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ASÍ TERMINÓ TUN TUN: De Cobrar Dólares a Dormir en un Asilo

En una década sin haber pisado una escuela formal hasta la adolescencia, René Ruiz vivió en Hollywood, triunfó en Broadway y giró por Sudamérica e Italia. La siguiente pregunta es, ¿cuánto de todo ese dinero supo conservar? El derroche y sus gastos millonarios. Nueva York fue el escenario más improbable para Tuntun y también el más rentable.

En Broadway, frente a un público que no hablaba español y que no conocía el cine mexicano de ficheras, René Ruiz subió al escenario e imitó a Frank Sinatra y a Sammy Davis Jr. Con una precisión que detuvo a la gente en sus butacas. No era el personaje esperado, era 1.17 m de timing perfecto cobrando en dólares en la ciudad más cara del mundo. Las puertas se abrieron.

Dentro de esas puertas había mujeres. René lo dijo sin rodeos en varias entrevistas. Su habilidad como bailarín le funcionaba como presentación personal. En sus años en Estados Unidos presumía que traía de cabeza a las gringuitas. No lo decía como chiste, lo decía como dato. Era parte de la imagen que vendía y de la vida que vivía mientras los cheques seguían llegando.

Y con los cheques llegó también el problema. René admitió abiertamente que gastaba sin control. No había presupuesto, no había ahorro, no había inversión. Había dinero entrando y dinero saliendo. Y alrededor de él había personas cuyo único interés era que el ciclo no se detuviera. Él mismo los describió así.

gente que solo buscaba beber y gastar lo que él ganaba. Lo sabía, lo veía y seguía pagando las cuentas. La situación llegó a un punto en que su propio círculo tuvo que intervenir. El actor Antonio Badú, compañero y amigo de años, tomó una medida directa. interceptaba los cheques de René y se los entregaba personalmente a Doña María del Carmen en México.

No había forma más clara de decirle a alguien que no era capaz de administrar su propio dinero. La madre volvía a ser el último filtro de control financiero, igual que cuando le enseñó a leer en Tampico. Los años 80 llegaron y con ellos un segundo aire completo. El cine de sexy comedias, conocido como el cine de ficheras, lo colocó nuevamente en cartelera junto a Luis de Alba y Alfonso Sayas.

La demanda fue constante, las producciones se filmaban rápido, se distribuían masivamente y el público pagaba su boleto semana tras semana. Tuntun estaba en casi todas. llegó a participar en cerca de 50 películas a lo largo de su carrera y la concentración de ingresos más alta de toda su vida ocurrió precisamente en esa década. Fue la fortuna más grande que acumuló y fue la última porque el patrón que Badu había intentado frenar en los años de Broadway no desapareció, solo cambió de forma.

René seguía sin disciplina financiera, seguía rodeándose de personas que consumían sus recursos y seguía confiando en que el trabajo no se iba a detener. En los años 80 esa confianza todavía tenía sustento, pero una persona específica ya estaba dentro de su vida y esa persona tenía una estrategia diferente a la de Antonio Badú.

Lo que pasó después no fue un gasto impulsivo ni una mala noche de tragos. La mujer que se quedó con todo. René tenía 17 años cuando conoció a Rocío Jens. Fue ella quien lo introdujo al ambiente del espectáculo, quien le abrió los primeros contactos y quien lo orientó en un mundo que él estaba aprendiendo a navegar. Sin ese encuentro, la carrera de Tuntun pudo haber tenido una forma completamente distinta.

Rocío trabajaba como administradora en un hotel donde René se hospedaba. Él la buscó, ella lo rechazó. El proceso fue largo, pero al final se casaron. La ironía es que la mujer, que en un principio no quiso saber nada de él, terminó siendo la persona con más acceso a todo lo que él construyó. Tuvieron un hijo biológico, René Israel.

También adoptaron a una niña llamada Gabi, una familia completa sobre el papel, dos hijos, una esposa con experiencia en administración y un actor en la cima de su carrera con dinero entrando de varias fuentes. El problema no era la falta de recursos, el problema era quién los controlaba. Tuntun admitió haber sido infiel a Rocío en múltiples ocasiones. No lo ocultó.

En sus propias palabras, describió años de relación donde él hacía lo que quería porque tenía el dinero y la fama para hacerlo. Cuando intentó estabilizarse, cuando quiso, según él mismo dijo, sentar cabeza, el equilibrio de poder dentro de la pareja ya había cambiado por completo. A finales de los años 80, mientras Tun Tun seguía filmando y cobrando, Rocío Gens fue acumulando el control sobre sus bienes de manera gradual.

No fue un robo en una noche, fue un proceso sostenido, cuenta por cuenta, propiedad por propiedad, mientras él confiaba en que todo seguía en orden. Cuando René quiso revisar el estado de sus finanzas, ya no había mucho que revisar. Rocío no solo tomó el dinero, también alejó a los hijos. René, Israel y Gabi dejaron de tener contacto con su padre en los años finales de su vida, cuando él más los necesitaba, ninguno de los dos estaba.

El hombre que había hecho reír a dos continentes quedó sin familia dentro de su propia casa. El despojo fue total. Rocío Gens se quedó con los ahorros, con los bienes y con los fondos de retiro que René había acumulado en décadas de trabajo. No quedó una reserva, no quedó una propiedad, no quedó un colchón económico para la vejez.

René Ruiz, tun tun, el que cobró 15,000 pesos en Hollywood cuando sus colegas ganaban 250. El que llenó teatros en Nueva York. el que protagonizó 50 películas, terminó sin dinero y sin un techo propio. Sus últimos años los vivió gracias a la solidaridad de otros actores que lo conocían desde los tiempos de Tintan, compañeros del medio que le dieron un lugar donde quedarse y con quienes compartió sus últimos días.

Lo que dejó no fue una fortuna, ni una casa, ni un fondo para sus hijos. Lo que dejó fue una filmografía de 50 películas y la historia completa de cómo se puede ganar todo y perderlo dos veces el día que se le acabó el trabajo. El 29 de junio de 1973, Germán Valdés Tintán tuvo su adiós definitivo.

René Ruiz perdió en un solo día a su socio de 15 películas, al hombre que lo había sacado de las calles de Tampico y lo había puesto frente a una cámara. No era solo una amistad, era la estructura completa sobre la que estaba construida la carrera de Tuntún. Sin tinán, los productores que antes llamaban dejaron de llamar. Los proyectos que antes llegaban solos, ahora había que buscarlos y no siempre aparecían.

Lo que vino después fue una carrera sin ancla, apariciones esporádicas, proyectos menores, contratos sin la solidez de los años de la época de oro. Los grandes estudios que antes garantizaban trabajo constante y cheques puntuales ya no tenían un lugar fijo para él. Tuntun seguía siendo reconocido en la calle, pero el reconocimiento no paga las cuentas.

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