Posted in

El rellano olía a lo de siempre.

PARTE 1

El rellano olía a lo de siempre.

Una mezcla imbatible de abrillantador de suelos, guiso de domingo y el perfume de la vecina del tercero que siempre echaba de más.

Lara suspiró frente a la puerta de madera oscura.

Esa puerta que parecía custodiar no solo un piso de ochenta metros cuadrados, sino un museo de las tradiciones familiares.

Llevaba en la mano una bolsa pequeña, de papel grueso y elegante.

Una bolsa que pesaba poco, pero que le había costado un riñón y parte del otro.

Su marido, Javi, ya estaba dentro.

Se oían las risas de fondo y el tintineo de los cubiertos contra los platos de duralex.

Lara empujó la puerta, que soltó su quejido característico en sol menor.

—¡Ya estoy aquí! —anunció, intentando sonar más animada de lo que realmente estaba.

Maru, su suegra, apareció en el pasillo como una exhalación de color delantal de cuadros.

—¡Hombre, la marquesa! —exclamó Maru con ese tono que oscilaba entre el cariño y el dardo envenenado.

—Traigo el postre, Maru —dijo Lara, dejando una caja de la pastelería sobre el mueble de la entrada.

Pero no fue la caja lo que atrajo la mirada de halcón de la suegra.

Fue la otra bolsa.

La bolsa negra con letras blancas minimalistas.

Esa bolsa que gritaba “aquí dentro hay algo que cuesta más que tu factura de la luz”.

Read More