YURI: Por ESTO Fue Usada Como Mercancía. Lo Que Le Hicieron Por Dentro Casi La Mataa
1995, una mansión en la ciudad de México. Yuri tiene 31 años, lleva 7 meses sin poder hablar. Su voz, esa voz que durante una década llenó estadios desde Madrid hasta Buenos Aires, está apagada. Los médicos le encontraron tumores en las cuerdas vocales y dos noches antes otro doctor en otro consultorio le dio un segundo diagnóstico.
Papiloma cervicouterino, casi cáncer, casi muerte. La frase exacta que ella usaría años después fue esta: “Casi me mata.” Yuri está parada frente a un balcón, mira hacia abajo y entiende de golpe lo que llevaba años sin querer ver, que su cuerpo le estaba pasando una factura, que cada hombre con el que se acostó en la cima de su carrera dejó algo dentro de ella, que la canción que la había consagrado en 1984, esa que repetía en el estribillo, “Siempre vendrán tiempos mejores”, la había escrito el hombre que años después
destrozaría a Gloria Trevi y que esos tiempos mejores nunca llegaron. Llegó esto, un balcón, un diagnóstico y una mujer de 31 años que ya no sabe quién es. Esta es la historia que Yuri tardó 35 años en contar y todavía hoy cuando la cuenta no lo hace completa. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre la mujer que te acompañó toda tu juventud cantando [ __ ] primavera en cada radio de México.
Primero vas a escuchar la cita exacta donde Yuri reconoce con sus propias palabras que se acostó con mucha gente en pleno auge de su carrera y vas a saber qué le pasó al cuerpo de esa mujer cuando la industria terminó con ella. Segundo, ¿vas a entender el pacto silencioso que firmó Yuri con Sergio Andrade en 1984? ¿Y por qué un milímetro la separó de terminar como Gloria Trev? Tercero, vas a conocer lo que le pasó a Yuri a los 7 años en el consultorio de su propio padre, una herida que ella misma reconoció décadas después como el origen de todo. Y cuarto, vas a saber la verdad
detrás de su conversión religiosa, una conversión que tuvo poco de iluminación espiritual y mucho de mecanismo de supervivencia. Yuri necesitaba dejar de morirse y la iglesia fue la herramienta concreta que tenía a mano. Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes, para entender cómo fue posible que esto le pasara a una niña que a los 11 años había ganado una beca para el balet Bolsoy de Rusia, necesitas conocer el mundo que la fabricó.
Porque esta historia no empieza en 1995, frente a ese balcón. Empieza muchos años antes. Empieza con algo que tú probablemente viste en tu propia televisión, en tu propia sala, sin saber lo que estaba pasando detrás de cámaras. Veracruz, principios de los 70. Los años en los que tu mamá te ponía una telenovela a las 9 de la noche y tú te quedabas hasta las 10 si te dejaban.
Los años en los que la radio sonaba todo el día. Los años en los que cualquier niña con voz bonita podía soñar con ser cantante. Aquellos eran tiempos donde una familia mexicana podía pasar la tarde entera frente a un radirabador y donde una niña en Veracruz podía estudiar ballet por las mañanas y cantar por las tardes sin que nadie pensara que eso era extraño.
La niña se llamaba Yuridia Valenzuela Cansecoo. Nació el 6 de enero de 1964. Era hija del Dr. Carlos Humberto Valenzuela Priego, médico general originario de Tabasco y de Dulce Can Seco, una mujer veracruzana que tenía una idea muy clara de lo que su hija debía ser. Tenía dos hermanos, Carlos, que también sería médico como el padre, y Yamili, que también cantaría.
Pero la del talento más grande, la que llamaba la atención desde chiquita, era Yuridia. Veracruz en los años 70 era un puerto vivo, una ciudad de marineros, de músicos, de carnavales. La música corría por las calles como el río Tonalá. Aquellas tardes, cualquier niño que asomaba la cabeza a la calle escuchaba sones jarochos, danzones, boleros, canciones venezolanas, cumbias colombianas.
La radio de Veracruz era distinta a la radio de Ciudad de México, más tropical, más caliente, más atrevida. Y en esa Veracruz, en una casa de clase media, donde el padre era médico y la madre se había quedado en casa para criar a tres hijos, vivía Yuridia. La casa de los Valenzuela Canseco era una casa cristiana protestante, concretamente adventista del séptimo día, una denominación que en México tiene fuerte presencia, sobre todo en el sureste.
Los adventistas guardan el sábado como día de reposo, no comen carne de cerdo, visten con modestia y crían a sus hijos con valores estrictos. Yuri creció en ese ambiente y eso explica algo importante, algo que pocos entienden cuando hablan de su trayectoria. La conversión religiosa de los años 90 fue en realidad un regreso a la fe en la que se había criado de niña después de haber pasado por el catolicismo de su primer marido y por los años secularizados de su carrera pop.
A los 9 años, según algunas fuentes, o a los 11 según otras, la niña ganó una beca, no una beca cualquiera, una beca para el valle Bolsoy de Rusia, una de las academias de danza más prestigiosas del planeta, la que formaba a las bailarinas más importantes del mundo. Imagínate lo que es para una niña de Veracruz en los años 70 ganar una beca para Rusia.
Imagínate lo que significaba para esa familia. Una niña que iba a cruzar el mundo, una niña con la posibilidad de convertirse en ballerina internacional y los padres dijeron que no. La razón oficial fue la familia que se separaba el núcleo, que era muy lejos, que era muy chica. Pero hay otra versión, una que la propia Yuri ha repetido a lo largo de los años, donde su madre dulce ya tenía otros planes para ella.
La madre dulce había decidido que su hija iba a ser cantante. La idea del ballet le quedaba lejos. Le interesaba algo más rentable, algo más visible, algo que pudiera explotar comercialmente desde Veracruz. Y armó alrededor de esa decisión todo un proyecto. Le formó un grupo musical en Veracruz. lo llamó la manzana eléctrica. La metió a clases de canto, la empezó a presentar en eventos locales y cuando el grupo creció le cambió el nombre.
La manzana eléctrica pasó a ser Yuri y la manzana eléctrica. La marca había nacido y la marca se llamaba como la niña. Recuerda ese nombre, dulce can seco, porque todo lo que le pasó a Yuri después, lo bueno y lo malo, empieza en las decisiones de esa mujer. Pero antes de seguir con la madre, hay algo que tienes que saber.
Algo que Yuri tardó casi 50 años en contar en público, algo que pasó cuando ella tenía 7 años. en el consultorio de su propio padre. Aquí va la primera víctima nombrada de esta historia y es la propia Yuri, la Yuridia niña de 7 años, la que todavía no era nadie, la que jugaba en el consultorio mientras su padre, el doctor Valenzuela, atendía a sus pacientes en Veracruz.
Yuri lo contó en el programa Ventaneando en febrero de 2021. Tenía 57 años. cuando se atrevió por primera vez a decirlo en cámara 50 años después de que ocurriera. Esto es lo que dijo con sus palabras exactas. Mi papá era doctor y tenía un consultorio largo en la parte de atrás, donde él hacía sus curaciones para los enfermos que venían con algún problema.
Yo estaba ahí haciendo unos algodones con alcohol. La niña ayudaba al papá, le preparaba el material para las curaciones, era su forma de estar cerca de él, de pasar tiempo con él mientras él trabajaba. Y un día, según el testimonio de Yuri, llegó al consultorio un paciente, un hombre adulto. Yuri lo describió así.
Recuerdo que había un señor de edad, no viejito, pero un señor maduro. La niña tenía 7 años. El padre estaba cerca, pero no a la vista, y el hombre se acercó. Le dijo, “¿Quieres un dulce?” Y respondió que sí. Le gustaban los dulces. El hombre la halagó. “Ven, nenita, estás bien bonita.
” Y llevaba puesto un short verde y una camiseta. Lo recuerda exactamente 50 años después. Algunos detalles no se borran nunca. El hombre empezó a tocarla, primero el seno y aquí pasa algo importante, algo que cambia toda la historia. Yuri reaccionó porque su padre, el doctor Valenzuela, le había enseñado algo. Le había dicho desde chiquita una frase que Yuri repetiría décadas después en cada entrevista.
Hijita, usted cuando le toquen aquí o ahí abajo, usted no lo permita. Eso es sagrado. Eso es de usted. Eh, eh, eh, La niña de 7 años se acordó de esas palabras. Trató de soltarse. El hombre le agarró la mano y la llevó a su parte íntima. Yuri se zafó. Salió corriendo, fue hasta donde estaba su padre y le contó.
