al mundo. Cantinflas regresó a México, creó su propia compañía productora Cantinflash Films, y siguió haciendo películas en español, películas que eran éxitos masivos en América Latina y España.
El padrecito, 1964, su excelencia, 1967. Por mis pistolas, 1968, El ministro y yo, 1975. Una tras otra, éxitos de taquilla. En 1981, a los 70 años, Cantinflas filmó su última película, El Barrendero. Después de eso se retiró del cine, pero siguió siendo una figura pública, siguió siendo un icono, siguió siendo Cantinflas y siguió luchando con su hijo.
Para los años 80 y 90, Mario Arturo Moreno Ivanova era un desastre. Estaba casado y divorciado múltiples veces. Tenía cinco hijos con diferentes mujeres. Era adicto a la cocaína según sus exesposas, aunque él lo negó toda su vida. Y lo peor, estaba repitiendo el ciclo con sus propios hijos.
Mario Arturo maltrataba a sus esposas, maltrataba a sus hijos y, según denuncias posteriores los introducía a las drogas. Uno de sus hijos, Mario Moreno Bernat, declaró públicamente en 2012 que desde los 12 años su padre le daba alcohol, que a los 14 años su padre lo llevó a un prostíbulo de la Ciudad de México y lo obligó a consumir cocaína.
“Mi papá me dijo que me iba a hacer hombre”, relató Mario Moreno Bernat. Me dio unos golpes y pues por miedo a que me siguiera pegando, le jalé a la cocaína. Era un ciclo de abuso generacional. Mario Moreno nunca fue buen padre para Mario Arturo y Mario Arturo se convirtió en un padre aún peor para sus propios hijos.
Cantinflas veía todo esto y sufría, pero no podía hacer nada. Su hijo estaba fuera de control. En los últimos años de su vida, Cantinflas estaba profundamente disgustado con Mario Arturo. Consideraba desheredarlo completamente, darle su fortuna a alguien más, alguien que la valorara, alguien que no la dilapidara en drogas y alcohol.
Y un mes antes de morir, según reportes posteriores, Cantinflas tomó una decisión radical. En marzo de 1993, Cantinflas estaba hospitalizado. Tenía cáncer de pulmón terminal. Sabía que le quedaban semanas, tal vez días. Su sobrino Eduardo Moreno, Laparade, lo visitaba constantemente en el hospital. Eduardo era hijo de uno de los hermanos de Mario.
Era abogado, era responsable, era todo lo que Mario Arturo no era. Y según Eduardo, durante una de esas visitas, Cantinflas firmó un documento cediendo todos los derechos cinematográficos de sus 39 películas a Eduardo. No a Mario Arturo, a Eduardo. realmente sucedió o Eduardo falsificó el documento mientras Cantinflas estaba moribundo y confundido por los medicamentos.
Esa pregunta desataría una guerra legal que duraría más de 20 años. El 20 de abril de 1993, Mario Moreno Cantinflas murió de un infarto al corazón causado por el cáncer de pulmón. Tenía 81 años. La noticia paralizó a México. Las estaciones de radio cancelaron su programación para tocar solo canciones de sus películas.
Los canales de televisión transmitieron sus películas sin parar. El funeral fue un evento nacional. Miles de personas llenaron las calles bajo la lluvia para despedirlo. Su cuerpo fue velado en el Palacio de Bellas Artes durante tres días. Jefes de Estado de todo el mundo enviaron condolencias. Fue enterrado en el panteón español de la Ciudad de México.
Sus cenizas yacen en la cripta familiar de los Moreno Reyes. Y entonces comenzó la batalla por su fortuna. Cantinflas había dejado un testamento oficial nombrando a Mario Arturo como su único heredero. La fortuna estimada era de entre 68 y 70 millones de dólares, una cantidad astronómica. Mario Arturo, emocionado y aliviado, fue a los bancos a reclamar su herencia.
Fue a Banamex primero, donde sabía que su padre tenía la cuenta principal. esperaba encontrar decenas de millones de dólares. Los ejecutivos del banco revisaron la cuenta y la cara se les puso pálida. ¿Qué pasa?, preguntó Mario Arturo. Señor Moreno, hay un problema. ¿Qué problema? La cuenta está La cuenta solo tiene 13000 pesos.
