Vamos a volver a esa camiseta [música] porque hoy esa camiseta colgada significa algo muy distinto a lo que significaba cuando la enmarcaron y casi nadie lo dice. En el Mundial de Francia 98, el técnico Manuel La Puente lo usó como recambio. El cabrito entraba en el segundo tiempo cuando el rival ya estaba cansado [música] y desequilibraba con velocidad.
Los comentaristas franceses lo bautizaron como el s suplente frente a Holanda con México perdiendo 2 a0. El cabrito entró en el minuto 70, asistió en uno y provocó el penal del empate. México sacó 2 a dos. La afición mexicana en bares de todo el país gritó su nombre. Frente a Bélgica hizo lo mismo. [música] Frente a Alemania, en octavos de final, México perdió 2 a 1, pero el cabrito había nacido para el público nacional.
[música] Una escena del vestidor contada años después por un masajista de la selección lo retrata mejor que cualquier estadística. La noche del empate contra Holanda, cuando el equipo regresó al hotel, el cabrito se quedó solo en un pasillo llamando por teléfono a su madre en Monterrey. Le habló durante 17 minutos.
Cuando colgó, se sentó en un sillón del lobby y se quedó mirando el piso un rato largo. El masajista le preguntó si estaba bien. El cabrito le contestó una frase que el hombre no olvidó nunca. le dijo, “No sé qué voy a hacer cuando todo esto se acabe.” La frase, en boca de un muchacho de 25 años en pleno ascenso sonaba exagerada, pero no lo era.
El cabrito ya intuía en ese momento que el día que se bajara de las canchas no iba a saber cómo llenar el silencio. Después del mundial regresó a México. Jugó otra temporada con Chivas, [música] no le fue bien. El cabrito necesitaba estar en su casa y en el verano del 2000 regresó al Monterrey, esta vez para quedarse para siempre, como había prometido a su madre la noche del debut.
Imagina por un momento que tú eres ese hombre, 27 años, acabas de regresar a tu ciudad. Tu equipo te recibe como héroe. Tienes contrato por millones de pesos. Tienes la selección. Tienes a tu familia cerca. [música] Tienes todo y 20 años después, la persona que te ve en una foto de hoy prefiere mirar para otro lado. Esa caída no se construye en una sola tarde, se construye en silencio, en decisiones que nadie te ve tomar, en momentos donde nadie te detiene.
[música] Entre 2002 y 2005, el cabrito vivió la mejor etapa deportiva de su vida. En el Mundial de Corea, Japón 2002 jugó cinco partidos, llegó a octavos de final, fue de los más destacados de México. Al regreso, en la Liga [música] Mexicana, ganó el primer título del Monterrey en 17 años, el campeonato clausura 2003, bajo las órdenes de Daniel Pasarela.
La final fue en Morelia. [música] El cabrito anotó. La afición lo levantó en hombros. Si era en ese momento el hombre más amado de Nuevo León. Esa misma semana, en un pueblo cerca de la presa de la boca al sur del área metropolitana de Monterrey, un joven aficionado murió ahogado en el agua. Tenía 22 años.
Era fanático del cabrito arellano. Sus familiares decidieron despedirlo con una camiseta del Monterrey puesta. [música] En la espalda el número 28, el del ídolo. La historia salió en los periódicos locales. El cabrito, cuando se enteró, mandó una corona de flores al velorio y llamó por teléfono a la familia.
La madre del muchacho le contestó llorando. El cabrito también lloró del otro lado de la línea. [música] Durante los meses siguientes, la familia del joven guardó la camiseta en una caja de recuerdos. Esa camiseta todavía existe. La guarda la hermana del fallecido en un armario de su casa en Santiago, Nuevo León.
Vamos a regresar a ese detalle después. Después vinieron las dos finales perdidas en el Apertura 2004 y el Apertura 2005. Los dos años el Monterrey llegó a la última instancia. Los dos años perdió. El Cabrito jugó con la frente alta. recibió ofertas de Europa. [música] El Chievo Verona de Italia en la serie A le ofreció un contrato sustancioso después del Mundial 2002. El cabrito dijo que no.
Otra vez, como había hecho con los Pumas a los 13 años. [música] Su lugar era Monterrey, su sangre era azul y blanca, y de ahí no se movía nadie. Pero esa lealtad que parecía la virtud más grande de su carrera escondía [música] una tragedia que nadie supo ver a tiempo. ¿Por qué un hombre con ofertas en Europa con tres mundiales encima con el reconocimiento internacional se aferraba con tanta fuerza a quedarse en una sola ciudad? La respuesta no era amor por los colores, era otra cosa. Y vamos a llegar a ella.