Lo que pasó después tampoco se le olvida. El Dr. Valenzuela era diabético cuando escuchó lo que su hija le acababa de contar. Según Yuri, casi se muere porque le subió la azúcar y luego entró al cuarto donde estaba el hombre y lo golpeó. Y lo golpeó. Y según el testimonio de la cantante, le destrozó la cara y se lo llevaron a la cárcel.
Esa es la historia oficial del abuso, la que Yuri pudo contar, la que termina bien con el padre defendiendo a su hija y el agresor en la cárcel. Pero hay algo que la propia Yuri reconoció después en otra entrevista, que ese momento, ese único momento de 7 años, dejó algo dentro de ella que no se fue nunca.
La cantante usó una expresión muy específica para describirlo. Lo llamó abuso visual y dijo que ese episodio la llevó a tener un interés por la vida sexual a una edad muy temprana. Guarda esa frase porque vas a necesitarla para entender lo que le pasó en los años 80, cuando ya era famosa y cada hombre de la industria quería entrar en su cama.
La niña de 7 años creció. Cuando cumplió los 11, ganó la beca al Bolshoy. Cuando se la negaron, su madre puso en marcha el plan B. Y a los 12 años Yuri ya estaba haciendo audiciones. A los 13 la manzana eléctrica empezó a abrirle conciertos a Celia Cruz cuando la cantante cubana visitaba Veracruz. A los 14, en 1978, la niña grabó su primer disco.
Se llamó Ilumina tu vida. Era una versión en español de You Light Up my life, una canción que en Estados Unidos había hecho famosa Deby Boon. El disco no funcionó comercialmente, pero abrió las puertas. Yuri actuó en una película con Cepillín, Milagro en el circo. Apareció en el programa En familia con Chabelo. Su nombre empezó a sonar y dulce can seco, la madre tomó otra decisión.
Se mudó con la niña a la ciudad de México sin el apoyo económico del resto de la familia. La madre y la hija se instalaron en un departamento modesto y a partir de ahí Dulce empezó a hacer doble trabajo. Era madre por la mañana y era manager el resto del día. La que decidía qué cantaba Yuri, dónde se presentaba, con qué disquera firmaba, con quién hablaba.
Era el modelo clásico de las mamás artistas de los años 80 en México, el mismo modelo que después veríamos repetido en otros casos. Lupita Dalesio, Alejandra Guzmán, más tarde Frida Sofía, una madre que quiere ver a su hija triunfar y termina convirtiéndose en su carcelera. Tú también conoces ese tipo de mujer, la que dice que lo hace todo por los hijos, la que elige cada novio que sus hijas pueden tener, la que vende lo que no es de ella y se queda con lo que no le toca.
La carrera empezó a despegar. En 1979, Yuri participó en el festival OTI mexicano. Quedó descalificada por un asunto extraño, una acusación de plagio de la canción Marcarthur Park de Dona Summer. Pero el jurado le dio el premio a la revelación femenina del festival. Tenía 15 años. Era la cantante más joven que había participado en Eloti hasta ese momento.
Y ahí fue cuando los productores empezaron a fijarse en ella. En 1980 llegó Esperanzas, su segundo álbum, El primer éxito comercial real, y debutó en una telenovela importante, Colorina, protagonizada por Lucía Méndez. Ahí Yuri conoció el mundo de Televisa por dentro, la maquinaria, los contratos de exclusividad, el sistema de favores, los productores que decidían quién protagonizaba que era apenas una niña de 16 años en un mundo donde los hombres adultos manejaban toda la industria.
Y entonces llegó la canción que cambiaría su vida. 1981. El álbum se llamaba Llena de dulzura. El sencillo era [ __ ] primavera, la versión en español de Maledeta Primavera de la cantante italiana Loreta Gogi. Yuri tenía 17 años cuando la grabó. No tenía idea de que esa canción iba a romper récords en España, en Argentina, en Colombia, en toda Latinoamérica.
tampoco le importaba mucho. Yuri estaba ocupada en otra cosa. Estaba descubriendo a los 17 años que su cuerpo era moneda, que cada productor, cada compositor, cada ejecutivo de disquera la miraba con un interés que ella, por culpa de aquel hombre de los 7 años, había aprendido a reconocer. Tú escuchaste esa canción mil veces en la radio, en bodas, en bares, en el carro de tu primer novio.
Nunca te imaginaste que la niña que cantaba [ __ ] primavera, con voz dulce tenía 17 años y ya había entendido cómo funcionaba el sistema del espectáculo mexicano. Nunca te imaginaste lo que estaba pasando mientras tú correabas ese estribillo en tu sala. Pero todavía falta el momento clave. Todavía falta el hombre que iba a cambiar todo, el compositor que iba a darle a Yuri la canción más importante de su carrera.
Un nombre que en 1984 nadie temía. Un hombre al que Yuri llamaba simplemente Sergio, el mismo hombre que 16 años después estaría detenido en Brasil por rapto, violación y corrupción de menores. El mismo hombre que destruiría a Gloria Trevi, Sergio Andrade, y la canción que le iba a regalar a Yuri ese año, Tiempos mejores, no era originalmente para ella.
Estaba escrita para otra mujer, una cantante ciega a la que Andrade había castigado, una cantante a la que él mismo destrozó la autoestima durante 3 años. Y Yuri no sabía nada de eso. Yuri nada más cantó la canción. Lo que iba a pasar en los siguientes 10 años con esa canción rondando en todas las radios y con ese hombre rondando en la vida de Yuri es lo que vamos a ver ahora.
Pero te advierto algo, lo que estás a punto de escuchar es lo más cercano que la cantante estuvo determinar como las otras niñas que ese hombre destruyó. Y la única razón por la que Yuri no terminó así fue por una decisión que su madre dulce, esa misma madre dulce que la había vendido al sistema desde los 12 años, tomó a tiempo una sola decisión que separó la vida de Yuri del destino de Gloria Trevi.
Esto que voy a contarte ahora es la primera de las cuatro cosas que te prometí. Aquí viene lo primero que te prometí. Y antes de entrar, quiero que te detengas un segundo. Quizá tú conoces a alguien que dio todo por su trabajo, años de su vida, su salud, su familia. Y al final la empresa le dijo, “Gracias, ya no te necesitamos.
Quizá esa persona eres tú.” Lo que le pasó a Yuri es exactamente eso, pero multiplicado, porque ella no entregó solo años, entregó su cuerpo, entregó su intimidad. entregó cosas que después no pudo recuperar nunca y lo hizo creyendo que eso era amor, porque el sistema del espectáculo mexicano de los años 80 funcionaba así y nadie le había explicado que había otra manera.
En noviembre de 2023, Yuri se sentó frente a un conferencista llamado Leonardo Nayo Escobar. Tenía 59 años, llevaba 28 casada con su segundo esposo. Era ya oficialmente una mujer reconvertida, una pastora evangélica, una figura del cristianismo latinoamericano. Y aún así, esa noche, frente a las cámaras de un podcast cristiano, Yuri abrió un cajón que llevaba cerrado 40 años y dijo cosas que ninguna mujer mexicana de su generación había dicho nunca en público.
Las palabras exactas te las dejo sin filtro porque no hay manera de suavizarlas y porque cualquier paráfrasis traicionaría el peso de lo que Yuri estaba reconociendo. Ella dijo lo siguiente: “Lo mío, lo mío era el amor, el piojito, el cariñito. Estaba hablando de a que era adicta en su juventud.
Otros artistas de su generación cayeron en la cocaína, en el alcohol, en las pastillas. Yuri reconoció que ella tenía otra adicción. Lo mío era ese me gusta. Oye, pero es casado le decían. Pero no capado. Tráemelo. Léelo despacio. Pero no capado. Tráemelo. Esa frase es de una mujer hablando de hombres como si fueran mercancía.
Eran los años 80. Yuri estaba en lo más alto. Tenía 20, 22, 24 años. Tenía la cara en cada portada de revista, sonaba en cada radio y, según ella misma, le bastaba apuntar con el dedo a un hombre y su equipo de trabajo se lo llevaba a su camerino o a su hotel, casado o soltero, conocido o desconocido. La frase que ella usó para definirse en esa época fue brutal.
Yo era como los marineros. tenía un amor en cada puerto. Tú la veías en la portada de TV Notas y pensabas que era una mujer libre, una reina del pop latino. Nunca te imaginaste que esa libertad era otra cosa. una niña de 7 años que nunca pudo procesar lo que le pasó en el consultorio de su padre, ahora convertida en una mujer de 22 años, repitiendo el trauma en cada hotel de México.
