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Asi VIVE CARLOS SANTANA a sus 78 AÑOS

Era un músico callejero, un niño pobre con una guitarra vieja ganando centavos de dólar. En esos bares pequeños y cantinas donde los dueños permitían que músicos jóvenes tocaran por propinas, Carlos no cobraba salario fijo. Vivía de la generosidad de los clientes que lanzaban billetes de uno o $ cuando la actuación era buena.

En una buena noche ganaba entre y 20, en una mala noche entre dos y 3. Pero Carlos desarrollaba un estilo único mezclando lo que el padre le había enseñado de música tradicional mexicana con el blues americano y el rock que escuchaba en la radio. Era una fusión natural, instintiva, que venía de vivir en la frontera donde dos culturas chocaban diariamente.

En 1961, cuando tenía 14 años, Carlos consiguió su primera guitarra eléctrica verdadera. Era una Gibson lesp usada y desgastada que compró en una tienda de empeño de Tijuana por aproximadamente 800 pes, equivalente a 64 de la época. Era una fortuna que había ahorrado durante meses tocando en las calles, pero esa guitarra eléctrica cambió todo.

Con la guitarra eléctrica hay un amplificador pequeño que también compró usado, Carlos comenzó tocando en bandas locales de Tijuana. Grupos modestos que tocaban en bares, fiestas y eventos donde se pagaba poco, pero se ganaba experiencia invaluable. Cobraba aproximadamente entre 50 y 100 pesos por presentación, equivalente a entre 4 y Pero el sonido que Carlos extraía de la guitarra eléctrica era diferente a lo que otros guitarristas locales hacían.

Mezclaba el fraseo fluido del blues con los ritmos latinos que llevaba en la sangre. Era una voz única, inconfundible que llamaba la atención de los músicos mayores. El salto a la fama y su fortuna. El verdadero punto de quiebre para Carlos Santana llegó en 1966 cuando tenía 19 años y formó la banda que llevaría su nombre, Santana Blues Band.

Después simplemente Santana. No era la primera banda, pero sí la que encontraría la química perfecta. San Francisco era entonces la ciudad perfecta para lo que Carlos quería hacer. El barrio de Aasburi se convertía rápidamente en el epicentro de la contracultura juvenil, donde los jóvenes idealistas experimentaban con drogas psicodélicas, música experimental, filosofías orientales importadas y rechazaban los valores tradicionales.

La Santana Blues Band inicialmente era un grupo modesto que tocaba en clubes pequeños con Carlos en la guitarra principal, Músicos latinos y afroamericanos en la percusión, El Bajo y Los Teclados. Era una formación multicultural que reflejaba la diversidad de San Francisco. El elemento distintivo era el sonido que Carlos creaba.

No era blues puro, no era rock puro, no era música latina pura, era una fusión orgánica de todo, una mezcla que nadie más estaba haciendo. La guitarra eléctrica lloraba con el fraseo del blues, pero sobre una base rítmica de congas, timbales y percusión afrocubana. Durante 1966 y 1967, la Santana Blues Band tocó incansablemente en el circuito de clubes de San Francisco.

El Filmur Auditorium, el Abelan Bowlum, el Winterland, todos venus legendarios de la era psicodélica cobraban aproximadamente entre 200 y 500 por presentación dependiendo del Benju y su posición en el cartel. Bill Graham, el promotor legendario que manejaba el Filmur, notó a Santana y comenzó dándoles oportunidades mejores.

Graham veía el potencial en la fusión latina rock que la banda creaba y les dio los lats de apertura para bandas establecidas, exponiéndolos a audiencias más grandes. Para 1968, Santana ya era una banda conocida en la escena de San Francisco, aunque todavía no había grabado un disco. Colocaban aproximadamente entre 100 y 150 presentaciones anuales, ganando entre 300 y 1000 por show dependiendo del Benju.

Carlos ganaba aproximadamente entre 15,000 y 30,000 anuales, un ingreso modesto pero vivible. Pero el momento que catapultaría a Carlos Santana a la fama mundial llegó en agosto de 1969 cuando la banda fue invitada a tocar en el festival de Goodstack en Nueva York. Era una oportunidad extraordinaria. Goodstack se convertiría en el evento musical más icónico de la generación con medio millón de personas asistiendo.

Santana no era el headlone, era una banda relativamente desconocida fuera de San Francisco. Tocaron el sábado 16 de agosto en un horario de tarde, no en el Slat estelar de la noche. Pero lo que sucedió en ese escenario fue mágico. Carlos Santana, con apenas 22 años subió al escenario de Woodstack bajo los efectos del ácido lisérgico que alguien le había dado horas antes sin que él supiera exactamente cuándo haría efecto.

Estaba en un estado alterado de conciencia cuando comenzaron a tocar Soul Sacrifice, el instrumental explosivo de 11 minutos que se convirtió en el momento definitorio del festival. La actuación fue electrizante. Carlos tocaba la guitarra como poseído. Las notas fluían con una intensidad sobrenatural y la percusión latina creaba un grub hipnótico que medio millón de hippis sintieron en sus cuerpos.

Cuando terminaron, la ovación fue masiva y ese momento quedó capturado en la película documental de Woodstack, que se estrenó en 1970 y fue vista por decenas de millones de personas en todo el mundo, convirtiendo a Carlos Santana en estrella internacional de la noche a la mañana. Inmediatamente después de Woodstack, Columbia Records lanzó el primer álbum de Santana en agosto de 1969.

El álbum homónimo contenía Evil Was, Jingo y la versión de estudio de Soul Sacrifice. Fue un éxito comercial inmediato que vendió más de 2 millones de copias en Estados Unidos. Por ese primer álbum, el contrato con Columbia probablemente incluía un adelanto de entre 50,000 para la banda completa. Con ventas de 2 millones de copias a $ cada una y una tasa de regalías de entre el 10 y el 15%, las regalías totales alcanzaban aproximadamente millón de dólares.

Carlos, como líder y compositor principal recibía un porcentaje mayor, aproximadamente entre el 30 y el 40%. Solo del primer álbum ganó aproximadamente entre 300,000 y 400,000. Para el joven de 22 años que 2 años antes lavaba platos era una fortuna inimaginable. Carlos Santana construyó una fortuna extraordinaria durante más de cinco décadas de carrera combinando ventas de álbumes, presentaciones en vivo, regalías de composición y acuerdos comerciales inteligentes.

A diferencia de artistas que despilfarraron fortunas en excesos, Carlos invirtió y administró el dinero sabiamente. En 1970 lanzaron el segundo álbum, Abraxas, que superó el éxito del primero. Incluía hits como Black Magic Woman y Oye, ¿cómo va? La versión del clásico de Tito Puente que se convirtió en un himno.

Abraxas vendió más de 5 millones de copias mundialmente convirtiéndose en uno de los álbumes más exitosos de la década. Las regalías de Abraxas generaron aproximadamente 2.5 millones dó para la banda. Carlos recibió aproximadamente entre 800,000 y millón. En dos años pasó de lavar platos a ser millonario, pero el dinero real venía de las presentaciones en vivo.

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