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¡CAYÓ “DON RAMÓN”! | HARFUCH DESMANTELA A LOS LINOS EN MORELOS, DOS POLICÍAS HERIDOS d

¡CAYÓ “DON RAMÓN”! | HARFUCH DESMANTELA A LOS LINOS EN MORELOS, DOS POLICÍAS HERIDOS d

Cinco detenidos, un sicario muerto, dos policías de Harf tirados en el suelo, uno entrando a quirófano con sangre saliéndole por la boca. Y el hombre que llevaba años convirtiendo Morelos en su patio trasero personal, esposado, con la cara contra el piso, le dicen Don Ramón. Y no, no es el de la vecindad del Chavo.

Este Don Ramón cobraba renta, pero no en pesos sucios, en vidas, en sangre, en toneladas de cristal vendidas a gringos en San Antonio, El Paso, Atlanta y Carolina del Norte. Y hoy, este 6 de mayo de 2026, finalmente cayó. Pero espérate, antes de que celebres, antes de que pienses que esto es una victoria limpia, quédate conmigo porque en los próximos minutos te voy a mostrar algo que te va a revolver el estómago.

 Te voy a mostrar cómo Rodolfo N. Alias Don Ramón no era un fantasma escondido en la sierra. Era un hombre que operaba a la luz del día en un estado donde todo el mundo sabía dónde estaba. Todo el mundo menos las autoridades. Claro. Y te voy a explicar por qué su captura, aunque suena espectacular, podría ser exactamente lo que más temen los morelenses honestos.

 Porque cuando cae un líder de este tamaño, lo que viene después no es paz, es guerra. Y en el minuto 7 de este video te voy a mostrar el dato que demuestra por qué este hombre nunca debió haber existido como criminal, porque su carrera entera fue posible solo gracias a la complicidad de personas que cobraban sueldo de tu bolsillo, de mi bolsillo, del bolsillo de cada mexicano que paga impuestos, esperando que el Estado nos proteja.

Quédate conmigo, esto se va a poner bueno. Vamos a empezar por el lugar Yautepec Morelos. Si nunca has estado, te lo describo en una frase. Es de esos pueblos que parecen postal de tarjeta navideña con su bóveda colonial, sus calles tranquilas, su gente trabajadora. Esa es la versión de día. La versión de noche es otra cosa completamente distinta.

 La versión de noche es narcolaboratorios escondidos en zonas agrestes. Es bodegas con 127 kg de cristal listos para cruzar la frontera. Es comerciantes que pagan piso porque saben que si no se mueren. Es esa otra Morelos. la que el folleto turístico no te enseña. Y en el centro de esa Morelos Negra estaba él, Rodolfo N.

 Don Ramón, un nombre que en las calles de Jutepec y Yautepec se susurraba, no se gritaba, se susurraba porque gritarlo te podía costar la vida. Pero aquí está el primer detalle que nadie está contando y presta atención porque esto es importante. Don Ramón no era un capo nacional, no era un chapo, no era un mencho, era algo peor en cierto sentido.

 Era el rey de un territorio chiquito, el tipo de criminal que te conoce, que sabe el nombre de tu esposa, que sabe a qué escuela van tus hijos. El tipo de criminal que cuando te extorsiona no manda un mensajero, va él mismo porque puede, porque nadie lo va a parar hasta hoy. ¿Y sabes qué es lo más cabrón de esto? Que mientras los grandes capos viven en mansiones blindadas con guardias en cada puerta, gente como Don Ramón vivía entre la población.

 Comía en los mismos restaurantes, compraba en los mismos mercados. Sus hijos iban a escuelas en la misma ciudad donde vivían los hijos de sus víctimas. Esa es la realidad del narco mexicano que no te cuentan en las series. No es Pablo Escobar en Colombia, es el tipo de la esquina que sabe demasiado. Ahora déjame contarte qué hacía esta gente y te lo voy a contar sin filtros.

 Los Linos no eran una banda de barrio. Los Linos eran una empresa, una empresa criminal con división de extorsión, división de narcomenudeo, división de robo de vehículos, división de homicidios por encargo y lo más importante, una división de exportación. Sí. exportación como una empresa multinacional, pero en lugar de exportar aguacates exportaban cristal y no a cualquier lado, a San Antonio, El Paso, Atlanta y Carolina del Norte, cuatro ciudades específicas.

 ¿Y sabes qué tienen en común esas cuatro ciudades? Te lo voy a decir yo. Comunidades mexicanas grandes, mercados consolidados, rutas establecidas. Esto no era improvisación, esto era logística profesional. Y todo esto desde Yautepec, desde un pueblito de Morelos. Sí, porque mientras tú pensabas que el problema del narco mexicano estaba en Sinaloa o en Michoacán, había gente como Don Ramón construyendo imperios chiquitos en estados que nadie volteaba a ver.

 Y aquí viene el dato que te va a hacer sentir un escalofrío. La SSPC de Morelos confirmó hace unos meses que los narcolaboratorios de los Linos llevaban operando 7 años. 7 años. Eso significa que mientras nacían niños en Yautepec, mientras se casaban parejas, mientras la gente vivía su vida normal, en zonas agrestes a unos kilómetros había reactores químicos echando humo y vertiendo veneno directo a los mantos acuíferos del estado y nadie hacía nada.

Bueno, las autoridades pasadas, la actual parece que sí está haciendo algo por fin y la afectación económica que la SSPC federal calculó por ese solo laboratorio fue de 2073 millones de pesos. 2,000 m,0000. ¿Te imaginas cuántas escuelas, cuántos hospitales, cuántas obras públicas pudo haber pagado ese dinero si en lugar de estar comprando lujos para narcos hubiera estado pasando por las arcas del estado? Pero claro, es más fácil pavimentar la mansión del jefe del cártel que pavimentar la calle de tu colonia. Pero

espera, porque la historia se pone más oscura, mucho más oscura. ¿Te acuerdas que mencioné dos policías heridos? Uno en quirófano? Eso no fue casualidad. Eso fue lo que pasa cuando vas a tocarle la puerta a alguien como Don Ramón. Estos no son tipos que se entregan con las manos en alto.

 Estos son tipos que disparan, que matan, que prefieren morir antes de pisar al tiplano. Y el dato más siniestro de todos, los linos ya habían matado policías antes. En enero de este mismo año, dos agentes ministeriales de la Fiscalía de Morelos fueron emboscados en HUEPEC, acribillados. ¿Y sabes por qué? porque estaban dándole seguimiento al desmantelamiento del narcolaboratorio en Yautepec.

 Estaban haciendo su trabajo y por hacer su trabajo los mataron. Así de simple, así de brutal. Después capturaron a un tal Eric Marcial, alias el Pompi, de 26 años, supuesto segundo al mando. Lo señalaron como uno de los responsables del ataque, pero el rey, el verdadero rey, seguía libre. Don Ramón seguía libre hasta hoy, hasta este 6 de mayo.

 ¿Y sabes qué es lo que más coraje me da de todo esto? que estos dos agentes ministeriales, los que murieron en enero, ya nadie se acuerda de sus nombres. Pasaron a hacer un dato más, una estadística, pero ellos tenían familias, tenían hijos, tenían vidas y los mataron por estar haciendo lo que millones de mexicanos honestos quisieran que más policías hicieran, su trabajo.

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