Posted in

Cuando ROBARON a Pedro Infante en un hotel, hizo algo que pocos vieron

 

 No llegó con dinero, no llegó con contactos, llegó con ganas, con una terquedad tan sinaloense, tan de hombre criado en tierra caliente, que no había puerta cerrada que le durara mucho tiempo cerrada. En esos primeros años en la capital, Pedro no tenía para el lujo. Vivía donde podía, comía lo que alcanzaba y se movía por la ciudad a pie o en camión con la funda de la guitarra cargada al hombro, como si fuera el equipaje más valioso del mundo.

 Y para él lo era. Pero conforme fue pasando el tiempo, conforme la radio fue llevando su voz a más y más hogares, conforme las películas empezaron a llenar los cines, la vida de Pedro fue cambiando. Ya no era el muchacho que tocaba en cantinas por unas monedas, ya era alguien, ya era, e para mucha gente la voz que les ponía palabras a lo que sentían por dentro, pero no sabían cómo decir.

 Y con esa nueva vida vinieron también los viajes, las giras, los hoteles, las ciudades que se van volviendo borrosas cuando viajas demasiado y duermes poco y no siempre sabes en qué cama vas a despertar al día siguiente. Fue en uno de esos viajes cuando ocurrió lo que te voy a contar. No te voy a decir todavía la ciudad exacta porque eso viene más adelante y tiene su importancia.

 Lo que sí te puedo decir es que Pedro llegó a ese hotel después de una actuación larga. De esas actuaciones que te dejan el cuerpo agotado, pero el espíritu todavía encendido, porque la gente había respondido de una manera que te llena el pecho de algo que no tiene nombre. Exacto. Algo entre gratitud y asombro. Eh, algo que te hace preguntarte, ¿cómo es posible que unas notas y unas palabras puedan mover a tanta gente al mismo tiempo? Pedro subió a [música] su cuarto esa noche con esa sensación encima. Saludó a los que encontró en el

camino como siempre hacía, porque Pedro era de esos hombres que no se creen más que nadie, aunque todos los demás los traten como si fueran algo especial. Se quitó el sombrero, se aflojó la corbata y se sentó un momento en el borde de la cama antes de darse cuenta de que algo no estaba bien.

 Había algo diferente en el cuarto. No sabría decirte exactamente cómo lo notó. Esas cosas a veces no se explican con lógica. Es algo que sientes en el estómago antes [música] de que los ojos te lo confirmen. Una especie de silencio equivocado de orden que no es el [música] mismo que dejaste cuando saliste por la mañana.

 Pedro se levantó despacio, o fue de fe hacia el armario y buscó algo que tenía guardado ahí y no estaba. Revisó otra vez, movió la ropa, abrió los cajones, buscó debajo de la cama, en la maleta, en todos los rincones donde uno esconde las cosas cuando no quiere que alguien las encuentre. Nada le habían robado, no fue una cantidad pequeña.

 Hablamos de dinero que representaba semanas de trabajo, de presentaciones, de esfuerzo acumulado en esa época. Pedro ya ganaba bien, pero tampoco era de los que despilfarraban. Era generoso. Sí, eso te lo va a confirmar cualquiera que lo conoció. Pero no era derrochador ese dinero tenía un destino, tenía un para qué y alguien se [música] lo había llevado.

 Pedro se quedó parado en el centro del cuarto, el sombrero todavía en la mano, sin haberse dado cuenta de que lo seguía cargando. Así lo recordó a alguien que trabajaba con él y que llegó al cuarto pocos minutos después de que Pedro [música] descubriera el robo. Le dijo, “Lo vi parado ahí con el sombrero en la mano mirando al piso, y lo que me sorprendió fue que no estaba enojado, o si lo estaba no lo dejaba ver.

 tenía una cara que yo no le había visto antes, como si estuviera pensando en algo mucho más complicado que el dinero. Y es que Pedro ya tenía una sospecha porque las cosas en ese cuarto no habían sido revueltas al azar. quien entró sabía dónde buscar, sabía dónde estaba guardado el dinero [música] y eso significaba una sola cosa, que no había sido un extraño.

Había sido alguien que conocía a Pedro, alguien de su círculo, alguien que había estado lo suficientemente cerca para saber los hábitos, las costumbres o es los lugares donde Pedro guardaba sus cosas cuando estaba de viaje. Eso es lo que cambia toda la historia. Eso es lo que convierte un robo ordinario en algo que todavía duele cuando lo cuentas.

Porque una cosa es que te roben. Eso duele. Claro que sí, pero te repones. El dinero va y viene. Una cosa es perder dinero, otra cosa muy distinta es descubrir que quien te robó alguien en quien tú confiabas. Pedro tenía en ese momento a su alrededor a un grupo de personas que lo acompañaban en sus giras, músicos, algunos de ellos amigos de años, [música] gente de producción, personas que se encargaban de los detalles prácticos de las presentaciones, de los contratos, de los traslados. [música] Era un grupo pequeño

pero unido. Y te de esos grupos que se forman cuando pasas mucho tiempo viajando juntos y compartiendo los mismos cuartos de hotel y las mismas comidas en restaurantes de carretera. En ese grupo, Pedro tenía afecto genuino por varios. Había construido con algunos de ellos una relación que iba más allá de lo laboral.

Los conocía, conocía sus familias, sus problemas, sus sueños. había ayudado a más de uno en momentos difíciles, de esos momentos en que alguien necesita un préstamo o una palabra de aliento o simplemente que alguien importante crea en él cuando él mismo ha dejado de creer y ahora uno de ellos le había robado.

¿Sabes lo que se siente cuando alguien en quien confías te traiciona? No importa la forma que tome la traición, no importa si es grande o pequeña esa sensación de que el suelo se mueve bajo los pies, pony, de que de repente no sabes que era real y que era actuación, de que te preguntas cuánto tiempo llevaba pasando sin que tú lo supieras.

 Eso es lo que Pedro estaba sintiendo esa noche. Y sin embargo, a pesar de todo eso, lo que hizo fue lo último que cualquiera hubiera esperado. No llamó a la policía. mándame parar aquí un momento porque esto importa. En el México de esa época, si Pedro Infante hubiera llamado a la policía, si hubiera levantado la voz, si hubiera hecho un escándalo, nadie lo hubiera cuestionado.

 [música] Era la víctima. tenía todo el derecho y además con el nombre que ya tenía, con el peso de su fama, las autoridades hubieran actuado de inmediato. No había manera de que alguien en su círculo pudiera librarse fácilmente de una [música] acusación que venía de Pedro Infante. Pero Pedro no quiso eso. E llamó a uno de sus hombres de confianza, alguien que llevaba años con él y que conocía a todos los que andaban en esa gira.

Read More