Posted in

El sol de mediodía entraba con una saña particular por el ventanal del salón.

PARTE 1

El sol de mediodía entraba con una saña particular por el ventanal del salón.

Era ese tipo de luz castiza que no perdona ni una mota de polvo sobre el aparador de cerezo.

En el centro de la escena, la mesa de comedor lucía su mejor mantel de hilo, ese que solo salía a pasear en los domingos de “visita oficial”.

Doña Puri presidía el banquete con la autoridad de un general que nunca ha perdido una batalla de croquetas.

Frente a ella, Sandra intentaba desmenuzar un trozo de carne con una elegancia que rozaba el nerviosismo.

Entre ambas, el silencio se podía cortar con el mismo cuchillo de sierra que Puri usaba para el pan de hogaza.

Debajo de la mesa, un Golden Retriever de mirada melancólica llamado Toby suspiraba como si cargara con los pecados de toda la humanidad.

Puri dejó caer la cuchara sobre el plato de porcelana, provocando un tintineo que resonó en toda la estancia.

Se limpió la comisura de los labios con una parsimonia estudiada, doblando la servilleta con precisión de origami.

—¿Y dices que el animalito no come porque está triste? —preguntó Puri, arqueando una ceja con la maestría de quien ha visto pasar tres dictaduras y dos crisis del petróleo.

Sandra levantó la vista, sintiendo ya el primer pinchazo de la migraña dominical.

—No es que esté triste, suegra, es que padece un cuadro agudo de ansiedad por separación —explicó Sandra, tratando de sonar clínica y profesional.

Puri soltó una carcajada seca, una de esas que nacen en la garganta y mueren antes de llegar a los ojos.

—Ansiedad… —repitió la mujer mayor, saboreando la palabra como si fuera un bocado de fruta podrida.

—Eso es lo que tiene tu marido cuando ve la cuenta de la luz, Sandra, no un perro que vive como un obispo —añadió Puri, señalando con el dedo índice a la criatura que yacía a sus pies.

Toby, al verse señalado, soltó un pequeño gemido y escondió el hocico entre sus patas peludas.

—¿Ves? —dijo Sandra, señalando al animal con entusiasmo— ¡Ese es el síntoma claro de una desregulación emocional!

Read More