Nunca subestime a una Mexicana: 10 Nocauts brutales de boxeadoras Aztecas s
Existe un país en este planeta donde las mujeres no aprenden a boxear, sino que nacen sabiendo apretar el puño. Un país donde subirse al cuadrilátero no es una decisión, es un destino marcado en la sangre, un país que ha exportado más campeonas mundiales del puño que cualquier otra nación de habla hispana en la historia del deporte.
Ese país, amigos, es México. Y hoy no vamos a hablar de cualquier cosa. Hoy les vamos a contar las 10 veces en que una guerrera mexicana se subió al ring y dejó a su rival mirando los focos del techo, contando estrellas sin saber ni cómo se llamaba. 10 knockouts brutales, 10 momentos en los que el orgullo nacional se concentró en un solo puñetazo.
10 historias que demuestran por qué cuando se habla de boxeo femenil en el mundo hay un solo nombre que se repite en cada esquina, en cada gimnasio, en cada conversación entre conocedores. México. Pero pongan atención porque el número uno de esta lista es algo que ustedes tienen que ver con sus propios ojos. Estamos hablando de un knockout tan, pero tan demoledor, tan limpio, tan espectacular, que se viralizó en YouTube con más de 86,000 reproducciones en cuestión de días.
Una derecha salvaje que dejó a la rival tendida sobre la lona varios minutos completos sin reaccionar mientras los doctores del ring corrían a atenderla. Una mexicana que con un solo movimiento le mostró al mundo entero por qué le decían como le decían. Pero no se las voy a revelar todavía porque para llegar al uno primero tenemos que hacer el camino completo.
Así que pónganse cómodos, déjenme un like si gustan apoyar al canal y vámonos directo al número 10 de este recuento del mejor boxeo femenil que ha producido nuestra tierra. Arrancamos en el número 10 con una pelea que para muchos pasó debajo del radar, pero que es para los conocedores un capítulo importantísimo en la historia del boxeo fronterizo.
Estamos hablando de Diana la Bonita Fernández contra la estadounidense de origen puertorriqueño Noemí Noó Bosquez. En aquella noche fría del 10 de febrero del 2018 en el gimnasio municipal José Neri Santos en pleno corazón de Ciudad Juárez, Chihuahua. Y déjenme ponerles el contexto, mi gente, porque sin contexto no se entiende nada.
Ciudad Juárez, una ciudad que durante años cargó con la peor de las famas. Una ciudad que para mucha gente del extranjero no significaba más que noticias amarillistas, violencia y dolor. Y de pronto, en medio de toda esa historia oscura, una mujer juarense, una mujer que rompía con todos los estereotipos por su belleza física, pero que por dentro tenía corazón de Leona, decide subirse al ring a representar a su tierra.
Esa noche no estaba peleando solo por un cinturón. Diana estaba peleando por demostrarle al país y al mundo que Juárez también es boxeo, que Juárez también parecampeonas, que Juárez no es solo lo que se ve en los noticieros. La Bonita venía bien preparada. Había entrenado en altura en la Ciudad de México con el equipo de Mauro y Lázaro Ayala, los mismos hombres que habían formado a otra de las grandes guerreras de este top.
Así que imagínense el calibre de la preparación. Antes de la pelea, Diana le dijo a la prensa con una seguridad que solo dan las mexicanas valientes. Me atrevo a asegurar que el título se queda en Ciudad Juárez. Y con esa frase, compa, con esa frase ya estaba sellando el destino de la pobre bosques. Sonó la primera campana y desde el inicio se vio la diferencia.
La bonita salió midiendo, calibrando, soltando ese Java afiladito que iba sumando puntos como quien va guardando monedas en la alcancía. Vos intentó responder. Traía corazón la gringa, eso hay que reconocerlo, pero estaba ante una local en territorio caliente con 4,000 gargantas juarenses respirándole en la nuca. Llegó el segundo round y ahí empezó la primera función, una combinación de derechas perfectamente colocada y Bosquez fue a buscar consuelo en la lona por primera vez en la noche.
Arena ese escenario. A la lona. El público estalló. Imagínense el ambiente. El grito de la afición fronteriza viendo a una de los suyos imponer condiciones. Bosque se levantó tras el conteo de protección, los segundos pasaron y aunque aguantó la presión, ya estaba marcada. Pasaron los rounds y la bonita siguió administrando la pelea con esa paciencia que solo da la confianza. Llegamos al octavo asalto.
El tiempo se acababa para la estadounidense y entonces Diana decidió que era momento de terminar la fiesta. Otra caída brutal. Bosque tirada en la lona por segunda vez. El referocky Burk contó hasta ocho. La estadounidense levantó, pero ya no estaba ahí. Y cuando la bonita se le fue encima con todo, Burk vio que ya no había caso y al minuto con 57 segundos del octavo paró el combate. Knockout técnico.
Cinturón latino, super mosca del Consejo Mundial de Boxeo para Ciudad Juárez. La afición delirando, los ojos de Diana llenándose de lágrimas, su gente aplaudiéndole de pie a una mujer que nunca dejó de creer en su tierra. Una victoria que valía oro porque no era solo deportiva, era simbólica.
Una mujer juarense, una mujer hermosa, dándole alegría a una ciudad que llevaba demasiado tiempo recibiendo malas noticias. Por eso este knockout entra al número 10, porque más allá de la espectacularidad fue una declaración de principios. Las mexicanas no se rinden. Las mexicanas se arman, se preparan, suben al ring y hacen valer su tierra.
Pero esto apenas comienza porque ahora vamos al número nueve y la cosa va subiendo de tono. En el número nueve nos vamos al estado de Guerrero, a la zona turística de Ixtapas y Huatanejo, a aquel 22 de junio del 2013 en el complejo deportivo del Hotel Azul Istapa, en una cartelera que los conocedores recuerdan como la cochulito Xtapa.
encabezada por el gran Fernando Cochulito Montiel, pero que tuvo en su semiestelar un capítulo que vale oro. Areli, ametralladora, Muso contra la colombiana Olga la cobra Julio. Y aquí, mi gente, hay que entender el momento en el que estaba Areli. La ametralladora había sido campeona mundial mosca de la Federación Internacional.
Había llegado al sueño dorado de cualquier boxeadora. había levantado el cinturón ante el orgullo de su gente. Pero en octubre del 2011, en un palenque de Colima, había caído por la vía rápida ante una rival durísima llamada Ava Knight, knockout en el segundo round, una derrota que para muchas habría sido el fin del camino, pero Areli no era cualquiera.
