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Cantinflas: Del Actor MEJOR PAGADO del Mundo a la Herencia que DESAPARECIÓ sin Dejar Rastro

Y un día uno de los cómicos no llegó. Estaba borracho o enfermo, nadie sabe. El dueño de la carpa estaba desesperado. Necesitaba alguien que saliera al escenario, cualquiera. “Yo puedo hacerlo”, dijo Mario, un joven flaco de 19 años sin experiencia alguna. El dueño lo miró con escepticismo, pero no tenía opción. “Está bien, sal y haz algo, lo que sea, solo haz que la gente no pida su dinero de vuelta.

” Mario salió al escenario. Estaba aterrado. No sabía qué decir. No tenía rutina preparada. Así que empezó a hablar y a hablar y a hablar. Hablaba rápido, decía frases sin sentido, comenzaba oraciones que no terminaba, saltaba de un tema a otro sin lógica, usaba palabras rebuscadas incorrectamente, era un caos verbal completo.

Y la gente empezó a reír. Reían porque lo que Mario estaba haciendo sin quererlo era brillante. estaba parodiando a los políticos mexicanos, a los intelectuales, a la gente que usa palabras complicadas para no decir nada. Estaba creando un nuevo tipo de comedia. Nació el cantinflismo, el arte de hablar mucho sin decir nada.

La audiencia lo amó. El dueño de la carpa lo contrató inmediatamente y Mario Moreno, el bolero pobre de Tepito, se convirtió en Cantinflas. Hay varias leyendas sobre el origen del nombre. Algunos dicen que viene de En la cantina flash, en la cantina estás. Otros dicen que viene de canta en las plazas. La verdad es que nadie sabe con certeza, ni el mismo Mario lo sabía.

Un día me llamaron Cantinflas y el nombre se quedó. Explicaría décadas después. Durante los años 30, Cantinflas se hizo famoso en las carpas de México. Desarrolló su personaje icónico, el peladito, un don Nadie. Un hombre de clase baja con ropa vieja, pantalones caídos que siempre se estaban cayendo y necesitaban una cuerda para mantenerse arriba.

Sombrero desgastado, bigote fino. El peladito era pobre, pero no estúpido. Era ingenioso, listo. Siempre encontraba manera de burlar a la autoridad, al policía, al jefe, al político. Era el México de abajo, riéndose del México de arriba y la gente lo adoraba. En 1936, Cantinflas dio el salto al cine con la película No te engañes, corazón.

Fue un éxito moderado, pero fue en 1940 cuando Cantinflas se convirtió en superestrella con Ahí está el detalle, ahí está el detalle, rompió todos los récords de taquilla en México. La frase, “Ahí está el detalle, se convirtió en parte del lenguaje cotidiano mexicano. La película se proyectó durante meses en todos los cines.

Pantinflas se convirtió en un fenómeno nacional. Las películas seguían saliendo. El gendarme desconocido, 1941, donde interpretaba a un policía torpe pero honesto. Ni sangre ni arena. 1941. Una parodia brillante del mundo del toreo que rompió récords de taquilla en México y España. El circo, 1943. Un homenaje directo a Charlie Chaplin que mostraba la influencia del comediante británico en el estilo de Cantinflas.

Los Tres Mosqueteros, 1942, donde parodiaba la novela clásica con su estilo único. Una tras otra, éxitos masivos. Cada película que salía batía el récord de taquilla de la anterior. Cantinflas no solo hacía reír, sus películas tenían mensaje social, criticaban la corrupción gubernamental, se burlaban de los políticos, defendían al pobre contra el rico, al débil contra el poderoso.

En el gendarme desconocido. Cantinflas interpretaba a un agente de policía honesto en un sistema corrupto. La película mostraba como incluso el policía más pequeño podía hacer la diferencia si se mantenía honesto. Se convirtió en una inspiración para las fuerzas policíacas de toda América Latina.

Policías de verdad veían la película y se sentían orgullosos de su profesión. En El Padrecito, 1964, una de sus películas más queridas, Cantinflas interpretaba a un sacerdote humilde que defendía a los pobres de su pueblo contra un acendado corrupto. La película era una crítica directa a la desigualdad social en México y fue un éxito masivo no solo en México, sino en toda América Latina y España.

Cantinflas trabajaba casi exclusivamente con el director Miguel M. Delgado, quien entendía perfectamente el humor de Cantinflas y sabía cómo filmarlo. Juntos crearon más de 30 películas durante las décadas del 40, 50, 60 y 70. Era una de las colaboraciones director actor más exitosas en la historia del cine latinoamericano.

Las películas seguían una fórmula. Cantinflas interpretaba a un hombre humilde, un policía, un cartero, un bombero, un barrendero, que enfrentaba una injusticia. A través de su ingenio, su bondad y su habilidad para hablar sin parar confundiendo a todos, Cantinflas triunfaba sobre los poderosos y ayudaba a los débiles.

Era Robin Hood mexicano, pero en lugar de robar con arco y flechas, robaba con palabras, con cantinflismo. Pero el éxito profesional contrastaba con una tragedia personal que Mario guardaba en secreto. podía tener hijos. Pero antes de esa tragedia personal, Cantinflas ya había demostrado que no solo era un artista, era un activista, un defensor de los trabajadores.

En los años 40, Cantinfla se involucró profundamente en el sindicalismo mexicano. fue elegido presidente de la Asociación Nacional de Actores Anda, el sindicato que representaba a todos los actores de cine, teatro y televisión de México. En ese rol, Cantinflas peleó por mejores salarios para actores, por seguro médico, por pensiones para actores retirados, por condiciones laborales justas en los sets de filmación.

No lo hacía por él, ya era millonario. Lo hacía por los actores extras, por los dobles de riesgo, por los actores secundarios que apenas ganaban para comer. También fue el primer secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica, STPC, que representaba a todos los trabajadores técnicos del cine mexicano.

camarógrafos, electricistas, carpinteros, maquillistas, vestuaristas. Cantinflas entendía la lucha porque él había venido de abajo. Había sido el bolero pobre, el mandadero, el que barría las carpas. Nunca olvidó sus orígenes, usaba su fama para ayudar. Si un actor viejo estaba enfermo y sin dinero, Cantinflas le pagaba los tratamientos médicos.

Si una familia de un trabajador de cine estaba en problemas, Cantinflas les daba dinero sin publicidad, sin buscar reconocimiento. El pueblo me dio todo, decía Cantinflas. Mi deber es de volver al pueblo. Esta filosofía también se reflejaba en sus películas. Cantinflas nunca interpretó a un rico, nunca interpretó a un poderoso, siempre interpretó al hombre humilde, al trabajador, al que lucha por sobrevivir, porque ese era él, ese era México y el pueblo mexicano lo adoraba.

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