Mario Arturo se quedó en shock. ¿Qué? Eso es imposible. Mi padre tenía millones aquí. No, señor, solo hay 13,000 pesos. Mario Arturo fue a las otras cuentas. Su padre tenía cuentas en España, en las Islas Caimán, en Nueva York, en múltiples bancos de México. Todas estaban vacías o casi vacías. 70 millones de dólares habían desaparecido, simplemente desaparecido.
Mi papá tenía cuentas en España, Islas Caimán, Nueva York y México”, declaró Mario Arturo a la prensa, visiblemente shoqueado. Al fallecer fui a los bancos a informar del deceso para congelarlas y hacer los inventarios de la herencia. Pero en el saldo de Banamex, donde yo sabía que había como 68 o 70 millones de dólares, solamente encontramos 13,000 nuevos pesos.
Los ejecutivos bancarios no podían explicar a dónde había ido el dinero. No había retiros masivos, no había transferencias extrañas, el dinero simplemente no estaba. Había alguien más con acceso a las cuentas. Había Cantinflas vaciado las cuentas antes de morir y escondido el dinero en algún lado. ¿Había sido robado? Nadie sabía.
Mario Arturo sí heredó otras cosas. Un rancho en Guadalajara llamado La Purísima. Oficinas comerciales, una casa residencial enorme en Paseo de la Reforma. Una de las avenidas más caras de México. Departamentos de lujo en Acapulco, un marquet de 1930, autoclásico valioso, un Mercedes-Benz antiguo. Eran propiedades valiosas, pero no eran 70 millones de dólares en efectivo.
Y dos semanas después de la muerte de Cantinflas apareció Eduardo Moreno Laparade, el sobrino, con un documento bombástico. Eduardo presentó ante los tribunales un testamento que, según él, Cantinflas había firmado un mes antes de morir. En ese testamento, Cantinflas le cedía a Eduardo todos los derechos cinematográficos de sus 39 películas.
No el dinero, no las propiedades, solo los derechos de las películas. Pero esos derechos valían millones. Las películas de Cantinflas seguían generando regalías masivas. Columbia Pictures reportó en el año 2000 que las películas de Cantinflas le habían generado 4 millones de dólares solo en distribución internacional ese año.
Multiplicado por décadas, esos derechos valían una fortuna. Mario Arturo estalló. Esa firma es falsa. Mi padre nunca firmó eso. Eduardo se aprovechó de que mi padre estaba moribundo en el hospital, confundido por los medicamentos, y le hizo firmar ese documento o directamente lo falsificó. Eduardo respondió, “Tu padre me lo dio porque sabía que tú ibas a dilapidar todo en drogas.
Yo era el único en la familia que era responsable.” La batalla legal comenzó 1993, 1994, 1995, 1996. Años pasando, abogados cobrando fortunas, la familia Moreno destruyéndose públicamente. Durante el juicio salieron a la luz todos los secretos sucios de la familia. Salió a la luz que Mario Arturo era en realidad hijo biológico de Cantinflas, no adoptado.
Salió a la luz la aventura con Marion Roberts. Salió a la luz el suicidio de Marion. Salió a la luz que Mario Arturo era adicto a la cocaína según el testimonio de sus exesposas, que maltrataba a sus hijos, que dilapidaba dinero en fiestas y drogas. Mario Arturo negó todo. Nunca he consumido cocaína en mi vida.
Son mentiras de Eduardo para destruir mi imagen ante el juez. Pero sus propios hijos testificaron en su contra. Declararon que su padre los había introducido a las drogas, que los maltrataba, que era violento, era un circo mediático. La familia del hombre que había hecho reír a México se estaba destruyendo públicamente. Mientras tanto, Mario Arturo vendía las propiedades que había heredado, el rancho, los departamentos de Acapulco, los autos clásicos.
Tuve que venderlo todo para pagar a los abogados”, explicó. “La batalla legal me costó millones.” Eduardo respondió, “¡Mentira! Se lo gastó en drogas y en lujos. Por eso Cantinflas no quería dejarte los derechos de las películas. 1997, 1998, 1999, 2000. La batalla seguía. Ningún juez se atrevía a tomar una decisión.
era demasiado complejo, demasiado mediático, demasiado político. Finalmente, en 2014, después de 21 años de litigio, la Suprema Corte de México tomó una decisión. Eduardo Moreno Laparade era el legítimo sucesor de los derechos cinematográficos de Cantinflas. Mario Arturo había perdido. Después de 21 años, millones gastados en abogados, su salud destruida había perdido.
