Citaba Mateo 10:37 para justificar mi ausencia. Edilma quedó devastada por nuestro rechazo, pero siguió con su vida. se mudó a Irapuato con Weneslao y nuestra relación se enfrió dramáticamente. Hablábamos tal vez una vez al mes, conversaciones corteses, pero distantes. Tuvo dos hijos, Jazmín en 2008 y Mateo en 2010. Yo conocí a mi sobrinos solo por fotografías en Facebook.
Los niños fueron bautizados católicos, algo que mi madre lloraba como si fueran dedicados a Satanás. Esos niños están creciendo en idolatría decía con angustia. Pobrecitas criaturas [música] engañadas desde la cuna, igual que todos los católicos. Durante esos años, mi convicción anticatólica se radicalizó. Estudiaba obsesivamente a Ellen G.
White, la profetisa fundadora del adventismo, quien escribió extensamente sobre la gran controversia [música] entre la verdad adventista y el error católico. Leía pasajes como: “La Iglesia romana ahora presenta un frente favorable al mundo, cubriendo con disculpas su registro de horribles crueldades. Se ha vestido con ropaje cristiano, pero no ha cambiado.
Los principios del papado que se practicaron en siglos pasados todavía existen. Esas palabras [música] alimentaban mi visión de los católicos como miembros de un sistema diabólico. En mi trabajo como maestra en la [música] escuela adventista enseñaba a niños de 10 a 12 años sobre las profecías de los últimos tiempos.
Dedicábamos un semestre completo a identificar el cuerno pequeño de Daniel y la bestia de Apocalipsis 13. [música] Los niños aprendían que el papado había perseguido a los cristianos durante 1260 años, que había cambiado los tiempos y la ley al sustituir el sábado por el domingo y que en el tiempo del fin volvería a perseguir a los guardadores del sábado.
Les mostraba ilustraciones donde el Papa aparecía con características proféticas. Muchos de esos niños crecieron con miedo genuino a la Iglesia Católica, viéndola como entidad maligna disfrazada de cristianismo. Mi vida transcurría en esta certeza absoluta hasta aquella llamada telefónica que lo cambiaría todo.
Era un martes 13 de agosto de 2024, alrededor de las 9:30 de la noche. Yo preparaba una clase [música] sobre Apocalipsis 17 para mis alumnos. Específicamente sobre Babilonia la Grande, madre de las rameras, cuando mi celular sonó. Era edilma y su voz sonaba destrozada por el pánico. Yamiled, por favor, necesito tu ayuda.
Soy Osaba. Es Jazmín, mi hija. Algo horrible le está pasando, algo que no entiendo. Por favor, ven a Irapuato. Sé que hemos estado distantes. Sé que no apruebas mi matrimonio, pero por favor te necesito. Eres mi hermana. Mi primer impulso fue preguntar por qué no llamaba a su sacerdote católico [música] si su fe era tan verdadera.
Pero algo en el terror de su voz me detuvo. ¿Qué le pasa a Jazmín? pregunté tratando de mantener la calma. No lo sé, gimió Edilma. Lleva tres días actuando extraño. Dice cosas horribles, blasfemias contra Dios. Su voz cambió. Yamilet, no parece ella. Wenceslao llamó al padre de nuestra parroquia, pero [música] no puede venir hasta mañana.
Hay un pastor adventista aquí, el pastor Josué Andrade, los llamamos desesperados. y está aquí tratando de orar por Jazmín, pero nada funciona. Por favor, tú que eres líder, tú que tienes tanta fe, por favor, ven a ayudarnos. Una posesión demoníaca. En mis 28 años como adventista había leído sobre casos así, estudiado los relatos bíblicos de Jesús expulsando demonios, pero nunca había presenciado uno.
Parte de mí [música] quería rechazar la invitación, recordándole a Edilma que había escogido el catolicismo y debía buscar ayuda en su propia iglesia. Pero era mi hermana, mi sobrina de 16 años, [música] a quien conocía desde que nació. No podía negarme. “Voy para allá”, le dije. Dame hora y media. Irapuato [música] está a 80 km.
Voy a orar todo el camino y llevaré mi Biblia. Jesucristo tiene poder sobre todos los demonios. Edilma. Vamos a expulsar esa cosa en el nombre de Jesús. Colgé con las manos temblando. Le expliqué la situación a Roberto que se ofreció a a acompañarme. Le pedí que se quedara con nuestras hijas. Voy a ir con el pastor Josué que ya está allá.
