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ALBERTO DEL RIO : CUMPLIÓ 48 AÑOS Y COMO VIVE ES MUY TRISTE

Y entonces ganó el campeonato mundial en el comedor de la W UE. Ese año nadie le preguntaba si tenía que barrer o limpiar los platos. Todos lo saludaban con respeto, todos le hacían espacio, todos sabían quién era. Eso cambió en 2014. No porque Alberto cambiara, porque el ciclo de la fama en la W UE tiene su propia lógica.

Los campeones reinan, los campeones pierden, los nuevos campeones llegan y los que ganaron hace 3 años empiezan a ser los de ayer. Alberto del Río en 2014 ya no era el de 2011. Seguía siendo talentoso, seguía siendo carismático, pero ya no era el momento. En ese contexto llegó el incidente del comedor. Un empleado de redes sociales que no leyó bien la situación.

Una frase que no debió decir, una cachetada que no debió llegar, pero llegó. Y en ese momento Alberto del Río eligió ser el patrón. Cuando debía ser José Alberto, me pueden quitar el trabajo, pero no la dignidad. Esa frase es perfecta para el personaje de ficción que Alberto interpretaba cada semana en televisión.

Esa frase es desastrosa para el hombre real que tenía que vivir con las consecuencias. Esta es la primera revelación que te prometí. 7 de agosto de 2014. Wu anunció el despido de Alberto del Río. Causa oficial, conducta poco profesional. Lo que pasó en realidad es esto. Estaban en el comedor de la We. Alberto estaba comiendo con Jack Swagger, un amigo, un compañero de trabajo, alguien con quien se llevaban pesado, pero con respeto.

Un empleado del equipo de redes sociales se acercó. Cody Barbieri, el hombre encargado de manejar las cuentas de W en internet. Alberto y Swager estaban bromeando sobre sus nacionalidades de la manera en que se bromea cuando hay confianza. Barbieri quiso entrar al chiste. No tenía la confianza, no tenía el contexto y dijo algo que Alberto no toleró.

le preguntó si antes de que le sirvieran tenía que barrer o limpiar los platos. Alberto lo miró, le pidió que se disculpara. Barbieri sonríó. No se disculpó. Alberto le dio una cachetada. Los directivos de W lo llamaron. Le dieron dos opciones. Disculparse con Barbieri. Oírse. Alberto respondió sin dudar.

Me pueden quitar mi trabajo, pero no mi dignidad. se fue. Hay dos maneras de leer esa historia. La primera es la que Alberto quiere que leas. Un hombre que defendió su honor frente a un insulto racista, que prefirió perder un trabajo millonario antes que humillarse, que puso la dignidad por encima del dinero. Es una lectura válida.

La segunda es la que nadie dice en voz alta. Un hombre que llegó a la posición más privilegiada que un luchador mexicano puede alcanzar, que ganó millones de dólares, que tenía el respeto del mundo entero y que lo destruyó por una cachetada a un empleado de redes sociales, no porque tuviera razón o no, sino porque no pudo contenerse, porque la primera reacción fue física, porque cuando algo lo ofendió, el puño llegó antes que el pensamiento.

Ese patrón, esa reacción, esa incapacidad de detenerse es lo que define la historia de Alberto del Río más que cualquier campeonato. Porque eso no pasó una vez, pasó siempre. WWE lo contrató de vuelta en 2015. Regresó. Ganó el campeonato de los Estados Unidos. Parecía que había aprendido algo. No había aprendido nada.

En 2016 fue suspendido 30 días por violar la política de bienestar de la empresa y después de esa suspensión negoció su salida. Por mutuo acuerdo, dijo la empresa, pero los que estaban adentro decían algo diferente. Alberto estaba inconforme con su posición en la cartelera. sentía que no lo usaban como merecía, que no lo ponían donde él creía que debía estar.

Y en lugar de negociar eso con paciencia, con estrategia, con la inteligencia de un hombre que había llegado a la cima, se fue dos veces de la empresa más grande del mundo, sin un plan claro, sin entender que la puerta que cierras desde adentro es diferente a la que te cierran desde afuera. Esta es la segunda revelación. Page. Su nombre real es Saraya Jade Bis.

Británica, luchadora de tercera generación. Una de las figuras más importantes de la W UE. En los años 2010 había ganado el campeonato Divas de la WE a los 21 años. la más joven en lograrlo con un estilo oscuro y agresivo que el público adoraba. Una estrella en todos los sentidos de la palabra. Alberto y Page empezaron una relación en 2016.

El mundo de la lucha libre se detuvo a mirarlos. Dos estrellas de la doble UE, el mexicano arrogante y la británica rebelde. Una combinación que generaba atención sola. Llegaron a comprometerse y después todo se rompió. Page acusó a Alberto de violencia doméstica, no en una conferencia de prensa, no con pruebas presentadas ante un tribunal, en entrevistas, en comentarios en redes sociales, en frases que todos entendieron, aunque no nombraran a nadie directamente.

No lo nombro porque él es como mi Voldemort. El karma es algo real. Alberto respondió. Fue un problema entre mi pareja y yo en el que desgraciadamente yo cometí un error. Cometí una infidelidad en nuestra propia casa. Dos versiones. Sin juicio, sin condena legal. El público de la lucha libre tomó sus lados.

Los que creían a Page, los que creían a Alberto, los que no sabían qué creer. Y el gremio, que sí tiene su propia forma de juzgar, tomó nota. Nota del patrón. Un hombre que responde con intensidad cuando se siente atacado o traicionado, que no encuentra la distancia entre el impulso y la acción, que deja daño colateral cada vez que pierde el control.

El gremio lo vio, no lo dijo en voz alta, pero lo vio. Y 4 años después llegó algo que ya no se pudo ver en silencio. Octubre de 2020, las autoridades del condado de Besar, Texas, arrestaron a Alberto del Río. Los cargos eran graves, un cargo de secuestro agravado, cuatro cargos de agresión sexual.

Su expareja había presentado la denuncia. El mundo de la lucha libre se detuvo. El hombre que había ganado el Royal Rumble, que había sido campeón de la WE, que había llevado el nombre de México al lugar más alto que un luchador puede llevar. Arrestado en Texas por secuestro y agresión sexual. Esa imagen circuló en segundos por todas las redes.

Alberto del Río, la foto del arresto, los cargos. No había narrativa posible que la borrara rápido. Lo que pasó después fue complicado. La expareja retiró los cargos, declaró ante las autoridades que el incidente no había sido un secuestro ni una agresión sexual, que fue un episodio de violencia doméstica.

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