Pero la maldición de Cantinflas no había terminado, porque los nietos también sufrieron. Mario Arturo tuvo cinco hijos en total con diferentes mujeres. Uno de ellos, Mario Moreno Bernat, también conocido como Mario Patricio, era adicto a las drogas como su padre. En 2012, Mario Moreno Bernard, de 20 años, interpuso una demanda contra su padre Mario Arturo, por haberlo iniciado en el consumo de sustancias, por abusos psicológicos y encuentros con sexo servidoras.
Mario Bernat declaró públicamente que desde los 12 años su padre lo llevaba a beber alcohol, que a los 14 años lo llevó a un table dance y lo obligó a consumir cocaína. Un año después de interponer esa denuncia, en 2013, Mario Moreno Bernard fue encontrado muerto en un hotel del Estado de México. Tenía 21 años. Murió de sobredosis de drogas.
El nieto de Cantinflas, destruido por las mismas adicciones que habían destruido a su padre. Mario Arturo estaba devastado. Había perdido a su hijo. Había perdido la batalla legal. Había perdido todo el dinero, había perdido su salud. El 15 de mayo de 2017, Mario Arturo Moreno Ivanova murió de un infarto fulminante en su casa de la Ciudad de México. Tenía 57 años.
Había dilapidado toda la fortuna que heredó de su padre. Había vendido todas las propiedades, no le quedaba nada, pero estaba casado técnicamente. Su tercera esposa era Tita Marvez. Aurora Marvez. Estaban separados, pero no divorciados. Y según las leyes mexicanas, Tita era su heredera universal. Tita Marvez, una mujer que apenas conocía a Cantinflas, que no era familia de sangre, de repente era la heredera de lo que quedaba del legado de Cantinflas.
Los tres nietos sobrevivientes de Cantinflas, Valentina, Mario y Marisa, hijos de Mario Arturo, quedaron furiosos. Aquí no estamos yendo por las cosas de mi papá, sino por las de mi abuelo”, declaró Mario, el nieto mayor. Y no las cosas materiales ni económicas, sino lo sentimental, su imagen, los derechos que se tienen hacia el personaje y las cosas de valor, la memorabilia, como sus zapatos y su gabardina.
impugnaron el testamento de su padre, pelearon en los tribunales, pero Tita Marvez era legalmente la heredera. En 2020, Tita declaró a los medios, “Cuando murió Mario Arturo, decían que me habían heredado no sé cuántos millones y lo sigo buscando. No heredó una sola propiedad en tierra. El departamento donde yo vivo me lo compró mi padre.
Cuando llegué a la vida de Mario Arturo, él no tenía donde vivir. O sea, Mario Arturo había dilapidado absolutamente todo. No le quedaba nada cuando murió. Tita no heredó ninguna fortuna, no heredó propiedades, no heredó nada de valor. Y mientras tanto, Eduardo Moreno Laparade, el sobrino que había ganado los derechos de las películas, seguía cobrando regalías.
Seguía siendo dueño del legado cinematográfico de Cantinflas. En febrero de 2021, Eduardo Moreno Laparad murió de complicaciones por COVID-19. Y ahora la pregunta es, ¿quién tiene los derechos de las películas de Cantinflas? Los herederos de Eduardo, los nietos de Cantinflas. Nadie lo sabe con certeza. La batalla legal continúa.
Uno de los nietos de Cantinflas, Gabriel Moreno, tuvo una vida trágica que ejemplifica perfectamente la maldición de esta familia. Gabriel Moreno nació en los años 90. nieto de Cantinflas, bisnieto de la leyenda, creció sabiendo quién era su bisabuelo. Creció viendo las películas, creció escuchando historias sobre la grandeza de Cantinflas, pero también creció viendo a su padre Mario Arturo, hundido en las drogas.
Creció viendo las peleas legales, creció viendo como el dinero desaparecía. Creció viendo a su hermano Mario Bernat consumirse en las adicciones y Gabriel cayó en el mismo patrón. Empezó a consumir drogas en su adolescencia, cocaína como su padre, como su hermano. El ciclo generacional continuaba. Para los años 2010, Gabriel Moreno estaba completamente adicto.