Cuando Nayo Escobar le preguntó si llegó a ser un vicio, Yuri respondió, “Claro y agregó algo que merece ser dicho con sus palabras exactas. dijo que si Dios no llegaba a su vida en ese tiempo, sí me vuelvo ninfómana. Tenía belleza, dinero, juventud y todos me miraban. Esa última frase es la confesión que ningún medio de espectáculos mexicano había logrado sacarle en 40 años.
Yuri reconoció con sus propias palabras que en su época de mayor éxito comercial usaba a los hombres y los hombres la usaban a ella y que lo hacía sin protección. Yo estaba medio happy day cada que me acostaba con los señores y nunca me cuidé. La palabra happy day en el contexto que ella usa significa, según la propia cantante, explicó después, ligeramente alcoholizada.
Yuri estaba bebiendo. Yuri se acostaba con quien quería. Yuri no se cuidaba. Y ahora viene la parte que duele. Yuri también dijo esto. No sé ni cómo es que no quedé embarazada. hubiera tenido hijos, así como un equipo de fútbol, y lo decía riéndose. Pero tú, que tienes 65 años y que criaste a tus propios hijos en una época donde no había pastillas del día siguiente y el aborto era una palabra que no se decía en voz alta, “Tú sabes que lo que esa mujer está describiendo no es una risa, es una herida. Una mujer
que a los 23 años ya no le importaba si quedaba embarazada. Una mujer que ya había soltado su propia vida. ¿Y quiénes eran esos hombres? Aquí Yuri ha sido más discreta, nunca ha dado nombres concretos, pero hay pistas en los archivos del espectáculo mexicano de los 80. Yuri tuvo romances documentados con Óscar Ati, con quien grabó el dúo y ahora juntos, en 1982, tuvo un noviazgo con Gabriel, integrante del grupo venezolano Los Chamos, con quienes filmó la película Canta Chamo.
Estuvo cerca, según rumores nunca confirmados, de Luis Miguel, aunque ella siempre ha dicho que solo eran amigos, y se casó en 1988. con Fernando Iriarte, hijo de la periodista Maxim Woodside, en una historia que terminó en escándalo y divorcio. Pero estos son los nombres que aparecen en las revistas, los que la prensa rosa pudo confirmar, los que entraban y salían por la puerta principal, los hombres a los que Yuri se refería con la frase, “Yo me acosté con mucha gente, no son estos, son los otros, los que entraban por la puerta de servicio, los
productores, los compositores, los ejecutivos, los promotores que decidían si una cantante sonaba o se quedaba afuera. El sistema Gamma, su disquera, el sistema Televisa, su televisora, los señores, ¿cómo los llamaba ella, cada que me acostaba con los señores. Esa es la industria que tú nunca viste, pero que alimentó toda la música que tú escuchaste en los años 80, la industria que te vendía un ídolo limpio en portada y por detrás la tenía en cada hotel de la Ciudad de México.
La industria que todas nosotras, las que comprábamos los discos, las que las veíamos en las revistas, alimentamos sin saberlo. Y todo este sistema, esta maquinaria, tenía un compositor estrella en 1984, un hombre joven, ambicioso, talentoso, un veracruzano como Yuri, que había sido el director artístico más joven en la historia de CBS México a los 24 años, que había fundado su propia disquera Arpegio, a los 26, que escribía canciones para Lucero, para Crrystal, para César Costa, para Lorenzo Antonio y que ese año 1984 le tenía una canción especial guardada
para una niña ciega a la que llevaba 3 años destruyendo. Pero un berrinche cambió todo y la canción terminó en manos de Yuri. El nombre de ese hombre era Sergio Gustavo Andrade Sánchez. Sergio Andrade. Y la canción que iba a definir la carrera de Yuri se llamaba Tiempos Mejores. Pero lo que pasó entre Yuri y ese hombre, lo que esa canción significaba realmente y por qué Yuri estuvo a un milímetro de terminar como otra mujer cuyo nombre, la Audiencia mexicana conoce de memoria.
Eso es lo que vamos a ver ahora. Y te advierto, lo que viene cambia completamente la forma en que vas a oír tiempos mejores la próxima vez que suene en una radio. Para entender lo que pasó con tiempos mejores, primero hay que entender quién era Sergio Andrade en 1984. Y para entender quién era Sergio Andrade, hay que entender el sistema que lo hizo posible.
La industria del espectáculo mexicano de los años 80 era un mundo cerrado. Tres o cuatro disqueras controlaban casi toda la música que llegaba a la radio. Televisa controlaba casi toda la televisión y un puñado de productores, compositores y ejecutivos decidían qué canción sonaba, qué cantante protagonizaba, qué cara aparecía en la portada de cuál revista.
Era un club, un club de hombres. Y para entrar al club, una mujer joven con voz tenía que aceptar las reglas no escritas del lugar. ¿Cuáles eran esas reglas? Yuri las explicó con una frase que dejaba poco margen para la interpretación. Cada que me acostaba con los señores, plural. Señores, no un señor. Los señores como si fueran una categoría, como si formaran parte del paisaje.
Los nombres de ese club tú los conoces a medias. Algunos los recuerdas de las portadas de notitas musicales y TV Notas. Otros los oíste en programas de radio, pero la mayoría operaban detrás de cámaras. Productores como Mariano Pérez en la disquera Gamma. compositores reconocidos del medio, ejecutivos de Televisa, cuyos nombres rara vez salían en los medios, promotores que armaban giras, decidían qué cantante habría, qué concierto, quién aparecía en qué telenovela, quién quedaba fuera del aire. Cada uno de estos hombres tenía un
poder enorme y cada uno, según los testimonios de mujeres que pasaron por esa industria, esperaba algo a cambio. No vamos a inventar acusaciones contra nadie en concreto. Yuri nunca dio nombres y este canal no inventa nombres, pero hay un patrón documentado repetido por cantantes, actrices, modelos, conductoras a lo largo de las últimas cuatro décadas.
El patrón se llama, en la jerga interna, la silla de productor. Una jovencita aspirante a cantante o actriz se sentaba frente a un productor en una oficina. El productor le decía que tenía potencial. La invitaba a una cena. La cena se convertía en una invitación a la habitación y la jovencita, según lo que aceptara o rechazara, entraba o no entraba al sistema.
Las que aceptaban podían empezar a trabajar. Las que rechazaban se iban a otra disquera, a otro productor, a probar suerte con otro hombre o se quedaban afuera para siempre. Ese sistema espectadora es el que produjo toda la música que tú escuchaste en los años 80 y 90. Ese sistema es el que explica por qué algunas mujeres tuvieron carreras largas y otras, igual de talentosas, desaparecieron en un año.
Ese sistema es el que la industria nunca ha querido desarmar del todo, porque desarmarlo significaría reconocer que las carreras de muchas de estas figuras se construyeron sobre el cuerpo de otras. Y dentro de ese sistema, en 1984 había un hombre joven, ambicioso, talentoso, que estaba aprendiendo a usarlo a su favor.
Su nombre era Sergio Andrade. Era veracruzano como Yuri. Había nacido en Coatzacalcos en 1955, lo que significa que en 1984, cuando se cruzó con la cantante para regalarle tiempos mejores, el hombre tenía 29 años, Yuri tenía 20. La diferencia de edad era de 9 años y para los estándares de la época no era nada. La diferencia que si era todo era otra.
Andrade ya tenía nombre dentro de la industria. Yuri todavía estaba construyendo el suyo. Él decidía, ella obedecía. Pero hay otra mujer en esta historia, una que vino antes que Yuri en la vida de Andrade y que pagó un precio mucho más alto. Su nombre es Gaudelia Díaz Romero, aunque tú probablemente la conociste por su nombre artístico, Cristal.
La cantante invidente que en los años 80 puso éxitos como Suavemente Parece, y no me pregunten por él en cada radio del país. Crrystal era ciega de nacimiento y Crrystal, según ella misma contó décadas después, fue pareja de Sergio Andrade durante 3 años en los primeros años 80 y vivieron juntos 6 meses. recuerda ese nombre, Cristal, porque sin ella tiempos mejores no habría existido.
Sin ella Sergio Andrade nunca habría escrito esa canción y sin ella la historia de Yuri habría sido completamente distinta. Crrystal lo contó hace pocos años en una entrevista con el periodista Gustavo Adolfo Infante. Ella iba a participar en el festival OTI de 1984. Andrade le había escrito una canción especialmente para su voz, una canción que en su letra contenía referencias a una mujer que no podía ver.