En 2006 jugó su tercer mundial, Alemania. Tenía 33 años. Ricardo Labolpe, el técnico de México, lo llevó como veterano. [música] El cabrito jugó solo un partido, apenas el segundo tiempo de un empate 0 a0 contra Angola. Suplente, reemplazo, sombra de lo que había sido, pero ahí estaba. tres mundiales, la cifra que ningún regio montano había alcanzado antes y a los 33 años sabía que iba a ser su último mundial y que el reloj de su carrera empezaba a apurarse.
Regresó a Monterrey, siguió jugando, siguió siendo titular, pero el cuerpo ya no le respondía como antes. Las lesiones empezaron a acumularse, las rodillas, el gemelo, [música] la espalda. Y aún así, en 2009 con 36 años ganó el campeonato Apertura y al año siguiente el Apertura 2010, tres campeonatos de liga junto a Luis Ernesto Pérez, los dos únicos tricampeones del Monterrey.
Y en 2011, ya con 37 años ganó la Conca Champions, su primer título internacional de clubes. El 12 de mayo de 2011, a los 38 años, el cabrito Arellano publicó un mensaje en Twitter anunciando su retiro. 300 caracteres, sin conferencia de prensa, sin homenaje, sin gira de despedida. Tres campeonatos, una conca Champions, tres mundiales, 70 partidos con la selección.
Todo eso terminado en un tweet corto. Esa decisión de retirarse así sin reflectores fue un anticipo silencioso de cómo iba a vivir el resto de su vida. Lejos, sin micrófonos, sin explicaciones. Los primeros meses después del retiro fueron difíciles. El cabrito que llevaba 17 años jugando, de repente tenía el día libre.
sin entrenamiento, sin concentración, sin partido el fin de semana intentó llenar el tiempo con un curso de entrenador que empezó a tomar ese mismo año en la Ciudad de México. Decía en entrevistas que sueño a largo plazo era dirigir al Monterrey, pero el curso no lo terminó, o este, mejor dicho, lo terminó, pero nunca lo aplicó. La dirigencia del club en los años siguientes nunca le ofreció un puesto técnico ni en fuerzas básicas, ni como asistente, ni en el cuerpo de scouts, nada.
En 2013, con 40 años, firmó un contrato con el Flash de Monterrey, un equipo de fútbol rápido profesional que participaba en la liga estadounidense. Jugaba en canchas pequeñas, con paredes, con reglas distintas. Le pagaban poco. Aguantó una temporada, [música] después no renovó. Esa fue su última experiencia profesional en el deporte.
Desde entonces nunca volvió a estar cerca del fútbol de alto nivel, ni siquiera como comentarista, ni siquiera como panelista en televisión. Las ofertas fueron llegando cada vez menos y cuando llegaban él las rechazaba. Porque para el cabrito arellano, según personas cercanas, estar como comentarista de un partido era aceptar públicamente que ya no era el que jugaba y él todavía no estaba listo para aceptarlo.
Entre 2013 y 2017, el cabrito se convirtió en una figura pública cada vez más ausente. Iba ocasionalmente a partidos importantes del Monterrey, sentado en el palco saludando a la afición desde la tribuna. Iba a eventos corporativos, cobraba por asistir a fiestas privadas de empresarios regiomontanos. se dejaba fotografiar por la sociedad de Monterrey, pero cada vez con menos entusiasmo.
Amigos suyos de esa época cuentan en privado que el cabrito empezó a beber más en esos años, que empezó a cerrar fiestas solo con un vaso en la mano en bares del centro, que empezó a aislarse, que su matrimonio, del que casi nunca ha hablado en público, empezó a hacer agua y que los fines de semana, en lugar de estar con su esposa e hijos, se los pasaba en la casa familiar de los abuelos.
en el sur de la ciudad, acompañado por sobrinos, acompañado por los jóvenes de la familia, acompañado por gente que todavía lo veía como al ídolo. Lo que sus compañeros de bar notaron en esos años y que hoy lamentan no haber dicho a tiempo es que el cabrito cambiaba cuando estaba rodeado de adolescentes, que se ponía más eufórico, que tomaba más, que hablaba de más y que hacía comentarios que a cualquier adulto sobrio le hubieran encendido las alarmas.
Pero en Monterrey el cabrito era el cabrito y nadie se atrevía a pararle el juego. Existe una fotografía tomada el 12 de septiembre de 2012 en el teatro de la ciudad de Monterrey. En esa foto, el cabrito arellano recibe la medalla al mérito cívico, la más alta distinción que entrega el estado de Nuevo León. La presea se la entrega un hombre alto con corbata azul sonriente.