Había perdido todo y terminó viviendo en las calles de la Ciudad de México, literalmente Homeless, el nieto de Cantinflas, el hombre que había sido el actor mejor pagado del mundo, durmiendo en las calles, pidiendo dinero, consumiendo drogas, sobreviviendo apenas. En 2019, un video se viralizó en México que mostraba algo desgarrador.
Gabriel Moreno llegó a la mansión abandonada de su abuelo en Acapulco. La mansión era uno de los departamentos de lujo que Cantinflas había comprado en los años 60. Después de su muerte, Mario Arturo la vendió. Luego pasó por varios dueños y eventualmente fue abandonada. Nadie la mantenía.
Estaba en ruinas, ventanas rotas, paredes con graffiti, un monumento caído de la grandeza pasada. Gabriel llegó a esa mansión, probablemente drogado, gritando que era el nieto de Cantinflas, que esa propiedad le pertenecía, que tenía derecho a entrar. Los vecinos, pensando que era un indigente loco, lo apedrearon. Le tiraron piedras para que se fuera.
La imagen era simbólica y devastadora. El nieto de Cantinflas, siendo apedreado frente a la mansión en ruinas de su abuelo. Una fortuna que había sido dilapidada, un legado que había sido destruido. El video se viralizó. Los medios mexicanos lo cubrieron extensamente. La gente se horrorizó viendo hasta dónde había caído la familia de Cantinflas.
Pero Gabriel Moreno tuvo suerte o tal vez encontró la fuerza que su padre y su hermano no tuvieron. En 2020, Gabriel entró a rehabilitación en la clínica del legendario boxeador Julio César Chávez. Chávez, el mismo recuperándose de adicciones, había abierto una clínica en Culiacán, Sinaloa, para ayudar a adictos.
Gabriel pasó meses allí limpiándose, desintoxicándose, enfrentando sus demonios, trabajando en su recuperación y salió limpio, sobrio, por primera vez en años. En 2023, Gabriel Moreno dio una entrevista en el podcast No pasa nada, donde habló abiertamente sobre su adicción, su recuperación y el abuso que sufrió de niño a manos de su padre.
Mi papá me dijo que me iba a hacer hombre”, contó Gabriel. Tenía 16 años, me llevó a un prostíbulo, me dio unos golpes y por miedo a que me siguiera pegando, le jalé a la cocaína. Era la primera vez que alguien de la familia hablaba tan abiertamente sobre el abuso, sobre el ciclo de violencia y adicción que había destruido tres generaciones.
“Mi bisabuelo Cantinflas era un genio”, dijo Gabriel, pero como padre y abuelo falló. Mi abuelo Mario Arturo creció sin amor real y se convirtió en un monstruo con sus propios hijos. Y nosotros, los nietos, pagamos el precio. Pero Gabriel también habló de esperanza, de recuperación, de romper el ciclo. “Yo soy el primero en tres generaciones que está limpio”, dijo con orgullo.
“Mi bisabuelo bebía, mi abuelo se drogaba, mi padre se drogaba y me introdujo a las drogas. Mi hermano murió de sobredosis, pero yo sobreviví y voy a romper este ciclo. En 2024, Gabriel Moreno anunció públicamente que pelearía legalmente por recuperar el legado de su bisabuelo. No estamos yendo por las cosas materiales, explicó.
No nos interesa el dinero, si es que queda algo que lo dudo. Lo que queremos es lo sentimental, la imagen de mi bisabuelo, los derechos sobre su personaje, su memorabilia, sus zapatos, su gabardina, sus objetos personales. Eso es lo que nos pertenece a nosotros, sus descendientes directos. Gabriel argumenta que Tita Marvez, la viuda de Mario Arturo, no tiene derecho moral sobre el legado de Cantinflas, que ella apenas conoció a Cantinflas, que no es familia de sangre, que los verdaderos herederos son los nietos, pero
legalmente es complicado. Marvez era la esposa legal de Mario Arturo cuando él murió y según las leyes mexicanas, ella heredó todo lo que Mario Arturo tenía. El problema es que Mario Arturo al parecer no tenía nada cuando murió. Había vendido todas las propiedades, había gastado todo el dinero, no quedaba nada que heredar.
Cuando murió Mario Arturo decían que me habían heredado no sé cuántos millones y los sigo buscando declaró Tita Marvez en 2020. No heredó una sola propiedad. El departamento donde yo vivo me lo compró mi padre. Cuando llegué a la vida de Mario Arturo, él no tenía donde vivir. O sea, Mario Arturo había dilapidado absolutamente todo antes de morir.
