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¿Del escenario al infierno? El escalofriante día en que el Padre Pistolas encaró a Teo González tras una burla feroz, arrastrándolo a una sangrienta emboscada de carteles de la que solo un túnel antiguo pudo salvarlos.

¿Del escenario al infierno? El escalofriante día en que el Padre Pistolas encaró a Teo González tras una burla feroz, arrastrándolo a una sangrienta emboscada de carteles de la que solo un túnel antiguo pudo salvarlos. ¡La perturbadora verdad que los noticieros ocultaron y cambió sus vidas!

Teo González se burla del Padre Pistolas en un show… ¡pero él aparece entre el público y lo enfrenta 

En el silencio tenso del teatro, las risas se apagaron de golpe cuando aquella inconfundible figura apareció entre el público. Nadie esperaba que el hombre de la sotana y la pistola al cinto respondiera así a las burlas, lo que comenzó como una noche de comedia estaba a punto de convertirse en algo que cambiaría para siempre la vida de Teo González.

 Antes de continuar con esta sorprendente historia del padre Pistolas y Teo González, dale me gusta, suscríbete y comenta qué harías tú en una situación tan tensa. Tu apoyo hace posible estas historias. El teatro Galerías en Guadalajara estaba a reventar aquella noche de viernes. Las luces brillaban sobre el escenario mientras el público esperaba ansioso la aparición de Teo González.

El comediante de la cola de caballo, quien celebraba 40 años de trayectoria en la comedia mexicana. El murmullo de la gente llenaba el recinto, mezclándose con el aroma de palomitas y la expectativa de dos horas de risas garantizadas. Entre bastidores, Teo ajustaba su característica cola de caballo frente al espejo del camerino.

 A sus 65 años conservaba el mismo estilo que lo había hecho famoso. Camisa casual, pantalón oscuro y esa energía que solo los años dedicados a hacer reír a la gente pueden fortalecer. Su asistente Miguel entró con una botella de agua y una carpeta llena de notas. Está completamente lleno, jefe”, dijo Miguel con entusiasmo.

 “Y hay gente importante esta noche, políticos, otros comediantes, hasta un par de futbolistas del Atlas.” Teo asintió dando un sorbo al agua. Su mente ya estaba en el escenario, repasando mentalmente la estructura de su show, aunque después de tantos años la improvisación fluía naturalmente. ¿Alguna noticia que deba saber para mis chistes locales? Preguntó Teo, como hacía siempre antes de cada presentación.

 Miguel ojeó sus notas rápidamente. De hecho, sí. ¿Te acuerdas del padre Pistolas, ese sacerdote polémico de Michoacán que siempre anda armado y dice groserías en misa? Pues resulta que volvió a las andadas. La semana pasada dio un sermón donde criticó al gobernador y a varios políticos. Está en todos los noticieros. Teo sonrió recordando al controvertido sacerdote Jesús Alfredo Gallegos. Lara.

mejor conocido como el padre Pistolas, era una figura mediática en México, un cura que portaba armas para protegerse del crimen organizado, que usaba lenguaje altisonante en sus sermones y que no tenía reparo en criticar a políticos, feministas y hasta sus propios superiores en la Iglesia Católica.

 Perfecto, dijo Teo, sintiendo esa chispa creativa que aparecía cuando encontraba material nuevo. Hace tiempo que no hablo de él en mis rutinas. El regidor del teatro asomó la cabeza por la puerta. 5 minutos, donteo. Mientras tanto, en la última fila del teatro, un hombre de unos 73 años observaba el escenario con atención. Vestía ropa casual, una camisa de cuadros, pantalón de mezclilla y una gorra que ocultaba parcialmente su rostro.

 Nadie hubiera imaginado que se trataba del famoso Padre Pistolas, quien había decidido asistir al show tras escuchar que Teo González se presentaría en Guadalajara. El sacerdote se encontraba en la ciudad visitando a unos familiares y, siendo aficionado a la comedia, no quiso perder la oportunidad de ver al famoso comediante.

 Las luces se atenuaron y el público estalló en aplausos cuando el presentador anunció, “Damas y caballeros, con ustedes el comediante de la cola de caballo, el inigualable, Teo González.” Teo salió al escenario con la energía que lo caracterizaba, saludando al público y agradeciendo su presencia. Comenzó con sus clásicos chistes cortos, esos que lo habían hecho famoso, logrando que las carcajadas no tardaran en llenar el teatro.

 ¿Saben qué le dijo un jardinero a otro? Teo hizo una pausa dramática. Nos vemos cuando podamos. Las risas estallaron mientras Teo seguía con su característica rapidez para enlazar un chiste con otro. Gradualmente fue introduciendo temas de actualidad, hablando de política, de la vida cotidiana en México y de personajes populares.

 Oigan, se han enterado de las últimas noticias sobre el padre Pistolas, dijo Teo. Y el público reaccionó con murmullos de reconocimiento. ese sacerdote que parece que confundió la Biblia con el manual de un revólver. El público río con fuerza mientras en la última fila el padre gallegos se tensaba ligeramente, pero mantenía una sonrisa curiosa.

 “Dicen que en su parroquia no reparten hostias, reparten balas”, continuó Teo. “Y cuando dice, “La paz sea con ustedes”, todos responden, “¿Y con tu espíritu o me disparas? Las carcajadas aumentaron. Teo, animado por la respuesta, continuó. El otro día me contaron que en su iglesia la confesión es a prueba de balas. Te arrodillas y dices, “Perdóname, Padre, porque he pecado, pero no me dispares.

” El padre Gallegos mantenía los brazos cruzados con una expresión cada vez más seria mientras escuchaba los chistes sobre él. No esperaba convertirse en parte del espectáculo esa noche. Y cuando da la comunión, en vez de decir el cuerpo de Cristo, dice, “Trájensela, cabrones.” Teo imitó el acento michoacano y los gestos rudos que se le atribuían al sacerdote, provocando que el público se doblara de risa.

 Algunas personas en el público empezaron a mirar hacia atrás, reconociendo al padre pistolas. Los murmullos comenzaron a extenderse por la sala mientras Teo, ajeno a la presencia del sacerdote, seguía con su rutina. “¿Saben por qué el padre Pistola siempre lleva su arma en misa?”, continuó Teo. “Porque es la única forma de asegurarse que todos se arrodillen durante la consagración.

 Una joven sentada cerca del sacerdote lo reconoció claramente y nerviosa le envió un mensaje a su amiga que trabajaba en el staff del teatro. La noticia llegó rápidamente hasta Bambalinas, donde Miguel palideció al enterarse. Mientras tanto, Teo continuaba su rutina. Dicen que en su seminario, en vez de estudiar teología, tomaba clases de tiro al blanco y, en lugar de rezar el rosario, cuenta balas.

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