Ese hombre se llama Rodrigo Medina de la Cruz. era el gobernador de Nuevo León en ese momento, un hombre que pocos años después iba a ser investigado por actos de corrupción en su gobierno. La misma autoridad que premió la trayectoria del cabrito iba a ser ella misma señalada por irregularidades graves. Esa foto sigue circulando en internet.
Vamos a volver a ella porque esa foto es el último momento público de Gloria del Cabrito Arellano. Después de esa foto, todo se rompió. Pero lo peor no es eso, porque 4 años después, en una casa de la zona poniente de Monterrey, una sobrina menor de edad iba a tomar la decisión más difícil de su corta vida y al hacerlo iba a poner en marcha la investigación que destruyó al ídolo.
Una decisión que la dejó marcada a ella también para siempre. 13 de enero de 2017, una adolescente de 16 años entra a la Procuraduría de Nuevo León, va con su madre, llora, lleva en la mano un examen médico, acaba de denunciar a su tío Jesús Arellano, el cabrito, el ídolo de toda la familia. La acusación es violación.
La denuncia se formalizó esa misma tarde. Su testimonio fue grabado, transcrito y archivado bajo el número de carpeta de investigación correspondiente. La identidad de la víctima fue protegida desde el primer momento por ser menor de edad. Su nombre nunca apareció en los medios, pero su declaración existe. Está en un expediente.
Y según los pocos periodistas que han tenido acceso parcial a ese documento, lo que la muchacha contó esa tarde es de una crudeza que nadie quiere repetir en voz alta. 11 días después, el 24 de enero, el cabrito arellano debía presentarse a declarar no fue. Su abogado interpuso un amparo, un recurso legal que paralizaba temporalmente la posibilidad de detenerlo.
Para el público, esto fue la primera señal pública de que algo grave estaba pasando. Hasta entonces, nadie sabía. La denuncia se había mantenido en sigilo. Pero el amparo, al ser un trámite judicial registrado, salió a la luz. Los reporteros empezaron a preguntar y el nombre del cabrito empezó a aparecer en titulares por primera vez en una sección que no era la de por cuando los agentes llegaron al domicilio registrado del cabrito en una colonia residencial de Monterrey, la casa estaba vacía, los muebles seguían adentro y nadie oficialmente supo a dónde había
ido. Pero hay algo más, porque cuando 2 años después finalmente lo encontraron, lo soltaron en 5 días. Y lo que pasó dentro de ese tribunal de Monterrey fue tan grave que un tribunal colegiado superior tuvo que reabrir el caso por completo por una razón helada que pocos se atreven a explicar. Durante los siguientes 27 meses, el paradero del cabrito fue un misterio público.
La fiscalía aseguraba que lo estaba buscando. Las autoridades locales decían que no lo encontraban. La prensa deportiva, que lo había convertido en ídolo durante 20 años, prefirió no escarbar mucho. Las redes sociales del propio cabrito quedaron inactivas. Sus amigos cercanos no contestaban a los periodistas.
Sus excompañeros del Monterrey, cuando les preguntaban en entrevistas, contestaban con frases hechas que no lo habían visto, que no sabían nada, que era mejor no opinar. Lo curioso es que algunos vecinos de la colonia Cumbres Oro, donde después se confirmaría que el cabrito había estado escondido todo ese tiempo, si lo veían de vez en cuando, saliendo a tirar la basura, llevando el coche al taller en el supermercado con una gorra encima.
Pero ningún vecino lo denunció. Ningún vecino llamó a las autoridades, ningún vecino dijo nada en los foros, porque en Monterrey el cabrito arellano todavía era el cabrito. [música] Y eso en una ciudad donde el fútbol es religión, vale más que una orden de aprensión. Mientras él se escondía, la sobrina, ya con 18 años cumplidos, vivía con su madre en un domicilio que las autoridades protegieron.
Tuvo que cambiar de escuela, tuvo que cambiar de número de teléfono, tuvo que dejar de subir fotos a redes sociales, recibió mensajes anónimos, recibió llamadas de números desconocid. La familia paterna del cabrito, que es también la familia paterna de ella, dejó de hablarle. La acusaron de mentir, la acusaron de traicionar al tío, la acusaron de querer dinero.
Esto último ridículo porque la denuncia penal por violación en México no genera compensación económica directa. Pero los rumores son crueles y a la muchacha la dejaron sola. La escuela preparatoria donde la joven estudiaba en Monterrey, una institución privada con uniformes azules, le pidió a la familia que la cambiara de plantel. No lo dijeron con esas palabras, lo dijeron como sugerencia de la orientadora, pero el mensaje era claro.