Areli era de las que se levantan, de las que se sacuden el polvo, de las que se ponen los guantes otra vez, aunque el orgullo te pese como un costal de cemento. Así que esa noche en Ixtapa, con casi dos años de reconstrucción a cuestas, Muso se subió al ring contra la colombiana barranquillera Olga Julio en un combate a 10 asaltos en peso mosca sin título de por medio, pero con todo el peso del orgullo en juego.
El pesaje del viernes había marcado 51 kg con 300 para ambas. Todo en regla, todo limpio. Sonó la campana del primer asalto y arrancó parejito, midiéndose las dos, mirándose como gallos finos, sintiéndose los puños. Pero llegó el segundo round y aquí pasó algo que nadie esperaba. La colombiana, que llegaba como rival escalonada, pero con experiencia, conectó un golpe que cambió la cara de la pelea. La afición se quedó muda.
Imagínense el silencio, mi gente. Una mexicana en su casa contra una rival que se suponía debía ser el escalón y de pronto está sentada en la lona escuchando el conteo de protección. Hay momentos en la vida de una boxeadora que definen quién es de verdad. Y Areli, ahí sentada en la lona con todo el público mirándola, decidió mostrarle al mundo de qué estaba hecha.
Combinación a la cabeza derecha cruzada. La cobra colombiana se sintió en problemas y antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando, una andanada de izquierdas y derechas la mandó a la lona. A ella también esta noche en este bellísimo destino turístico. La transformación había sido total. La cazadora se había vuelto casada.
Olga Julio, todavía aturdida, intentó incorporarse, pero apenas se levantó del conteo. Areli se le fue encima con todo, más golpes, más castigo, una segunda caída y cuando el referie vio que la colombiana ya no estaba en condiciones, paró el combate al minuto con 50 segundos del segundo asalto. Knockout técnico. La ametralladora había vuelto.
La afición de Xtapa rugió como un solo hombre. Arelli lloró en el ring y con justa razón, porque acababa de demostrarse a sí misma que la caída ante Aba Knight no la había definido, que su carrera no estaba terminada, que todavía tenía mucho que decir. Y vaya que iba a decir mucho, porque en diciembre del 2014 volvería a coronarse campeona mundial, pero ese capítulo es para otro día.
Lo importante de este knockout es la historia que contiene una mujer mexicana que se cae, que se levanta y que en menos de un round le da la vuelta completa al combate. Eso, mi gente, eso no lo enseñan en los gimnasios, eso se trae de fábrica. Vamos al número ocho. Y aquí ya entramos en territorio de campeonas mundiales con todas las letras.
Porque hablar de su lina la loba Muñoz es hablar de una de las pegadoras más demoledoras que ha producido el boxeo femenil de todos los tiempos. Estamos hablando de la revancha entre La Loba y Maribel La Pantera Ramírez aquel 3 de agosto del 2013 en el Deportivo Agustín Ramos Millán en pleno Toluca, Estado de México. Pero para entender esta pelea, hay que conocerla primera.
La historia comienza en noviembre del 2012 en el Foro Polanco de la Ciudad de México, cuando la loba iba a pelear por el cetro mundial super mosca del Consejo Mundial de Boxeo. La rival original era la gulyanesa Sean Del Alfred, pero en las pruebas obligatorias que el organismo le hace a las peleadoras se descubrió que estaba embarazada y tuvo que ser descalificada por seguridad.
Como en este deporte el show debe continuar, llamaron de emergencia a una boxeadora mexicana llamada Maribel Ramírez para que tomara la pelea con muy poco aviso. Y Maribel, que era una guerrera de la vieja escuela, una madre joven que peleaba por un futuro mejor, aceptó el reto sin chistar. Se pararon a pelear.
La loba ganó por decisión unánime, 96 a 94, las tres tarjetas, conquistando así su primer fajín mundial. Pero la pelea había sido apretada y Maribel se quedó con la espinita. pidió revancha y 8 meses después, ya con tiempo de preparación, con la altura del Estado de México, con todo el equipo trabajando para revertir el resultado, la Pantera se subió al ring de Toluca, convencida de que esta vez sí iba a ser distinto.
Pero la loba, mi gente, la loba ya no era la misma de noviembre del año anterior. La loba estaba en el inicio de su mejor versión, en pleno ascenso a convertirse en lo que terminaría siendo la noqueadora más temida del femenil mexicano. Sonó la campana del primer asalto y de inmediato se vio la diferencia con la pelea anterior. Sulina salió a tirar bombas.
La loba salió con la mirada de quien va a romper algo y esa noche, tristemente, lo que se rompió fue el sueño de Maribel Ramírez de quitarle el título a su compatriota. En menos de 3 minutos, en un solo round, la loba conectó la combinación letal y mandó a la pantera a la lona. Nada más empezó la pelea, ya estaba liquidada. Knockout definitivo.
Maribel, valiente como siempre, intentó levantarse, pero ya no había manera. El referí paró el combate y La Loba retuvo su cetro mundial supermosca con una contundencia que cerraba para siempre el debate sobre la primera pelea. Aquí no había duda, aquí no había discusión de tarjetas, aquí había una mexicana que había crecido tanto en pegada que era capaz de despachar a otra mexicana de calidad mundial en un solo asalto.
La afición de Toluca se volvió loca. Los conocedores empezaron a preguntarse hasta dónde podía llegar esta muchacha de Hidalgo con esos puños de acero. La revancha le había servido a la loba para algo más importante que retener el cinturón. Le había servido para mandar un mensaje al resto del planeta. Vienen a México a pelear con la loba bajo su propia responsabilidad, porque aquí no hay devoluciones.
Maribel Ramírez se rehzo después y años más tarde se coronó campeona en otra organización demostrando que era una guerrera de verdad. Pero esa noche en Toluca, esa noche fue de una sola persona. Esa noche los aullidos de la loba se escucharon hasta la frontera. Subimos al número siete y llegamos a una pelea que tiene un escenario particular porque se desarrolló en el norte profundo en la comarca lagunera en pleno Torreón, Coahuila.
Aquel 26 de noviembre del 2016, la protagonista, una mujer pequeña de estatura pero gigante de corazón, una de las campeonas más recordadas de los últimos años, Ivet Roca Zamora. defendiendo por octava vez su cetro mundial minimosca del Consejo Mundial de Boxeo, esta vez frente a la Serbia, Nina Stojanovic.
