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Fernando Yael ADMITIÓ Todo: Los Mensajes ANTES de Que Su Madre Teresa Guadalupe Desapareciera a

Fernando Yael ADMITIÓ Todo: Los Mensajes ANTES de Que Su Madre Teresa Guadalupe Desapareciera a

Ahorita le saco el dinero. Yo veo cómo le saco el dinero. 9:30 de la noche, Fernando Yael escribía esas palabras mientras su amigo lo esperaba afuera. Ya se me bajó con el peri. Cocaína. Su madre Teresa Guadalupe llevaba 20 minutos sin responder. 20 minutos que la fiscalía cree fueron los últimos de su vida.

 Cada mensaje de esa noche quedó registrado y ahora es la prueba que podría enviarlo a prisión por el resto de su vida. Fernando Yael Pérez Molina tiene 22 años, estudiante de la escuela bancaria y comercial, hijo único de Teresa Guadalupe Molina Hernández, sin padre en el cuadro, sin hermanos, solo ellos dos en una casa de la colonia 20 de noviembre, alcaldía Benustiano Carranza.

 Teresa trabajaba en una empresa de telecomunicaciones, pagaba la universidad privada de su hijo, le prestaba su automóvil Set Biza, le daba mensualidad, mantenían otra propiedad en Nesawalcoyot, que rentaban por cuartos para generar ingresos extra. Una madre soltera haciendo lo imposible por sacar adelante a su único hijo. Ya él llevaba una vida aparentemente normal.

 asistía a clases, salía con amigos, tomaba, se drogaba, se enfiestaba, pero algo que pocos sabían es que sus propios amigos lo tenían guardado en sus contactos con un apodo muy particular y al ver rinches, así aparecía en el teléfono de quienes lo conocían. No era Yael amigo ni Yael Universidad, era Yael berrinches, como si hacer rabietas fuera su característica más distintiva.

 Y la noche del 25 de abril de 2026, ese comportamiento infantil de exigir lo que quería a cualquier costo terminaría de la peor manera posible. Resulta que días después de esa fecha, el primero de mayo, Yael acudió a la Fiscalía de la Ciudad de México a presentar una denuncia. Su madre había desaparecido. Según su versión, el 25 de abril ella salió de casa rumbo al centro histórico y nunca regresó.

 dijo que al principio no le preocupó, que pensó que estaba de viaje, que a veces se ausentaba por trabajo, que esperó varios días antes de reportarlo. Compañeras de Teresa comenzaron a preguntar. Ella nunca faltaba sin avisar. Llamaron a la casa. Ya él les dio excusas vagas. Salió temprano. No sé cuándo regresa. Pero cuando insistieron demasiado, simplemente dejó de contestar.

 La Fiscalía Especializada en Desapariciones abrió la carpeta de investigación, emitieron ficha de búsqueda y entonces comenzaron a notar algo extraño. Mientras la cara de Teresa circulaba en redes sociales como persona desaparecida, su hijo seguía yendo a la universidad con normalidad, manejaba el coche de ella, usaba sus tarjetas bancarias, retiraba efectivo de cajeros automáticos, pagaba consumos en bares como si nada hubiera pasado.

 No repartía volantes, no organizaba búsquedas, no lloraba frente a cámaras pidiendo ayuda. Sus propios compañeros de la escuela bancaria y comercial se enteraron de que la mamá de Yael estaba desaparecida cuando vieron las noticias. Él nunca les había dicho nada y fue entonces cuando los investigadores decidieron revisar algo que normalmente es la clave en estos casos, el teléfono celular, las comunicaciones, los mensajes, porque si Yael decía que su madre había salido de casa, alguien debió verla, alguien debió hablar con ella, alguien debió tener

contacto, pero lo que encontraron no fue comunicación con Teresa. Pero lo que encontraron no fue comunicación con Teresa, fue una conversación entre Yael y un amigo. Una conversación que comenzó la noche del 25 de abril, una conversación que no se detuvo hasta la madrugada del 26. Una conversación que detalla minuto a minuto exactamente qué estaba haciendo Fernando Yael mientras su madre desaparecía.

 Y esa conversación ahora es la columna vertebral de la acusación en su contra. Todo comenzó como una noche normal de fiesta. Fernando Yael salió con un amigo. Bebieron, consumieron drogas y cerca de la medianoche regresaron a la colonia 20 de noviembre. Pero Yael no quería que la noche terminara. Quería seguir bebiendo, seguir drogándose, seguir de fiesta.

Solo había un problema. No tenía dinero. Su amigo se estacionó afuera de la casa. Ya él bajó del automóvil y le dijo que esperara, que iba a entrar a pedirle dinero a su madre, que no tardaría, que en 20 minutos máximo salían de nuevo. El amigo se quedó esperando en el carro y entonces comenzó el intercambio de mensajes. 12:25 de la mañana.

 Ya él escribe, “Nada más en lo que negocio con mi mamá para que mejor nos vayamos a Nesa, salgo.” Se refería a la propiedad de Nesacoyotlle. El amigo le contesta sugiriendo que le diga a su mamá que él lo dejaría en casa después. Ya él responde, “Mientras deja a Cobaro.” Y después insiste, “Deja Sacobaro y voy para allá.” La conversación continúa.

Yael le manda capturas de pantalla de geolocalización. El amigo le confirma que sigue esperando afuera. Yael le envía un video tomado desde las cámaras de seguridad de la casa. Aquí te estoy viendo afuera le escribe como si fuera un juego, como si espiara a su amigo desde las cámaras fuera entretenido mientras adentro negociaba con su madre.

 Entonces viene el mensaje que revela su determinación. Máximo 20 minutos nada más. Le digo a mi mamá que pues me dé dinero, que me descuente de mi semana y ya va. Y después añade algo que suena casi como amenaza disfrazada de broma, pero si me tardo los 20 es porque logré sacar como 2000. risas, emojis, como si conseguir ese dinero fuera inevitable.

 El amigo le pregunta si no está muy tomado, le advierte que su mamá se va a dar cuenta de su estado y entonces llega la confesión, la línea que lo cambia todo. Como quieras, ya se me bajó con el perí. Abreviatura de periódico, slang mexicano para cocaína. Fernando Yael no solo había estado bebiendo, estaba bajo el efecto de cocaína y se lo confesaba a su amigo por mensaje de texto como si fuera lo más normal del mundo.

 La conversación sigue. El amigo bromea sobre orinar en la calle y a él le dice que se haga en el arbolito de afuera que lo está viendo por la cámara. Hay un tono ligero, casual de dos chavos pasándola bien un viernes por la noche, pero adentro de esa casa algo muy diferente estaba desarrollándose y ya él escribe que su mamá no le quiere dar dinero, que está molesta, que le va a adelantar lo de su semana, que le va a hacer una transferencia electrónica.

 Los mensajes siguen llegando cada minuto, cada 2 minutos constantes hasta que llega a la 1 de la mañana. Y entonces el silencio. De la 1 a la 1:20, Fernando Yael no escribe nada. 20 minutos completos donde su teléfono permanece mudo. El amigo empieza a impacientarse, le manda mensajes, stickers, “¿Ya vienes? ¿Ya o no? Ya.

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