Dije, vamos a hacer hacer oración de liberación en el nombre de Jesucristo. El poder de Dios es mayor que cualquier demonio. Me puse ropa cómoda, tomé mi Biblia grande, marcada y subrayada, una botella de agua y manejé hacia Irapuato, rezando en voz alta todo el camino. No rezaba el Padre Nuestro de forma repetitiva como los católicos.
sino con mis propias palabras. [música] Señor Jesús, tú que expulsaste demonios en los evangelios, tú que diste autoridad a tus discípulos sobre los espíritus inmundos, dame autoridad esta noche. Voy en tu nombre, con tu palabra, con tu poder. Protégeme, Señor, y libera a [música] mi sobrina Jazmín. Llegué a la casa de Dilma alrededor de las 10:40 de la noche.
Era una casa modesta de dos pisos en un fraccionamiento de clase media. Las luces estaban encendidas y pude ver sombras moviéndose detrás de las cortinas. Estacioné y caminé hacia la puerta con mi Biblia apretada contra mi pecho como escudo espiritual. Edilma abrió antes de que tocara. Sus ojos estaban rojos e hinchados, su cabello despeinado y sus manos temblaban.
Nos abrazamos en silencio. A pesar de nuestras diferencias teológicas, en ese momento solo éramos dos hermanas enfrentando algo aterrador. “Gracias por venir”, susurró. “Gracias, Yamilet. No sabía a quién más llamar. Entramos a la sala. Wenceslao estaba ahí, un hombre robusto de unos 45 años con rostro marcado por el estrés.
Lo había visto solo en fotografías de Facebook. Nos saludamos con un apretón de manos breve. También estaba el pastor Josué Andrade, a quien yo conocía de reuniones de pastores adventistas [música] en Guanajuato. Era un hombre de unos 55 años con barba gris y lentes que había pastoreado la Iglesia Adventista de Irapuato durante más de 20 años.
Me saludó con alivio evidente. Hermana Yamilet, qué bueno que llegaste. Esto es más intenso de lo que había visto antes. Su voz, normalmente confiada, sonaba insegura, casi asustada. ¿Dónde está Jazmín?, pregunté. En su habitación del segundo piso, respondió Edilma. Está amarrada a una silla. Tuvimos que hacerlo porque intentó lastimarse a sí misma y lastimarnos.
No es mi hija, Yamilet. La cosa que está ahí arriba no es mi jazmín. Pueslao intervino. Hermana Yamilet, [música] sé que usted y yo tenemos diferencias de fe. Sé que ustedes, los adventistas, piensan que los católicos estamos equivocados, pero por favor ayúdenos. Mi niña está poseída por algo maligno y necesitamos todo el poder de Dios disponible.
Asentí con firmeza. El poder de Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Hermano Wenceslao, no importan nuestras diferencias doctrinales en este momento. Vamos a expulsar ese demonio en el nombre de Jesús. Subimos las escaleras. Con cada escalón sentía una opresión creciente en el pecho, como si el aire se volviera más denso y pesado.
Había una presencia maligna en esa casa, innegable. podía sentirla físicamente como una vibración de maldad que hacía que mi piel seizara. Pastor Josué me explicó en voz baja mientras subíamos. Llevo 3 horas orando por ella. He usado todos los versículos de liberación que conozco. Marcos 16:17, Lucas 10:19, Efesios 6:12.
Le he ordenado al demonio que salga en el nombre de Jesús al menos 50 veces. Pero solo se ríe. Se ríe de mi hermana y dice cosas sobre nuestra iglesia que me hacen temblar. Llegamos frente a la puerta cerrada de la habitación de Jazmín. Desde adentro se escuchaban sonidos que helaban [música] la sangre. Una risa gutural, profunda, múltiple, como si voces rieran al mismo tiempo.
No era risa de alegría, era risa de maldad pura, de burla despiadada. Y entre las [música] risas se escuchaban palabras en un idioma que no reconocía al principio, pero luego identifiqué como latín. Ella habla latín, le pregunté a Edilma. Mi hermana negó con la cabeza [música] llorando. Sasmí solo habla español e inglés básico de la escuela. Nunca ha estudiado latín.
Esa cosa adentro habla latín, arameo y no sé qué otros idiomas. El pastor Josué dice que también ha hablado en hebreo bíblico. Respiré [música] profundo. Abrí mi Biblia en el salmo 91 y dije con toda la autoridad que pude reunir, el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová, esperanza mía y castillo mío, mi Dios, [música] en quien confiaré.