Y déjenme contarles cómo se vivió esta pelea, porque tuvo de todo, empezando por el pesaje que se hizo en un lugar emblemático, el Cristo de las Noas, ese mirador imponente que tiene Torreón y desde el cual se ve la ciudad entera. Imagínense la postal, las dos peleadoras subiéndose a la báscula con el cielo lagunero de fondo con la imagen del Cristo a sus espaldas.
con la prensa rodeándolas. Es uno de esos momentos que solo el boxeo te regala. La función estaba organizada por Promociones del Pueblo con el patrocinio de Cerveza Victoria y Playboy México. Transmisión en vivo por Canal 5 dentro del programa Sábados de Corona y hasta el alcalde de Torreón, Miguel Ángel Riquelme, estuvo presente. Una fiesta completa.
La rival Nina Stojanovic llegaba invicta con un récord de nueve peleas ganadas y ninguna perdida. tres por la vía del knockout. Una boxeadora europea con técnica, con disciplina, con todo lo que las europeas suelen traer, pero estaba a punto de descubrir algo que muchas otras ya habían descubierto antes que ella. Cuando una mexicana minimosca se sube al ring en su propia tierra con el respaldo de su gente, con el orgullo nacional encendido, no hay invicto que aguante.
Sonó la primera campana y Stoyanovic salió a hacer lo suyo. Tiró su mano derecha al frente, esa derecha que la propia roca zamora había advertido en la prepelea que había que cuidar. Por momentos pareció que la europea iba a complicar las cosas, pero en el segundo asalto, mi gente, en el segundo asalto la roca demostró por qué le decían así.
Empezó a colocar los impactos en las zonas blandas, ganchos al hígado, ganchos al hígado, ganchos al hígado, una y otra vez, como si estuviera afilando una sierra. Y en boxeo no hay nada, pero nada más doloroso que un buen gancho al hígado. Le pueden pegar a un boxeador en la cara 1 veces y aguanta, pero un solo gancho bien colocado al hígado y se acaba el cuento.
Bueno, pues a Stoyanovic no le tiraron uno, le tiraron tres. Llegó el tercer asalto y la roca conectó tres ganchos al hígado consecutivos. Castigo de más por parte de la boxeadora mexicana. Se va a caer, Roberto, se va a caer. Está dolida la la la La Serbia simplemente no pudo más. El dolor hepático es indescriptible para quien no lo ha sentido.
Es como si te clavaran un cuchillo en las costillas y te lo retorcieran. Stojanovic se rindió en la lona. No fue una caída por knockout limpio, fue una rendición por dolor extremo. Su cuerpo le dijo ya no y ella tuvo que escuchar a su cuerpo. La roca había noqueado a la invicta Serbia en tres asaltos en su octava defensa consecutiva.
La afición lagunera estalló. Y aquí viene lo bonito de la historia, lo que hace a Ibet Zamor a una mexicana de las que valen oro. Cuando le entregaron el micrófono después de la pelea, no se puso a presumir, no se dedicó a echar barbas, no escupió frases prefabricadas para los medios. Lo que hizo Roca Zamora fue dedicarle la victoria a las mujeres indígenas mexicanas, a las otomíes, a las masaguas, a las nahuas, a las que más sufren en este país.
Una campeona del mundo en el momento más alto de su carrera, usando su micrófono para acordarse de las que nunca tienen voz. Eso, mi gente, eso es boxeo mexicano del bueno. Eso es dignidad, eso es conciencia, eso es saber de dónde vienes. La Roca ese día no solo defendió un cinturón, defendió un país entero con todas sus capas, con todos sus colores, con toda su historia y por eso este knockout entra al número siete con todos los honores.
En el número seis nos cambiamos de tonalidad porque vamos a hablar de una leyenda que sigue activa, una mujer que ha hecho historia en el boxeo femenil mundial, una de las pioneras, una de las que abrió camino para todas las demás. Estamos hablando de Mariana la Barbie Juárez en aquel 26 de abril del 2024 en el Forum del Hipódromo de las Américas en pleno corazón de la Ciudad de México, defendiendo el campeonato plata supergallo del Consejo Mundial de Boxeo, vacante en aquel momento ante la sudafricana Machidizo de Tiger Mokebisi.
Y aquí déjenme tomarme un momento porque esta pelea tiene un valor sentimental enorme. Tienen que entender que Mariana Juárez tenía 44 años en aquel momento. 44. La Barbie llevaba más de dos décadas en el boxeo profesional. La Barbie había debutado en el ring en una época en la que en México todavía le gritaban a las boxeadoras, “Vete a lavar trastes, vete a la cocina.
El boxeo no es para mujeres. Eso lo escribió la propia jornada en una crónica preciosa que hicieron antes de esta pelea. Recordaron como en 1999 cuando Mariana empezaba, los gritos eran de desprecio y ahora, 25 años después, la misma mujer, con el cabello todavía pintado, con la sonrisa todavía intacta, con el corazón todavía en llamas, se subía al ring en una arena llena con la porra del Toluca llamada la perra brava cantándole con tambores, con el público entero coreando su nombre, con la gente fuera del recinto pidiendo entrar. La
transformación era brutal. La Barbie ya no era solo una boxeadora, la Barbie era un símbolo. La Barbie representaba a todas las mexicanas que alguna vez fueron despreciadas por hacer algo de hombres y que terminaron demostrando que el género no tiene nada que ver con la grandeza.
La pelea estaba organizada por la team KO de Pepe Gómez Cancún en colaboración con Promociones del Pueblo con transmisión por Canal 5 de Televisa y por Vix Premium. Dentro del programa Box Televisa. Mariana llegaba con un récord de 55 peleas ganadas, 13 perdidas y cuatro empates con 19 knockouts en su haber.
La revista The Ring la tenía como número dos del mundo en peso gallo activo y entre las primeras 10 libras por libra a nivel femenil. Estamos hablando de una guerrera consagrada. Mokebisi, la sudafricana traía un récord respetable de 18 ganadas, dos perdidas y 11 empates y había venido a México prometiendo derrotar a la veterana en su propia casa.
Sonó la campana del primer asalto y se notó de inmediato que Mariana iba a tomarse su tiempo. Estudio puro. Mokebisi tirando Jab. Mariana esperando. Pero a partir del segundo round, la Barbie empezó a soltar su mano. Volados de izquierda y derecha, la sudafricana se daba cuenta de que estaba en problemas. Tercer round, castigo al hígado y rectos.