[música] La presencia de la joven generaba incomodidad entre las otras familias. Muchas de esas familias tenían relaciones con la directiva del Monterrey, con la clase empresarial Regio Montana, con el círculo cercano de los Arellano. [música] La joven cambió de escuela, terminó la preparatoria en un colegio público en una colonia distinta.
[música] Se inscribió en la universidad con un apellido diferente, usando el segundo apellido de su madre. [música] Y así empezó a construir de a poco una identidad distinta para no cargar con el peso del nombre del tío. Solo su madre, una de las hermanas del cabrito, le creyó desde el primer día. Esa mujer, cuyo nombre tampoco se ha hecho público para proteger a la víctima, rompió relaciones con su propio hermano, con sus otras hermanas, con sus padres y con casi toda la familia extendida.
Quedó aislada, pero no se movió de al lado de su hija. La acompañó a cada audiencia, a cada examen, a cada terapia. [música] La cuidó y le repitió cada vez que la muchacha titubeaba una [música] sola frase. No estás sola. Yo te creo. Pero el aislamiento cobró su precio. La madre de la víctima perdió su trabajo de 22 años en una empresa regiomontana de alimentos.
Le dijeron que era una reestructuración corporativa. Nadie mencionó la denuncia. Pero la carta de despido llegó apenas seis semanas después de que el caso se hiciera público. [música] La mujer, que había sido gerente de recursos humanos, se quedó sin sueldo, sin seguro médico, sin plan de retiro. Empezó a trabajar por horas vendiendo seguros de vida a comisión para sostener a su hija.
Ella misma nunca volvió a hablar con la mayor parte de su familia de sangre. Sus padres, los abuelos comunes de ella y del cabrito, murieron en 2022 sin haberla perdonado, sin haberla visto en 5 años. La hermana no fue al funeral, nadie la invitó. Esa hermana del cabrito, esa madre que le creyó a su hija contra el mundo entero, es una de las personas clave de toda esta historia.
Y todavía hay algo de ella, algo que decidió hacer en silencio durante esos años que nadie ha contado en ningún reportaje. Algo que cambia la forma de ver a esta familia. [música] Vamos a llegar a eso. El 4 de mayo de 2019, después de 27 meses prófugo, agentes de la Agencia Estatal de Investigaciones de Nuevo León detuvieron al cabrito arellano en una casa de la colonia Cumbres Oro al poniente de Monterrey.
La operación duró menos de 15 minutos. El cabrito no puso resistencia, salió esposado, con la cabeza baja con un suéter [música] gris que se puso a último momento. Las cámaras de un noticiero local alcanzaron a grabar el momento. [música] El video que se publicó esa misma noche recorrió México en menos de 2 horas. La afición regiomontana se dividió.
Unos no podían creerlo, otros llevaban años esperándolo. La sobrina, en su casa con su madre vio el video por televisión y por primera vez en 2 años lloró sin esconderse. Lloró de alivio. 5co días después, el 9 de mayo de 2019, después de una audiencia que duró más de 4 horas, la jueza encargada del caso lo dejó libre sin vincular a Proceso.
Por falta de pruebas, el cabrito salió esa tarde del penal del topo chico con la misma cara con la que había entrado. Pero ahora, además, con una leve sonrisa, su abogado salió detrás de él declarando a los medios que se había hecho justicia, [música] que se había demostrado la inocencia de su cliente, que se había hecho lo correcto.
La sobrina vio esa transmisión también. Esta vez no lloró, esta vez se quedó quieta y según la madre, esa noche no comió, ni tampoco la siguiente, ni la siguiente, pero el caso no terminó ahí. Y aquí es donde la historia se vuelve más oscura, porque la madre de la sobrina, esa mujer que había roto con toda su familia, no se quedó tranquila con la decisión de la jueza.
contrató a su propio abogado, reunió documentos, reunió testigos, reunió todo lo que pudo y solicitó la apelación, una jugada legal que muchos le dijeron que no tenía sentido, que ya estaba todo dicho, que era inútil, pero la mujer no escuchó, [música] siguió, esperó, pagó y esperó más.
El 19 de diciembre de 2019, 7 meses después de la liberación, el primer tribunal colegiado en materia penal de Nuevo León dictó una resolución que cambió todo. Los magistrados determinaron que la primera jueza había minimizado las declaraciones de la víctima, que no había aplicado perspectiva de género, [música] que había desestimado pruebas que sí eran válidas y que el caso debía reabrirse desde cero.
La orden de apreensón contra Jesús Arellano al Coser fue girada de nuevo. esa misma tarde, pero el cabrito ya estaba advertido. Y cuando la nueva orden de apreensón llegó a su domicilio en diciembre de 2020, [música] la casa otra vez estaba vacía, otra vez se había ido, otra vez nadie sabía dónde.