Frases que describían a una persona ciega. Crstal. Ya se sabía la canción, ya se la habían dado. Andrade era su pareja, su compositor y su manager al mismo tiempo. Y Crystal estaba a punto de lanzarse al estrellato internacional con esa canción hasta que cometió un error. Una noche, Crrystal fue a un concierto de Juan Gabriel y mientras Juan Gabriel cantaba, “Me conformo mi amor”, Crstal le regaló una flor, solo una flor, un gesto, un detalle de admiración entre artistas.
Andrade lo vio. Andrade se enloqueció y según Cristal, esa misma noche Andrade le hizo lo que ya le venía haciendo. La gritó, la amenazó, la castigó. Pero esta vez el castigo fue más allá. Andrade le quitó la canción. Pasaron las semanas. Crrystal preguntaba cuándo iban a grabar el tema para Eloti y Andrade le decía que no, que no se iba a grabar, que no era para ella.
Hasta que un día Crystal prendió la televisión y oyó. Siempre vendrán tiempos mejores. La canción que había sido suya, la que estaba escrita para una mujer ciega, ahora estaba siendo cantada por otra, una jovencita rubia, veracruzana llamada Yuri. Crystal lo dijo así con sus propias palabras: “Hijo de P.” Esa fue su reacción al darse cuenta de que su pareja, su compositor, su manager, el hombre con el que había vivido 3 años, le había robado su canción y se la había dado a otra mujer como castigo por un gesto inocente con
Juan Gabriel. Yuri, mientras tanto, no sabía nada de esto. Yuri solo recibió una canción, la aprendió, la cantó, ganó el festival OTI Nacional con ella, quedó en tercer lugar internacional y tiempos mejores se convirtió en uno de los temas más recordados de su carrera. Tú la cantaste en tu sala, en tu radio, en tu carro.
Nunca te imaginaste que la letra que estabas cantando estaba escrita para una mujer ciega, una mujer que su mismo compositor estaba destruyendo en privado. Nunca te imaginaste que la melodía que a ti te parecía tan bonita era en realidad una herida. Y aquí viene la parte más importante de toda esta historia, la que duele, la que cambia para siempre la forma en que tienes que escuchar la voz de Yuri.
Aquí viene lo segundo que te prometí. Y antes de entrar, quiero que pienses en una cosa. Quizá tú nunca has estado en la órbita de un hombre así, pero quizá conoces a alguna mujer que sí, una hija, una sobrina, una amiga, una vecina, una mujer que entró a la órbita de un hombre que parecía un benefactor y resultó ser otra cosa.
Una mujer a la que ese hombre le ofreció abrirle puertas y la mujer aceptó. Porque cuando una mujer joven necesita oportunidades en una industria difícil, los hombres que ofrecen abrir puertas son los que más miedo dan y los que más se aprovechan. Lo que vas a escuchar ahora es la historia de cómo Yuri estuvo a un paso de quedarse en esa órbita para siempre.
Después del éxito de tiempos mejores, Sergio Andrade quería seguir trabajando con Yuri. La canción había funcionado, la había puesto en el ojo internacional y según fuentes de la industria de la época, Andrade tenía planes para una colaboración más larga con la cantante veracruzana, más canciones, producción discográfica.
Quizá también ser su manager. Era el mismo modelo que iba a aplicar después con otras artistas. Una jovencita con potencial, un compositor que la rodea por completo, un sistema cerrado donde el hombre decide y la mujer obedece. Pero algo pasó y aquí no hay documentación pública clara. Lo que sí se sabe es que esa colaboración nunca se prolongó.
Yuri grabó tiempos mejores en el EP que discos Gama lanzó al mercado y luego nada. La relación profesional con Andrade se cortó. Algunas fuentes apuntan a que la madre dulce, la misma madre dulce que la había vendido al sistema desde los 12 años, esta vez intervino, que vio algo en ese hombre que no le gustó, que sintió el patrón y que decidió alejar a su hija.
La misma mujer que la había privado de su beca al Bolshoy, la misma que la había metido en la maquinaria de Televisa siendo una niña, esta vez salvó a su hija de una jaula peor. Lo que pasó después con Sergio Andrade, tú lo sabes. Andrade conoció a Gloria Treviño, una jovencita de Monterrey. La rebautizó como Gloria Trevi.
Le cambió el peinado, el vestuario, la imagen y a su alrededor armó lo que la prensa llamaría después el clan Trevi Andrade, un grupo de niñas y adolescentes a las que Andrade reclutaba con la promesa de hacerlas famosas. Niñas a las que separaba de sus familias, a las que aislaba, a las que sometía, niñas que después denunciarían en los tribunales de Chihuahua los abusos sistemáticos, niñas que dieron su testimonio bajo juramento, niñas como Karina y Apor.
Y entre esas niñas, en otra realidad, en otro destino, podría haber estado Yuri. no estuvo por un milímetro, por una decisión de una mujer que la había hecho sufrir de otras maneras, pero que en ese momento específico hizo lo único que podía haberla salvado. Sergio Andrade fue arrestado en Brasil en el año 2000.
Estuvo prófugo durante meses. Una orden de captura internacional de Interpol lo encontró. Fue extraditado a México en 2003 y en 2005 fue declarado culpable. Lo condenaron a 7 años y 10 meses de prisión por los delitos de rapto, violación agravada y corrupción de menores. Cuando salió en 2007, Yuri ya era una mujer reconvertida, una pastora evangélica, una mujer que había encontrado a Dios y que sabía, aunque nunca lo dijera en voz alta, que el hombre que había escrito su canción más famosa era el mismo hombre.
que Dios la había salvado de tener cerca. La pregunta que cualquier persona razonable se hace al leer esto es la siguiente. Yuri sabía Yuri sabía lo que estaba pasando con Crystal en privado. Yuri sabía lo que Andrade era. Y la respuesta honesta es que no lo sabemos. Yuri nunca ha hablado en público sobre Sergio Andrade, nunca ha dado una entrevista donde mencione su nombre.
Nunca ha dicho una palabra sobre tiempos mejores en relación con el compositor. Es como si esa parte de su historia hubiera sido borrada, como si la canción hubiera caído del cielo, como si el hombre que la escribió no existiera. Hay que entenderlo. Cuando Andrade fue condenado en 2005, Yuri llevaba 10 años apartada de la música secular predicando el evangelio.
La canción Tiempos Mejores, su éxito más identificado en festivales era un recordatorio incómodo. La cantante eligió el silencio y los productores que armaron sus discos recopilatorios eligieron el mismo silencio. La canción se sigue cantando en sus conciertos, pero el nombre del compositor no se menciona casi nunca. Y ese silencio es parte de la historia, es parte del mecanismo del que estamos hablando.
La industria del espectáculo mexicano protege a sus figuras y borra los nombres incómodos. Crrystal lleva décadas contando su historia, pero Crystal nunca ha sido portada de ola. Yuri. Sí. Y eso también dice algo sobre cómo funciona el sistema. Espectadora, tú que compraste esos discos, tú que fuiste a esos conciertos, tú que tenías la radio prendida todo el día en aquellos años, tú también estuviste dentro del mecanismo sin saberlo, porque los discos que tú comprabas pagaban los hoteles donde pasaban las cosas que nunca llegaban a las revistas. Porque tu fe en esas
figuras les daba el poder de seguir, no para echarte la culpa, nunca, porque tú no podías saber, pero para que entiendas que el sistema incluía a todos, a los que compraban, a los que vendían, a los que callaban y que toda una sociedad alimentaba la maquinaria, que a Yuri le arrancó la voz. Antes de que sigamos, quiero hacer una pausa rápida.
Si esta historia te está atrapando, si sientes que estas son las verdades que llevabas años queriendo entender sobre las mujeres que te acompañaron toda la vida, hay algo que puedes hacer y que ayuda mucho a este canal. Suscríbete, activa la campanita, comenta cuál fue tu canción favorita de Yuri. Comenta dónde estabas cuando la oíste por primera vez.
Esos comentarios son lo que mantiene esta familia viva. Esto que estamos haciendo aquí no es chisme de revista, es memoria, es justicia, es darle nombre a las víctimas que el sistema borró y eso solo se puede hacer si seguimos creciendo juntas. Gracias por estar aquí. Vamos a seguir. Mientras todo esto pasaba con Andrade en silencio, la vida pública de Yuri seguía rodando como una bola de fuego.
