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Él No Sabía que era Pedro Infante — el Maestro Desafió a una Persona Aleatoria del Público

 

 miró el set con los brazos cruzados mientras Thomas esperaba a su lado con el portapapeles listo para anotar cualquier cosa que el director considerara importante. En ese momento, por el pasillo lateral que conectaba con los camerinos, apareció un hombre vestido con traje de charro completo, pantalones negros con botonadura de plata a los costados, chaqueta corta bordada, camisa blanca y ese sombrero ancho que identificaba inmediatamente el atuendo tradicional mexicano.

 El hombre caminaba con tranquilidad. sin prisa, con las manos en los bolsillos y una expresión relajada de alguien que está completamente cómodo en ese espacio. Se detuvo cerca de una columna a unos metros del set de Coman, se recargó contra la pared y sacó un cigarrillo que encendió con un movimiento casual mientras observaba el movimiento del equipo técnico.

 Coman lo vio de reojo y asumió inmediatamente que era uno de los extras contratados para su producción, probablemente esperando instrucciones sobre donde debía estar. La forma en que el hombre estaba vestido, su postura relajada y el hecho de que estuviera simplemente esperando en el pasillo confirmaban la suposición de Coman de que se trataba de alguien sin importancia en la jerarquía del estudio.

 El director lo miró con la expresión de alguien evaluando ganado y entonces tomó una decisión que cambiaría completamente el resto de su día. Se acercó hacia donde estaba el hombre del traje de charro con pasos decididos, seguido de cerca por Thomas, que ya había levantado su portapapeles, anticipando que necesitaría anotar algo. Homan se detuvo frente al hombre y lo miró de arriba a abajo con una evaluación rápida que no intentaba disimular su naturaleza crítica.

El hombre del traje de charro levantó la vista hacia Coman con una expresión tranquila, dio una calada a su cigarrillo y esperó sin decir nada con esa paciencia particular de alguien acostumbrado a que la gente se le acerque. Colman notó que el hombre tenía una presencia física que no había captado desde la distancia, algo en la forma en que sostenía la mirada que sugería más confianza de la que un extra debería tener.

 Pero el director interpretó esto como el tipo de arrogancia inútil que a veces desarrollan las personas cuando usan vestuarios llamativos. ¿Usted habla inglés?, preguntó Coman en un tono que ya asumía la respuesta negativa. El hombre del traje de charro sonrió ligeramente, una sonrisa que no llegaba a ser burla, pero que tampoco era completamente amistosa.

 Un poco, respondió en inglés con acento marcado pero comprensible. Colman as sintió satisfecho porque eso facilitaba las cosas y significaba que no necesitaría un traductor para lo que estaba a punto de hacer. Mire, dijo Coman señalando el set detrás de él, voy a filmar una escena esta tarde y necesito que los extras entiendan algo fundamental antes de que empecemos.

 Hizo una pausa como si estuviera organizando un discurso que había dado muchas veces antes. El cine estadounidense tiene ciertos estándares que tal vez ustedes no manejan aquí y necesito que quede claro desde el principio que espero de las personas que van a aparecer en mi película. El hombre del traje de Charro no respondió nada, simplemente siguió fumando su cigarrillo con esa expresión tranquila que podía interpretarse como atención o como completo desinterés, dependiendo de que también lo conocieras.

A su alrededor, algunos técnicos mexicanos que pasaban cerca habían comenzado a reducir la velocidad de sus pasos, no deteniéndose completamente, pero sí lo suficiente para poder escuchar lo que estaba diciendo ese director estadounidense al hombre que todos conocían perfectamente bien. Coman continuó sin notar o sin importarle la pequeña audiencia que estaba formándose.

En Hollywood trabajamos con actores entrenados, con personas que han estudiado el oficio durante años en academias profesionales. Aquí en México sé que las cosas son más informales, más improvisadas y eso está bien para el cine local. hizo un gesto con la mano como quien concede un punto menor.

 Pero cuando trabajas en una producción seria, en una película que va a verse en Estados Unidos, se requiere un nivel diferente de profesionalismo. El hombre del traje de charro apagó su cigarrillo contra la pared detrás de él con un movimiento lento y deliberado, y entonces miró a Coman directamente a los ojos con una intensidad que hizo que Thomas, el asistente, sintiera algo incómodo en el estómago sin saber exactamente por qué.

Entiendo”, dijo el hombre con esa misma voz tranquila que usaba para todo. Colman interpretó esa respuesta como su misión o al menos como aceptación de su autoridad y eso lo animó a continuar. “De hecho”, dijo Coman con una sonrisa que pretendía ser pedagógica, “creo que sería útil hacer una pequeña demostración ahora mismo, una forma de mostrarle a todos los que van a trabajar conmigo qué es lo que busco.

” Se volvió hacia su asistente. “Tomas, trae una de las sillas del set. Quiero mostrarle a este señor la diferencia entre pararse frente a una cámara y realmente actuar. Thomas dudó por un segundo, mirando al hombre del traje de charro con una expresión que sugería que algo en toda esta situación no le parecía correcto, pero la mirada impaciente de Coman lo hizo moverse rápidamente hacia el set para traer la silla solicitada.

Mientras Thomas iba por la silla, más técnicos mexicanos habían comenzado a detenerse en sus actividades, encontrando razones súbitas para estar cerca de esa área del pasillo. Un camarógrafo ajustaba a su equipo más lentamente de lo necesario. Dos maquillistas salieron de su camerino con expresiones de curiosidad apenas disimulada y el jefe de utilería simplemente se recargó contra una pared con los brazos cruzados y una sonrisa pequeña que empezaba a formarse en las comisuras de su boca.

Homan no notaba nada de esto porque estaba completamente enfocado en su demostración improvisada, convencido de que estaba a punto de dar una lección valiosa que estos trabajadores mexicanos recordarían y agradecerían. Thomas regresó con una silla de madera simple que colocó en el pasillo frente al hombre del traje de charro, mirando nerviosamente entre su jefe y ese hombre que seguía parado con esa calma desconcertante.

“Perfecto”, dijo Coman frotándose las manos con entusiasmo profesional. Ahora quiero que haga algo muy simple. Siéntese en esa silla y actúe como si estuviera esperando malas noticias. Nada complicado. Solo quiero ver qué puede hacer alguien sin entrenamiento formal cuando se le pide que transmita una emoción básica.

 hizo una pausa y agregó con un tono que pretendía ser amable, pero que sonaba condescendiente. No se preocupe si no le sale bien. Ese es precisamente el punto de este ejercicio. El hombre del traje de charro miró la silla por un momento, luego miró a Coman y entonces algo cambió en su expresión. No era enojo ni ofensa, era algo más sutil, como si hubiera tomado una decisión internamente.

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