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¿ESTABA TODO PLANEADO? La trampa mortal de un Edipo Invertido que nadie sospechó d

¿ESTABA TODO PLANEADO? La trampa mortal de un Edipo Invertido que nadie sospechó d

Hay una frase que lo explica todo. Cuatro palabras pronunciadas con una frialdad que estremece justo después del sonido de los disparos, justo cuando el humo todavía no se había disipado en el departamento de Polanco. Cuatro palabras que no son una confesión de culpa, sino algo mucho más revelador, una declaración de propiedad.

tú eres mío. No dijo perdóname. No dijo me arrepiento. No dijo siquiera lo hice por amor que habría sido igualmente perturbador, pero al menos reconocería la existencia de otro ser humano en la ecuación. No. Erika María Guadalupe Herrera Coriand, de 63 años, dijo, “Tú eres mío. como quien reivindica una posesión, como quien reclama un objeto que alguien le había arrebatado injustamente, como quien después [música] de décadas de sostener una relación con su hijo, que traspasó todos los límites que la psicología, la cultura y el sentido

común reconocen como saludables, finalmente actuó en consecuencia. Ese hijo tenía nombre, esposa y una hija de 8 meses. Ese hijo era Alejandro y la mujer que Erika María acababa de matar con una pistola calibre 9 mm era Carolina Flores Gómez, de 27 años, exreina de belleza, madre de esa bebé, la mujer que en la mente enferma de su suegra representaba el robo más intolerable que alguien podía cometer, haberle quitado a su hijo.

 Este no es solo el caso de un feminicidio cometido por una suegra. Este es el caso de lo que ocurre cuando el amor de madre cruza una frontera que nunca debió cruzar y se convierte en algo que los psicólogos llevan décadas nombrando con términos técnicos, pero que en la vida real tiene una forma mucho más cotidiana, mucho más silenciosa y mucho más devastadora de lo que cualquier manual podría capturar.

Este es el caso del Edipo invertido, el caso de una madre que nunca soltó a su hijo y de un hijo que nunca aprendió a soltarse de ella. Hay un fenómeno que los psicólogos mexicanos llevan décadas [música] señalando sin éxito suficiente ante la opinión pública. Cuando una mujer no tiene [carraspeo] resuelto su propio vínculo afectivo de pareja, puede producirse lo que se denomina incesto emocional con el hijo varón.

 Surge entonces una rivalidad entre suegra y nuera por el hombre, que es pareja emocional, sexual y vital de la segunda, pero pareja emocional de la primera. Dicho de otra manera, Erika María no veía a Carolina como la esposa de [música] su hijo. La veía como una rival, como alguien que le había quitado lo que le pertenecía. Y en esa distorsión psíquica, en esa incapacidad para aceptar que Alejandro tenía una vida propia, una familia propia, un amor propio, anidó durante años la semilla de lo que el 15 de abril de 2026 floreció como un crimen. Especialistas en

psicología forense coinciden en que este tipo de conductas puede estar asociado a rasgos narcisistas y dinámicas de control extremo dentro del entorno familiar. La frase “Tú eres mío ella no”, es clave para entender el móvil del crimen, ya que refleja una lógica de posesión y control que va más allá del momento del ataque.

 Para los investigadores, esta declaración evidencia una intención previa. La intención, esa palabra cambia todo, porque no estamos hablando de un arrebato de ira, no estamos hablando de una discusión que escaló fuera de control, estamos hablando de una mujer que condujo su automóvil desde Ensenada, Baja California, hasta la Ciudad de México, más de 2000 km con una pistola en la guantera y un plan en la cabeza.

Una mujer que llegó días antes al departamento de su hijo, que convivió con su nuera, que conversó con ella con aparente normalidad mientras el video de la cámara del cunero la registraba charlando, preguntando por el viaje, comportándose como una madre de visita y que después, en un momento que solo ella eligió, sacó el arma de su bolsillo y disparó siete veces. nueve veces.

 Los reportes varían, pero todas las balas apuntaron a Carolina. La frase “Tú eres mío, ella no”, es clave para entender el móvil del crimen. Para los investigadores, esta declaración evidencia una intención previa. La Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México investiga el hecho como feminicidio con indicios de premeditación respaldado por videos y testimonios.

Premeditación, la palabra más fría del vocabulario jurídico, la que separa un crimen pasional de un crimen calculado, la que confirma que lo que ocurrió en ese departamento de Polanco no fue un accidente de las emociones, sino la ejecución de una decisión que Erika María había tomado mucho [música] antes de pisar la Ciudad de México.

Pero, ¿por qué? ¿Qué hace que una mujer de 63 años cruce 2000 km para matar a la esposa de su hijo? ¿Qué construye ese nivel de obsesión? ¿Qué lo alimenta durante años? ¿Y qué papel jugó el propio Alejandro en todo esto? Para responder esas preguntas, hay que entrar en el territorio más incómodo de este caso.

 No el territorio del crimen, sino el territorio de la psicología, el territorio del vínculo enfermo, el territorio del amor que devora. Sigmund Freud describió el complejo de Edipo como la atracción inconsciente del hijo hacia la madre y el deseo igualmente inconsciente de eliminar al padre como rival. Fue una teoría que escandalizó al mundo a finales del siglo XIX y que durante décadas se aplicó casi exclusivamente en una dirección.

 El Hijo que desea a la madre, el padre que representa la ley y la separación, la madre que debe soltar al hijo para que este pueda convertirse en sujeto autónomo. Lo que la teoría clásica analizó menos, lo que quedó más en las sombras. es la cara inversa del fenómeno. ¿Qué ocurre cuando es la madre la que no puede soltar al hijo? ¿Qué ocurre cuando la madre es quien presenta los rasgos de la posesión, del deseo de exclusividad, de la incapacidad para tolerar que otra mujer ocupe el lugar central en la vida de su hijo? ¿Qué ocurre cuando el Edipo

no es resuelto por ninguna de las dos partes, ni por el hijo que debía separarse? ni por la madre que debía permitirlo. Lo que ocurre tiene nombre clínico. La psicóloga Gloria Hurtado señaló que en este caso existía lo que denominó un incesto simbólico al referirse a una relación en la que la madre asume un lugar que no le corresponde dentro del sistema familiar.

incesto simbólico, no en el sentido literal de la palabra, sino en el sentido de que la madre ocupa un lugar emocional y afectivo que en la arquitectura de una familia sana correspondería a la pareja del hijo. La madre que sabe todo sobre su hijo, la madre que toma decisiones por él. La madre, cuya opinión es más importante que la de la esposa.

 La madre que interpreta cualquier acto de autonomía [música] del hijo como una traición personal. La madre que ve a la nuera no como una nueva integrante de la familia, sino como una intrusa que viene a romper el vínculo más sagrado de su vida. Según explicó la especialista, [música] esta niña tenía a su suegra como rival, lo que evidencia una disputa directa por el vínculo con el hijo.

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