Abrí la puerta. Lo que vi sigue siendo la imagen más aterradora que mis ojos han contemplado. Jazmín, mi sobrina de 16 años, estaba sentada en una silla en medio de su habitación con las muñecas y los tobillos atados con cordones. Su cabeza colgaba hacia delante con el cabello tapándole el rostro, pero no estaba inconsciente.
Cuando entramos, su cabeza se levantó con un movimiento antinatural, demasiado rápido, como si no tuviera articulaciones cervicales normales. El cabello se apartó solo, sin que nadie lo tocara, revelando un rostro que ya no era el de mi sobrina. Los ojos eran completamente negros, sin pupila ni iris visible, solo dos pozos de oscuridad absoluta.
La piel de su cara estaba pálida, casi gris, y sus labios estaban partidos y sangrantes como si se los hubiera mordido repetidamente. Pero lo más terrorífico era la sonrisa, una sonrisa enorme, demasiado ancha para un rostro humano normal que mostraba todos sus dientes en una mueca de maldad tan pura que me hizo retroceder hacia la puerta.
“Miren quién llegó”, dijo con una voz que no era humana. [música] Era una voz profunda, resonante, múltiple, como si [música] hablaran al mismo tiempo en perfecta sincronización. La famosa Yamilet Mendoza Carreño, líder adventista, maestra de profecías, guerrera de Dios. La forma en que pronunció guerrera de Dios estaba cargada de sarcasmo tan espeso que casi podía tocarse.
“¡Qué honor tan grande recibir tu visita en esta humilde morada!” Edilma [música] soyzó detrás de mí. Wenceslao la abrazó, ambos temblando. [música] El pastor Josué se paró a mi lado y abrió su Biblia con manos que le temblaban visiblemente. Yo tragué saliva, traté de controlar mi miedo y hablé con la autoridad que había practicado en mis años de liderazgo.
En el nombre de Jesucristo de Nazaret, te ordeno que salgas de esta joven. No tienes derecho a estar en ella. Ella es hija de Dios y tú no puedes reclamarla. La risa que siguió fue ensordecedora, tan fuerte que las paredes parecían vibrar. “Hija de Dios”, se burló la entidad. “Oh, Yamilet, Yamilet, siempre tan segura de ti misma, siempre tan convencida de que posees la verdad.
Déjame preguntarte algo antes de que continúes con tus oraciones inútiles. [música] ¿Realmente crees que tu autoridad adventista me asusta? El pastor Josué intervino con voz que intentaba sonar firme, pero se quebraba. En el nombre de Jesús, espíritu inmundo, te ordeno que abandones este cuerpo. Lucas 10:19 dice, “He aquí os doy potestad de ollar serpientes y escorpiones y sobre toda fuerza del [música] enemigo. Sal.
” La entidad lo miró con una mezcla de diversión y desprecio. A. El pastor Josué Andrade. 3 horas llevas aquí, pastorcito, clamando el nombre de Jesús como si fuera una fórmula mágica. ¿Y qué has logrado? Nada. Absolutamente nada. ¿Sabes por qué? Porque ustedes protestantes sin poder real no tienen las llaves.
Tienen la Biblia, sí, la leen y la memorizan [música] y la citan constantemente. Tienen el nombre de Jesús. Sí. Lo invocan una y otra vez. Pero no tienen la autoridad que [música] él dio a su iglesia, la única iglesia verdadera. Sentí una rabia santa creciendo en mi pecho. No vas a confundirnos con tus mentiras, grité.
Tú eres el padre de mentira, Satanás, y no vamos a escuchar tus engaños. Jesucristo [música] tiene todo el poder en el cielo y en la tierra. La criatura [música] dentro de Jazmín se rió nuevamente. Esa risa horrible de múltiples voces. Por supuesto que Jesucristo tiene todo el poder adventista ignorante.
Yo no discuto eso. Lo que discuto es que ustedes, protestantes rebeldes, hijos de la reforma luterana, tengan acceso a ese poder. Ustedes rompieron con la única iglesia que Cristo fundó. Cortaron su conexión con la sucesión apostólica. Se convirtieron en francotiradores espirituales sin autoridad sacramental. Y ahora vienen aquí pensando que sus oraciones vacías me van a expulsar.
Es casi cómico. Durante las siguientes dos horas, el pastor Josué y yo hicimos todo lo que nuestra teología adventista nos había enseñado. Oramos invocando el nombre de Jesús. Citamos todos los versículos bíblicos relevantes sobre autoridad, sobre demonios. Cantamos himnos adventistas. Declaramos versículos sobre la sangre de Cristo.