Y desde ese día, hasta este momento en el que escuchas este video, nadie ha vuelto a verlo en público. Han pasado más de 5 años. Que un hombre tan reconocido, tan icónico, [música] tan público, lleve más de 5 años escondido en su propio país, con orden de apreensón vigente, dice algo terrible sobre la justicia mexicana, pero también dice algo terrible sobre la cultura del fútbol en este país.
Porque el cabrito arellano, según las investigaciones más recientes, no se fue de Monterrey. vive ahí, sigue ahí en la misma ciudad donde lo vieron jugar miles de personas durante 20 años, en la misma ciudad donde tiene una camiseta retirada, en la misma ciudad que lo premió con la medalla al mérito cívico. Periodistas locales aseguran, sin querer dar nombres por temor a represalias, que el cabrito ha sido visto comiendo en restaurantes de la zona las cumbres, yendo al banco a sacar dinero, saliendo de la casa de un familiar al sur de la ciudad, manejando
una camioneta gris con vidrios polarizados, pero nadie lo denuncia, nadie llama, nadie quiere ser el que ponga un ídolo del Monterrey en manos de la policía y la fiscalía, que tendría la obligación hacer un reportaje sobre el paradero del cabrito. [música] llamó a la fiscalía, pidió saber si había algún avance en la investigación.
La respuesta oficial fue un documento de dos líneas. El caso seguía abierto, la orden de apreensón seguía vigente. No había información adicional que se pudiera dar. Le cerraron la puerta. Intentó hablar con excompañeros del Monterrey. Casi todos respondieron con la misma frase. Prefiero no comentar. El reportaje nunca se publicó.
[música] El reportero, meses después cambió de medio, dijo en privado que le llegaron mensajes insinuantes para que dejara el tema. Mientras tanto, en los bares y cantinas de Monterrey, los rumores sobre el cabrito se multiplicaron. Algunos decían que había cruzado a Estados Unidos, otros que estaba en una hacienda de un amigo suyo en Tamaulipas, otros que vivía tranquilo en una casa de Saltillo, otros que nunca se había ido, que seguía en Monterrey, rotando entre tres o cuatro casas de la zona metropolitana. Ningún rumor se confirmó,
ninguno se desmintió. El cabrito simplemente dejó de aparecer públicamente y el silencio sobre él se volvió una costumbre región montana. Como no hablar mal de los muertos, cifra dura entre 2020 y 2026. Según datos de la propia Fiscalía de Nuevo León, se han ejecutado en el estado más de 14,000 órdenes de apreensón, casos por robo, por fraude, por homicidio, por delitos menores.
Pero la orden contra el cabrito arellano, una de las más mediáticas de la última década, sigue sin cumplirse, 5 años después, como si el expediente fuera de plástico. Hay una explicación que los abogados especializados en delitos sexuales en México mencionan en privado y que pocos medios se atreven a publicar. que en los casos donde el acusado es una figura pública con dinero y conexiones, el tiempo juega a favor del acusado, que mientras más años pasan, menos pruebas quedan, que mientras más años pasan, más cuesta para la víctima sostener emocionalmente la
denuncia, que mientras más años pasan, la víctima crece, hace su vida, intenta olvidar y muchas veces abandona el proceso. La táctica no escrita, pero conocida en los círculos legales, se llama desgaste y funciona. En el caso del cabrito, la estrategia fue quirúrgica. Cada vez que la fiscalía citaba al acusado a declarar, los abogados interponían un amparo distinto.
Recursos jurídicos que pausaban el proceso durante meses. Cuando los amparos se agotaban, el cabrito desaparecía unas semanas. La orden de apreensón se giraba, la casa aparecía vacía y después regresaba silenciosamente a rotar entre domicilios. Cuando la presión mediática bajaba, aparecía en alguna foto privada que circulaba en redes.
Cuando la presión subía, volvía a desaparecer. Este ciclo se repitió al menos tres veces entre 2020 y 2024. Según personas con conocimiento del caso, el costo de esa estrategia para la familia del cabrito no se puede medir en dinero. La esposa con la que había estado casado durante más de una década pidió el divorcio en 2021.
Nunca dio declaraciones a la prensa. [música] Se mudó con sus hijos a otra ciudad según fuentes cercanas y cambió el apellido de los niños en documentos privados para que no cargaran el nombre del padre prófugo. Los dos hijos hoy adolescentes no han visto al cabrito desde 2020 ni una vez.
Esa es la forma silenciosa en la que una familia se parte. No con gritos, no con escándalos, con puertas que se cierran y no se vuelven a abrir. La sobrina del cabrito que en 1999, cuando él jugaba con la selección y todo el país lo aplaudía, tenía apenas 18 meses de nacida. Hoy tiene 24 años. Lleva 8 años con un proceso penal abierto que no avanza.