Cuarto, quinto, sexto y séptimo, dominio absoluto de la mexicana. En el quinto asalto, Mariana logró tambalear a Mokebisi veces. Parecía que iba a venir el knockout, pero la campana salvó a la sudafricana de una caída segura. Octavo asalto. Mokebisi llegó a su esquina con cara de no poder más. Y en el noveno asalto, mi gente, en el noveno asalto pasó lo que tenía que pasar.
La Barbie conectó una combinación de impactos sin respuesta, una secuencia precisa, perfectamente ejecutada, de esas que solo da la experiencia de 25 años en el ring. El refero que Mokevisi ya no estaba defendiéndose, ya no estaba devolviendo los golpes, ya no había razón para que siguiera recibiendo castigo y paró el combate.
Quiere unutar, vean nada más izquierda y derecha rebotándola de esta manera. Knockout técnico para Mariana en el noveno round. Cinturón plata supergallo del Consejo Mundial de Boxeo. A la cintura de una mujer de 44 años que en lugar de estar pensando en el retiro definitivo estaba demostrando que todavía tenía gasolina para pelear con cualquiera.
La Barbie llegó a 56 ganadas, 13 perdidas, cuatro empates y 20 knockoutes en su récord. Pero más allá de los números, lo que esa noche se vio fue una clase magistral de longevidad deportiva, una clase de cómo una mujer puede mantenerse en lo más alto durante un cuarto de siglo si tiene disciplina, corazón y orgullo nacional ardiendo en las venas.
Mariana Juárez es boxeo mexicano puro y este knockout entra al número seis, no solo por la espectacularidad, sino por la épica de la historia detrás. Porque cuando una guerrera mexicana de 44 años todavía es capaz de noquear a una rival 10 años más joven, el resto del mundo solo puede quedarse callado y aplaudir. Y ahora vamos al número cinco con uno de los knockouts más recordados de la guerrera Ivet Roca Zamora.
Otra vez ella, porque esta mujer construyó una era en el peso minimosca que pocos podrán igualar. Estamos hablando de la pelea contra la estadounidense Keer Fire Mcloud aquel 16 de julio del 2016 en el palenque del recinto ferial de Metepec, Estado de México. Séptima defensa consecutiva del campeonato mundial minimosca del Consejo Mundial de Boxeo.
Ya entrados en una racha histórica, esta pelea tuvo un detalle interesante que vale la pena mencionar para que entiendan cómo se hacía bien todo en aquella época. Tanto Roca Zamora como Mcloud se sometieron a las pruebas antidoping del Consejo Mundial de Boxeo y ambas salieron con resultado negativo, limpio, sin trampas, sin sustancias raras.
Solo dos atletas profesionales subiéndose al ring medirse en igualdad de condiciones. Eso en una época en la que en otros deportes se hablaba constantemente de dopaje, era una declaración de principios. Mcoud era una mujer de Nueva York, una boxeadora alta, 16 cm más alta que la mexicana. con un récord de ocho ganadas y solo una perdida, una rival de calidad, sin discusión.
Pero la diferencia de estatura iba a jugar en contra de la estadounidense, porque cuando tienes a alguien tan pequeñito y tan rápido como la roca Zamora pegándote por debajo, tu altura deja de ser una ventaja y se vuelve un problema. El pesaje fue limpio, 49 kg para Zamora, 47 para Mcloud, ambas dentro del límite minimosca.
Sonó la primera campana y la estadounidense salió a hacer su pelea. Jab y distancia. Mantener a la mexicana lejos, usar la altura, cabeza fría y le funcionó por unos rounds. La roca tuvo que perseguirla por todo el cuadrilátero como cazador en la sabana, sabiendo que tarde o temprano iba a tener su oportunidad.
Después de cuatro rounds, las tarjetas iban apretadas. Dos jueces tenían a Zamora arriba 39 por 37, pero el tercero la tenía empatada 38 a 38. Imagínense la tensión, la afición empezando a inquietarse. ¿Sería posible que la roca perdiera por decisión por culpa de la altura de la gringa? En el quinto y sexto round, Mcoud incluso conectó algunos ercuts cuando Zamora se acercaba demasiado.
La cosa estaba caliente, pero llegó el séptimo asalto y en el séptimo asalto pasó la magia. La roca conectó una derecha que lastimó, aprovechó el momento y empezó a tirar a dos manos como ametralladora vieja, izquierda y derecha, izquierda y derecha. Y entonces una izquierda recta, seguida de una derecha cruzada perfectamente ejecutada conectaron en la mandíbula de Mlaon.
Sentir pues el rigor de enfrentar a una buena campeona lona. La estadounidense puso una rodilla en la lona. El conteo de protección. Mcloud se levantó, pero estaba aturdida, los ojos vidriosos, las piernas temblando. Y aquí, mi gente, aquí salió el instinto asesino que distingue a las grandes guerreras de las simples boxeadoras. Roca Zamora se le fue encima como leona herida, una lluvia de golpes, otra caída.
Mcloud otra vez con la rodilla en la lona y cuando se incorporó por segunda vez claramente fuera de combate, aunque todavía de pie, el referie panameño Abdiel Barragán hizo lo que tenía que hacer y paró el combate al minuto con 35 segundos del séptimo asalto. Knockout técnico. Séptima defensa consecutiva del cetro minimosca. Y otra vez, mi gente, otra vez la roca tomó el micrófono.
Otra vez se acordó de las suyas. otra vez les dedicó la pelea a las mujeres indígenas otomíes y a todas las mexicanas que la habían apoyado desde abajo. Una constante en su carrera, una mujer que jamás se olvidó de dónde venía. Y ese día, en aquel palenque de Metepec, además de la pelea principal, hubo otro momentazo que vale la pena mencionar.
En una de las peleas previas, Gerardo Serrano dio la sorpresa de la noche y noqueó al hijo del legendario Salvador Sánchez en el primer round, una función completa de boxeo mexicano con todos los ingredientes. Pero la estrella indiscutible fue la roca. Y este knockout entra al número cinco porque combinó la perseverancia, la inteligencia táctica para resolver una pelea que se había vuelto problema y el cierre brutal que solo dan las verdaderas campeonas.
En el número cuatro nos vamos a un palenque que se llenó hasta los topes, casi 6,000 personas, en aquella noche memorable del 11 de noviembre del 2017 en el Palenque Inforum de Irapuato, Guanajuato. Mariana la Barbie Juárez otra vez porque esta mujer es leyenda, defendiendo por segunda vez su cetro mundial gallo del Consejo Mundial de Boxeo ante la alemana naturalizada de origen bielorruso, Alesia de Tigres, Graf.
