Posted in

El Ritual del Humo

PARTE 1: El Ritual del Humo

El sol de julio en las afueras de Madrid no perdona.

No es un calor cualquiera.

Es un calor que se te mete en los huesos y te susurra que hoy no deberías haber salido de la piscina.

Manolo se ajustó el cinturón por encima de la barriga, una maniobra que repetía cada vez que se disponía a juzgar algo.

Y hoy había mucho que juzgar.

Había llegado al chalet de su hijo puntual, como siempre, a las once de la mañana.

Cargaba con una bolsa de hielo que ya empezaba a llorar agua bendita sobre sus sandalias con calcetines.

Clara, su nuera, estaba en el porche.

Llevaba un delantal que ponía “Kiss the cook” y una determinación que Manolo consideraba, cuanto menos, temeraria.

Ella ya había dispuesto los sacos de carbón junto a la barbacoa de piedra.

Esa barbacoa que Manolo mismo ayudó a construir hacía tres veranos y que consideraba su territorio soberano.

El aire estaba cargado de esa electricidad previa a las tragedias familiares.

Una mosca cojonera revoloteaba sobre el cuenco de las aceitunas.

Manolo dejó la bolsa de hielo en la encimera con un golpe seco.

—Buenos días, Clara —dijo él, entrecerrando los ojos como un sheriff en un duelo al sol.

—Buenos días, suegro, qué puntual —respondió ella, sin apartar la vista de la chimenea de encendido.

Clara no era de las que se achantaban.

Era arquitecta, sabía de estructuras, de flujos de aire y de gestión de crisis.

Read More