Posted in

AMOR EN VENTA: 10 Estrellas que vendieron su cuerpo por pieles y lujo

Sin embargo, ella siempre respondió con una sonrisa enigmática y un nuevo contrato publicitario bajo el brazo,  demostrando que en el juego de la alta sociedad nadie sabía mover las fichas mejor que ella. Su leyenda es la de la mujer que nunca dio un paso en falso y que jamás se dejó ver sin un collar de perlas, recordándonos que para ella el amor siempre tuvo que ir acompañado de una mansión en la zona más cara de Madrid. Mark Flores.

En el Ecuador de la década de los 90, el sueño de cualquier mujer que aspirara a conquistar la cima social madrileña tenía nombre y apellidos: Mar Flores. Esta modelo de belleza impactante que comenzó su carrera en pasarelas modestas no tardó en comprender que su físico era la llave maestra para abrir las cajas fuertes más inexpugnables del país.

Su ambición no conocía límites y pronto se vio envuelta en el triángulo amoroso más escandaloso y rentable de la democracia, jugando a dos bandas con una frialdad que dejó helada a la opinión pública.  Por un lado, mantenía un romance de cuento de hadas con el aristócrata más deseado del momento, el hijo de la duquesa de Alba, lo que le garantizaba el acceso a los palacios y el título de nobleza consorte que tanto ansiaba para limpiar su imagen de chica de  barrio.

Sin embargo, mientras paseaba del brazo del conde por los eventos secuestres, en la sombra cultivaba una relación mucho más lucrativa con uno de los navieros y empresarios más poderosos y mayores de España. Este magnate, conocido cariñosamente en la prensa como Fefé, se convirtió en su gran protector financiero, el hombre que le proporcionaba el estilo de vida de jequesa que el joven aristócrata no podía costear.

Se hablaba de regalos que mareaban por su valor: joyas exclusivas, abrigos de pieles de cinco cifras,  viajes en aviones privados y una seguridad económica absoluta. Ella se convirtió en el  epítome de la mujer florero de lujo, aquella que ofrecía su juventud y su belleza a cambio de una tarjeta de crédito sin fondo, manteniendo un equilibrio precario entre el prestigio social de uno y la chequera del otro.

Pero la ambición desmedida tiene un precio y el suyo se cobró en 1999 con la traición más sonada de la historia del papel cuché. La publicación de unas fotografías íntimas en la cama con un tercer hombre, un conde italiano de reputación dudosa, dinamitó su estrategia de ascenso. Aquellas imágenes no solo la mostraron vulnerable, sino que destaparon su doble juego ante toda España, provocando que tanto el aristócrata como el naviero le dieran la espalda simultáneamente.

Pasó de ser la mujer más envidiada, la que lo tenía todo,  amor, título y dinero, a convertirse en una paria social repudiada por la buena sociedad, que nunca perdonó que intentara engañar a sus hijos predilectos. Su caída fue la prueba de que en el mercado de los sentimientos la codicia puede romper el saco dejándote sin el abrigo de pieles y sin el caballero que lo paga.

Carmen Tervera. Si hay una historia de ascenso social que supera cualquier guion de Hollywood es la de esta Miss España de 1961. Una mujer que entendió desde muy joven que su belleza era un pasaporte hacia una vida de privilegios inalcanzables para el común de los mortales. Su primera gran jugada maestra fue casarse con el actor que dio vida a Tarzán,  un hombre maduro y adinerado que la introdujo en el lujo internacional de las Colinas de Los Ángeles.