Y aquí, mi gente, aquí hay una historia que tiene de todo, técnica, polémica, dolor y un final amargo que llegó años después. Pero vamos por partes. La pelea estaba promovida por promociones del pueblo de Oswaldo Kuchle con patrocinios de Tequila Armero, Cabal Sport y Playboy México. Transmisión por Televisa Deportes con el apoyo del Code Guanajuato.
Una producción de primer nivel en el cara a cara previo en el parque Irecua de Irapuato. Mariana fue clara. Quiero regalarles una gran pelea y demostrar por qué soy nuevamente la campeona del mundo. Graf, que ya había venido a México tres veces antes y había perdido en todas, respondió con respeto. Mariana es una peleadora muy buena y muy técnica al igual que yo.
Nunca me he rendido. El alcalde de Irapuato, Ricardo Ortiz, asistió como invitado de honor. Las dos peleadoras tenían 37 años, dos veteranas en plena forma. El pesaje fue limpio. 53,G5 para Mariana, 53 exactos para Graf, ambas dentro del límite gallo. Sonó la primera campana y arrancó parejo, midiéndose, calibrando.
Pero en el segundo asalto la Barbie hizo algo que solo hacen las grandes. Cambió de guardia. Por momentos peleó zurda. Una derecha bien puesta enrojeció la cara de Graf. La alemana empezó a buscar refugio en las cuerdas. En el tercer asalto, ya con Mariana tomando control absoluto, Graf empezó a recurrir a recursos sucios, golpes de conejo, esos golpes que se pegan en la nuca y que están prohibidos por reglamento.
Aventones, cabezazos, cosas de boxeadora desesperada. En el cuarto asalto, Mariana siguió castigando con uppercuts cortos de derecha con combinaciones de izquierda y derecha, mientras Graf protestaba un cabezazo accidental. Y Mariana sale brava en este quinto episodio. Cuidado, cuidado con La cosa se estaba calentando.
En el quinto asalto, el refere Abdiel Barragán le descontó un punto a Graf por los repetidos golpes de conejo. Cuando un refery te quita un punto en boxeo, te está mandando un mensaje muy claro. Deja de hacer trampa, deja de pelear sucio. Pero Graf estaba quemada, ya no le quedaba más que sus mañas. Y entonces llegó el sexto asalto y duró exactamente 24 segundos.
La Barbie salió decidida a cerrar, conectó un golpe al estómago y siguió de inmediato con una derecha sin respuesta a la cabeza. Graf bajo las manos, hizo un ictus de dolor en la cara, dobló la pierna derecha como si se le hubiera lesionado la rodilla y con uno de sus guantes hizo la seña de que ya no podía continuar.
24 segundos del sexto asalto. Knockout. Técnico Mariana Juárez. Defensa exitosa de su cetro mundial gallo. Casi 6,000 personas en el palenque rugieron como un solo organismo. La Barbie con el cinturón en alto. Pero aquí viene la parte amarga de la historia, mi gente, porque hay que contarla completa. Después de la pelea hubo polémica.
Algunos comentaristas alemanes y portales europeos defendieron que la lesión de rodilla de Graf había sido real. Otros, los más, los que vieron la pelea con ojos imparciales, sostuvieron que Graf estaba sin brújula desde el cuarto asalto y que Mariana tenía la victoria por knockout puesta en la bolsa, lesión o no lesión.
La verdad estará en algún punto entre las dos versiones. Lo que sí es indiscutible es que la mexicana dominó de principio a fin y que la alemana no pudo hacerle daño real. Pero el final amargo de esta historia llegó muchos años después, en el año 2024. Alesia Gra falleció a los 43 años por causas que no se aclararon completamente en los medios.
Una noticia que estremeció al boxeo femenil internacional. Medio tiempo recuperó esta pelea como uno de los capítulos finales de la carrera de graf. Una mujer talentosa, una boxeadora de calidad que ese día en Irapuato se topó con una mexicana inspirada y dispuesta a ganarla por todas las vías necesarias. Por eso este knockout entra al número cuatro.
por la técnica de Mariana, por la limpieza con la que cerró el combate, por la épica del momento y porque hoy, viéndolo en perspectiva, sabemos que fue uno de los últimos grandes momentos en el ring de una guerrera europea que ya no está con nosotros. El boxeo al final también es memoria.
Llegamos al número tres y aquí entramos en territorio sagrado para la afición tijuanense porque vamos a hablar de Jacki Princesa Azteca Nava, una de las más grandes representantes del boxeo bajaacaliforniano y del femenil mexicano de toda la historia. Estamos en el auditorio municipal de Tijuana aquel 24 de mayo del 2014 en una pelea por el cetro interino supergallo de la Asociación Mundial de Boxeo frente a la venezolana Alice la China Sánchez.
Y la historia detrás de esta pelea le pone los pelos de punta a cualquiera. Jacki Nava llevaba 21 meses sin pelear. 21 meses. ¿Por qué? Porque acababa de ser madre. Porque acababa de dar a luz a su hija Frida Sofía Mendoza Nava. Y aquí, mi gente, aquí está uno de los temas más delicados del boxeo femenil.
Cuando una boxeadora se embaraza, todo el mundo asume que su carrera está terminada, que el cuerpo no aguanta, que después del parto ya nunca vuelve a ser la misma, que regresar al alto nivel es imposible. Bueno, pues Jackie decidió mandar todos esos prejuicios al se puso a entrenar, se preparó y regresó al ring directo a pelear por un cinturón mundial interino.
La rival, Alice Lachina Sánchez, era la titular interina del Fahín. Había ganado el cinturón en Kingston, Jamaica, en diciembre del 2012 y llegaba con la intención de demostrar que la maternidad sí había acabado con la mejor boxeadora tijuanense. La afición de Tijuana llenó el auditorio municipal, una ciudad fronteriza esperando ver el regreso triunfal de su princesa azteca.
Sonó la primera campana y en el primer asalto pasó algo que la afición no esperaba ni en sus peores pesadillas. Sánchez conectó una derecha cruzada, perfectamente cuadrada, justo en la mandíbula de Jacki y la mexicana, la favorita, la madre primeriza, fue a sentarse de espaldas en la lona. Imagínense el silencio, imagínense la tensión, imagínense a toda la afición tijuanense con el corazón en la garganta.
Estaba pasando lo que parecía estar pasando. Iba a quedar en evidencia que la maternidad había arruinado la carrera de su héroe local. Pero aquí, mi gente, aquí salió la verdadera princesa azteca. Jacki se levantó, se sacudió, miró a Sánchez con una mirada que decía, “Te equivocaste. Eso fue lo único que vas a poder hacerme en esta noche.