En 1985, la cantante firmó con Emy. Grabó el álbum Yo te pido amor, que la nominó al premio Grammy. Apareció en la revista Playboy bajo la lente del fotógrafo Pompeo Posar. Aunque nunca se desnudó, las ventas de la revista batieron récords. Yuri se convirtió en la primera hispanoamericana en aparecer en una portada de Playboy.
¿Tú te acuerdas de esa portada? Se hablaba de ella en la escuela, en el trabajo, en la casa. Era un escándalo. Una niña que hasta hace poco había sido vecinita de Televisa, ahora posaba en ropa interior para una revista que en muchas casas estaba prohibida. En 1986, la vida pública de Yuri se sacudió de otra manera.
La cantante, que para ese momento tenía 21 años y seguía atada al control absoluto de su madre dulce, se enamoró del hombre equivocado, según la familia, pero del hombre que se cruzó en su camino. Su nombre era Fernando Iriarte. Era hijo de la periodista Maxim Goodide, una de las mujeres más poderosas del periodismo de espectáculos de México.
Era católico y la familia de Yuri era adventista, una denominación cristiana protestante que prohibía el matrimonio fuera de la fe. Para los padres de Yuri, ese noviazgo era inaceptable. Pero Yuri ya no era una niña y por primera vez en su vida tomó una decisión sin consultar a Dulce. El 19 de mayo de 1986, Yuri se presentó en la entrega de los premios de binovelas.
Cantó a dueto con su amigo Luis Miguel. Y al terminar su presentación, mientras todos pensaban que iba al baño, Yuri se escapó por una salida de emergencia. Fernando Iriarte la esperaba afuera. Habían planeado todo. Yuri dejó una nota a su hermana Yamili. decía que no se preocuparan, que se iba para ser feliz y se fue. Luis Miguel los ayudó.
El cantante, que en esa época era amigo cercano de Yuri, les prestó un departamento para que se escondieran de la familia y de la prensa. La luna de miel improvisada transcurrió en secreto. Dulce, la madre, según una sobrina de Yuri llamada Katia Valenzuela, fue a buscar a Maxim Woodside con una rabia que nunca antes había mostrado.
“Le fue a vaciar toda una metralleta a Maxine”, contó Katia años después. La mujer culpaba a la madre del novio por haber permitido la fuga. El 20 de enero de 1988, Yuri y Fernando se casaron por la Iglesia Católica en la parroquia de San Felipe en San Jerónimo, Ciudad de México. Para que eso fuera posible, Yuri tuvo que renunciar al adventismo de su familia y bautizarse como católica.
Hizo su primera comunión a los 22 años. Una amiga de Maxim Woodside fue su madrina del rito y la madrina de bodas fue Paty Chapoy. Sí, la misma Paty Chapoy de Ventaneando. El padre de Yuri, el doctor Valenzuela, asistió a la boda. La madre Dulce no. Después del casamiento, Dulce dejó de ser la manager de su hija y Fernando Iriarte tomó ese papel.
Pero el matrimonio no funcionó. Yuri lo reconoció después. Siento que nunca lo amé, dijo años después. Fue para salir de mi casa. Lo quise mucho, pero no lo amé. Fue mejor manager que esposo. Lo hizo excelentemente bien. En 1990, dos años después de la boda católica, Yuri y Fernando Iriarte se divorciaron. Yuri lanzó ese año un álbum llamado Soy libre, con el que cualquier persona con ojos podía leer entre líneas.
La cantante salió del matrimonio y entró, sin saberlo, en los años más oscuros de su vida. Porque mientras todo esto pasaba en la portada de las revistas, en privado, dentro del cuerpo de Yuri, algo se estaba pudriendo. Esos hombres con los que se había acostado entre los años 82 y los años 89. Esos productores, esos ejecutivos, esos compañeros de elenco, esos compositores que nunca tuvieron nombre en las páginas de chismes, le habían dejado algo y ese algo iba a empezar a manifestarse a partir de 1993.
iba a explotarle en 1995 y por poco la mata. Recuerda el año 1995. Es el año del balcón. Pero antes del balcón hubo un programa, una telenovela, un compañero de elenco llamado Chayan y 35 escenas diarias que terminarían rompiendo a Yuri por dentro. Esa es la historia que viene ahora. 1994. Yuri tiene 30 años, está oficialmente en la cima.
Acaba de divorciarse de Fernando Iriarte. Acaba de regresar al sello Gamma. Es reina del carnaval de Veracruz y Televisa le ha hecho una oferta que no puede rechazar. protagonizar una telenovela importante, la mejor que le habían ofrecido. Se llama Volver a empezar. El galán es Chayán. La van a transmitir en horario estelar y el productor le pide algo que en la industria de las telenovelas mexicanas era normal, pero brutal.
30 a 40 escenas diarias de lunes a viernes sin descanso. Yuri aceptó y aceptó algo más. Mientras grababa la telenovela durante toda la semana, los fines de semana iba a salir a dar conciertos. La gira coincidía con el lanzamiento de su álbum Nueva Era y con el éxito de Detrás de mi ventana, la canción de Ricardo Arjona, que se había convertido en uno de sus temas más populares.
Yuri trabajaba 7 días a la semana, dormía 4 horas por noche, cantaba, actuaba, volaba y entre vuelo y vuelo, entre escena y escena, su cuerpo se iba apagando. Lo describió ella misma años después. Cuando terminaron las grabaciones, entré en depresión. Se me cayó todo, el cabello, las uñas, perdí la voz y estaba envejeciendo más rápido de lo normal.
Tú has visto eso en mujeres de tu edad, esa sombra que le cae a una amiga, a una hermana, a una hija, cuando la vida le pide más de lo que el cuerpo puede dar. Tú lo has sentido tú misma. Ese momento en que el espejo te devuelve una cara que no reconoces, un cabello que se te queda en la mano cada mañana, unas ojeras que no se quitan con nada.
Eso que le pasó a Yuri a los 30 años es lo mismo que nos ha pasado a nosotras en momentos difíciles de la vida. con una diferencia. Ella tenía que salir en cámara al día siguiente y sonreír. Cuando terminó la telenovela en 1995, Yuri fue al médico. La voz se le había ido por completo. Llevaba semanas sin poder cantar, sin poder hablar bien.
El especialista le hizo estudios y le encontraron tumores en las cuerdas vocales. eran tumores benignos según los exámenes. Pero el médico le dijo algo que Yuri recordaría siempre, que si esos exámenes se hubieran hecho dos meses más tarde, habrían encontrado algo más grave. Yuri se retiró, se cerró en su casa.
Le dijeron que necesitaba 7 meses sin hablar, 7 meses de silencio. La cantante, que había llenado los oídos de medio continente con su voz, ahora no podía pronunciar una palabra. Tenía que comunicarse con una libreta. tenía que escribir lo que quería decir. Y mientras escribía, mientras esperaba que el cuerpo se le sanara, mientras los meses pasaban sin que ella pudiera trabajar, todo lo demás empezó a derrumbarse.
Las llamadas de Televisa dejaron de llegar. Los productores que la buscaban para discos cambiaron de número. Los amigos que la tenían en el grupo de WhatsApp del momento, si esa hubiera sido la época de WhatsApp, se fueron yendo. Yuri, que durante 15 años había estado rodeada de gente que la quería por su voz, ahora descubría que sin voz no había nada, que esa gente nunca había estado por ella, habían estado por lo que ella podía darles.
Y entonces fue el segundo diagnóstico, el que nadie esperaba, el que cambió todo. Aquí viene lo tercero que te prometí. Y antes de entrar quiero pedirte algo. Si en algún momento de tu vida tú has callado un dolor para no incomodar a nadie, si tú has cargado en tu cuerpo cosas que nunca pudiste decir en voz alta.
Si tú has sentido vergüenza de algo que no fue culpa tuya, sino de quienes se aprovecharon de tu cuerpo o de tu confianza, entonces lo que vas a escuchar ahora va a tocarte de una manera que quizá no esperabas, porque esto que le pasó a Yuri es lo mismo que le pasa a millones de mujeres mexicanas, latinoamericanas, mujeres de todas las edades.
Lo que cambia es que Yuri lo dijo, la mayoría no. El segundo diagnóstico llegó cuando los médicos, viendo que los problemas de salud de Yuri no se reducían a la voz, le hicieron estudios completos, análisis ginecológicos, pruebas de cuello uterino y encontraron algo. Yuri tenía papiloma humano, la variedad de alto riesgo, la que en pocos meses puede convertirse en cáncer cervicouterino.