Pusimos las manos sobre Jazmín y pedimos al Espíritu Santo que descendiera. Pero nada funcionaba, absolutamente nada. [música] La entidad solo se reía cada vez más fuerte, a veces se burlaba directamente. Oh, miren, ahora están cantando. Qué lindo. Sus himnos protestantes no tienen poder sobre nosotros. ¿Saben [música] qué tipo de música nos hace oír? los cantos gregorianos en latín, los himnos marianos medievales, las alabanzas católicas que han sido cantadas por siglos en comunión con los santos, pero sus cantos de 200 años de antigüedad, nacidos de la rebelión
protestante no tienen ningún efecto. Yo estaba exhausta, frustrada y comenzando a sentir algo que nunca había sentido en mi vida de fe. duda. ¿Por qué nuestras oraciones no funcionaban? Porque invocar el nombre de Jesús, como prometía Marcos 16:17, no estaba expulsando al demonio. El pastor Josué estaba visiblemente derrotado, sudando profusamente, con su camisa empapada y su rostro pálido.
Edilma y Wenceslao estaban en una esquina, Edilma llorando incontrolablemente y Wenceslao con los ojos cerrados. susurrando algo que no alcanzaba a escuchar. Fue entonces alrededor de la medianoche cuando Wenceslao [música] salió de la habitación sin decir nada. Yo apenas lo noté porque estaba concentrada en otra ronda de oraciones con el pastor Josué, pero 15 minutos después escuchamos la puerta de entrada abrirse y cerrarse y luego pasos subiendo las escaleras, dos pares de pasos. Weneslao regresó acompañado de un
anciano sacerdote católico. Mi reacción fue de indignación. ¿Trajiste a un sacerdote católico? Le dije a Wenceslao con incredulidad. Estamos en medio de una batalla espiritual. No necesitamos idolatría católica aquí. Pero Edilma, mi [música] hermana, que había estado llorando pasivamente durante horas, de repente se irguió y me enfrentó con una firmeza que no había visto en ella desde que éramos niñas.
“Jamilet, [música] cállate”, me gritó con los ojos enrojecidos. “Llevan 4 horas aquí orando y mi hija sigue [música] igual o peor. Por el amor de Dios, déjalo intentar. Es mi hija. Déjalo intentar. El tono de desesperación maternal absoluta en su voz me silenció. El sacerdote católico era un hombre de unos 75 años de estatura baja, con cabello completamente blanco y ojos azules sorprendentemente claros detrás de lentes gruesos.
[música] vestía la sotana negra tradicional y llevaba un maletín de cuero viejo. Se presentó con una calma que contrastaba dramáticamente con el caos espiritual de la habitación. Buenas noches. Soy el padre Aurelio Campos, párroco de San Miguel Arcángel aquí en Irapuato. Bueneslao me contó brevemente la situación. Voy a realizar el rito de exorcismo.
Pueden quedarse o pueden salir, pero si se quedan, por favor, no interrumpan el ritual. Su voz era suave, pero tenía una autoridad que no venía de gritos o dramatismo, sino de algo más profundo. La entidad dentro de Jazmín, que había estado burlándose de nosotros durante horas, de repente cambió de actitud cuando vio al padre Aurelio.
Su sonrisa desapareció. Sus ojos negros se fijaron en el anciano sacerdote con algo que se parecía al odio mezclado con miedo. No dijo con voz más grave. No, no, no, no a ti, no a uno de ellos. Puenceslao, imbécil, ¿por qué llamaste a uno de ellos? El padre Aurelio no respondió, simplemente comenzó a sacar cosas de su maletín con movimientos lentos y metódicos.
una estola morada que se colocó sobre los hombros, un crucifijo grande de metal de unos 30 cm, un ritual romano en latín, una botella de agua bendita y un rosario de madera oscura que parecía muy antiguo. Cuando el padre Aurelio se colocó la estola morada, Jazmín gritó, “¡La autoridad apostólica?” No lleva la autoridad apostólica.

Yo no entendía significaba eso, pero el terror en la voz del demonio era evidente. El padre Aurelio abrió su ritual [música] y comenzó a leer en latín. Exorcíote o espíritus inmunde innomine [música] de patris omnipotentis. Su voz era firme, pero no gritaba. No había dramatismo, solo autoridad tranquila. El efecto sobre el demonio fue inmediato.
Jazmín comenzó a convulsionarse violentamente en la silla. Los cordones que la ataban crujían con la tensión. Para, para, odio ese ritual. Odio esas palabras. Llevan el poder de 2000 años de autoridad apostólica. Pero lo que realmente me impactó fue lo que sucedió cuando el padre Aurelio tomó la botella de agua bendita y roció unas gotas sobre Jazmín.