” Y a partir de ese momento, mi gente, a partir de ese momento, la pelea se convirtió en una clase magistral de boxeo. Round 2, dominio total de Nava. Round 3, más de lo mismo. Round 4. Dos derribos de Jackie sobre Sánchez con derechas cruzadas. Las mismas derechas que la habían tirado a ella en el primer asalto. La venganza más dulce. Round 6.
La referentina Romina Arroyo le tuvo que aplicar cuenta de protección de ocho a Sánchez. La venezolana estaba siendo aniquilada lentamente y entonces llegó el séptimo asalto. Jackie abrió ese round con una combinación quirúrgica. Una derecha cruzada cortó la ceja izquierda de Sánchez. abriendo un tajo profundo, peligroso, sangriento.
La sangre empezó a brotar a chorros. Sánchez intentó cubrirse, pero ya no podía. Jackie la persiguió hasta el rincón, la tambaleó y la venezolana, viendo que ya no había manera, viendo que la mexicana estaba poseída, hizo algo que en boxeo profesional rara vez se ve. Le dio la espalda a la mexicana, fue a su propia esquina y puso una rodilla en la lona, una rendición voluntaria.
La referroyo paró el combate al 46 del séptimo asalto. Jackin Nava, con la hija recién nacida en casa, había recuperado el cetro mundial interino supergallo de la Asociación Mundial de Boxeo. La afición de Tijuana se volvió loca. Una madre primeriza con apenas meses de haber dado a luz había callado a todos los críticos.
Había callado a todos los que decían que su carrera estaba acabada. había demostrado que en México las mujeres pueden ser madres y campeonas mundiales al mismo tiempo. Y por si esto fuera poco, este knockout tuvo una secuela 4 años después, en agosto del 2018 en la Arena Ciudad de México, cuando Jacki Nava volvió a enfrentar a la misma Ali Sánchez en una revancha.
La venezolana llegó prometiendo venganza, pero la historia se repitió. La técnica de Jacki volvió a imponerse. La mexicana abrió otra vez un tajo en el párpado izquierdo de Sánchez y la venezolana derrotada otra vez no salió de su esquina al inicio del octavo asalto. Otra rendición, otro knockout técnico, otra demostración de que cuando la princesa azteca está inspirada, no hay rival que la frene.
Por eso este knockout entra al número tres. por la épica del regreso, por la remontada después de la caída en el primer asalto, por el simbolismo de una madre primeriza recuperando su cetro mundial y porque pocas veces en la historia del boxeo femenil se ha visto una representación tan clara del corazón mexicano.
Caemos, sí, pero nos levantamos siempre y nos levantamos para ganar. En el número dos nos vamos a una pelea que muchos consideran la mejor noqueadora de la historia del boxeo femenil mexicano antes de que llegara a la generación moderna. Estamos hablando de Ana María la guerrera Torres en la velada bautizada como guerra en la Auasteca aquel 11 de junio del 2011, defendiendo por novena vez su cetro mundial supermosca del Consejo Mundial de Boxeo frente a la brasileña Vanessa Guimaraz.
Ana María Torres, mi gente, fue una de las pioneras absolutas del boxeo femenil mexicano. Una mujer que empezó desde abajo, desde la nada, desde la pobreza más cruda que tuvo que aguantar el “Vete a lavar trastes”, cuando todavía no era una frase histórica, sino un insulto cotidiano.
una mujer que se construyó a base de golpes, de sudor, de sangre, de derrotas que la hicieron volver más fuerte y que para junio del 2011 ya era considerada una de las mejores libra por libra del mundo. Iba por su novena defensa consecutiva del cetro supermosca, una racha histórica. La rival, la brasileña Vanessa Guimaraz, llegaba con un récord de nueve ganadas y tres perdidas, todas sus victorias por knockout antes del límite, una pegadora con peligro real.
La función estaba diseñada para ser un evento doble, porque en la pelea estelar de la cartelera se enfrentaban Austin Trout y David López por el campeonato superwelter de la Asociación Mundial de Boxeo. Pero el verdadero atractivo, el que la afición había venido a ver, era a la guerrera. Sonó la primera campana y arrancó la pelea.
El primer asalto fue de estudio, calibrando, el segundo parejo. Pero en el tercer round, mi gente, en el tercer round Ana María impuso su jerarquía con combinaciones precisas al rostro de la brasileña, marcando claramente la diferencia de niveles. La afición empezó a oler la sangre. Los conocedores supieron que el final estaba cerca y entonces llegó el cuarto asalto y aquí pasó algo que solamente las grandes pegadoras saben hacer.
Ana María empezó a martillar al cuerpo. Golpes a la zona hepática, golpes al hígado, golpes que le hacían soltar todo el aire a la pobre brasileña. Guimaraes empezó a buscar refugio en las cuerdas. Ese error fatal que cometen las boxeadoras cuando ya no pueden más. Porque en boxeo las cuerdas no son refugio, las cuerdas son trampa, las cuerdas no te dejan moverte, no te dejan escapar, no te dejan respirar.
Y Ana María, sabiendo exactamente lo que estaba haciendo, aprovechó la posición de Guimaraes contra Las Sogas y conectó un gancho letal al cuerpo valer la pegada que tiene la campeona del Estado de México. Un gancho perfecto, un gancho de los que se dibujan en los manuales de boxeo. La brasileña se dobló como hoja de papel mojado y cayó a la lona de rodillas con las manos en el costado tratando desesperadamente de respirar.
El referie puertorriqueño Roberto Ramírez empezó a contar. Un do 3. Guimaraes intentó levantarse, pero no podía. El dolor en el hígado, mi gente, es un dolor que paraliza, que te quita la voluntad, que te hace olvidar quién eres y por qué estabas peleando. Ramírez extendió los brazos. Knockout definitivo. A un minuto con 32 segundos del cuarto asalto.
Ana María Torres había hecho su novena defensa consecutiva con una postal perfecta, un knockout clásico, un knockout de los que se enseñan en las escuelas de boxeo, un knockout limpio, claro, contundente. La afición rugió, la guerrera levantó los brazos. Y aquí va lo bonito, lo que pocos saben. Esa noche en la pelea estelar entre Traut y López hubo una decisión polémica que muchos en México consideraron un robo al boxeador mexicano.