Yuri lo dijo años después con sus palabras exactas, llegue a tener papiloma cervicuterino, casi cáncer. Sí, casi me mata. Yuri sabía exactamente cómo le había llegado. Lo dijo también con palabras crudas. Porque yo estaba Happy Day y me gustaba acostarme con los señores y nunca me cuidé.
10 años de relaciones sin protección. con hombres cuya identidad ella nunca reveló, 10 años de lo mío era el cariñito y al final el regalo que le dejaron los señores de la industria, un virus que casi la mata. Siéntate un momento, respira, porque lo que acabo de decirte no es un detalle menor, es la historia de una mujer mexicana de 31 años que en 1995 estaba recibiendo la noticia de que probablemente tenía cáncer por haber sido pasada de mano en mano entre los hombres poderosos de su prócido industria. Eso no se le contó a nadie en
aquel momento. La revista Hola, no lo dijo. TV y novelas no lo dijo. Nadie lo dijo. Yuri lo tuvo que llevar sola en el silencio de sus 7 meses sin voz. Y aquí es cuando aparece el balcón. Yuri lo contó en una entrevista con la periodista Mara Patricia Castañeda en su canal de YouTube. Le preguntaron si en algún momento de esa soledad pensó en quitarse la vida.
La respuesta de Yuri fue inmediata. Uy, sí, por supuesto, cuando perdí la voz. El intento concreto, según el testimonio de la propia cantante, fue lanzarse desde un balcón. La altura, la casa, el momento exacto. Esos detalles ella nunca los ha precisado en público, pero el hecho está confirmado. Yuri estuvo a un paso del vacío.
Lo que la detuvo, según ha dicho ella misma en múltiples ocasiones, fue una fracción de segundo, una vacilación, un pensamiento que no recuerda con claridad algo que ella interpreta fue la mano de Dios. Algo que antes que esa interpretación religiosa fue simplemente el instinto de una mujer de 31 años que en el último segundo decidió no morirse.
Cuando se alejó del balcón, Yuri se sentó, lloró y según ha contado, fue ahí cuando entendió por primera vez que tenía que hacer algo radical con su vida, que no podía seguir así, que el cuerpo le estaba avisando, que la voz se le había ido por una razón, que el papiloma se le había metido por otra razón, que los hombres con los que se había acostado durante 10 años no la habían querido nunca y que ella tampoco se había querido a sí misma.
Pero hay otra cosa que Yuri ha contado y aquí es donde la tercera promesa cierra el círculo. Yuri, en una conversación con sus compañeras del reality show, donde participó hace pocos años, recordó que el origen de toda esa hipersexualización temprana, de esa adicción al sexo de la que hablaba en el podcast con Nayo Escobar, no estaba en sus 20 años, estaba antes.

estaba en aquella tarde en el consultorio de su padre cuando tenía 7 años. Lo dijo con sus propias palabras. Aquel episodio la llevó a tener un interés por la vida sexual a una edad muy temprana. Escúchalo bien. Una niña de 7 años que fue tocada por un adulto en el consultorio de su propio padre. Una niña que no pudo procesar lo que le pasó.
una niña que creció y a los 17 años ya había aprendido a usar su cuerpo para negociar en la industria. Una mujer que a los 23 años le decía a su equipo, “Tráiganme a ese hombre, una mujer que a los 31 años estaba en un balcón porque su cuerpo no le había perdonado lo que ella había hecho con él.
Todo empezó aquel día con un hombre que le ofreció un dulce. Yuri ha dicho que ella no tiene rencor a su padre y eso es importante reconocerlo. El doctor Valenzuela no fue el agresor, fue de hecho, el que defendió a la niña, el que casi se muere de un coma diabético cuando se enteró, el que golpeó al hombre y lo metió a la cárcel. Yuri amaba a su padre y cuando el doctor falleció en marzo de 2007 en Cárdenas, Tabasco, a los 78 años por un paro cardíaco, Yuri voló desde Miami para despedirlo. Lo cremaron en Tabasco.
Yuri se quedó con las cenizas hasta que se les asignó un lugar. Pero hay algo más que Yuri ha reconocido. Su padre tenía una vida que ella, ya adulta, terminó investigando. El doctor Valenzuela era infiel. Yuri lo contó en una entrevista con Jordi Rosado. Mi papá no se portaba muy bien que digamos.
Era muy coqueto, doctor, guapo, ojo verde, pelo negro, chispeante, y agregó que su madre dulce lo descubría con las enfermeras, que las discusiones eran constantes, que el padre fue perdiendo trabajos por culpa de esos romances paralelos. Yuri, ya grande, viajó a uno de los hospitales donde había trabajado su padre en Veracruz y le preguntó a una mujer que reconoció el apellido.
La mujer le confirmó lo que Yuri ya sospechaba. Piénsalo. Una niña que creció viendo a su madre llorar por las infidelidades del padre. Una niña que a los 7 años fue tocada por un paciente en el mismo consultorio donde su padre coqueteaba con las enfermeras. Una niña que aprendió de los adultos de su casa, que el cuerpo era moneda, que los hombres tomaban lo que querían, que las mujeres callaban.
una niña que creció con ese guion grabado y que a los 20 años lo reprodujo en cada hotel de la industria porque nadie le había enseñado otra manera. Hay algo más sobre esos 7 meses sin voz que la propia Yuri ha contado en pocos lugares y que hay que decirlo aquí durante ese encierro, mientras los tumores se le iban achicando con los tratamientos, mientras el papiloma avanzaba lento y ella se sometía a cauterizaciones dolorosas que ella misma describió como muy feo, muy delicado.
Yuri pasaba las noches en vela. La depresión se había instalado. La cantante perdió cabello. Se le rompieron las uñas. Bajó muchísimo de peso. Se miraba al espejo y, según ha dicho, no se reconocía. La mujer que durante 15 años había sido portada estaba ahora envejeciendo, según sus palabras, más rápido de lo normal.
Y pasó algo que muchas mujeres mexicanas de esa generación entienden de inmediato. Yuri estaba sola, pero no en el sentido de no tener a nadie alrededor. Estaba sola en otro sentido. El sentido en que una mujer está sola cuando tiene que cargar con un dolor que la sociedad le dice que no puede contar. Yuri no podía decirle a la prensa rosa que tenía papiloma.
la habrían destruido. Yuri no podía decirle a sus fans que había intentado quitarse la vida, habrían dejado de comprar sus discos. Yuri no podía decirle a su madre, con quien apenas se estaba reconciliando, todo lo que había hecho con su cuerpo en los años 80 habría sido demasiado. Yuri tenía cosas que decir y nadie a quien decírselas.
Tú has estado ahí. en una casa llena de gente y sola, en un matrimonio largo y sola. En una fiesta familiar y sola. Esa soledad que tiene que ver con la imposibilidad de decir en voz alta lo que te pasa. Eso es lo que Yuri vivía en 1995 y eso es lo que la llevó al balcón. Y antes del balcón, Yuri intentó otras cosas. Se encerró durante días enteros.
Lloraba todas las mañanas, según ella misma contó. Le hablaba a Dios, no al Dios de la familia, ni al Dios católico que había abrazado por hiriarte. Le hablaba a un Dios sin nombre, le pedía que la sacara, que le diera una salida, cualquier salida. Y según Yuri, en uno de esos momentos, escuchó algo, algo que ella desde su nuevo lenguaje cristiano llamaría después la presencia, algo que en términos psicológicos se llama de muchas otras maneras, pero el efecto fue el mismo.
Yuri sintió que no estaba sola y eso en ese momento fue lo único que necesitaba. Yuri salió de la depresión muy lentamente. La voz le volvió. Tardó casi un año en poder cantar de nuevo a niveles aceptables, pero la voz cuando le volvió ya no era exactamente la misma. Algunos rangos los había perdido. Algunas notas que antes le salían con facilidad ahora le costaban.
La cantante de [ __ ] primavera había muerto en aquel balcón y la mujer que se levantó después era otra. Lo que pasó después es uno de los giros más extraños de la historia del espectáculo mexicano. Yuri se apartó de todo. Dejó la música pop, dejó los conciertos masivos, dejó la vida de los hoteles, los aviones y los señores, y se metió en otro mundo, uno que para muchos de sus fans inexplicable.
Yuri dejó la Iglesia Católica a la que se había convertido para casarse con Iriarte y volvió a la fe protestante de su familia, pero no a la denominación adventista de dulce, sino al cristianismo evangélico. Una vertiente más fervorosa, más participativa, más comunitaria. Empezó a ir a una iglesia evangélica a cantar con grupos cristianos.
