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¡LA PERVERSA TRAICIÓN DETRÁS DE MR. NIEBLA! Lo que tres ídolos del CMLL le hicieron en Japón y el diario secreto que desnudó la maldición de su propia sangre

¡LA PERVERSA TRAICIÓN DETRÁS DE MR. NIEBLA! Lo que tres ídolos del CMLL le hicieron en Japón y el diario secreto que desnudó la maldición de su propia sangre: el pacto asqueroso desde los 8 años que ni su máscara ni los millones de aplausos pudieron salvar de una muerte solitaria.

MR NIEBLA: LA ASQUEROSA VERDAD DETRAS DE SU MUERTE EN CMLL  

El luchador más querido del CML, ídolo de millones de niños mexicanos. Y ese mismo hombre, muerto tirado en la cama de un hospital sin dinero sin esposa, debiéndole miles de pesos al hospital. La versión que el público mexicano conoce de Mr. Niebla es la versión limpia. Hoy vas a saber la oscura realidad, la que ocultaron durante una década entera.

 es mucho más asquerosa que la que contaron. Quédate hasta el final porque hoy vas a saber qué le hicieron sus compañeros por más de 10 años que le acabó quitando la vida. Y por qué esos compañeros aplazaron la función benéfica que iba a salvarlo hasta que ya era tarde. Su nombre era Efrén Tiburcio Márquez. El mundo lo conoció como Mr.

 Niebla y para entender cómo lo destruyeron, antes tienes que ver de dónde vino. Efrenti Burcio Márquez nació el 22 de febrero de 1973 en la ciudad de México, en el Hospital General Manuel Gea González, al sur de la ciudad, una madrugada fría de un invierno cualquiera. Su mamá, Carmen Pérez Domínguez, tenía 28 años.

 llegó al hospital sola en taxi porque el papá no estaba en casa esa noche. Y el papá no estaba en casa esa noche porque, según contaría la propia Carmen años después a sus comadres del mercado, estaba en una cantina de la colonia Guerrero tomando con sus amigos del ferrocarril. El papá se llamaba Tiburcio Márquez Pérez, trabajador del ferrocarril desde los 18 años, hombre callado durante el día.

otro hombre completamente distinto cuando entraba a una cantina los viernes por la noche. Y para 1973, cuando nació su tercer hijo, ese hombre llevaba ya 15 años cargando una costumbre que iba a marcar a toda la familia, una costumbre que iba a definir sin que él lo supiera, el destino del recién nacido que su esposa Carmen estaba esperando en una cama de hospital sin que él llegara.

 Y esa costumbre del papá Tiburcio, esa costumbre que para los vecinos de la colonia Penncil era normal porque la mitad de los hombres del barrio la tenían. Iba a ser la semilla de la tragedia que 46 años después dejaría a Mr. Niebla muerto en una cama de hospital, pero todavía falta para llegar ahí. La familia vivía en una casa pequeña de la calle Hortelanos, en la colonia Pencil, al norte de la ciudad de México.

 Dos cuartos, una cocina, un patio chico donde tendían la ropa y un televisor blanco y negro que el papá había comprado de segunda mano en el tianguis del toreo. La colonia Pencil de los años 70 era barrio Bravo. Alles de tierra, vecindades pegadas unas a otras, hombres que trabajaban en el ferrocarril, en la fábrica de cemento, en la zapatería, en los mercados y mujeres que vendían verduras en el mercado de Atlampa, lavaban ropa ajena o limpiaban casas en colonias más ricas como Polanco.

 Carmen, la mamá, vendía verduras en el mercado de Atlampa de 6 de la mañana a 2 de la tarde. Tenía un puesto pequeño que había heredado de su mamá. vendía jitomates, cebollas, chiles serranos, cilantro. Lo que sobraba de sus ventas lo cargaba en una bolsa de mandado y se lo llevaba a la casa de hortelanos para alimentar a los tres hijos, porque el sueldo del papá Tiburcio los viernes por la noche casi siempre se quedaba en la cantina antes de llegar a la casa.

 Y aquí empieza algo que el pequeño Efrenti Burcio, sin entenderlo, iba a ver todos los viernes de su vida durante 15 años. Algo que ningún niño de 8 años debería ver y algo que él mismo iba a callar durante el resto de sus días sin contárselo a ningún reportero, a ningún compañero del CML, a ningún amigo del barrio. Vamos a regresar a ese tema más tarde porque para entender quién era Mr.

 niebla antes de la máscara, antes del CML, antes de las botellas de whisky en los hoteles. Hay que ver primero al niño que veía lucha libre por televisión los sábados por la tarde con su papá. El único momento de la semana en que Tiburcio Márquez Pérez no estaba borracho. El único momento en que padre e hijo se sentaban juntos en el sillón y el momento que iba a definir sin que ninguno de los dos lo supiera, la carrera del más pequeño de los Márquez Pérez.

 Los sábados por la tarde, a las 6 en punto, el papá Tiburcio prendía el televisor blanco y negro, ponía el canal 4 de Televisa y empezaba la transmisión de lucha libre desde la arena pista Revolución, una arena pequeña que ya no existe, ubicada cerca del monumento a la revolución. Carmen y los dos hermanos mayores de Efrén, Roberto y Juan, se iban al patio o al cuarto, porque al papá Tiburcio le molestaba que hablaran mientras transmitían la lucha.

 Pero el pequeño Efrén, de 5 años, 6 años, 7 años, se quedaba al lado del papá viendo en silencio, sin hacer ruido, sin preguntar, solo viendo. Vio a Blue Demon, vio al Santo, vio a 1000 máscaras. vio a Huracán Ramírez y vio en 1979, cuando tenía 6 años, a un luchador joven llamado Lismark, que en pocos años se iba a convertir en uno de los más grandes técnicos del CMLL.

Ese día, viendo a Lis Mark volar desde la tercera cuerda en blanco y negro, el pequeño Efrenti Burcio decidió, según contaría a su esposa Rosa María 30 años después, que él quería ser luchador, quería usar una máscara. Quería que la gente lo aplaudiera como aplaudían a Lis Mark. No le dijo nada al papá ese sábado.

 Tenía miedo de que el papá Tiburcio se burlara. Lo dejó guardado dentro de la cabeza. Pero a partir de esa tarde, los sábados a las 6 en punto, el niño se sentaba al lado del papá con un cuaderno escolar y dibujaba máscaras de luchadores. Las dibujaba mientras la lucha pasaba en la pantalla y cuando el papá no veía, se llevaba el cuaderno al cuarto, lo escondía debajo del colchón y soñaba con ser él el que estuviera en la pantalla.

 Lo que ese niño todavía no sabía, lo que ningún sábado de televisión podía enseñarle. era que la misma costumbre del papá Tiburcio, esa costumbre que el barrio Pencil consideraba normal, ya estaba sembrada dentro de su propio cuerpo y que algún día, 30 años después iba a destruirlo. Efrenti Burcio terminó la primaria en la escuela primaria Vicente Guerrero de la colonia Pennil.

 Era un niño promedio, callado, sacaba buenas calificaciones, le gustaba dibujar y los recreos, en lugar de jugar fútbol con los demás niños, se iba a la barda del patio a hacer lucha libre con un amigo que se llamaba Carlos Hernández. A los 12 años entró a la secundaria técnica número 39, ubicada en la colonia Atlatilco.

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