Posted in

ANTONIO DE NIGRIS : TODO ERA MENTIRA

El técnico era el español Benito Floro, hombre serio, ojo entrenado, que lo había mirado en la pretemporada y había dicho dos palabras. Este sí. Lo que pasó en los siguientes 24 meses se cuenta en una sola cifra, 37 goles, 65 partidos con la  pandilla. Una proporción que en el fútbol mexicano, donde los delanteros completos se cuentan con los dedos de una mano, no se veía desde hacía años.

Premio al mejor novato de la temporada del año 2000. Camiseta número nueve. ídolo instantáneo.  La afición lo adoptó con una velocidad que hasta él se sorprendía. La forma de pelearse con los zagueros, de empujar,  de gritar, de reclamarle al árbitro hasta que el árbitro le sacaba la amarilla.

El tano peleaba la pelota como si esa pelota fuera la única cosa que le quedaba en  el mundo. En las gradas del tech, los señores que llevaban a sus hijos al estadio señalaban hacia abajo y decían siempre la misma frase: “Ese muchacho  juega con todo el corazón.” Lo que esos señores no podían imaginar, lo que el propio Tano se negaba a aceptar y lo que doña Leticia ya empezaba a sospechar cuando lo veía respirar fuerte después de  los partidos.

Es que esa frase repetida Domingo tras domingo en el norte de  México iba a convertirse 9 años después en la peor ironía posible, porque el corazón con el que el tano jugaba  era exactamente el corazón que lo iba a matar. Antes de hablar de la salida de Rayados, hay una fecha del año 2001 que el público mexicano de cierta edad todavía recuerda con claridad.

7 de marzo del 2001, Estadio Jalisco de Guadalajara. Partido amistoso de la selección mexicana contra Brasil. La selección de los Cafú, los Roberto Carlos, los Rivaldo. La selección que un año después ganaría el mundial de Corea y Japón. El técnico Enrique Mesa convocó  al Tano por primera vez, 22 años, cabellera larga al viento,  la camiseta del tricolor sobre los hombros.

A los pocos minutos del primer tiempo,  en una jugada que después se vería 100 veces en la televisión mexicana, llegó un rechace  dentro del área brasileña. El tano enganchó la pelota de zurda, la acomodó, la mandó al fondo. Estadio Jalisco de pie. Comentaristas mexicanos eufóricos. El Tano corriendo hacia la banda con los brazos abiertos gritándole al cielo.

Aldo recordaría ese golos después en una entrevista. Le pidieron que mencionara el momento más feliz que hubiera vivido como hijo de su hermano. Lo dijo sin pensar. Dijo que ese gol contra Brasil fue uno de los momentos más  felices de su vida. lo contó como si lo estuviera viviendo en ese mismo instante.

El partido terminó tres a tres, pero el tano le había dicho al país que existía, que tenía cosa adentro. Lo que vino después  no fue así de bonito. A finales del 2002, el Tano  firmó con el América. Para la afición de Rayados fue una traición. Para el Tano fue el principio del exilio. Tres partidos, un gol. En pocos meses ya estaba en España  jugando con el Villarreal de la primera división, llevado por su antiguo entrenador, Benito  Floro.

Marcó en su primer partido, llamó a su mamá esa noche y le dijo que España era el lugar donde iba a  despegar. 14 partidos después lo bajaron a la banca, lo prestaron al polideportivo Ejido, segunda división, 31 partidos, dos goles. Una temporada que en la cabeza del Tano fue el primer golpe duro de su carrera.

Lo que casi nadie supo en ese momento, lo que el propio  Tano escondió hasta de su hermano Aldo durante meses, es que en algún partido perdido en algún estadio polvoso del sur de España, el delantero mexicano sintió por primera vez en su vida adulta lo que se siente cuando el pecho se cierra sin razón aparente y prefirió callarlo.

de España pasó al 11 Caldas de Colombia y ese viaje, en apariencia un movimiento más en una carrera ya zigzagueante le regaló al tano una de las noches más grandes de su vida. La final de la Copa Intercontinental  2004 contra el porto de Portugal en Yokohama, Japón.

El 11 Caldas  cayó en la tanda de penales, pero el penal del T no entró. El número nueve mexicano levantó los brazos y gritó a la cámara con una intensidad que parecía sacada de otra final, de otro tiempo, de otro hombre. Esa noche, en la habitación de hotel en Yokohama,  se tomó una fotografía con su esposa Sonia Guerra.

Sonia traía meses de embarazo. La fotografía no se publicó en periódicos.  se quedó en una caja, en una casa de Monterrey esperando. Esa fotografía sigue existiendo, sigue guardada. Y la niña que aparece dentro del vientre de Sonia, en esa imagen, 5 años después, iba a ser la última persona en abrazar a su padre con vida.

Después de Yokohama, el Tano regresó a México, Puebla en 2004, Pumas en 2005, donde alcanzó la final de la Copa Sudamericana contra el Boca Juniors y otra vez perdió en la tanda de penales. 31 partidos, dos goles, otra final perdida. A esa altura del año 2005, el tano de Nigris ya había vestido siete camisetas en 5 años. Un delantero de 27 años con una carrera que en lugar de consolidarse hacía un mapa errático sobre tres  continentes.

Algo había empezado a fallar, pero todavía no era el corazón. Todavía. Enero del 2006,  el Shandong Luneng de la Superliga China le ofreció una cifra atractiva.  El tano firmó. Llegó a China en enero. Dos meses después estaba de regreso en Monterrey. El contrato no se respetaba. Los pagos no llegaban.

La estructura del club no era la que aparecía en el papel firmado en México. Antonio de Nigris hizo algo que pocos futbolistas mexicanos se atrevieron a hacer en aquella época. Llevó el caso a la FIFA, denunció el contrato como fraudulento y ganó. Lo que ese viaje a China le dejó en la cara. Lo que su mamá notó al verlo bajar del avión con las maletas mal cerradas.

No fue cansancio físico, fue otra cosa. Fue la primera vez en su vida que el tano regresó a casa con la sensación de que el negocio  del fútbol lo estaba usando como mercancía. Y aquí, en este momento exacto del 2006, hay una escena que la familia de Nigris guardó  mucho tiempo y que solo años después contaría doña Letti con los ojos rojos.

Cuando el tano regresó de China, doña Letti lo vio y se asustó. Le dijo que estaba más flaco, le dijo que respiraba mal. Le pidió que fuera con  un médico antes de aceptar el siguiente contrato. El tano accedió. Lo acompañó su mamá. fueron a una consulta privada en Monterrey con un cardiólogo conocido. Le hicieron pruebas,  le tomaron muestras, le pusieron unos electrodos en el pecho.

Read More