La reacción fue como si hubiera arrojado ácido. Jazmín gritó con un alarido sobrenatural de dolor. Su piel donde cayó el agua comenzó a humear literalmente como si estuviera siendo quemada. Esa agua, esa agua fue bendecida por autoridad apostólica. Quema, quema, porque lleva el poder de la iglesia verdadera.
Yo estaba paralizada, observando con incredulidad total. Durante 28 años había enseñado [música] que el agua bendita católica era superstición sin poder, una práctica pagana que Dios no respaldaba. Pero lo que veía en mis ojos desafiaba completamente esa enseñanza. El demonio estaba siendo genuinamente torturado por agua bendita católica mientras había ignorado completamente todas nuestras oraciones [música] adventistas.
El padre Aurelio continuó con el ritual de exorcismo alternando entre latín y español. Te conjuro, espíritu inmundo, por el Dios vivo, por el Dios verdadero, por el Dios santo. Sal de esta sierva de Dios. Con cada orden, el demonio se retorcía más. Pero fue cuando el padre Aurelio sacó su rosario de madera oscura y comenzó a rezar el Ave María que el verdadero infierno se desató en esa habitación.
“Dios te salve, María, llena eres de gracia”, comenzó el Padre con voz tranquila pero firme. El efecto fue como una bomba espiritual. Jazmín aulló con un dolor tan intenso que todos en la habitación nos estremecimos. No, no, no a ella. No invoquen a esa, odio ese nombre, odio esa oración. Y entonces, mirándome directamente a mí con esos ojos completamente negros, el demonio comenzó su confesión, una confesión que destruiría todo lo que yo había creído durante casi tres décadas.
“Tú, Yamilet Mendoza Carreño,” gritó con odio visceral. Tú y todos los adventistas como tú son nuestro mayor regalo, nuestro regalo más hermoso. ¿Sabes lo que haces con tu evangelización? Haces nuestro trabajo gratis. Convences a católicos a abandonar el rosario, les enseñas a rechazar a los santos, les haces despreciar a María y así los dejas completamente desprotegidos para nosotros, completamente vulnerables.
Sentí como si me hubieran golpeado en el estómago. [música] “Mientes!”, grité. “Tú eres el padre de mentira. No vamos a creer tus engaños.” Pero la entidad continuó y algo en su tono me hizo saber que esta vez no estaba mintiendo. Era como si el ritual de exorcismo lo estuviera forzando a decir verdades que normalmente mantendría [música] ocultas.
Engaños. ¿Quieres que te diga verdades que te van a destruir, Yamilet? Adelante, [música] el rosario. ¿Sabes por qué odio el rosario con cada fibra de mi ser? Porque cada Ave María es [música] una cadena de fuego que nos aprisiona. Cada misterio que se medita es una puerta que se cierra a nuestra influencia. Un católico que reza el rosario diariamente está rodeado por una fortaleza espiritual que no podemos penetrar.
Por eso ustedes, protestantes útiles, les enseñan a rechazarlo, les dicen que es vana repetición, les dicen que es idolatría. Y cuando lo abandonan, pierden su protección más poderosa. El pastor Josué, que había estado en silencio observando con rostro pálido, intentó intervenir. El único mediador entre Dios y los hombres es Cristo Jesús. Primera Timoteo 2:5.
No necesitamos a María. La entidad lo miró y se rió con crueldad. Oh, pastor ignorante, por supuesto que Cristo es el único mediador. Nadie disputa eso, pero María es la intercesora más poderosa. ¿Sabes cuál es la diferencia? Cristo es el puente entre Dios y la humanidad. Nadie va al Padre sino por él. Pero los santos en el cielo, especialmente María, interceden ante Cristo por ustedes y su intercesión es devastadora para nosotros.
¿Quieres saber por qué tememos a los santos? Continuó. Porque ellos ya vencieron, ya están en la gloria. Su intercesión viene desde la victoria eterna, no desde la debilidad humana. Cuando un católico invoca a San Miguel Arcángel, ¿sabes lo que pasa? El príncipe de las huestes celestiales, [música] que nos derrotó en la guerra del cielo, trae su espada flamígera a la batalla.
Cuando invocan a Santo Toribio, él viene con el poder de su ministerio pastoral eterno. Cuando invocan a Santa Rita, ella trae su autoridad sobre lo imposible. Pero ustedes, protestantes rebeldes, enseñan a la gente a rechazar toda esa ayuda celestial. Es brillante. Ustedes mismos se desarman. Yo estaba temblando.