Y en ese ambiente, en 1994, conoció a un hombre, un cantante chileno, un evangélico practicante y un hombre que por primera vez en la vida de Yuri, no la miraba como a un cuerpo, la miraba como a una mujer. Su nombre era Rodrigo Espinoza y la historia que viene con él es lo que cambió completamente lo que Yuri iba a ser durante los siguientes 30 años de su vida.
Pero antes de que terminemos esta historia, antes del cierre, hay algo que tienes que saber, un detalle final que Yuri descubrió en el año 2000 y que lo confirmó todo cuando Yuri abrió un periódico esa mañana de septiembre de 2000. leyó algo que la hizo sentarse, que la hizo llorar y que la hizo, según una persona cercana a la cantante, ir directamente a su iglesia a dar gracias.
Lo que leyó fue un titular sobre la captura de Sergio Andrade en Brasil. El hombre que le había dado tiempos mejores estaba acusado de violación de menores y de haber armado durante años un sistema cerrado donde abusaba de niñas que reclutaba con la promesa de hacerlas famosas. Yuri entendió en ese momento, leyendo ese titular, lo cerca que había estado de ser una de esas niñas.
Lo entendió todo y entendió también que eran realmente los tiempos mejores que ella llevaba. 16 años cantando. Porque la canción que la había consagrado, la que la espectadora mexicana cantó tantas veces, había sido escrita por un hombre como amenaza a otra mujer y Yuri la había cantado sin saberlo.
Y los tiempos mejores del estribillo nunca habían sido una promesa romántica, habían sido una sentencia. Esto es lo último que te prometí. y duele. Pero hay que decirlo entero. Aquí viene lo cuarto que te prometí. Y es la verdad detrás de la conversión religiosa de Yuri. Una verdad que el público recibió como un giro espiritual de una mujer que había encontrado a Dios y que en realidad fue otra cosa, mucho más concreta, mucho más humana, algo que cualquier mujer que ha estado al borde del abismo entiende sin necesidad de explicación.
La conversión de Yuri al cristianismo evangélico en 1994 tuvo poco que ver con una iluminación espiritual. Fue ante todo una salida concreta de un mundo que la estaba matando. Yuri necesitaba un lugar donde nadie supiera quién era, una comunidad que la mirara como persona en lugar de como producto. Un hombre, si era que iba a haber otro hombre en su vida que viniera de fuera de la industria, alguien que no la viera como portada ni como negocio.
Y la iglesia evangélica le dio todo eso al mismo tiempo. Rodrigo Espinoza era cantante chileno, cristiano evangélico, un hombre serio, 30 años, modesto, con una fe profunda. Yuri lo conoció en el festival de Viña del Mar en 1994, mientras compartían escenario con el grupo Aleste. Hablaron poco esa noche. Yuri estaba todavía casada en papeles con Iriarte, aunque ya separada de hecho.
Y Rodrigo era un hombre que respetaba esa situación. No la cortejó como hacían los demás hombres del medio, la trató como persona, le habló de música, le contó de su vida en Chile y eso para Yuri era un descubrimiento. Cuando los problemas de salud explotaron, cuando Yuri se vio frente al balcón en 1995, Rodrigo apareció como la posibilidad de una vida diferente.
Yuri se mudó, cambió de círculo, empezó a ir a la iglesia evangélica, dejó de salir con la gente del medio y en 1995, ese mismo año del balcón, ese año de los tumores en las cuerdas vocales, ese año del diagnóstico de papiloma, Yuri se casó con Rodrigo Espinoza. Llevan 31 años de matrimonio. Han adoptado a una hija.
La niña se llama Camila y la adoptaron en 2009 cuando ella tenía 7 meses. Rodrigo es hoy pastor evangélico. Yuri colabora en su ministerio y la mujer que en los años 80 era símbolo del pop y del exceso es hoy una figura del cristianismo latinoamericano. Tú habrás pensado durante todos estos años que Yuri se volvió mojigata, que cambió, que se transformó, que encontró a Dios y por eso todo.
Ahora ya sabes que lo que pasó fue otra cosa. una mujer que estaba a punto de morirse, que encontró a un hombre que no era como los demás, que entró a un mundo donde la norma era el control de sí misma, no el descontrol, y que usó la religión como la tabla de salvación que la sacó del agua. Si hubiera sido budismo, habría sido budismo.
Si hubiera sido yoga, habría sido yoga. Habría sido yoga. Le tocó el cristianismo evangélico y le funcionó. Eso es lo que pasó. Pero hay algo más, algo que Yuri ha confesado en muchas entrevistas y que pocos han querido escuchar. La conversión no la curó del todo. Yuri lo dijo con sus palabras exactas. Si yo me alejo de Dios, me voy a las andadas, porque mi carne está viciada.
Yo la vicié. Es como el drogadicto o el alcohólico. Dale tantito alcohol y enseguida te va a pedir la droga. Esa confesión es brutal. Yuri reconoce que la adicción al sexo, esa adicción que ella misma desarrolló por culpa del trauma de los 7 años, no se ha ido nunca del todo. Que sigue ahí dormida, que un descuido la podría reactivar.
Yuri contó incluso un episodio reciente, que un día fue al foro de Televisa sin su esposo y se encontró por casualidad con tres exparejas en la misma tarde. Una de ellas, un hombre que ella siempre había deseado y nunca había logrado tener. Yuri sintió como su cuerpo reaccionaba, como la carne tiene memoria. llegó a temblar y según ella lo único que la salvó esa tarde fue que estaba grabando un programa con el burro Van Ranking y Esteban Arce, quienes la vieron mal y la ayudaron a salir del foro. Yuri llegó a su casa y le dijo a
Rodrigo, su esposo, una frase que define todo. Es la última vez que me dejas sola. Sí, una mujer de 55 años. cristiana, casada, madre, pastora, hablando así de sí misma. Una mujer que entiende que la herida que le hicieron a los 7 años nunca se cierra por completo, que solo se puede contener.
Eso es lo que la religión es para Yuri, no un parágrafo de devoción. Es la cadena que ella misma se puso para no volver al fondo. Y todo este tiempo, mientras Yuri reconstruía su vida en una cárcel de Chihuahua, Sergio Andrade contaba los días. La justicia mexicana lo extraditó desde Brasil en 2003. Lo condenaron en 2005 a 7 años y 10 meses por rapto, violación agravada y corrupción de menores.
Salió en 2007 después de cumplir parte de la pena y la cantante a la que él había dado su tema más recordado, Yuri, llevaba en ese momento 12 años fuera del mundo en el que él se movía. Lo que pudo haber sido, lo que casi fue, ya no fue. Yuri ha hablado de Andrade alguna vez. La respuesta sigue siendo no. En todas las entrevistas, en todas las apariciones públicas, en todos los programas de espectáculos donde le han preguntado por sus inicios, Yuri habla de tiempos mejores, pero nunca menciona al compositor.
Es una omisión sistemática y es quizá la única forma que ella encontró de cerrar ese capítulo. Algunas mujeres logran hablar, otras solo logran callar. Yuri, después de haber hablado de tantas cosas eligió callar de Sergio Andrade y ese silencio, en este caso, es elocuente. Espectadora, aquí hay una lección profunda sobre cómo funciona la industria del espectáculo, porque los hombres poderosos no desaparecen, se reciclan, se esconden, cumplen sus condenas y salen.
Y las mujeres que fueron sus víctimas o sus casi víctimas se quedan con ese silencio toda la vida. Sergio Andrade tiene hoy 70 años, está libre, escribe libros, publica poesía y cada vez que una radio pone tiempos mejores, él cobra regalías como compositor, las regalías de la canción que le quitó a Crystal y le dio a Yuri. Eso es lo que la industria no ha querido tocar.
Crystal, la cantante invidente, que había sido la verdadera dueña de tiempos mejores, siguió cantando hasta los 90. Sus discos vendían menos, sus presentaciones eran más pequeñas, pero siguió. Y a partir del año 2000, cuando Andrade cayó, Crystal empezó a contar su historia en entrevistas con Mara Patricia Castañeda, con Gustavo Adolfo Infante, con varios programas de espectáculos.
La industria la escuchó con cautela. La prensa rosa la trató como a una víctima incómoda, pero Crrystal nunca dejó de hablar y Crystal tenía una amiga que la apoyó en esos años difíciles, una amiga que no había olvidado, a pesar de las burlas de la industria, que ella también había sido maltratada por Andrade, que esa amiga se llamaba Juan Gabriel, el mismo Juan Gabriel, a quien Crrystal le había regalado una flor 1984 y por esa flor había perdido su canción.