La afición se quedó con un sabor agridulce, pero la victoria de Ana María Torres, esa victoria sí no se la pudo robar nadie. Esa victoria fue tan limpia, tan rotunda, tan indiscutible que quedó como el momento brillante de una noche que para muchos otros tuvo sombras. Y aquí va el dato dorado. Ana María Torres se retiró un año después, en el 2012, con una de las carreras más respetadas de la historia y 13 años después de ese knockout a Guimaraes, en el año 2024 fue inducida al salón de la fama internacional del boxeo.
Una mexicana, una mujer humilde, una pionera sentada al lado de los más grandes de todos los tiempos. Por eso este knockout entra al número dos. por la perfección técnica del cierre, por el simbolismo de la novena defensa, por todo lo que Ana María Torres representa para el boxeo mexicano.
La guerrera, mi gente, no era un apodo. La guerrera era una descripción exacta. Y esa noche, en la Huasteca, una mexicana le mostró al mundo entero cómo se cierra una pelea cuando se tiene corazón de león. Pero ahora sí llegó el momento. El número uno, el knockout que prometí al inicio del video. El knockout que se viralizó por todo internet.
el knockout por el cual ustedes han llegado hasta aquí. Pónganse cómodos porque esto que viene es para verse, para escucharse, para sentirse. Y llegamos al número uno de este recuento, mi gente. El knockout que prometí al principio del video, el knockout que se viralizó en YouTube con más de 86,000 reproducciones en cuestión de días, el knockout por el cual los conocedores del boxeo en todo el continente todavía se quitan el sombrero cuando se menciona el nombre de su protagonista.
Estamos hablando de su lina la loba Muñoz contra la Argentina Vanessa la negra Taborda aquel 2 de julio del 2016 en el gimnasio municipal Josué Neri Santos en pleno corazón de Ciudad Juárez, Chihuahua. Ahora bien, antes de meterme en los detalles del knockout, déjenme ponerles la película completa para que entiendan la magnitud de lo que pasó esa noche.
Zulina Muñoz, originaria del estado de Hidalgo, era en aquel momento la noqueadora más temida del boxeo femenil mexicano y posiblemente del femenil mundial. tenía un récord de 46 peleas ganadas, una sola perdida, una decisión discutida en Alemania ante Alesia Graf en 2007 y dos empates con la cifra impresionante de 27 noutes.
Es decir, casi 60% de sus victorias eran por la vía rápida, una pegada que asustaba al continente entero. La función estaba organizada por Leon Promotions con apoyo de Vargas Promotions y Gladiator Promotions bajo el aval del Consejo Mundial de Boxeo. rival. La argentina Vanessa Taborda, originaria de Santa Fe, llegaba a México con un récord de ocho ganadas, seis perdidas y tres empates sin un solo knockout en su haber.
Pero ojo, no por eso era una contrincante a tomar a la ligera. Taborda ya había venido a México tres veces antes. Había peleado contra Mariana la Barbie Juárez contra Kika Chávez y aunque había perdido, siempre había llegado al final. Siempre había aguantado los 12 asaltos sin caer. Esta vez la Argentina había prometido a la prensa argentina y mexicana algo.
Voy a regresar a casa con el cinturón. El entrenador de la Loba, el respetado Mauro Ayala, declaró a los medios que toda la preparación de los 60 días previos había estado enfocada exclusivamente en una cosa. Ganar por knockout. Buscar el knockout desde el primer round. Una declaración fuerte, una declaración que decía claramente, “Esta Argentina no se va a la distancia.
El pesaje fue limpio. Ambas marcaron 115 libras exactas, 52 kg con 163 g. Todo en orden. Cota Víctor del Consejo Mundial de Boxeo supervisó el prepisaje. Listo el escenario. Se llenó el gimnasio de Ciudad Juárez con 4,000 personas. La afición fronteriza, esa afición que vive el boxeo con una intensidad particular pidiendo knockout.
Sonó la primera campana y desde el primer round la loba salió a hacer lo que había prometido su entrenador, castigar, tirar bombas, buscar el desenlace temprano. En el primer asalto la mexicana mandó a Taborda a la lona. La Argentina se incorporó, pero según las crónicas de la época, en malas condiciones. Apenas terminó el primer round con vida.
En el segundo asalto, Sulina siguió castigando a dos manos. Golpes al cuerpo, golpes a la cabeza. una persecución implacable. Pero entonces, en el tercer asalto pasó algo que la afición no esperaba. Las dos boxeadoras se pararon al centro del cuadrilátero a intercambiar en una salida de la pelea en corto.
En una de esas situaciones donde dos guerreras dejan caer las defensas para tirarse golpes, la Argentina Taborda conectó una derecha que sorprendió a la loba. Vanessa Taborda. Ahora a ver la Sulina cayó. Sí, así como leen, la propia loba fue a la lona en el tercer round. La afición se quedó muda por un instante.
Era posible que la mexicana invencible estuviera en problemas, pero la caída fue más por sorpresa que por daño real. Sulina se levantó de inmediato, sin aturdimiento, mirando a Taborda con cara de, “Te voy a cobrar lo que acabas de hacer.” Y entonces vino el cuarto asalto. Mi gente, lo que voy a contarles ahora es lo que se viralizó. Esto es el momento por el cual ustedes han aguantado todo este video.
Pónganse atentos. Sonó la campana del cuarto round. La loba salió decidida a cerrar la pelea, decidida a vengar la caída del round anterior, decidida a sellar definitivamente el debate sobre quién mandaba en el ring. La Argentina Taborda, valiente como siempre, aceptó el intercambio. No retrocedió, no corrió, se paró a pelear como mexicana, aunque fuera Argentina.
Las dos guerreras al centro, el público de Ciudad Juárez de pie sintiendo que algo épico estaba a punto de pasar. Y al minuto con 25 segundos del cuarto asalto, exactamente al minuto con 25 segundos, la loba Muñoz hizo algo que va a quedar para siempre en la historia del boxeo femenil mexicano. Vio una abertura microscópica, una décima de segundo en la que la guardia de Taborda bajó y soltó una derecha, una sola derecha.
Caliente, la mano derecha y la lona se va Vanessa. Aorda, pero una derecha brutal, salvaje, perfecta, a la mandíbula. Una derecha que parecía sacada de un knockout clásico de los grandes pesos pesados de la historia. Una derecha que no se ve en el boxeo femenil casi nunca, mi gente, porque las mujeres por su biología natural no tienen esa potencia.
Pero la loba, la loba era distinta. La loba pegaba como hombre. La loba pegaba con intención asesina. Esa derecha conectó plenamente en el mentón de Taborda y la Argentina cayó, pero no cayó como caen las boxeadoras normales, mi gente. No cayó haciendo equilibrio, agarrándose de las cuerdas, buscando apoyo.