Ha tenido que rendir declaración en cuatro ocasiones distintas. ha tenido que ir a peritajes psicológicos cada año. Ha tenido que recordar lo que pasó esa tarde de finales de 2016, cuando ella tenía 16 y él tenía 43. La madre la acompaña a cada audiencia. Ya no lloran ninguna de las dos.
lo hacen con una resignación que es más dura que el llanto. Pero hay algo que la sobrina no sabe, algo que su tío hizo en 2020, el mismo mes que la nueva orden de apreensón fue girada. Algo que solo dos personas conocen y que cambia toda esta historia. Pero todo esto no es lo más grave, porque hay un sobre cerrado guardado en una caja fuerte de un notario público de Monterrey desde diciembre de 2020.
Y dentro de ese sobre, según fuentes legales que pidieron anonimato, hay una declaración escrita por el propio cabrito Arellano, cuyo contenido cambia todo lo que crees saber. La existencia de ese sobre fue mencionada por primera vez en 2022 por un columnista de un periódico de la Ciudad de México que cubre temas judiciales.
El columnista no dio nombres, no dio fechas exactas, no dio pruebas, solo dijo que tenía conocimiento por dos fuentes independientes de que un notario regiomontano custodiaba un documento firmado por el cabrito arellano, [música] un documento que en caso de fallecimiento del fugitivo debía ser entregado a las autoridades estatales.
La nota apenas tuvo eco, nadie la siguió, pero existe, está publicada y todavía hoy nadie ha podido confirmar oficialmente si es verdad o no, si ese sobrexiste y si su contenido es lo que algunos especulan que es, sería la primera declaración del propio acusado sobre los hechos. Una versión escrita por su mano, sellada hasta el día en que él muera.
Una jugada legal, extraña, calculada y profundamente fría, porque significa que el cabrito sabe que él va a morir antes de presentarse a un juicio y que ha decidido que su versión solo la va a saber el mundo cuando él ya no esté para responder por ella. Imagina por un momento que esa persona fuera alguien de tu propia familia, un tío al que admiraste de niño, un hombre cuya casa pisaste 1 veces, cuyos goles celebraste en la sala con tu padre y que un día esa misma persona hace algo a alguien de tu sangre y desaparece y no responde nunca
más. Y la víctima eres tú o tu hermana o tu prima. Esa es la herida que esta familia carga en silencio y la que el cabrito arellano dejó abierta cuando se metió a esa casa donde no debió jamás haber entrado solo. Para entender lo que pasó en 2016, hay que regresar a algo que mencioné al principio del video y que dejé colgado.
Aquella frase que su primer entrenador, Pepe Sánchez, le dijo a un periodista que el cabrito tenía un orgullo que no admitía ningún tipo de límite. Esta frase era una pista y los que entendieron de psicología deportiva en su momento lo dijeron en voz baja durante años. El cabrito creció en una familia donde ser el más listo, el más rápido, [música] el más admirado, era la única forma de ganar atención.
El padre, hombre de pocas palabras, le aplaudía cuando ganaba, le ignoraba cuando perdía. La madre, cariñosa, pero ocupada con cuatro hijos, le servía la cena distinta cuando el cabrito había metido un gol en la cancha del barrio. La validación afectiva en esa casa estaba directamente conectada con el éxito deportivo. [música] Esto no es psicoanálisis barato, es lo que un periodista deportivo Regio Montano publicó en una crónica del año 2004 después de pasar 3 días con la familia Arellano.
Cuando un niño aprende que solo es querido cuando triunfa, se convierte en un adulto que necesita el aplauso, que no soporta la sombra, que no acepta el límite y que cuando el aplauso se va, [música] se queda con un vacío enorme que no sabe llenar. El cabrito se retiró del fútbol en 2011, tenía 38 años. [música] Por 6 años hasta 2017, ese vacío fue creciendo y según las personas que lo conocieron en esa época, en esos 6 años el cabrito empezó a beber más, a discutir más en familia, a meterse en relaciones difíciles y a estar cada vez
más en su propia casa, [música] en su propia oficina, con personas que ya no podían defenderse de él, como sus sobrinos. Entonces, ¿qué hace falta para que un hombre adulto, exitoso, [música] padre de familia, ídolo nacional, cruce esa línea con una niña de su propia sangre? [música] La respuesta no es simple, pero tiene que ver con lo que aprendió de chamaco, tiene que ver con lo que nunca le pusieron como límite y tiene que ver con la palabra que su primer entrenador dijo en voz baja, orgullo, sin límites. [música] Y ahora
regresemos a esa camiseta número 28 que cuelga en el museo del estadio BBVA de Monterrey. [música] La única retirada para un jugador nacido en la ciudad en bien el nombre del cabrito de la pared de honores que dejara de invitarlo a los partidos importantes. [música] La directiva del club nunca respondió por escrito, pero hizo dos cosas en silencio.
