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J.”CABRITO” ARELLANO : CONFESÓ TODO LO QUE HIZO d

J.”CABRITO” ARELLANO : CONFESÓ TODO LO QUE HIZO d

Jugó tres mundiales con México, el ídolo eterno en Monterrey. Y ese mismo hombre, hoy está buscado por la Fiscalía General de la República. La sobrina que lo denunció tenía 16 años y lo que él hizo ese día en su propia casa todavía no aparece en ningún expediente público. Quédate.

 Vas a entender por qué uno de los ídolos más grandes del fútbol mexicano lleva más de 5 años escondido y quién lo está protegiendo. Pero antes de llegar a esa denuncia, hay algo que tienes que entender, porque lo que pasó esa tarde de enero de 2017 no empezó ahí. Empezó muchos años antes en una cancha de tierra de Guadalupe, Nuevo León, donde un niño de 5 años, hijo de obreros, ya conducía el balón mejor que los muchachos de 12.

 El niño se llamaba José de Jesús Arellano Alcoser. Nació elia popular con tres hermanos, sin lujos, sin viajes, sin más ambición que llegar a fin de mes con la cuenta de la luz pagada. El muchacho desde los 5 años salía a la calle con un balón debajo del brazo. No regresaba hasta que la madre salía a gritarle por la ventana y muchas veces la madre tenía que mandar al hermano mayor a buscarlo porque ya estaba oscureciendo y el niño seguía pateando solo contra una pared.

 Pero el balón no fue lo único que ese niño abrazó desde temprano. Hubo otra cosa, algo que lo persiguió toda su vida y que pocos se atreven a mencionar, algo que iba a explicar 30 años después. Lo peor, le decían el cabrito desde los 7 años. El apodo se lo puso un entrenador de barrio que lo vio correr por la cancha sin pararse.

 Decía que ese chamaco se movía como cabrito en monte, que no se cansaba, que brincaba donde otros caían. El nombre le quedó. [música] Y aunque después le dirían también el charrito, cuando llegó a la selección en su barrio, en su casa, en Monterrey, siempre fue el cabrito. Hasta el día de hoy, a los 13 años, en 1986, recibió su primera oferta.

 Los Pumas de la UNAM lo querían para sus fuerzas básicas. Un casatalentos viajó a Monterrey para verlo entrenar. [música] Le ofreció llevárselo a la Ciudad de México. Beca completa, concentrado en las instalaciones del club. Visión de futuro. El cabrito dijo que no tenía 13 años y le dijo a un casatalentos profesional que no quería irse de Monterrey, que no quería dejar a su familia, que él iba a ser jugador, pero en su tierra.

 [música] Y nadie en su casa, ni el padre ni la madre, lo presionaron para que aceptara. Decisión tomada. Cabrito se quedó en Nuevo León. Esa decisión tomada por un niño marcó toda su vida. Lo que parecía obstinación de chamaco resultó ser la primera promesa que el cabrito se hizo a sí mismo. Pertenecía a Monterrey. Iba a vivir y morir vistiendo los colores de su ciudad y lo cumplió.

 Pero el precio iba a ser mucho más alto de lo que él imaginó. De los 14 a los 18 años jugó con los Vaqueros de Guadalupe, [música] un equipo amater entrenado por Pepe Sánchez, exjador de Rayados y Tigres. Sánchez le dijo a un periodista años después que el cabrito era un jugador fuera de serie, que en sus 30 años entrenando muchachos nunca había visto a uno como ese, que tenía algo que no se enseña, que tenía algo que no se compra y que tenía algo más, dijo Sánchez bajando la voz que iba a ser su perdición. Tenía un orgullo que no

admitía ningún tipo de límite. Ese orgullo, dicho por su primer entrenador profesional fue la palabra clave. Y 30 años después, ese mismo orgullo aplicado a otra cosa lo iba a llevar a esconderse del país entero. En enero de 1992, cuando el cabrito tenía 18 años, el técnico del Monterrey, Miguel Mejía Varón, lo vio jugar contra las reservas del club. Una tarde de práctica abierta.

Mejía varón llevaba ahí media hora. vio al cabrito hacer dos jugadas, llamó a un asistente, le dijo que ese muchacho se quedaba. Esa misma tarde en la oficina del club, José Arellano firmó su primer contrato profesional. Sin agente, sin abogado, sin negociación. Le pagaron lo que le ofrecieron y dijo que sí.

 Acababa de cruzar la puerta del que iba a ser el equipo de su vida. Tardó 2 años en debutar en primera división. El 5 de febrero de 1994 con 20 años, el cabrito entró a la cancha del estadio tecnológico contra el Puebla. Empate 1 a 1, jugó 45 minutos, [música] no anotó, no asistió. Salió del campo con la camiseta sudada y la sensación de que la había desperdiciado.

Su madre estaba en las gradas. La había llevado el padre desde la colonia en autobús cargando termos con agua. Cuando el cabrito salió del estadio esa noche, la madre lo abrazó y le dijo una sola frase. [música] “Mi hijo, tú eres de aquí. Esto es para siempre.” Frase que él no olvidó jamás.

 Entre 1994 y 1997, el cabrito se convirtió en el jugador más prometedor del norte de México. Velocidad de gasela, regate largo, capacidad de centro, goles desde la banda derecha. Bora Milutinovic, técnico de la selección mexicana, lo convocó por primera vez al tri el 2 de febrero de 1996. El cabrito tenía 22 años.

 Salió al campo con la camiseta verde puesta [música] y entendió esa noche que su sueño de niño se acababa de hacer realidad y que apenas empezaba. En total, el cabrito arellano vistió la camiseta de la selección mexicana 70 veces, anotó siete goles, jugó tres mundiales seguidos. Francia 98, Corea Japón 2002, Alemania 2006.

 Es uno de los siete mexicanos en la historia que ha logrado eso y el primero nacido en Monterrey en hacerlo. 70 partidos, tres mundiales y un hombre que iba a quedar manchado de la peor forma. La temporada del 98 cambió todo. [música] Las Chivas de Guadalajara, el club más popular de México, hicieron una oferta fuerte por él.

 El cabrito que llevaba 6 años en Monterrey, aceptó. Era la primera vez que dejaba a su equipo, la primera vez que se mudaba de ciudad, [música] la primera vez que dormía lejos de su familia. La gente del Monterrey lo vio como una traición. La gente de Chivas lo recibió con desconfianza. Pero ese año en Francia, frente al mundo entero, el cabrito dejó de ser un jugador del norte y se convirtió en una figura nacional.

 Existe una camiseta azul y blanca, la del Monterrey, con un número grande estampado en la espalda. [música] El número 28. Esa camiseta cuelga hoy en el museo del estadio BBVA de Monterrey dentro de una vitrina iluminada. [música] Es uno de los dos números retirados oficialmente por el club en toda su historia. El otro es el del chileno Humberto Suazo, pero esta camiseta, la del 28, es la única retirada para un jugador nacido en Monterrey.

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