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El Mochomo: Así Vive Alfredo Beltrán Leyva en la Cárcel Más Temida del Mundoo

El Mochomo: Así Vive Alfredo Beltrán Leyva en la Cárcel Más Temida del Mundoo

Imagina tenerlo todo. Despertar en una mansión en Culiacán, rodeado de guardaespaldas, coches blindados y cantidades de dinero imposibles de contar. Escuchar tu nombre en los narcocorridos. saber que políticos y policías prefieren no enfrentarte y que tu apellido puede abrir puertas en cualquier parte de México.

 Esa era la vida de Alfredo Beltrán Leiva, el mochomo, uno de los hombres más poderosos del narcotráfico mexicano. años después terminaría recluido en el sistema penitenciario federal de máxima seguridad de Estados Unidos, lejos del poder, lejos de su gente y lejos del mundo que construyó. Hoy vas a conocer la historia completa de Alfredo Beltrán Leiva.

 Cómo es el líder del narcotráfico mexicano terminó encerrado en la prisión más extrema de Estados Unidos. Pero también vas a ver algo que pocas veces se cuenta con detalle. ¿Cómo es su vida hoy dentro de A ex Florence? ¿Cuál es su rutina diaria y cómo cambió la realidad de alguien que alguna vez lo tuvo todo? Para entender cómo llegó ahí, hay que volver al principio.

 Alfredo Beltrán Leiva nació el 21 de enero de 1971 en La Palma, Badirahuato, Sinaloa, la misma tierra que produjo a los narcos poderosos de la historia moderna de México. Ahí nació también Joaquín el Chapo Guzmán, su primo, su socio durante décadas y, según la familia Beltrán Leiva, el hombre que lo entregó. Ese dato es el núcleo de toda esta historia.

Badirahuato es un municipio serrano donde el estado siempre estuvo ausente y donde el negocio de las drogas fue durante décadas la única economía real. Los Beltrán Leiva crecieron en ese entorno. Alfredo y sus hermanos formaron lo que con el tiempo se convertiría en uno de los cárteles más violentos de México.

 Pero antes de eso, durante años, fueron socios inseparables del cártel de Sinaloa. Socios, no empleados. Esa distinción importa. Durante los años 90 y la primera década del 2000, los hermanos Beltrán Leiva controlaban las rutas de cocaína desde Colombia y Venezuela, organizaban las redes de distribución y tenían acuerdos directos con proveedores sudamericanos.

El Mochomo era el encargado de gestionar los envíos, toneladas de cocaína y metanfetamina cruzando México hacia Estados Unidos. Los documentos judiciales que después se usarían en su contra calcularon que entre 2000 y 2012 fue responsable del tráfico de al menos 27,9 toneladas de droga. La organización que construyeron junto a sus hermanos dominó el narcotráfico en el occidente de México, Sinaloa, Nayarit, Guerrero, Morelos.

 Tenían sicarios, tenían corrupción en todos los niveles, policías, militares, gobernadores y tenían la protección del cártel de Sinaloa mientras la alianza duró. Los fiscales estadounidenses, que después los procesaron, describieron esa red como responsable de innumerables asesinatos y de una estructura de transporte de droga que usaba rutas terrestres, aéreas y marítimas a escala industrial.

 Lo que muy poca gente sabe es que la caída del mochomo no fue producto de un gran operativo de inteligencia. Fue, según la versión de su familia, una traición. El 21 de enero de 2008, el día que Alfredo cumplía 37 años, el ejército mexicano lo detuvo en una casa de la colonia burócrata en Culiacán. Solo estaba con tres miembros de su seguridad.

 encontraron $900,000 en efectivo, 20 granadas, rifles automáticos y 40 chalecos antibalas. La captura fue demasiado limpia, demasiado precisa para la magnitud del objetivo. Sus hermanos, encabezados por Arturo el Varbas, llegaron a la misma conclusión. Alguien los había vendido y ese alguien en su versión era el Chapo. La lógica era simple.

 Solo alguien del círculo más íntimo podía saber dónde estaba Alfredo esa noche. Los Beltrán Leiva rompieron con el cártel de Sinaloa y declararon la guerra. Lo que vino después fue uno de los periodos más sangrientos del narco mexicano. Asesinatos de policías, funcionarios, civiles. Una guerra que costó miles de vidas. Mientras sus hermanos peleaban afuera, el mochomo fue trasladado a la Ciudad de México y recluido en el Altiplano, la cárcel de máxima seguridad mexicana en el Estado de México. Ahí estuvo más de 5 años.

 En 2013 fue extraditado a Estados Unidos, donde enfrentaría cargos por conspiración para distribuir drogas a escala internacional. La extradición marcó el inicio definitivo de su proceso dentro del sistema federal. estadounidense. En 2016, se declaró culpable de un cargo de narcotráfico. Era la apuesta más pragmática de su defensa, pero casi un año después intentó retractarse argumentando que su papel había sido menor, que solo apoyaba a su hermano en Culiacán. El juez no lo aceptó.

 La razón oficial no estaba asumiendo plena responsabilidad. Ese error de cálculo legal le costó la diferencia entre 25 años, lo que pedía su abogado, y cadena perpetua. En abril de 2017 escuchó la sentencia de pie al lado de su defensor. Antes de que se dictara la condena le dieron la palabra y el mochomo habló en español, pidió una reducción en la condena y mencionó a su familia durante la audiencia.

 El juez escuchó, luego firmó la cadena perpetua. Además de eso, una multa de 529 millones de dólares. Dos agentes de la DEA que estaban en la sala se dieron la mano antes de salir. Para ellos el trabajo había terminado. Para Alfredo Beltrán Leiva comenzaba una condena diseñada para alguien a quien el sistema federal consideraba responsable de operar una estructura criminal de escala internacional.

 Tras la sentencia lo enviaron a Hiselton, una cárcel de alta seguridad en Virginia. Ahí pasó varios años. En enero de 2021, desde esa celda, escribió una carta de su puño y letra en inglés dirigida al mismo juez que lo condenó. Preguntaba si podía acogerse a una ley de reforma penal para obtener reducción de condena.

 Apelaba a su buena conducta. El tono era casi servil. quien leyera esa carta sin saber de quién era, no reconocería en ella al hombre que manejó uno de los cárteles más poderosos de México. La solicitud no tuvo resultado favorable. Lo que ocurrió en 2022 fue algo que cambió todo para él de una manera definitiva e irreversible.

Y lo que vino después es lo que nadie te ha contado con detalle, sobre todo cómo es hoy su vida dentro de una de las cárceles más extremas del mundo. En junio de 2022, el Buró Federal de Prisiones confirmó el traslado de Alfredo Beltrán Leiva a A de Kiss Florence, Colorado. Sus registros públicos lo muestran con claridad.

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