Taborda cayó de boca cara contra la lona, fulminantemente. Como caen los árboles cuando los talas con motosierra. Pum. Una caída tan brutal que el referee estadounidense Rocky Burk, que estaba ahí parado a 3 m, ni siquiera intentó contar. Burk detuvo el combate inmediatamente. No hubo conteo. No hubo. 1 2 3.
Burk vio cómo cayó la Argentina y de inmediato cruzó los brazos haciendo la seña internacional de que la pelea había terminado. Y aquí, mi gente, aquí viene lo que más impactó a la afición esa noche. Taborda no se levantaba. La Argentina se quedó tendida en la lona, boca abajo, sin reaccionar. Los segundos pasaron.
10 segundos, 20 segundos, 30 segundos, un minuto. La afición empezó a preocuparse. Los doctores del ring entraron corriendo. La esquina de la Argentina entró desesperada. Estaban abanicándola. Estaban hablándole, estaban tratando de hacerla reaccionar. Pasaron varios minutos completos antes de que Taborda volviera en sí y pudiera incorporarse, todavía aturdida, todavía sin entender qué había pasado, todavía con esa mirada perdida que solo ponen los nouteados de verdad.
Cuando finalmente se levantó, la afición de Ciudad Juárez la aplaudió. Es uno de esos detalles bonitos del boxeo mexicano. La afición de aquí sabe reconocer la valentía del rival, aunque sea derrotado. Itaborda había sido valiente. Había venido a México sin miedo. Había aceptado el intercambio en el cuarto round, aunque sabía que la mexicana traía bombas en los puños.
Eso en boxeo se respeta. La loba tomó el micrófono después del knockout y declaró. Estoy muy satisfecha, muy contenta. No me esperaba este cierre. Me dio mucha alegría y la clave fue el entrenamiento. El golpe lo había estado practicando y gracias a Dios se dio. Una declaración humilde, sin presunción, agradeciendo.
Así es la mexicana de verdad. Cuando le dieron el micrófono a Taborda, la Argentina, todavía con dolor, pero con dignidad, dijo, “Reconozco la calidad de Muñoz. Me conectó perfecto. No vi venir el golpe. Dimos todo en el ring. Aunque la división supermosca no es la mía, yo soy mosca. Reconocimiento puro, sin excusas, sin lloriqueos.
Una rival a la que hay que reconocerle el mérito. Pero lo más impresionante de este knockout vino después. El video del cierre fue subido a YouTube y a Facebook y empezó a viralizarse de una manera nunca antes vista en el boxeo femenil mexicano. En cuestión de pocos días superó las 86,000 reproducciones, una cifra absolutamente brutal para una pelea de campeonato femenil en aquella época, cuando el boxeo de mujeres todavía no tenía la difusión que tiene hoy.
El periódico Esto publicó el reportaje Loba Muñoz, la noqueadora más explosiva, subrayando que la imagen de los puños todavía humeantes había superado las decenas de miles de visualizaciones en muy corto lapso. La revista Ring TV en inglés tituló el artículo Sulina Munos wipes Vanessa Taborda out in for, que en español viene a significar algo así como Sulina Muñoz barre a Vanessa Taborda en cuatro asaltos.
La fotografía del K o distribuida por la agencia Imago 7 recorrió todos los medios deportivos del continente. Esa derecha de la loba, mi gente, esa derecha en el cuarto asalto del 2 de julio del 2016 consolidó a Sulina Muñoz como, y cito textualmente las palabras del propio diario Esto, la noqueadora por excelencia del boxeo femenil mexicano.
La cifra que ella reclamaba en aquella época era impresionante. 39 knockouts en 61 victorias acumuladas a lo largo de su carrera. Casi dos terceras partes de sus triunfos eran por la vía rápida y este knockout ataborda fue, según los conocedores, uno de los más espectaculares de los que se tenga memoria.
¿Por qué este knockout entra al número uno de este recuento? por todo lo que hemos contado, porque combinó múltiples elementos que rara vez coinciden en una sola pelea. Tuvo la épica de la caída de la propia loba en el tercer round, lo que hizo creer a algunos que la mexicana podía perder. Tuvo la venganza inmediata en el cuarto, tuvo la ejecución técnica perfecta del derecho cruzado.
Tuvo el impacto visual brutal de Taborda cayendo de boca a la lona. tuvo el momento de tensión cuando la Argentina no se levantaba y los doctores entraron al ring. Tuvo el respeto entre las dos peleadoras al final, tuvo la viralización masiva en internet y tuvo la consagración de Sul Lina Muñoz como la pegadora más temida del femenil mexicano.
Y aquí, mi gente, aquí viene la reflexión final, porque este video no se trata solamente de coleccionar knockouts. Este video se trata de algo más profundo. Se trata de mostrarle al mundo entero que cuando una mujer mexicana decide subirse al cuadrilátero, lo hace con todo. Con la historia de su tierra cargada en los hombros, con el sacrificio de las que vinieron antes, con la dignidad de las que vendrán después, con el orgullo de pertenecer a un país que ha dado al boxeo más campeones mundiales que ninguna otra nación de habla hispana en
la historia. La Loba Muñoz, Mariana Juárez, Ana María Torres, Ivet Zamora, Jackie Nava, Areli Musiño, Diana Fernández. Todas ellas son una sola cosa. Son México. Son el reflejo de un pueblo que pelea, que se levanta, que jamás se rinde, que cuando recibe un golpe responde con tres. Son las hijas legítimas de una tradición pjilística que arranca con los grandes maestros del siglo XX y que continúa hoy con cada niña que en algún gimnasio polvoso, de Hidalgo, de Tepito, de Ciudad Juárez, de Tijuana, de Mérida, está soñando con
llegar a ser campeona del mundo. Estas 10 peleas son apenas una muestra de todo lo que el boxeo femenil mexicano le ha regalado al mundo. Hay muchísimas más. Hay knockouts que se quedaron fuera de este recuento porque 10 es un número muy chiquito para tanta grandeza. Pero estos 10 estos 10 son una declaración de principios.
Estos 10 son la prueba de que México no es solo el país de los grandes campeones masculinos. México es también el país de las grandes campeonas. Y mientras siga existiendo una sola niña mexicana con guantes en las manos y sueños en el corazón, este país va a seguir pariendo guerreras. Eso, mi gente, eso no se negocia. Eso es México hasta el último día.
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