Pero, ¿y los derechos cinematográficos, las películas de Cantinflas que siguen generando millones en regalías? Esos derechos fueron cedidos a Eduardo Moreno Laparad, el sobrino, según la sentencia de 2014. Y cuando Eduardo murió de COVID en 2021, esos derechos pasaron a sus herederos. Los nietos de Cantinflas no tienen nada, ni dinero, ni propiedades, ni derechos sobre las películas, nada.
Lo único que tienen es el apellido y el recuerdo de un bisabuelo que nunca conocieron, pero cuya sombra ha dominado sus vidas. Valentina, Mario y Marisa Moreno, los tres nietos sobrevivientes, Gabriel usa su nombre artístico, siguen peleando, han impugnado testamentos, han presentado demandas, han peleado en tribunales. No las cosas materiales ni económicas, sino lo sentimental.
insisten su imagen, los derechos que se tienen hacia el personaje y las cosas de valor, la memorabilia como sus zapatos y su gabardina, los zapatos icónicos de Cantinflas, su gabardina, su bigote falso, sus pantalones caídos con la cuerda, los objetos que definieron al personaje más icónico del cine mexicano. ¿Dónde están esos objetos? ¿Quién los tiene? ¿Fueron vendidos? ¿Están en algún museo? ¿En la casa de alguien? Nadie lo sabe con certeza.
como el dinero parecen haber desaparecido. Y mientras los nietos pelean por las migajas, las películas de Cantinflas siguen generando dinero. Columbia Pictures sigue distribuyéndolas internacionalmente. Netflix tiene varias en su catálogo. YouTube está lleno de escenas y películas completas. Plataformas de streaming como Big, Blim TV y otros servicios latinos las ofrecen.
Cada vista, cada reproducción, cada licencia genera regalías. ¿Quién cobra esas regalías? Supuestamente los herederos de Eduardo Moreno la parade. Pero nadie sabe exactamente cuánto se genera. Nadie sabe exactamente a dónde va el dinero. Es otro misterio en la saga de misterios que rodea a Cantinflas.
Y el misterio original, los 70 millones desaparecidos, nunca se resolvió. En 2024, 31 años después de la muerte de Cantinflas, un periodista de investigación mexicano intentó rastrear el dinero. Habló con banqueros retirados, revisó documentos públicos, habló con exabogados de Cantinflas. La conclusión, el dinero probablemente nunca existió en la cantidad que Mario Arturo afirmaba.
Cantinflas sí era rico, muy rico, pero también gastaba masivamente. Producía sus propias películas, eso costaba millones. Apoyaba causas sindicales, donaba grandes cantidades, ayudaba a actores y trabajadores pobres, daba dinero constantemente sin pedir nada a cambio. Mantenía a una familia extendida enorme, hermanos, sobrinos, primos, todos vivían de su generosidad.
Y cuando murió, su tratamiento médico para el cáncer había costado una fortuna. Los hospitales, los doctores, los medicamentos experimentales, todo salió de sus cuentas. Además, México tenía y tiene impuestos altísimos para los ricos. Cantinflas probablemente debía millones en impuestos atrasados cuando murió.
Entonces, cuando se pagaron los tratamientos médicos, los impuestos, las deudas pendientes, probablemente no quedaba tanto como la gente pensaba. Pero Mario Arturo había escuchado durante décadas que su padre era multimillonario, que tenía decenas de millones y cuando fue a reclamar la herencia y solo encontró 13,000 pesos, asumió que alguien había robado el resto.

Tal vez sí. Tal vez un abogado corrupto, tal vez un contador deshonesto, tal vez alguien con acceso a las cuentas vació el dinero mientras Cantinflas agonizaba. O tal vez simplemente no había tanto dinero como todos pensaban. La verdad probablemente nunca se sabrá. Lo que sí sabemos es que la historia de Cantinflas es una tragedia en múltiples actos.
Acto primero, el triunfo. El niño pobre de Tepito que se convierte en el actor mejor pagado del mundo, que gana un globo de oro, que conquista Hollywood, que hace reír a millones. Acto segundo, la caída personal. El hombre que descubre que es estéril, que tiene una aventura que resulta en un hijo, que guarda el secreto durante décadas, que pierde a su esposa amada, que ve a su hijo hundirse en las drogas.