Mis piernas apenas me sostenían. Todo mi sistema teológico estaba siendo demolido por las palabras de un demonio que bajo el poder del exorcismo católico parecía incapaz de mentir. “Los santos están muertos”, susurre débilmente repitiendo la doctrina adventista. Eclesiastés 9:5 dice que los muertos no saben nada.
La risa burlona me hizo estremecer. Oh, Yamilet, realmente eres más ignorante de lo que pensaba. Los santos no están muertos, [música] están más vivos que tú. Están en la presencia de Dios, en plena conciencia, en perfecta comunión con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Apocalipsis 6 9 10. Muestra las almas de los mártires bajo el altar clamando a Dios.
Están muertos e inconscientes. No están vivos y activos. Pero ustedes, los adventistas, [música] con su doctrina herética del sueño del alma niegan esa realidad. ¿Y sabes qué logramos con esa doctrina? Que millones de protestantes jamás pidan la intercesión de los santos, jamás invoquen el poder del cielo y se queden solos enfrentándose a nosotros con su fe individual débil y sus oraciones sin autoridad sacramental.
El padre Aurelio continuaba rezando el rosario imperturbable. Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora [música] y en la hora de nuestra muerte. Amén. Con cada Santa María, madre de Dios, el demonio se contorsionaba más violentamente. Y ahora Yamilet, [música] hablemos de ella, dijo con una mezcla de terror y odio tan intensa que la temperatura [música] de la habitación pareció bajar varios grados.
María Santísima, la Virgen, la Madre de Dios, la Inmaculada, la reina del cielo, quiere saber porque ella es nuestra pesadilla eterna. ¿Por qué cadá ave María que reza ese maldito sacerdote me quema como fuego? Te lo voy a decir. Génesis 3:15, ¿lo recuerdas? El primer evangelio Dios le dijo a la serpiente, [música] “A nosotros pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya.
Esta [música] te herirá en la cabeza.” La mujer, la mujer que nos aplasta la cabeza. No es Eva, es María. Ella es la nueva Eva, la que dijo sí, donde Eva dijo no. Su obediencia perfecta a Dios fue el principio de nuestra derrota definitiva. Cuando un católico se consagra [música] al Inmaculado Corazón de María, cuando se entrega completamente a ella, cuando reza el rosario diariamente, cuando lleva el escapulario del Carmen, cuando tiene verdadera devoción mariana, construye una fortaleza espiritual que nosotros no podemos penetrar. [música]
María los rodea con su manto. Es su madre celestial y los protege con ferocidad maternal. Hemos intentado atacar a católicos verdaderamente consagrados a María y es como golpear un muro de diamante. No podemos tocarlos. ¿Quieres saber por qué promovimos el protestantismo? Continuó con malicia. No fue solo por la doctrina de la justificación por la fe.
No fue solo para dividir la iglesia. [música] El objetivo central era quitar a María del camino. Queríamos que millones de cristianos dejaran de invocarla, dejaran de rezarle, dejaran de pedirle su intercesión. Porque mientras María esté en la ecuación, nuestra capacidad de dañar a los cristianos es limitada. Las lágrimas corrían por mis mejillas sin control.
Todo en lo que había creído durante 28 años se estaba desmoronando. El pastor Josué tenía la cabeza entre las manos soyosando. Edilma y Wenceslao nos miraban con una mezcla de compasión y tristeza. El padre Aurelio, que había seguido rezando el rosario sin interrupción durante toda esta revelación demoníaca, ahora levantó una consagrada que [música] había sacado de un pequeño relicario.
El efecto fue como si hubiera levantado el sol en medio de la noche. Jazmín o la cosa dentro de ella emitió un alarido de agonía tan intenso que tuvimos que cubrirnos los oídos. No, no, no. La presencia real, el verdadero cuerpo de Cristo no es símbolo como estos protestantes idiotas enseñan. Es él. Ese él, es él. Es fuego que nos consume.
Es la segunda persona de la trinidad hecha carne, [música] hecha pan, presente realmente. Quema, quema. El padre Aurelio habló por primera vez en varios minutos. su voz tranquila, pero con autoridad absoluta. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por el poder de la Eucaristía, cuerpo, sangre, alma y divinidad de nuestro Señor Jesucristo.
