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 ¡HARFUCH MUESTRA que SALINAS DE GORTARI MANDÓ a LA TUMBA a COLOSIO en 1994! ¡SALEN LAS PRUEBAS!s

 ¡HARFUCH MUESTRA que SALINAS DE GORTARI MANDÓ a LA TUMBA a COLOSIO en 1994! ¡SALEN LAS PRUEBAS!s

Esta mañana del domingo 10 de mayo de 2026 a las 11 de la mañana, Omar García Harfuch se paró frente a los micrófonos del centro de mando de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y dijo algo que nadie en este país había dicho en 32 años con documentos en la mano. Dijo que el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta no fue el acto de un hombre perturbado.

 dijo que no fue un fallo de seguridad ni una conspiración difusa de la que nadie puede responsabilizarse. Dijo que fue una ejecución política planeada desde la cúpula del poder y dijo que tiene los documentos que lo demuestran. Hoy te voy a contar todo lo que reveló, por qué importa y por qué este momento es diferente a todo lo que hemos escuchado en tres décadas sobre el crimen político más impactante de la historia moderna de México.

 Antes de entrar al fondo, quiero que pienses en algo. Si en tu familia, si entre las personas que conoces, hay alguien que recuerda dónde estaba el 23 de marzo de 1994 cuando la noticia llegó por televisión cuando el locutor interrumpió la programación para decir que el candidato había sido paliado en Tijuana.

 Entonces, lo que vas a escuchar hoy no es historia política lejana, es la explicación de algo que toda una generación vivió como un golpe en el estómago y que nunca tuvo una respuesta verdadera. Te voy a contar cuatro cosas concretas que Harf reveló esta mañana del 10 de mayo. La primera tiene que ver con el momento exacto en que Carlos Salinas decidió que Colosio era un problema.

 La segunda con el mecanismo que se usó para financiar y ejecutar el operativo en Lomas Taurinas. La tercera con lo que ocurrió en las 48 horas siguientes al asesinato cuando Salinas supervisó personalmente la sustitución del candidato muerto. Y la cuarta con los nombres que aparecen en los documentos y con lo que eso significa hoy en mayo de 2026, no solo como historia, sino como justicia pendiente.

 Para entender lo que Harfuch reveló esta mañana, necesitas entender quién era Luis Donaldo Colosio y qué relación tenía con el hombre que, según los documentos, ordenó su muerte. Colosio nació el 2 de febrero de 1950 en Magdalena de Quino, Sonora. No nació en el sistema como Salinas. No creció rodeado de secretarios de estado ni de redes de poder heredadas.

 Su padre era comerciante, su familia era de clase media en una ciudad pequeña del norte de México y Colosio llegó al poder político por una combinación de inteligencia genuina, trabajo disciplinado y la decisión de unirse al PRI cuando ese era el único camino posible para alguien que quería transformar el país desde adentro.

 Estudió economía en el Instituto Politécnico Nacional y luego hizo una maestría y un doctorado en Estados Unidos. en la Universidad de Pennsylvania. Cuando volvió a México, entró al sistema priista con la convicción de que podía reformarlo desde dentro. Esa convicción lo llevó a ser diputado federal, senador, presidente del PRI y finalmente secretario de desarrollo social en el gobierno de Salinas, donde fue él quien operó el programa nacional de solidaridad.

 El mismo que Salinas usaba como vitrina de modernización y que en la práctica era un mecanismo de control político. Durante años, Colosio fue el hombre fiel. Ejecutó lo que se le pedía, no cuestionó en público. Acumuló lealtades y construyó una imagen de político honesto y cercano a la gente dentro de un sistema que no se caracterizaba por ninguna de esas dos cosas.

 Salinas lo eligió como su candidato en noviembre de 1993 y en ese momento parecía una elección perfecta. Era joven, telegénico, conocía los programas sociales del gobierno, podía presentar la continuidad del salinismo con una cara nueva y sin el peso del desgaste de 6 años de gobierno. Pero algo ocurrió en el camino entre la designación y la muerte.

 Y ese algo es lo que explica todo lo que vino después. El 6 de marzo de 1994, Luis Donaldo Colosio subió al estrado frente al monumento a la revolución en la Ciudad de México y pronunció un discurso que nadie esperaba. No fue el discurso de un candidato que repite las frases del sistema con otras palabras. Fue el discurso de alguien que había tomado una decisión.

 Colosio habló de un México con hambre y sed de justicia. habló de un México donde la desigualdad no puede seguir siendo el precio del progreso. Habló de reformar el sistema político desde sus cimientos, de separar al partido del gobierno, de construir instituciones que respondieran a los ciudadanos y no a los operadores del poder.

 Para cualquier observador externo, era un discurso de campaña ambicioso. Para Carlos Salinas, sentado en Los Pinos, fue algo completamente diferente. fue la señal de que el hombre que él había elegido para ser sucesor, para proteger su legado y su red, había decidido no serlo. En un sistema construido sobre la lealtad al presidente en turno, sobre la continuidad de los acuerdos y sobre el respeto a las reglas no escritas del poder priista, ese discurso era una traición.

 Los documentos que Harfs presentó esta mañana del 10 de mayo incluyen comunicaciones internas de los días siguientes al discurso del monumento a la revolución. Comunicaciones que muestran cómo Salinas y su círculo más cercano interpretaron ese acto y qué decisiones se tomaron a partir de él. Lo que revelan esos documentos es que Salinas no interpretó el discurso como un error político de un candidato entusiasta.

 lo interpretó como una declaración de independencia y reaccionó con la lógica de un hombre acostumbrado a que nadie se independice impunemente. El problema no era solo el discurso, el problema era lo que Colosio estaba planeando hacer si ganaba la presidencia. Según los expedientes desclasificados que Harf presentó, existían dentro del equipo de campaña de Colosio conversaciones sobre cambios profundos en el gabinete que incluían la salida de varios de los operadores más cercanos a Salinas.

 Existían conversaciones sobre una revisión de las condiciones en que se habían realizado las privatizaciones del sexenio, particularmente la de Telmex y la de los bancos. Y existía una conversación más delicada, la posibilidad de que un gobierno de Colosio abriera expediente sobre la gestión del propio Salinas. Para Salinas eso no era solo perder influencia, era quedar expuesto.

 Era que el sistema que había construido durante 6 años para enriquecer a su red y concentrar el poder en su persona quedara bajo la lupa de su propio sucesor. Un hombre con la ambición de Salinas, con la experiencia de haber llegado a la presidencia después de un fraude electoral que millones no olvidaban.

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