Dejó de invitar al cabrito a partidos oficiales desde finales de 2016 y movió la camiseta a una vitrina menos visible del museo. Pero la camiseta sigue ahí hasta hoy. La afición se divide cada año. Unos quieren que se quite, [música] otros que se quede. Rodrigo Medina, la de la medalla al mérito cívico. Sigue en internet, sigue en archivos de prensa, sigue siendo técnicamente un acto oficial vigente del estado de Nuevo León, aunque el exgobnador hoy vive con sus propios procesos legales pendientes por presuntos actos de corrupción, aunque el
premiado lleve 5 años escondido, esa medalla nunca ha sido revocada. El cabrito arellano sigue siendo en los archivos oficiales un ciudadano distinguido del estado de Nuevo León. Y eso, aunque suene increíble, es legalmente cierto. [música] Y finalmente, el último caramelo, la hermana del cabrito, la madre de la sobrina, la mujer que rompió con toda su familia para creerle a su hija.
En diciembre de 2020, esa mujer hizo algo que pocas personas en su lugar hubieran hecho, algo que solo un periodista de Monterrey pudo confirmar mucho tiempo después. La hermana del cabrito tomó las llaves de una casa propiedad de la familia, una casa que había heredado de los abuelos comunes, una casa donde el cabrito había estado escondido durante varios meses y se la entregó a la fiscalía sin saberlo nadie, sin firmar denuncia formal, sin pedir nada a cambio, solo entregó las llaves para que las autoridades pudieran entrar y catear
el lugar. Esa noche la hermana llegó a su casa, [música] cerró la puerta con doble seguro y se sentó en el sillón de la sala sin encender la luz. Su hija, que entonces tenía 20 años, la encontró ahí quieta a las 2 de la mañana cuando bajó por un vaso de agua. Le preguntó qué le pasaba.
La madre le contestó tres palabras. Lo acabo de hacer. La hija entendió sin preguntar más. Madre e hija se abrazaron en ese sillón durante media hora, [música] sin hablar, sin llorar del todo, entendiendo que acababan de cruzar una frontera de la que no se podía regresar. Cuando los agentes llegaron al inmueble, el cabrito ya no estaba.
Había salido horas antes, pero adentro encontraron sus cosas, su ropa, sus medicamentos, una computadora portátil, documentos y según fuentes que pidieron anonimato, encontraron también una libreta [música] pequeña de pasta dura con anotaciones a mano del cabrito durante varios meses. El contenido de esa libreta nunca se ha hecho público.
La fiscalía lo guarda como prueba reservada, pero las personas que la han visto dicen que hay, página tras página, nombres, direcciones, personas que lo ayudaron a esconderse y razones por las que cada una de ellas estaba dispuesta a protegerlo. Entre esos nombres, según las mismas fuentes, hay al menos dos empresarios regiomontanos con negocios de bienes raíces.
Un político que dejó el cargo antes de la investigación, un exdirectivo del Monterrey que ya no vive en la ciudad. dos abogados penalistas y tres familiares cercanos. [música] Ninguno de esos nombres ha sido investigado formalmente. La libreta está guardada, los nombres en silencio y el cabrito en algún lugar sigue teniendo quien le abra una puerta cuando la necesita.
[música] Eso significa que la única razón por la que el cabrito arellano no ha podido ser juzgado en 8 años no es la justicia mexicana, [música] no es la ineficiencia de la fiscalía, no es solamente el dinero, son las personas que decidieron, una por una mirar para otro lado, personas que lo escondieron, personas que le dieron de comer, personas que le prestaron casas, personas que sabiendo lo que sabían siguieron tratándolo como al ídolo.
toda una red que prefirió proteger a un hombre antes que apoyar a una niña. Esa es la verdadera tragedia, no el delito, [música] la complicidad social que vino después. Y la hermana del cabrito, esa mujer que entregó las llaves en silencio, sigue viviendo en Monterrey. Tampoco se ha hecho público su nombre.
por seguridad, por protección a su hija, por el dolor de saber que alatar a su propio hermano, no consiguió que lo capturaran, solo consiguió que se mudara de escondite y que la familia Arellano, esa familia humilde de obreros que crió al cabrito en una colonia popular, terminara partida a la mitad para siempre. Esa es la herencia verdadera del cabrito arellano.