Acto tercero, la guerra familiar. El hijo que descubre la verdad y odia a su padre. El sobrino que reclama derechos con documentos sospechosos. La batalla legal que dura 21 años. La fortuna que desaparece. Acto cuarto. La maldición generacional. El hijo que muere odiando a su padre. El nieto que muere de sobredosis.
Otro nieto que vive en la calle. Los bisnietos que pelean por las migajas de un legado destruido. Es una tragedia griega, pero mexicana, con humor negro, con ironía cruel. El hombre que hizo reír al mundo no pudo hacer feliz a su familia. El hombre que interpretó al peladito ingenioso, que siempre triunfaba, no pudo salvar a su hijo.
El hombre que acumuló una fortuna, la vio desaparecer como humo y su legado, en lugar de unir a su familia, la destrozó. Los convirtió en enemigos, los hundió en batallas legales interminables, los consumió en adicciones y dolor. Pero hay algo que la maldición familiar no pudo destruir. El arte de Cantinflas, las películas permanecen.
Ahí está. El detalle sigue siendo una de las comedias más queridas de América Latina. El padrecito sigue conmoviendo audiencias. La vuelta al mundo en 80 días sigue siendo un clásico de Hollywood. El cantinflismo sigue siendo parte del lenguaje. Cuando un político mexicano habla sin decir nada, la gente dice, “Está cantinfleando.
” Es parte de la cultura del ADN mexicano. Nuevas generaciones descubren a Cantinflas en YouTube, en Netflix, en televisión y se ríen. Aunque la película tenga 70 años, aunque esté en blanco y negro, aunque el mundo haya cambiado completamente, porque el humor de Cantinflas es atemporal, la crítica social sigue siendo relevante, el peladito luchando contra el sistema sigue resonando.
Cantinflas fue el primer gran actor latino en Hollywood. Abrió puertas para todos los que vinieron después. Sin Cantinflas, tal vez no habría habido Anthony Quinn en Hollywood. Tal vez no habría habido Rita Moreno ganando un Óscar. Tal vez no habría habido el boom de actores latinos que vino décadas después.
fue pionero, fue revolucionario, fue único. Y aunque su familia se destruyó, aunque su fortuna desapareció, aunque su hijo lo odió, aunque sus nietos siguen peleando por migajas, su arte permanece. Su legado artístico es intocable. Cantinflas hizo historia, cambió el cine mexicano para siempre. representó a México ante el mundo de una manera que nadie más lo ha hecho. Y eso al final es lo que importa.
No el dinero desaparecido, no las peleas familiares, no los secretos oscuros, el arte, la risa, el legado cultural. Cantinflas murió hace 31 años, pero vive cada vez que alguien ve una de sus películas, cada vez que alguien usa la palabra cantinflear, cada vez que alguien recuerda al peladito ingenioso que hacía reír mientras criticaba al poder.
Ese es el verdadero legado de Mario Moreno. No los 70 millones perdidos, las risas eternas. Pero mientras tanto, las películas de Cantinflas siguen generando millones. Columbia Pictures sigue distribuyéndolas internacionalmente. Netflix tiene varias, YouTube está lleno de ellas y nadie sabe con certeza quién está cobrando esas regalías.
Hoy, 31 años después de la muerte de Cantinflas, su legado sigue en disputa. Su fortuna de 70 m000ones nunca fue encontrada. Su hijo murió en la pobreza después de dilapidar todo. Uno de sus nietos murió de sobredosis. Otro vivió en la calle durante años. La mansión de Acapulco está abandonada y en ruinas. La hacienda la Purísima fue vendida hace décadas.
Los autos clásicos fueron vendidos. Todo fue vendido. Pero, ¿a dónde fue el dinero de las cuentas bancarias? Los 70 millones que Mario Arturo juró que existían, pero que nunca encontró. Hay varias teorías. Teoría uno. Cantinflas vació las cuentas antes de morir y escondió el dinero en algún lado. Tal vez en las islas Caimán, tal vez en cuentas secretas en Suiza, tal vez enterrado en efectivo en alguna de sus propiedades y se llevó el secreto a la tumba.