Aquella relación le enseñó que la seguridad financiera y el estatus eran mucho más reconfortantes que el amor juvenil inestable. Sin embargo, su verdadera consagración como la gran dama de la alta sociedad europea llegó años más tarde tras enviudar y pasar por relaciones tormentosas que casi la arruinan.  Fue en la década de los 80 cuando conoció al varón más rico de Suiza, un coleccionista de arte y magnate del acero que poseía una fortuna incalculable  y que buscaba una compañera que alegrara su vejez en su mansión a orillas del

lago Lugano. El matrimonio con el aristócrata alemán, celebrado en 1985 fue visto por la prensa internacional como el braguetazo  del siglo. Ella, una mujer de origen humilde y pasado farandulero, se convertía de la noche a la mañana en la varonesa consorte de un imperio financiero, dueña y señora de la villa favorita y de una colección de pintura que valía más que el presupuesto de muchos países pequeños.

Las malas lenguas de la Jetset aseguraban que ella supo jugar sus cartas con una maestría envidiable, ofreciendo juventud, alegría y cuidados a un hombre enfermo y solitario a cambio de un blindaje económico absoluto.  No se conformó con ser la esposa decorativa que lucía las joyas de la familia en las galas benéficas. se aseguró de figurar en los testamentos y de gestionar el patrimonio cultural de su marido con Mano de Hierro, garantizándose un futuro donde la palabra necesidad desapareciera de su vocabulario para siempre.

Su transformación fue total.  La chica que posaba en bañador se convirtió en la negociadora más dura del estado español,  utilizando la colección de arte de su esposo como moneda de cambio para obtener reconocimiento, títulos y una posición de poder intocable. Mientras las damas de la vieja nobleza la miraban por encima del hombro criticando sus orígenes y su ambición desmedida, ella se paseaba por los museos más importantes del mundo del brazo de su marido,  demostrando que había ganado la partida. Su vida se convirtió

en una sucesión de viajes en avión privado, subastas millonarias en Londres y veranos en yates de eslora interminable. Tita demostró que en el mercado del matrimonio la paciencia y la estrategia son virtudes capitales, logrando que el apellido de su marido borrara cualquier rastro de su pasado y la elevara a los altares de la riqueza global.

Marta Chavarry, si los años 80 en Madrid tuvieron un rostro, fue sin duda el de esta bisnieta del Conde de Romanones, una mujer que encarnó como nadie el espíritu de la Beautiful People. Su ascenso a la cumbre social comenzó con una boda de manual en 1982, cuando  dio el sí quiero al marqués de Cubas, un aristócrata mucho mayor que ella, que le ofreció lo que toda joven ambiciosa soñaba, un título nobiliario de primera clase y la llave maestra para entrar en los salones más exclusivos de la capital. Con este

enlace se convirtió en la marquesa más joven y fotogénica del panorama, asegurando su futuro económico bajo el paraguas de una de las familias con más solera de España. Sin embargo, para ella el brillo de los blazones antiguos no era suficiente. Su mirada estaba puesta en un premio aún mayor,  el dinero líquido y el poder real que ostentaban los nuevos reyes de las finanzas.

Su ambición la llevó a protagonizar el escándalo sentimental  y financiero más grande de la década al iniciar un romance clandestino con uno de los Albertos,  el marido de la mujer más rica de España y dueño de un imperio de la construcción. Aquella relación no fue solo una infidelidad, sino un terremoto que sacudió los cimientos de la banca nacional.

Marta arriesgó su cómoda posición de marquesa con sorte por la adrenalina de conquistar al hombre que movía los hilos de la economía, buscando un salto cualitativo en su estatus que la colocara por encima de la vieja nobleza. Las cenas secretas y los viajes prohibidos se convirtieron en la comidilla de todo Madrid, demostrando que ella estaba dispuesta a dinamitar dos matrimonios perfectos con tal de alcanzar el corazón del poder financiero.

El precio de esta apuesta fue brutal.  En 1989, la publicación de unas fotografías comprometidas en una discoteca donde un descuido con su ropa interior dio la vuelta al mundo, marcó el fin de su reinado. La alta sociedad, hipócrita y cruel, no perdonó que su it girl favorita hubiera roto las reglas del juego de manera tan descarada.

Read More