El firmamento de la música regional mexicana posee estrellas cuyo brillo permanece inalterable ante el paso del tiempo, pero pocas han dejado una huella tan profunda, tierna y entrañable como José Luis Villarreal Gutiérrez. Conocido por millones de fanáticos en todo el continente americano como “Choche”, “Pony Choche” o el mismísimo “Chocheman”, el icónico baterista y miembro fundador de la legendaria agrupación Bronco personificó la cara más noble, alegre y carismática del movimiento grupero. Su fallecimiento prematuro, ocurrido el 30 de septiembre de 2012 a la edad de 55 años en Apodaca, Nuevo León, provocó un vacío inmenso en la industria y sumió en el luto a múltiples generaciones que crecieron coreando sus ritmos. Sin embargo, detrás del hermetismo que rodeó sus últimos meses de vida, se escondía una trágica verdad médica y una historia de melancolía que solo su círculo más íntimo conoció.
La historia de amor de José Luis por la música comenzó de manera orgánica en su infancia, cuando visitaba a su padre en la central de camiones de Apodaca. En ese ambiente popular, impregnado por las melodías norteñas que resonaban diariamente, Choche empezó a educar su oído y a apasionarse por el ritmo. Posteriormente, su paso por la banda de guerra de su escuela secundaria tocando la corneta y su posterior ingreso a una estudiantina para aprender guitarra cimentaron una disciplina inquebrantable. A la temprana edad de 11 años, ya experimentaba con el acordeón en un grupo liderado por su hermano Arnulfo, y a los 14 ya dominaba el bajo en los bailes locales. Su destino estaba irremediablemente ligado
a los escenarios, tanto así que a los 16 años decidió abandonar los estudios para entregarse por completo a la música grupera.

El año 1978 marcaría el inicio de la leyenda. Invitado por su hermano, el guitarrista Javier Villarreal, y por un carismático joven llamado José Guadalupe Esparza, Choche aceptó el desafío de integrarse a una naciente agrupación que inicialmente se llamó “Cheyene”. Con un equipo de sonido alquilado y una enorme dosis de fe, grabaron su primer tema, una versión del clásico “Algo de mí” de Camilo Sesto, adaptada al naciente estilo de la música chicana. Un año después, mientras los jóvenes músicos se encontraban en una plaza de Apodaca, el paso de un automóvil antiguo de color naranja con las letras “Bronco” pintadas en su carrocería les dio la inspiración definitiva. Fue así como José Luis se convirtió en miembro fundador y pilar de los históricos “Bronco de Apodaca”, abandonando el bajo para estudiar y adoptar la batería como su sello personal e indestructible.
A finales de la década de los ochenta y principios de los noventa, Bronco alcanzó la cúspide de la fama con himnos que redefinieron el género, como “Que no quede huella”, “Amigo Bronco” o “Adoro”. En medio de estadios abarrotados y giras internacionales extenuantes, Choche comenzó a destacar con luz propia gracias a un magnetismo único. Su fisonomía robusta, su carácter afable, su eterna sonrisa y sus constantes ocurrencias en los aeropuertos y camerinos lo convirtieron en el alma cómica del grupo. Esta simpatía natural generó una conexión inédita con el público infantil. Al notar este fenómeno, Lupe Esparza y Choche decidieron innovar en el ámbito regional mexicano e incluir temas dedicados especialmente a los niños, dando vida a éxitos rotundos como “El sheriff de chocolate”, “Los castigados” y “Que bailen los niños”.
Este éxito con los más pequeños inspiró a Lupe a componer una de las canciones más emblemáticas de la banda: “Chocheman”. Lanzado en el álbum Pura Sangre, el tema transformaba al baterista en un carismático dibujo animado, un superhéroe mexicano de ficción encargado de defender a los indefensos y a los migrantes. Chocheman se volvió un fenómeno cultural tan masivo que la agrupación lanzó en 1991 la historieta semanal Sensacional de Bronco, con un tiraje de 120.000 ejemplares, donde el baterista protagonizaba las aventuras más divertidas.
