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¿Cómo murió en la miseria la actriz más querida de Colombia?

¿Cómo murió en la miseria la actriz más querida de Colombia? La impactante tragedia de Delfina Guido: entre el brillo de tres premios India Catalina y el abandono total en un hospital. Descubre el cruel sistema que la dejó sin cirugía y el oscuro secreto que Julián Román reveló décadas después.

¿Por qué Delfina Guido murió en la miseria? La injusticia con La Dama de la Televisión.  

¿Por qué Delfín Aguido murió en la miseria? La injusticia con la dama de la televisión. Bogotá, 17 de abril de 2002. Son las primeras horas de la madrugada y en el hospital San Ignacio hay una mujer esperando. Tiene 64 años, tiene tres hijos, tiene 40 años de carrera encima y tiene el corazón fallando dentro del pecho.

 Se llama Margarita Feleti, aunque ese nombre casi nadie lo conoce, el mundo la conoce por otro nombre. Un hombre que durante décadas entró a los hogares colombianos cada semana con la misma familiaridad con que entra un vecino de toda la vida. Esa noche, en ese hospital, el dinero para la cirugía finalmente había llegado. Sus colegas habían salido a pedirlo.

 Colombia había respondido y la operación estaba programada. Pero el corazón de Delfín Aguido no esperó. Esa madrugada la dama de la televisión colombiana murió antes de llegar al quirófano. Y la pregunta que quedó flotando en ese pasillo de hospital, una pregunta que nadie se atrevió a hacerse en voz alta durante mucho tiempo, era esta.

 ¿Cómo es posible que una de las actrices más importantes de la historia de Colombia haya necesitado una campaña de caridad para intentar salvar su vida? ¿Cómo es posible que 40 años de trabajo, tres premios India Catalina, más de 40 producciones entre teatro, cine y televisión no hayan sido suficientes para garantizarle una vejez digna? ¿Qué falla en un sistema que aplaude a sus artistas en las ceremonias de premiación y los abandona en los pasillos de los hospitales? Y la respuesta a esa pregunta va a incomodar a mucha gente

porque no tiene un solo culpable, tiene un sistema entero. Pero para llegar a ese sistema, primero necesitamos conocer a la mujer que él destruyó. Y lo más perturbador de todo esto no es cómo murió Delfín Aguido, es que su historia se repite hasta hoy. Y si todavía no te has suscrito al canal, hazlo ahora. Presiona el botón de suscripción y activa la campanita.

Aquí hay investigación. Cada video que lanzamos vas a ser el primero en saberlo. Quédate conmigo hasta el final porque lo que viene te va a sorprender. Su nombre real era Margarita Beatriz María Felletti García Alonso Cobas y nació en Buenos Aires, Argentina, el 19 de julio de 1937. Pero el mundo la conocería por otro nombre, uno que ella misma eligió, Delfina Guido.

 Ese nombre artístico se convertiría con el tiempo en algo más grande que ella misma, en una marca, en un símbolo, en una figura que trascendería las fronteras entre Argentina y Colombia. Pero antes de todo eso, antes de las cámaras y los aplausos, Margarita era simplemente una joven bonaerense con talento natural y una energía que no cabía en ningún molde. Comenzó a cantar a los 14 años.

 A los 16 ya trabajaba en la radio, concretamente en La Voz de Colombia en Buenos Aires. Había algo en ella, una magnética combinación de carisma, inteligencia y desfachatez que la hacía imposible de ignorar. Su llegada a Colombia no fue calculada ni planeada como una conquista artística. Llegó en 1963 siguiendo a su esposo, el médico colombiano Alfonso Castañeda, con quien había contraído matrimonio y con quien tendría tres hijos.

 Su plan original era estudiar comunicación social y periodismo en Bogotá. Pero cuando descubrió que existía la escuela de arte dramático El Palomar, algo dentro de ella reconoció su destino. Se inscribió y desde ese momento la mujer que había llegado como esposa de un médico se convertiría en una de las actrices más importantes que Colombia haya tenido jamás.

Vale detenerse un segundo aquí porque hay un dato que parece menor, pero que en realidad lo explica todo. Delfina llegó a un país que no era el suyo, sin experiencia formal en la actuación en una época en que la televisión colombiana apenas estaba aprendiendo a caminar. No había contratos robustos, no había sindicatos, no había sistemas de pensión para los artistas, no había nada parecido a una red de protección, había talento, había cámaras y había gente dispuesta a trabajar por poco a cambio de la oportunidad de ser vista. Ese

contexto, ese suelo frágil sobre el que se construyó toda una industria, es el mismo suelo que años después se hundiría bajo los pies de Delfina. Pero antes de que eso ocurriera, había una carrera entera por construir y lo que Delfín Aguido estaba a punto de construir, nadie lo había visto venir. En 1966, apenas 3 años después de haberse radicado en Bogotá, Delfín Aguido ganó el premio a la mejor actriz en el segundo Festival Nacional de Teatro de Colombia.

 Por su interpretación declara en la obra La visita de la vieja dama presentada por la Escuela Nacional de Arte Dramático. 3 años. Eso fue todo lo que necesitó para pasar de ser una inmigrante argentina, recién llegada a ser la mejor actriz del país. No fue suerte, fue una combinación de preparación y de un talento que simplemente no podía ser contenido.

 En 1968 formó parte del elenco de pensión para solteros, la obra del irlandés Seany, que fue la primera producción con la que el Teatro Popular de Bogotá abrió sus puertas. Compartía escenario con Carlos Benjumea, Luis Fernando Orosco y Cristina de la Torre, actores que se convertirían en pilares de la pantalla colombiana.

 ya era parte del círculo, ya era del medio y el medio la necesitaba más de lo que ella necesitaba al medio. Pero hay algo que ninguna lista de premios y producciones puede capturar y es lo que Delfina sentía cuando hablaba de su oficio. En una entrevista de 1984 para la revista Elenco del Tiempo dijo algo que revela todo sobre la clase de actriz que era.

 confesó que a veces sentía el temor de estar repitiéndose, de caer en el molde de un solo tipo de personaje y agregó con esa honestidad brutal que la caracterizaba, “Como actriz no puedo darme el lujo de elegir en qué voy a trabajar, pues no estamos en Hollywood.” Una frase que en ese momento sonaba a modestia, pero que con el tiempo se revelaría como una advertencia sobre la precariedad que vivían todos los actores de su generación, incluyéndola a ella.

 Su nombre comenzó a aparecer en las producciones más importantes de la televisión colombiana. Tentaciones, los motivos de Lola. Décimo grado, la pezuña del los cuervos en cuerpo ajeno, candela, Lola, calamidades, la tregua. Cada una de esas producciones era un capítulo nuevo en la historia de una actriz que se negaba a repetirse.

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