Y por la intercepición de María Santísima, Madre de Dios, te ordeno, espíritu inmundo, sal de esta sierva de Dios. Con una última convulsión violenta que sacudió toda la silla, con un grito final que pareció venir de las profundidades del infierno, el demonio fue expulsado. Jazmín [música] se desplomó inconsciente, finalmente en paz.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Durante varios minutos nadie se movió. Estábamos todos en shock procesando lo que acabábamos de presenciar. El padre Aurelio se acercó a Jazmín, le tomó el pulso, verificó que respirara normalmente y luego se volvió hacia Edilma y Wenceslao. Su hija está bien.

El demonio ha sido expulsado. Despertará pronto. Edilma corrió a Brasitam abrazar a su hija soyloosando de alivio. Wenceslao se arrodilló junto a ellas llorando y dando gracias a Dios. Yo no podía moverme. Estaba paralizada por la magnitud de lo que había presenciado. Todo lo que había creído durante 28 años, todo lo que había enseñado, todo por lo que había trabajado, se había revelado como una mentira.
No peor que una mentira. Había sido herramienta del enemigo sin saberlo. El padre Aurelio se acercó a mí con gentileza. Hermana, me dijo suavemente, lo que presenció esta noche fue real. El enemigo bajo el poder del exorcismo no puede mentir. Todo lo que escuchó es verdad. No pude contener las lágrimas, pero entonces, soy durante 28 [música] años he estado alejando a la gente de su protección.
He estado destruyendo su conexión con los santos, con María, con la Iglesia verdadera. He sido instrumento del demonio. El peso de esa realización era insoportable. Las 47 personas que había convertido al adventismo, los niños que había enseñado a temer al catolicismo, mi propia familia criada en el rechazo a María y los santos, todo había sido un error monumental.
El pastor Josué también estaba destrozado. Se acercó al padre Aurelio y le preguntó con voz quebrada, “Padre, ¿es verdad todo lo que dijo? Nuestra autoridad ministerial es realmente vacía. ¿Nuestras oraciones no tienen poder?” El padre Aurelio lo miró con compasión. Hermano, sus oraciones tienen valor ante Dios porque vienen de un corazón sincero.
Pero la autoridad sacramental, la que realmente ata y desata en el cielo y en la tierra, esa solo la tiene la Iglesia Católica a través de la sucesión apostólica. Jesús dio las llaves del reino a Pedro, no a todos los creyentes individuales. Esa autoridad se transmite a través de los obispos en comunión con el Papa.
Jazmín despertó poco después. Abrió los ojos confundida, sin recordar nada de lo que había pasado. Mamá, dijo con voz débil, ¿qué pasó? ¿Por qué estoy amarrada? Edilma la desató llorando de alegría, abrazándola, besándola, dando gracias a Dios y a la Virgen María. Era un milagro presenciar la transformación.
Minutos antes, esa joven había sido recipiente de un demonio aterrador y ahora era nuevamente el adolescente dulce e inocente que era. El padre Aurelio bendijo la casa, roció agua bendita en cada habitación, rezó oraciones de protección y finalmente se despidió. Antes de irse me entregó un rosario para usted, dijo simplemente, si realmente busca la verdad, [música] rece esto con el corazón abierto.
Tomé el rosario con manos temblorosas. Durante 28 años había enseñado que esto era idolatría. Ahora sabía que era un arma espiritual poderosa. En los días siguientes no pude dormir, ni comer, ni orar como antes. Las palabras del demonio resonaban incesantemente. Hace nuestro trabajo gratis. Comencé a estudiar obsesivamente, no los folletos anticatólicos que siempre leí, sino los escritos de los padres de la Iglesia, San Agustín, San Ignacio [música] de Antioquía, que conocieron a los apóstoles.
Descubrí para mi horror y fascinación que la Iglesia primitiva era completamente católica. Veneraban a María, pedían intercesión de los mártires, creían en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Fui a la parroquia de San Miguel Arcángel a buscar al padre Aurelio. Él me recibió sin juzgarme, solo con compasión paterna.
“Quiero aprender”, le dije llorando. “Quiero saber la verdad.” comenzó a instruirme pacientemente. Me explicó la sucesión apostólica, la autoridad de la Iglesia, el papel de María como madre de la Iglesia, la comunión de los santos, la presencia real en la Eucaristía. Cada enseñanza encajaba perfectamente como piezas de un rompecabezas que finalmente revelaba la imagen completa.
Comencé a asistir a misas a escondidas. La primera vez que entré sentí la misma presencia de Jesús que había sentido aquella noche durante el exorcismo. No era imaginación, no era emoción, era realidad objetiva. Cristo estaba presente en el sagrario. Me arrodillé y lloré durante una hora pidiendo perdón por mis 28 años de orgullo y ceguera.
