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“¿No te da vergüenza?”: El insulto de un Coronel a un Expresidente que terminó en una tragedia familiar.

“¿No te da vergüenza?”: El insulto de un Coronel a un Expresidente que terminó en una tragedia familiar.

Un tenso encuentro en una gasolinera captó la atención de todo Uruguay. El coronel Eduardo Sánchez, conocido por sus posturas inflexibles, confrontó públicamente a José Mujica, humillándolo por su viejo Volkswagen y su estilo de vida austero.

—¿No le da vergüenza que un expresidente ande manejando esa chatarra?

Le escupió con desprecio.

La respuesta de Mujica no solo dejó sin palabras al militar, sino que también desencadenó un proceso de reconciliación que trascendió décadas de odio político en Uruguay.

El sol comenzaba a ponerse sobre los campos de Rincón del Cerro cuando José Mujica, conocido cariñosamente como Pepe por su pueblo, manejaba su viejo Volkswagen Escarabajo azul de 1987 por la Ruta 5.

A sus 85 años, el expresidente uruguayo conservaba la costumbre de visitar personalmente a pequeños productores rurales para escuchar sus preocupaciones. Su chacra en las afueras de Montevideo, donde vivía con su esposa Lucía Topolansky y sus tres perros adoptados, era un símbolo de la austeridad que lo había convertido en el presidente más pobre del mundo.

Aquella tarde de otoño, Mujica regresaba de visitar a la familia Rodríguez, pequeños agricultores que luchaban contra la sequía que afectaba sus cultivos de soja. El cielo amenazaba lluvia y el viento sacudía los eucaliptos que bordeaban el camino.

En la radio sonaba una canción de Rubén Olivera, una canción que le recordaba los tiempos de resistencia contra la dictadura.

“La verdadera riqueza de un hombre está en lo poco que necesita”, pensó Pepe mientras contemplaba el horizonte.

Esa filosofía lo había guiado durante toda su vida, desde sus años como guerrillero tupamaro hasta su presidencia entre 2010 y 2015.

Vestido con su ropa característicamente sencilla —una camisa de cuadros gastada y pantalones de trabajo—, Mujica se detuvo en una gasolinera para cargar combustible.

—Don Pepe, ¿cómo está?

Lo saludó Martín, el joven encargado, con entusiasmo.

—Acá estamos, peleando contra el tiempo, que no espera a nadie.

Respondió Mujica con su tono ronco y pausado de siempre.

Mientras esperaba, notó un elegante auto negro con vidrios polarizados estacionado a unos metros. Un hombre alto, de unos 60 años, con postura rígida, bajó del vehículo vestido con uniforme militar completo.

Era el coronel Eduardo Sánchez, una figura polémica en Uruguay por sus declaraciones en defensa del legado positivo de la dictadura militar que gobernó el país entre 1973 y 1985.

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