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95 años y ASI es la Vida de Elsa Aguirre En su FINCA

Una oportunidad, un nuevo comienzo, la posibilidad de que las cosas mejoraran. La familia se instaló primero en un departamento modesto cerca de Chapultepec. Después se mudaron a Mixcoac, un barrio de clase media donde Elsa y sus hermanos vivirían la mayor parte de su niñez y adolescencia. El departamento era pequeño, dos recámaras para siete personas cuando el padre logró reunirse con ellos meses después.

Emma Juárez en una recámara, las tres hermanas Hilda, Alma Rosa y Elsa, en otra. Los dos hermanos varones en el área de la sala convertida en dormitorio con cortinas como separador de privacidad. El baño era compartido, la cocina era pequeña, no había refrigerador moderno, solo una nevera de hielo.

El departamento costaba 180 pesos mensuales de renta, una cantidad que representaba casi la mitad del escaso ingreso familiar. Cada peso contaba. Cada centavo tenía un destino asignado antes de llegar a las manos de Emma Juárez. Era la vida de la escasez real, no la pobreza extrema de los que no tienen nada. Pero si esa pobreza de clase media avenida, a menos que a veces es más dolorosa porque la memoria del bienestar anterior te pesa encima todo el tiempo.

Elsa nunca olvidó ese departamento en Mixcoac. Décadas después, en entrevistas que concedió siendo ya una estrella reconocida, mencionaba ese periodo de su vida con una mezcla extraña de nostalgia y gratitud. Compartir una recámara con sus dos hermanas le había enseñado algo que el dinero no puede comprar. Le había enseñado a valorar el espacio.

Le había enseñado a vivir con poco sin sentirse menos, le había enseñado que la dignidad no depende de cuántos metros cuadrados tienes, sino de cómo te comportas dentro de ellos. Emma Juárez trabajaba todo lo que podía para mantener a sus hijos. Cuando el padre logró llegar a la capital y consiguió trabajo, la situación mejoró un poco, pero nunca volvió a hacer lo que había sido en Chihuahua.

La familia se mudó eventualmente a Tacubaya, otro barrio de la Ciudad de México, buscando un espacio un poco más grande y una renta un poco más barata, pero la necesidad de ingresos adicionales seguía siendo urgente y fue en ese contexto de necesidad donde llegó el momento que cambiaría todo. Corre el año 1945. Elsa tiene 14 años.

Es una muchacha de rasgos extraordinarios, ojos que llaman la atención desde el otro lado de la calle, una figura esbelta, una piel que los fotógrafos de décadas posteriores llamarían perfecta, pero Elsa no lo sabe todavía. Para ella es simplemente la hija mayor de una familia con aprietos económicos, ayudando en las tareas del hogar, cuidando a sus hermanos, aprendiendo a estirar el dinero que nunca alcanza.

Ese año su tía Elsa, la persona por quien ella llevaba el nombre, llegó a visitar a la familia con una noticia. La productora cinematográfica CL Films estaba organizando un concurso de belleza. El premio para la ganadora era aparecer en un papel en la película El co fuerte. No era un papel protagónico, no era la oportunidad de convertirse en estrella de inmediato.

Era simplemente la oportunidad de aparecer en una película. Pero para una familia que necesitaba dinero con urgencia, esa oportunidad tenía un valor que iba más allá de la actuación. Emma Juárez tomó la decisión de inscribir a sus tres hijas, a Gilda, a Alma Rosa y a Elsa. Pero había un problema. Elsa estaba enferma. Tenía fiebre de Malta, una infección bacteriana que produce fiebre alta, dolor en las articulaciones y una debilidad general que te aplasta.

No era una enfermedad menor, requería reposo. Emma esperó pacientemente a que su hija más pequeña de las tres se recuperara. No podía llevarla al concurso en esas condiciones. Esperó que debieron sentirse como semanas mirando a su hija en cama mientras el tiempo del concurso se acercaba. Cuando Elsa finalmente se recuperó, Emma las llevó a las tres al concurso de Clafilms.

Era una competencia grande con decenas de participantes, muchachas jóvenes de toda la Ciudad de México que soñaban con el cine. Las Aguirre eran hermosas, pero no eran las únicas. Tendrían oportunidad entre tanta competencia. Emmarró que tuvo que rezar. Sus hijas se pararon frente a los productores con la dignidad que les había enseñado su madre.

Y entonces llegaron los resultados. Hilda ganó el tercer lugar. Alma Rosa con 16 años ganó el segundo lugar. Y Elsa con apenas 14 años y recién recuperada de la fiebre de Malta ganó el primer lugar. Tres hermanas, tres premios. Era algo tan inusual que los productores se quedaron viendo a Emma Juárez con una mezcla de asombro y admiración.

¿Qué estaba poniendo en el desayuno esa mujer? Pero más allá del resultado extraordinario, lo que los productores vieron en Elsa esa tarde era algo que va más allá de la belleza física. Había belleza física, claro que la había. Rasgos perfectos, ojos expresivos que comunicaban algo sin que ella abriera la boca, una figura esbelta que la cámara amaría sin condiciones.

Pero había algo más, una presencia, una manera de estar en el espacio que hacía que cuando Elsa entraba a un cuarto, todos volteaban a verla sin saber exactamente por qué. Eso no se aprende. Eso o se tiene o no se tiene. Y Elsa lo tenía. Los productores vieron inmediatamente que tenían frente a ellos a una futura estrella y así, sin haberlo planeado, sin haberlo buscado con determinación, Elsa Aguirre comenzó su carrera en el cine.

Las películas El fuerte y el pasajero 10,000, ambas de 1946, se convirtieron en sus primeros trabajos actorales. Elsa fue acreditada como Elsa Irma Aguirre. Tenía 14 años, todavía era menor de edad y aquí surge el primer gran obstáculo de su carrera, el primero de muchos que vendría. Como Elsa y Alma Rosa eran menores de edad, requerían que su madre las acompañara en cada llamado de filmación.

Era una regla de protección básica que Clafilms inicialmente aceptó sin problema. Pero para la tercera producción en la que iban a participar, el estudio cambió de posición. Se negaron a permitir que Emma Juárez entrara al set. Querían a las chicas solas sin supervisión materna. Emma Juárez sabía perfectamente lo que eso significaba.

La industria cinematográfica podía ser un lugar peligroso para jovencitas hermosas sin protección. No iba a dejar a sus hijas solas con hombres adultos en un set de filmación sin importar cuánto dinero hubiera en juego. Canceló el contrato inmediatamente las dos, sin negociación, sin segunda vuelta.

Era una decisión que en términos económicos era devastadora. Esa familia necesitaba el dinero, pero Emma Juárez era de esas personas que tienen clarísimo que es más importante que el dinero y la seguridad de sus hijas estaba por encima de todo lo demás. Elsa y Alma Rosa continuaron sus carreras, pero con diferentes productoras que si permitían la presencia de su madre.

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