Tomé el rosario que el padre Aurelio me había dado y temblando recé mi primera Ave María. Dios te salve, María, llena eres de gracia, [música] el Señor es contigo. Las palabras se sentían extrañas en mi boca protestante, pero algo profundo en mi alma reconocía su verdad. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Cuando llegué a Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores. Sentí una paz que 28 años de adventismo nunca me dieron. Era como llegar a casa después de estar perdida toda la vida. Rezaba el rosario todos los días, meditando en los misterios, [música] estudiando las Escrituras con ojos católicos, leyendo a los santos.
El pastor Josué también estaba en su propio proceso. Nos encontrábamos ocasionalmente en la parroquia, ambos buscando la verdad que el demonio nos había revelado involuntariamente. Nunca pensé, me dijo una vez, que un exorcismo católico sería lo que me mostraría la verdad, pero no puedo negar lo que vi.
Nuestras oraciones no funcionaron, el rosario sí. Tres meses después, en noviembre de 2024, durante la misa de todos los santos, pedí ser recibida en plena comunión con la Iglesia Católica. Fue la misa más hermosa de mi vida. Cuando el padre Aurelio me dio la bienvenida oficialmente a la iglesia, cuando recibí por primera vez la Eucaristía, experimenté a [música] Cristo de una manera que nunca nunca había conocido.
No era símbolo, no era memorial, era él realmente presente, entregándose completamente a mí. Lloré de alegría y gratitud. La reacción de mi familia fue devastadora. Mis padres me consideran apóstata. Mi padre me dijo llorando, “Has traicionado la herencia de cuatro generaciones. Has caído en Babilonia. Mi madre no me habla.
Roberto, mi esposo, pidió el divorcio. Mis hijas, confundidas y presionadas por su padre, me culpan por destruir la familia. Perdí mi trabajo como maestra en la escuela adventista. Perdí a mis amigos, mi comunidad, mi vida entera tal como la conocía. Pero gané algo infinitamente mayor. Gané la plenitud de la fe, [música] la protección poderosa de Nuestra Señora de Guadalupe y los santos, la presencia real de Jesús en la Eucaristía, la autoridad de la Iglesia que Cristo fundó sobre [música] Pedro.
Hoy trabajo como secretaria en una oficina pequeña. Vivo en un departamento modesto sola, pero rezo el rosario diariamente y asisto a [música] misa cada día que puedo. Mi vida material se redujo, pero mi vida espiritual se expandió infinitamente. Cuando rezo el rosario y pido la intercesión de San Miguel [música] Arcángel, de Santo Toribio, de Santa Rita, de Carlo Acutis, recuerdo el terror genuino en la voz de aquel demonio.
No mentía sobre esto. Los santos son reales. Su intercesión es poderosa. María es terror de los demonios y la Iglesia Católica posee autoridad que el infierno reconoce y teme. Dilma y yo somos más cercanas ahora que nunca. Jazmín, completamente recuperada, se prepara para su confirmación católica. Wenceslao me dice que mi conversión fue el mayor testimonio que podría haber dado a su familia extendida, muchos de los cuales también eran escépticos del catolicismo.
Fui adventista 28 años y pensaba estar sirviendo a Dios, pero en realidad, como el propio enemigo confesó, estaba haciendo su trabajo al alejar a la gente de la protección que la Iglesia de Cristo ofrece. Ahora dedico mi vida a compartir mi testimonio, [música] a invitar a otros protestantes a considerar las afirmaciones católicas, a orar por la reunificación de todos los cristianos en la única iglesia que Cristo fundó.
No guardo rencor contra mis hermanos adventistas. Ellos, como durante 28 años son sinceros, pero equivocados. [música] Rezo todos los días para que experimenten la misma revelación que yo tuve, aunque espero que la de ellos sea menos traumática que la mía. Que Nuestra Señora de Guadalupe, terror de los demonios y refugio de los pecadores, interceda por todos los que buscan sinceramente la verdad.
Que San Miguel Arcángel nos defienda en la batalla. Que todos los santos nos acompañen en el camino de regreso a casa, a la Iglesia Católica, donde Cristo espera en la Eucaristía para entregarse completamente a quienes lo buscan con corazón humilde. Esta es mi historia. La historia de cómo un demonio forzado por el poder del exorcismo católico me reveló la verdad que había rechazado durante casi tres décadas.
La historia de cómo perdí todo lo que tenía para ganar, lo único que realmente importa, la plenitud [música] de la fe en la Iglesia que Cristo fundó sobre Pedro, que las puertas [música] del infierno no han prevalecido ni prevalecerán contra ella. Amén. M.