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 ¡ESCÁNDALO! Shakira CONFIESA ESTO sobre Antonio de la Rúa y Piqué se derrumba t

 ¡ESCÁNDALO! Shakira CONFIESA ESTO sobre Antonio de la Rúa y Piqué se derrumba t

Silencio en la sala, que esto se viene más cargado que la maleta de un concursante de realities volviendo de la isla. El tema del día no necesita presentación porque ha copado titulares, pantallas y hasta los grupos de WhatsApp de tu tía la que jura que no es cotilla. Hoy desmenuzamos la confesión que Shakira, si la Shakira que hizo que medio planeta intentara mover las caderas y acabara en fisioterapia ha soltado sobre Antonio de la Rúa y agárrate porque no es una frase suelta de esas que se pierden en la mesa de

mezclas. Es un puñetazo dialéctico que le ha rozado directo el orgullo a Gerard Piqué, el autoproclamado emperador del chicles y del tikiitaca empresarial. Si odias quedarte fuera del chisme y suscríbete y entérate antes que nadie. Aquí servimos Cotilleo, recién salido del horno, todavía con el humo de la polémica. Retrocedamos al año 2000.

 Los pantalones de tiro bajo estaban de moda. Ricky Martin acababa de inventar la locura latina en Estados Unidos con Living la vida loca. Y Shakira era la muchacha de melena negra y pantalones de cuero que que habían conquistado América Latina. el golpe de poesía roquera. Sus letras eran más intensas que la libreta de un adolescente enamorado y su look era botas, guitarras, cejas sin depilar y actitud de artista que no quería ser popstar fabricada, sino voz propia.

 Y ahí aparece en escena Antonio de la Rúa para que lo ubiques, hijo del entonces presidente argentino Fernando de la Rúa con ese halo de chico de buena familia, polo Ralph Lauren Justito, sonrisa estudiada y contactos en su Blackberry que valían más que una discográfica completa. A simple vista, muchos pensaron, “¿Qué hace la roquera Shakira con este pijo político?” Pero la química fue real.

 Él quedaba fascinado con la ambición de una mujer que venía de Barranquilla con acento costeño y hambre de comerse el mundo. Y ella veía en él no solo romance, sino socio estratégico con visión. Porque en ese entonces Shakira no solo era artista, ya empezaba a pensar como marca global. Shakira contaba en entrevistas que Antonio la empujó a tomar decisiones arriesgadas, como aprender inglés a machete para grabar su primer disco internacional, Laundry Service 2001, porque claro, el salto al inglés no era cualquier cosa. En ese momento los

artistas latinos que lo intentaban se arriesgaban al fracaso estrepitoso. Pregúntale a Talia, pero Shaki no se arrugó. Mientras tanto, Antonio estaba detrás de cada reunión con Sony, cada contrato publicitario, cada paso que convertía a esa joven colombiana en estrella planetaria. De hecho, los insiders dicen que fue Antonio quien convenció a a su padre político de que Shakira era una marca país, incluso más que el tango o el mate, a nivel sentimental parecían inseparables.

Shakira lo presentaba como su compañero de vida y su inspiración constante. Hubo entrevistas donde hacía referencia a como Antonio la acompañaba a no los ensayos, opinaba en las mezclas de estudio y hasta llevabas cuentas de gastos. Sí, literal, como un manager en la sombra. Lo que no sabía nadie era que esa complicidad amorosa estaba cimentando un vínculo profesional que tarde o temprano se volvería una bomba judicial.

 Pero claro, no todo eran rosas. Entre bastidores se rumoreaba que a la familia política de Antonio, acostumbrada a cenas de embajadores y protocolo, le parecía un tanto escandaloso que el hijo del presidente saliera con una artista pop que bailaba como poseída en MTV. Algunos diarios argentinos la tachaban de inapropiada como primera dama en potencia.

 Shakira, siempre educada pero con carácter, respondió con lo mejor que sabía hacer: facturar. Cada crítica era un incentivo para vender millones de discos más. En medio de esa dinámica de amores y negocios, ambos compraron propiedades en Uruguay y Miami, organizaban cenas de poder y convertían sus vacaciones en oportunidades de networking.

 Todo parecía perfecto. Shakira creaba himnos, Antonio diseñaba estrategias, ella componía, él invertía. La pareja era un tándem tan sólido que llegó a decirse que sin Antonio de la Rúa Shakira nunca hubiera alcanzado tal nivel de branding musical. Las malas lenguas, esas que siempre se cuelan en estos guiones, señalan que con esa fusión amor negocio fue también su talón de aquiles.

 ¿Qué pasaba si el amor se rompía, pero el imperio debía seguir funcionando? Pues spoiler, lo vimos después. Pero en esta época, que es la que nos interesa ahora, Shakira y De Rua eran básicamente Power Couple, Latino y americana, ella con el pelo teñido de rubio ya en 2001 cantando Whenever, en inglés perfecto, aprendido al golpe de diccionario Collins.

 Y él detrás aplaudiendo como quien supervisa una obra, la metáfora perfecta. Él construía el andamio, ella lo llenaba de luces. La magia parecía eterna, pero el destino tenía reservado el cameo de un futbolista que llegaría para cambiar la trama en 2010. Corte a 2010, Mundial de Sudáfrica.

 Todos pendientes del balón, pero el destino tenía escrito un crossover entre la música y el fútbol. Shakira viaja a Johannesburgo convocada por la FIFA para poner banda sonora al evento más visto del mundo, ¿no? Allí interpreta Waka Waka This Time for Africa con tanta energía que los jugadores parecían calentarse antes de salir al campo.

 Y en ese backstage lleno de camisetas sudadas, periodistas y nervios premundialistas, aparece Gerard Piqué, joven, alto, sonrisa que aún no se gastaba en Twitch y con toda la ilusión de quien estaba a punto de ser campeón del mundo. El encuentro, según cuentan las crónicas, fue de película romántica cutre, ella deslumbrante, él con esa seguridad que solo da a ser central titular del Barça.

ni corto ni perezoso. Le pide el número a Shakira y suelta frase que pasará a los anales del chismorreo. Si ganamos el mundial tienes que invitarme a cenar. Cute, ¿no? Pues al parecer funcionó. Lo que siguió fue imparable. España gana la copa. Piqué se convierte en héroe nacional.

 Shakira, que había prometido cena, cumple. Entre Cena y Cena, se convierte en relación oficial. Y ahí empieza la metamorfosis. En cuestión de meses, Shakira anuncia ruptura con Antonio después de más de una década juntos y el romance con Piqué ocupa portadas globales. Claro, aquí conviene recalcar la incomodísima posición de Antonio.

 Había sido manager y pareja por 11 años y de repente queda fuera del cuento como secundario olvidado. Para colmo, la historia de Shakira y Gerard explotaba en revistas con frases románticas, besos en playas de Ibiza, Escapadas a Barcelona. La narrativa mediática fue Shaki se despide del pasado y encuentra el verdadero amor en un futbolista campeón del mundo.

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