Juan Gabriel fue quien le dio fuerza a Crrystal para separarse de Andrade y cuando Crystal estuvo hundida, Juan Gabriel la apoyó. Eso también es parte de la historia, la solidaridad debajo de la industria, la red de protección informal que muchas mujeres tuvieron porque no podían contar con las revistas ni con las disqueras.
¿Y qué pasó con la madre de Yuri, Dulce Cansecoo? la mujer que la había privado de la beca al Bolsoy, la que la había metido en la maquinaria de Televisa siendo niña, la que, sin embargo, había sido también la que la había sacado de la órbita de Sergio Andrade, dulce, vivió hasta 2015. En sus últimos años, Yuri y ella se reconciliaron.
Yuri lo contó. hablamos mucho tiempo de eso. Me decía, “Sí, hija. Lo que pasa es que yo no quería que a ti te pasaran cosas que a mí me pasaron. No querían que te dañaran como tu papá me dañó. Exageré. Ahí fue cuando nos perdonamos.” Escúchalo bien. La madre le dijo a la hija que lo había hecho por miedo, que no quería que le pasaran a Yuri las cosas que a ella le habían pasado con su propio marido infiel.
Es una confesión enorme, una madre que se da cuenta al final de su vida que la vida que le construyó a su hija fue una reproducción de sus propios miedos, una madre que pidió perdón y una hija que lo dio. Porque a estas alturas de la vida, Yuri ya sabía que nadie la había dañado por maldad.
La habían dañado por miedo, por ignorancia, por las reglas de una sociedad que trataba a las mujeres como cosas. Y los hermanos de Yuri, Carlos Valenzuela Canseco, el médico, hermano mayor de Yuri, murió en marzo de 2013. Lo atropelló una unidad del metrobús en avenida Insurgentes en la ciudad de México. Tenía 50 años.
Yuri lo lloró en público. Yamili, la hermana menor, también cantante, sigue viva y mantiene una buena relación con la familia. La sobrina Katia Valenzuela, hija de Carlos, ha contado fragmentos de la historia familiar en entrevistas posteriores. Y Fernando Iriarte, el primer marido, falleció el 10 de noviembre de 2022 por un infarto fulminante. Tenía 61 años.
Maxine Woodside, su madre, comunicó la noticia con dolor y Yuri llamó a la periodista para darle el pésame. La relación entre la cantante y la que fue su exsuegra, después de los rencores iniciales, se había vuelto cordial. Yuri ha dicho que lo recuerda con cariño, aunque como ella misma reconoció, nunca lo amó realmente.
Y la voz, la voz de Yuri sí volvió, aunque distinta. La cantante grabó música cristiana durante el resto de los años 90. Lanzó Más fuerte que la vida. En 1997, su película autobiográfica Yuri, Mi verdadera historia, se estrenó ese mismo año y causó polémica por las escenas de su relación tensa con la familia.
En 2002, Yuri regresó a la música pop enamorada y desde entonces ha grabado discos, ha hecho giras, ha aparecido en realities, ha sido jurado de programas de talento. En 2018, la Academia Latina de Artes y Ciencias de la Grabación le entregó el premio Gramy a la excelencia musical en Las Vegas.
Yuri se convirtió en la primera artista de Veracruz en ganar ese galardón y en una de las más jóvenes en recibirlo con 54 años. La carrera siguió. La voz se acomodó a sus nuevos límites y Yuri, esa Yuri, que hoy sale en programas de televisión hablando de su fe, de su matrimonio, de su hija adoptada, ya no es la misma que en 1995 estuvo a punto de saltar por un balcón, aunque como ella misma ha confesado, esa otra mujer sigue dormida adentro y solo el cuidado constante, solo la cadena que se puso a sí misma evita que despierte
Ado. Tú que la ves hoy en la televisión hablando de Dios, tú que la oyes contar cosas que te parecen escandalosas, pero que tienen un fondo de verdad que otras no se atreven a contar. Tú ahora sabes por qué habla así, por qué dice cosas que otros callan. ¿Por qué es tan directa sobre el sexo, sobre el cuerpo, sobre los hombres? No es por escándalo, es porque a los 31 años estuvo en un balcón.
Y cuando una mujer ha estado en un balcón, lo que le parece incómodo a la prensa ya no le importa. Lo que le parece indecente a la sociedad ya no le importa porque ya sabe lo que es estar del otro lado. Y volvemos al principio, a esa noche de 1995, a esa mansión de la Ciudad de México, al balcón. Yuri tiene 31 años, lleva 7 meses sin poder hablar.
Acaba de saber que casi tuvo cáncer. Está sola. La industria que la creó la abandonó cuando perdió la voz. Los hombres con los que se acostó nunca aparecieron a preguntar cómo estaba. Su madre dulce todavía no la había perdonado del todo. Su matrimonio con iriarte se había deshecho hacía 5 años. Yuri está parada frente al balcón, mira hacia abajo y escucha algo en su cabeza, una melodía.
La canción que un hombre llamado Sergio Andrade le había escrito a una cantante ciega y luego le había dado a ella. La canción dice, “Siempre vendrán tiempos mejores.” Y Yuri se ríe, se ríe en medio del llanto porque esa frase, en ese momento, en ese balcón, suena a la mentira más grande del mundo.
Esos tiempos mejores no llegaron. Llegó esto. Un cuerpo enfermo, una voz rota, una vida hecha pedazos. Yuri se inclina un poco más hacia el vacío, mira otra vez hacia abajo y entonces algo la para, algo dentro de ella, algo que ni ella misma sabe nombrar. dice, “No.” Yuri se aleja del balcón, llora, pero se queda viva. 31 años después de esa noche, Yuri tiene 62.
Está casada, tiene una hija, va a la Iglesia Evangélica todos los domingos. Sus discos siguen vendiendo. Su voz dentro de sus límites sigue siendo reconocible y de vez en cuando en algún concierto alguien le pide que cante tiempos mejores. Yuri la canta, cierra los ojos. Y los tiempos mejores que en 1995 le parecían una mentira, ahora le parecen, contra todo pronóstico, una promesa cumplida.
Quizá esos tiempos mejores nunca fueron una sentencia, quizá nunca fueron la promesa romántica que la canción aparenta. Eran otra cosa. Eran lo que Yuri tuvo que construirse a sí misma una vez que se alejó del balcón, lo que Yuri se ganó día por día durante 30 años después de que la industria la abandonara. Esos tiempos mejores no llegaron solos.
Llegaron porque ella los hizo llegar. Y esa, mi gente, es la verdad detrás de la mujer que tú admiraste durante toda tu juventud. La verdad que Yuri tardó 40 años en contar entera. La verdad que ahora contigo en esta sala queda dicha. Si esta historia te llegó, si sentiste algo aquí adentro mientras escuchabas, te quiero pedir tres cosas. Una.
Cuéntanos en los comentarios cuál fue la primera canción de Yuri que escuchaste, dónde estabas, con quién, si era en la radio del carro de tu papá, en el tocadiscos de la sala de tu casa, en una boda, en una serenata. Esas memorias son lo que mantiene viva esta comunidad. Dos.
Si conoces a alguna mujer de tu generación que necesita escuchar esta historia, una hermana, una comadre, una hija, una vecina, mándale este video. Porque en cada cuadra de México, en cada pueblo de Estados Unidos, donde hay paisanas, en cada barrio de Colombia, de Argentina, de Perú, hay mujeres que se identifican con Yuri, mujeres que callaron, mujeres que cargaron en silencio, mujeres que merecen saber que no fueron las únicas.
Y tres, suscríbete y activa la campanita, porque aquí en esta familia no hacemos chisme, hacemos memoria, devolvemos los nombres a las mujeres que el sistema borró y eso cada una de nosotras lo hacemos juntas. Mi gente de México, mi gente de Estados Unidos, mi gente de Colombia, de Argentina, de Chile, de Perú, de Venezuela, de Centroamérica, de cualquier lado donde una mujer mayor de 60 años se haya sentado a escuchar este video con su café o su mate o su tinto.
Gracias, gracias por estar acá. Gracias por darnos el tiempo más valioso del mundo que es el tuyo. La próxima historia te va a sorprender. Es de una mujer que tú creías conocer, pero que escondió durante 50 años un pacto que la prensa nunca pudo destapar. Hasta ahora Yuri sigue cantando, Yuri sigue viva y los tiempos mejores, los suyos, los nuestros, siguen viniendo. Hasta el próximo vídeo.