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La ÚLTIMA CARTA Del CHE GUEVARA — El SOLDADO Que La OCULTÓ 56 AÑOS REVELA La VERDAD c

La ÚLTIMA CARTA Del CHE GUEVARA — El SOLDADO Que La OCULTÓ 56 AÑOS REVELA La VERDAD c

Nadie imaginaba que durante más de cinco décadas Ramiro Terrazas, un joven soldado boliviano presente en la captura del Cheegevara en octubre de 1969-1967, guardaría un secreto que podría cambiar nuestra comprensión de los últimos momentos del revolucionario más famoso del siglo XX. Una carta escrita por el Che pocas horas antes de su ejecución, que nunca llegó a su destinatario y que contiene revelaciones que contradecen radicalmente la historia oficial.

Nunca tuve la intención de quedarme con la carta. Revélate razas. ahora un anciano de 78 años que finalmente ha decidido romper su silencio. Mi plan era entregarla como se me ordenó, pero cuando leí su contenido, supe que si cumplía las órdenes, este documento desaparecería para siempre. Terrazas.

 Entonces, un joven recluta de 22 años formaba parte del contingente militar que capturó al Che en la quebrada del yuro y lo trasladó a la pequeña escuela de la higuera. Su rol era aparentemente insignificante, vigilar al prisionero durante unas horas mientras los altos oficiales decidían su destino. Me asignaron el turno de Guardia de la madrugada. Recuérda terrazas.

Era el momento más tranquilo. Los oficiales estaban descansando y el che, después de horas de interrogatorio, había quedado solo, esposado a una silla en aquella pequeña aula convertida en celda. Fue durante esas horas silenciosas en la madrugada del 9 de octubre de 1967, cuando ocurrió un intercambio que cambiaría la vida de terrazas para siempre.

El Che me pidió papel y lápiz, relata el exoldado. Me dijo que quería escribir una última carta a su esposa. Al principio me negué. Tenía órdenes estrictas, pero había algo en su mirada, una dignidad, una humanidad que contrastaba con la imagen del terrorista peligroso que nos habían descrito.

 Finalmente accedí con la condición de que yo entregaría la carta a mis superiores. Durante aproximadamente una hora bajo la tenue luz de un kinque. El Che escribió meticulosamente lo que sería su verdadero testimonio final, un documento radicalmente diferente de la famosa carta de despedida a mis hijos que Fidel Castro leería públicamente años después.

Cuando terminó, me entregó las hojas dobladas. Continúa Terrazas. Me dijo, “Joven soldado, ahora tienes en tus manos mi verdad. Haz lo que tu conciencia te dicte.” En ese momento no entendí completamente el peso de sus palabras. Terrazas guardó la carta en su bolsillo con la intención inicial de entregarla a sus superiores como había prometido, pero esa misma mañana escuchó una conversación entre oficiales que cambiaría su decisión.

Oí al capitán diciendo que todos los escritos del Che debían ser confiscados y destruidos inmediatamente. Recuerda que nada escrito por él debía salir de la higuera. En ese momento supe que tenía que proteger esa carta, aunque no entendía completamente por qué. La decisión de Ramiro Terrazas de conservar la última carta del Cheegevara marcó el inicio de 56 años de silencio, culpa y miedo.

Una vida entera dedicada a proteger un documento cuyo contenido contradecía radicalmente la narrativa oficial sobre el revolucionario argentino y su muerte. Después de la ejecución del Cha, la carta se convirtió en un peligro mortal para mí. Explica ter razas. Si descubrían que la tenía, me habrían acusado de traición.

 Bolivia estaba bajo un gobierno militar que veía la captura del Che como su mayor triunfo. Cualquier información que contradijera la versión oficial era considerada subversiva. Durante los primeros años, Terrazas mantuvo la carta escondida en un compartimento secreto que construyó en el piso de su modesta casa en La Paz. Ni siquiera su esposa conocía su existencia.

Viví con miedo constante durante la dictadura. Recuerda, cada vez que había un golpe de estado o un cambio de gobierno, temía que vinieran a registrar mi casa. La carta era una bomba de tiempo. Con el retorno de la democracia a Bolivia en la década de 1980, el miedo de terrazas no desapareció. El documento que guardaba seguía siendo políticamente explosivo, capaz de contradecir versiones oficiales tanto de Bolivia como de Cuba sobre los últimos momentos del Che.

Pensé en revelarla en 1997 cuando encontraron los restos del Che en Vallegrande, confiesa. Pero el clima político seguía siendo peligroso. Además, con los años carta se había convertido en parte de mi identidad, de mi secreto personal. Tenía miedo de las consecuencias de revelarla, pero también de separarme de ella.

Lo que finalmente motivó a terrazas a romper su silencio fue una combinación de factores. Su avanzada edad, el cambio en el clima político de Bolivia y un reciente diagnóstico médico que le hizo pensar en su legado. Cuando me diagnosticaron cáncer terminal hace 6 meses, supe que era el momento. Explica. Esta carta no me pertenece.

pertenece a la historia. No podía llevarme este secreto a la tumba. Contactó entonces a un reconocido historiador boliviano especializado en la campaña del Che, ofreciéndole acceso exclusivo al documento bajo estrictas condiciones de verificación y autenticación. Cuando vi por primera vez la carta, mi escepticismo inicial se transformó en asombro.

relata el historiador Roberto Sánchez. La caligrafía coincide perfectamente con la del Che. El papel, la tinta y los métodos de datación confirman que es de 1967. Y lo más impactante, su contenido revela una dimensión completamente desconocida del pensamiento final del Che. El contenido de la última carta del Cheegevara, escrita horas antes de su ejecución, revela una perspectiva radicalmente diferente a la imagen del revolucionario inquebrantable que ha prevalecido durante décadas.

Lo más impactante es su evaluación final sobre la lucha armada como estrategia revolucionaria, explica Sánchez. El Che escribe, “Ahora frente a mi inminente muerte, debo reconocer que el camino de las armas no es viable en América Latina. Hemosestimado las condiciones objetivas y subestimado la capacidad de respuesta del imperio.

 La revolución deberá encontrar otras vías más lentas, pero más efectivas para construir una sociedad justa. Esta admisión contrasta dramáticamente con la imagen del Che como defensor incondicional de la lucha armada y la exportación del modelo cubano a otros países latinoamericanos. Sugiere una profunda reconsideración de su estrategia revolucionaria nacida de su experiencia fallida en Bolivia.

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