A pesar de ser adorados por el pueblo, el camino hacia el reconocimiento mediático no estuvo exento de sinsabores y discriminación. Choche siempre albergó el sueño de presentarse en el programa de variedades más importante de América Latina, Siempre en Domingo, conducido por el influyente Raúl Velasco. Sin embargo, cuando la oportunidad llegó en 1997, la experiencia dejó un sabor amargo. En plena transmisión, el conductor realizó comentarios despectivos y clasistas hacia la fisonomía de los músicos, tildándolos de “feos” y comparando de forma grotesca a Lupe Esparza con un gorila. Con la dignidad que siempre los caracterizó, los integrantes respondieron con orgullo, reafirmando su identidad como un grupo surgido del pueblo cuyo único objetivo era llevar felicidad.
El desgaste físico de las giras interminables y las diferencias internas provocaron la sorpresiva disolución de la banda en 1997. Choche fue el único integrante que se opuso firmemente a la separación, intentando convencer a sus compañeros de continuar defendiendo el proyecto de sus vidas, pero la decisión estaba tomada. Lejos de rendirse, canalizó su amor por los niños y grabó un disco infantil que tuvo una excelente recepción, lo que le abrió las puertas para conducir su propio espacio televisivo, La granja del pony Choche, transmitido por Televisa Monterrey, con el cual realizó exitosas presentaciones en México y Estados Unidos.

En 2003, la nostalgia y el clamor del público hicieron posible el ansiado reencuentro de los integrantes originales de Bronco. No obstante, el regreso a los escenarios se topó con un obstáculo legal devastador. El promotor Óscar Flores reclamó la propiedad de la marca registrada del nombre del grupo, desatando una dolorosa batalla legal que se prolongaría por catorce años. Impedidos de utilizar el nombre que los consagró, los músicos se vieron obligados a rebautizarse como “El Gigante de América”, una sombra de melancolía que los acompañó en cada presentación.
A principios de la década de los dos mil, la salud de José Luis comenzó a mostrar signos de deterioro debido a problemas crónicos de sobrepeso, lo que lo obligó a someterse a complejas cirugías y a distanciarse temporalmente de los escenarios. Durante su convalecencia en casa, la banda tomó la decisión de incorporar a René y José Esparza, hijos de Lupe, para cubrir su puesto. Saberse reemplazado de forma definitiva causó un profundo dolor emocional en el baterista, acelerando su retiro de la agrupación al sentir que su ciclo había concluido de forma abrupta. Su última aparición en la televisión nacional ocurrió en 2011, en el programa Pequeños Gigantes junto a Galilea Montijo, mostrando ya un semblante aquejado por la nostalgia de estar lejos de la batería.
En agosto de 2012, el músico fue internado en un hospital de Monterrey. Tras mostrar una aparente mejoría, los médicos le permitieron regresar a su hogar en Apodaca para continuar con un tratamiento experimental de células madre. La mañana del 1 de octubre, la noticia de su fallecimiento sacudió al mundo del espectáculo; Choche había muerto pacíficamente mientras dormía en un sillón la noche anterior, rodeado por el amor de su esposa Mariana Casas y sus tres hijos. La banda recibió la devastadora noticia mientras se encontraba ofreciendo un concierto en Chicago, dedicándole un minuto de aplausos y una emotiva interpretación de “Chocheman”.
Inicialmente, el entorno de la banda informó de manera escueta que la causa del deceso había sido una insuficiencia cardíaca. Sin embargo, tiempo después se desveló el misterio de la verdadera enfermedad que consumió los órganos del músico: una cirrosis hepática. Lo impactante de esta revelación radica en que José Luis Villarreal jamás consumió bebidas alcohólicas. Fue su propio hermano, Javier Villarreal, quien rompió el silencio en una entrevista para aclarar que la enfermedad fue consecuencia directa de una bacteria que el baterista adquirió a través de una transfusión de sangre durante una delicada cirugía a corazón abierto realizada un año antes. Este enemigo invisible erosionó silenciosamente su organismo hasta apagar su vida.
A pesar de los años transcurridos, el legado del “Pony” Choche sigue latiendo con fuerza. En cada concierto actual de Bronco, existe un momento sagrado donde las pantallas se iluminan con su inolvidable sonrisa, y el público vuelve a cantar con nostalgia aquellos temas infantiles. José Luis Villarreal no solo fue el hombre que aprendió a tocar la batería de oído para conquistar estadios, sino el superhéroe real que demostró que el carisma más puro y la bondad son los únicos poderes capaces de asegurar la inmortalidad en el corazón de un pueblo.