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VERDADES IMPACTANTES de la Época de Oro: Anécdotas que TRANSFORMARON el Cinee

VERDADES IMPACTANTES de la Época de Oro: Anécdotas que TRANSFORMARON el Cinee

¿Qué tal? Los invito a descubrir conmigo anécdotas sorprendentes, muy curiosas y hasta desconocidas de las grandes estrellas que deslumbraron en la gran pantalla. Empecemos. Katy Jurado fue desde siempre una mujer con una personalidad arrolladora, un carácter muy firme, de esas personas que jamás hubieran permitido que alguien la humillara o la hiciera sentir inferior.

Era directa y sin filtros. No se lo pensaba dos veces para decir lo que opinaba cuando sentía que algo no estaba bien, sin importarle a quién tuviera enfrente. Es curioso porque a pesar de tener personalidades tan fuertes, tanto Katy Jurado como María Félix, consiguieron al principio mantener una relación bastante cordial entre ellas.

Su trato amistoso comenzó el día que la doña invitó a cenar a Katy y a su esposo de aquel entonces, el actor estadounidense Ernest B9 a su casa. Hay que decir que no se trataba de una amistad íntima, pero sí que tenían una convivencia muy respetuosa y bastante amable. No obstante, esa buena relación se rompió por completo durante el rodaje de la película La bandida.

 Fue en plenas grabaciones cuando Katy Jurado sufrió un inesperado accidente que le causó una dolorosa fractura en una de sus piernas. Este incidente, como es lógico, obligó a todo el equipo de producción a hacer un esfuerzo enorme para cuidar cada uno de sus movimientos. y que la lesión no se viera en pantalla.

 Adicionalmente, sus traslados a las locaciones eran complicados, así que, como era de esperar, llegaba tarde algunos de los llamados. Toda esa tensión especial que recibía Katy junto con los ajustes técnicos que debían hacerse para poder rodar sus escenas empezó a molestar muchísimo a María Félix, que como todos saben siempre había gozado de ser el centro de atención absoluto.

 Fue en ese preciso momento, en mitad del rodaje y delante de figuras de la talla de Pedro Armendaris, Ignacio López Tarzo y Lola Beltrán, el indio Fernández y Andrés Soler, que María Félix soltó un comentario que dejaba clarísima su molestia. exigió que las cámaras se centraran únicamente en ella, argumentando con soberbia que ella era la auténtica estrella de esa película.

La respuesta de Katy Jurado, por supuesto, no se hizo esperar. Con toda esa calma y el filo en sus palabras que la definían, le respondió delante de todos. Señora, tan estrella es usted como lo somos cada uno de los que estamos aquí. Yo diría que más que en la estrella, usted parece una vedet. Aquel comentario fue una bomba.

 no solamente ofendió en lo más profundo a María Félix, sino que además provocó que varios de sus compañeros, siempre leales a la doña, tomaran partido inmediatamente en su contra. Algunos de ellos incluso dejaron de dirigirle la palabra a Katy Jurado, dejando muy en claro de qué lado se posicionaban. Después de ese choque, relación entre Katy Jurado y la gran María Félix se fracturó para toda la vida.

 jamás volvieron a hablarse y aquello que fue que alguna vez fue una relación cordial se transformó en una enemistad silenciosa, pero para siempre irreconciliable. Hablemos ahora de Arturo Soto Rangel, uno de los más grandes actores de reparto del cine de oro, de rostro tranquilo y voz imponente, fue mucho más que una cara familiar y constante en la pantalla.

 Fue además un verdadero mentor y una figura fundamental para el surgimiento de nuevos talentos como el mismísimo Arturo de Córdoba. La relación que tuvieron estos dos actores fue increíblemente estrecha. Soto Rangel lo estuvo apoyando desde el principio. Le dio valiosos consejos de vida e incluso fue su guía personal en los complicados vericuetos de la industria cinematográfica.

Tan grande era la confianza que llegó a prestarle su nombre para que de Córdoba pudiera comprar un departamento en la exclusiva colonia Roma. Pero aquella fatídica decisión cambiaría su destino. El joven actor dejó de pagar el inmueble, excusándose con supuestos problemas financieros que tenía. La situación se agravó muchísimo más cuando tras una fiesta celebrada en el departamento, una mujer falleció y se encontraron además sustancias prohibidas en el lugar.

 Cuando las autoridades los interrogaron, tanto Arturo de Córdoba como otro de los asistentes aseguraron que el verdadero dueño del lugar era Soto Rangel. Eso fue más que suficiente para que el veterano actor terminara arrestado, acusado de organizar de la fiesta. Se rumora que tuvo que gastar una verdadera fortuna de su dinero para poder recuperar su libertad.

Aquel episodio fue un golpe absolutamente demoledor para su salud y su impecable reputación. Pese a todo, el gran Soto Rangel siguió trabajando el final de sus días, pero esa amarga y dolorosa traición dejó una sombra permanente sobre su legado. Ahora, tras la trágica muerte de Pedro Infante en 1957, su partida no solo dejó un enorme vacío en el corazón de la gente, también desató una terrible serie de tensiones entre María Luisa León, su esposa, y su última pareja sentimental, la actriz Irma Dorantes. Y es que aunque el

matrimonio con Pedro había sido anulado, Irma vivió a su lado como su pareja y, por supuesto, como la madre de su hija. Aún así, tras la muerte del ídolo, quedó completamente desprotegida con una niña que mantener. Intentó volver al cine, pero parecía que todas las puertas parecían cerrarse para ella en todas partes.

 Los rumores en el medio señalaban que María Luisa León había utilizado toda su influencia vetarla dentro de la industria. Fue en ese momento que apareció un aliado inesperado, el cómico Antonio Espino, clavillazo. 1957, mientras preparaba el filme Pobres millonarios, fue él quien propuso a Irma para un papel. Los productores no estaban seguros, pero Clavillazo defendió su decisión con mucha firmeza.

Fue un gesto solidario que permitió a Irma poder volver a la pantalla grande al lado de gigantes como la gran Sara García y Alejandro Sanguirotti. Pero aquel conflicto, pero la historia no terminó ahí. Cuentan que María Luisa León llamó personalmente a Clavillazo con una petición muy clara, que no contratar a Irma.

 La respuesta que le dio el comediante se hizo legendaria. Señora, agradezco mucho su llamada, pero en esto no puedo hacer nada, diciendo, “Porque en mis películas quien manda soy yo.” Aquella frase no fue solo una decisión de trabajo, sino un verdadero acto de coraje y de compañerismo que todavía resuena en la historia del cine de México.

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