[música] No los tres campeonatos, no los tres mundiales, no la camiseta 28. es haber sido tan grande para su ciudad que su ciudad no supo cuándo decirle basta. Y la sobrina, esa niña de 16 años que se atrevió a hacer lo que ningún adulto se atrevió, terminó pagando ella el precio de un silencio colectivo.
Hoy tiene 24 años. Camina por las calles de Monterrey con el nombre del cabrito metido en la garganta. Cada vez que ve la camiseta 28 en una vitrina, en una camiseta de niño, en un graffiti, recuerda, cada vez que entra un partido del Monterrey, alguien grita el apodo, recuerda, la memoria es una condena que ella no eligió y que va a cargar el resto de su vida.
Mientras tanto, en algún lugar de Monterrey, en alguna casa con vidrios polarizados, en algún restaurante con la cabeza baja, el ídolo más grande que dio esa ciudad a la selección mexicana sigue [música] libre, sigue comiendo, sigue durmiendo, sigue mirando los partidos del Monterrey por televisión y mientras él esté libre, mientras nadie lo entregue, mientras la fiscalía no haga su trabajo, esa niña que hoy tiene 24 años va a seguir esperando algo que probablemente no va a llegar nunca.
Una sentencia, un castigo, un perdón, un cierre. El 8 de mayo de 2023, el cabrito arellano cumplió 50 años. En circunstancias distintas hubiera sido una fecha celebrada con homenajes en el estadio BBVA, con entrevistas, con videos en el canal oficial del club, con recordatorios de sus tres mundiales y sus tres campeonatos. Nada de eso ocurrió.
El Monterrey no publicó ni una felicitación. La selección mexicana no lo mencionó en sus redes. La prensa deportiva Regio Montana hizo como si esa fecha no existiera. El 50 cumpleaños del ídolo más grande que nació en la ciudad pasó sin una sola nota, sin una sola imagen pública, sin una sola palabra. El silencio a esa altura ya era una forma de castigo colectivo que todos aplicaban sin necesidad de coordinarse.
Pero según dos fuentes que pidieron anonimato y hablaron con un periodista regio montano en 2024, esa tarde sí hubo una reunión pequeña, discreta, en una casa particular del sur de la ciudad. 10 personas a lo sumo, antiguos amigos, antiguos compañeros, familiares cercanos que aún le hablan. Comieron carne asada, tomaron cerveza, escucharon música norteña.
El cabrito, según las fuentes, apenas probó la comida. Se quedó en una silla apartada mirando hacia la ventana. A las 9 de la noche se paró, agradeció a los presentes y se fue en una camioneta gris con vidrios polarizados, sin pastel, sin foto, sin tweet, sin nada. Esa es la vida del cabrito arellano a los 53 años, este 2026.
Un hombre con tres campeonatos de liga, un hombre con tres mundiales, un hombre con una medalla al mérito cívico, un hombre con una camiseta retirada y un hombre que no puede mostrarse en público porque si alguien lo reconoce y marca un número, todo se termina. Vive preso sin paredes, vive libre sin libertad, vive en una ciudad que todavía lo tiene en vitrinas y que al mismo tiempo en silencio, le cerró la puerta de casi todos los lugares donde alguna vez fue bienvenido.
Esa es su condena lenta y posiblemente la única que va a tener. La sobrina, mientras tanto, sigue viva, sigue estudiando, sigue yendo a terapia. Tiene 24 años, trabaja medio tiempo en una oficina. Ha aprendido a no contestar llamadas de números desconocidos. Ha aprendido a no caminar sola de noche. Ha aprendido a no entrar a partidos del Monterrey porque no soporta ver la camiseta 28 en las gradas.
Su madre sigue con ella. Viven en un departamento rentado con un cuarto para cada una en una colonia tranquila. Han aprendido a reírse otra vez, despacio, pero a reírse. Hay una cosa que nadie dice, pero que está debajo de todo esto, que cuando un hombre se vuelve más grande que su familia, ya no hay quien le diga que no.
Cuando se vuelve más famoso que su madre, ya no hay quien le ponga un límite. Cuando los aplausos pesan más que la conciencia, todo lo que aprendió de Chileado de premios, sin nadie que le diga lo que tiene que oír, la justicia tarda. A veces tarda tanto que se convierte en otra forma de injusticia. Y a veces la verdadera tragedia no es lo que un hombre hace en una habitación cerrada.
[música] Es todo lo que el resto del mundo decide no hacer después. Si esta historia te hizo pensar en alguien, en una sobrina, en una hija, en una hermana que alguna vez te contó algo y tú preferiste no escuchar, llámala esta noche. Pregúntale cómo está, escúchala sin interrumpirla, porque a veces el silencio de los que saben es peor que el delito de los que hacen.
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