Teoría dos. Alguien cercano a Cantinflas, tal vez un abogado, tal vez un contador, tal vez un familiar, tenía acceso a las cuentas y las vació. mientras Cantinflas agonizaba en el hospital. Teoría tres, el dinero nunca existió. Cantinflas ganaba millones, pero también gastaba millones en producir sus propias películas, en apoyar causas sindicales, en ayudar a actores pobres, en mantener a una familia enorme.
Y cuando murió, simplemente no le quedaba tanto como la gente pensaba. Teoría 4. Mario Arturo mintió sobre la cantidad. Tal vez no eran 70 millones, tal vez eran 10 millones o 20 millones. Y los 13,000 pesos que encontró era todo lo que quedaba después de que Cantinflas pagó tratamientos médicos caros, abogados, impuestos atrasados.
Nadie sabe la verdad y probablemente nadie la sabrá jamás. Lo que sí sabemos es que la historia de Cantinflas es una tragedia moderna. El hombre que hizo reír a millones murió solo y enfermo. El hombre que conquistó Hollywood no pudo conquistar la relación con su hijo. El hombre que ganó un globo de oro vio a su familia destruirse en una guerra legal brutal. Su hijo murió odiándolo.
Su nieto murió de sobredosis. Otro nieto vivió en la calle. Su fortuna desapareció. Su legado está en disputa, pero su arte permanece. Las películas de Cantinfla siguen siendo vistas por millones. Ahí está. El detalle sigue siendo una de las comedias mexicanas más queridas de todos los tiempos. El padrecito, su excelencia, por mis pistolas siguen pasando en televisión mexicana constantemente.
El cantinflismo, el arte de hablar mucho sin decir nada, sigue siendo parte del vocabulario mexicano. Cuando un político habla sin sustancia, la gente dice, “Está cantinfleando.” En 2014 se hizo una película biográfica sobre Cantinflas protagonizada por el actor español Ócar Jaenada. La película exploró su vida, su éxito en Hollywood, su relación con Valentina.
Johnny Depp, sí, Johnny Deppp ha declarado públicamente que admira a Cantinflas y que le gustaría interpretarlo en una película. Cada vez que iba a México y encendía la televisión, Cantinflas estaba ahí”, dijo Dep. Aunque no hablaba español perfecto, podía sentir la actuación. La risa es universal. El nieto de Cantinflas, Mario Moreno del Moral, confirmó que Dep se acercó a la familia expresando interés en hacer una película en inglés sobre Cantinflas.
¿Sucederá? Nadie sabe. Con la disputa legal sobre los derechos de imagen es complicado, pero lo que es seguro es que Cantinflas nunca será olvidado. Fue el primer actor mexicano en ganar un globo de oro. Fue el actor mejor pagado del mundo en su tiempo. Fue comparado con Charlie Chaplin por el mismo Chaplin.
Creó un género completo de comedia. fue un icono cultural que definió a México para el mundo y sin embargo no pudo salvar a su familia, no pudo salvar a su hijo, no pudo evitar que su legado se convirtiera en una batalla legal brutal. Hay una lección en la historia de Cantinflas. El éxito profesional no garantiza la felicidad familiar.
La fama no repara el daño emocional. El dinero no compra el amor y los secretos, como el origen real de Mario Arturo, como la aventura con Marion Roberts, eventualmente salen a la luz y destruyen todo. Cantinflas hizo reír al mundo, pero murió llorando por dentro. Su hijo Mario Arturo creció odiándolo por lo que le hizo a su madre biológica y luego repitió los mismos errores con sus propios hijos.
introduciéndolos a las drogas, maltratándolos, destruyéndolos. Los nietos de Cantinflas siguen peleando por las migajas de un legado que fue dilapidado hace décadas y en algún lugar, tal vez en una cuenta secreta en las islas Caimán, tal vez enterrado en efectivo en alguna propiedad olvidada, tal vez perdido para siempre.
Están los 70 millones que desaparecieron. La mayor fortuna del actor mejor pagado del mundo, simplemente desaparecida como el humo de un cigarro, como las risas que provocó, como la felicidad que nunca pudo encontrar en su vida personal. Cantinflas, el hombre que hizo reír a millones, el hombre que murió roto por dentro, el hombre cuya fortuna desapareció en el aire, el hombre cuya familia se destruyó peleando por lo que quedaba.
Una tragedia mexicana, una comedia que terminó en lágrimas y ahora, 31 años después de su muerte, el misterio sigue sin resolverse. ¿Dónde está el dinero de Cantinflas? M.