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ASI vive PALITO ORTEGA HOY CON 84 años en ARGENTINA!!

Cuando Palito Ortega tenía 10 años, limpiaba sepulturas en el cementerio de Tucumán para llevar unas monedas a su casa y a los 12 lustraba zapatos en la Plaza Independencia. Y muchos años después, cuando ya tenía millones de discos vendidos y giraba por el mundo entero, esa misma persona casi se queda en la calle por traer a Frank Sinatra a la Argentina.

Perdió más de 2 millones en una sola semana y tuvo que rematar todo lo que tenía. Pero hay algo que muy poca gente sabe. Hay una decisión que Palito tomó cuando recuperó la plata. Una decisión que explica por qué a los 84 años este hombre sigue viviendo en una chakra, sigue manejando el mismo el auto y sigue diciendo que la felicidad no se compra.

Hoy te vamos a contar la verdad completa, la que la televisión argentina nunca se animó a mostrar entera. Suscríbite y activa la campana. Acá te contamos lo que la tele nunca se animó a mostrar. La historia arranca en un lugar que casi nadie ubica en el mapa. Ingenio Mercedes, un caserío perdido dentro de la ciudad de Lules, en la provincia de Tucumán, en el norte argentino.

Ahí nació Ramón Bautista Ortega el 8 de marzo de 1941. Aunque en realidad había nacido unos días antes, pero en esa zona, en esa época, los chicos se anotaban cuando alguien pasaba por el pueblo o cuando los padres podían viajar al registro civil. Así que la fecha oficial es esa, aunque la verdadera nadie la sabe con exactitud.

La casa donde se crió todavía existe, está intacta. Tiene una batea vieja para lavar la ropa, ventanas de madera al frente y los muebles originales adentro. Cuando Julieta Ortega, su hija, fue a visitarla por primera vez, la fotografió rincón por rincón y la imagen que más impacto generó en redes fue la de la pileta para lavar la ropa.

Una pileta de cemento gastada, descascarada, la misma pileta donde la madre de palito lavaba para los seis hijos, cinco varones y una sola mujer. Y acá hay un dato que hace falta para entender todo lo que viene después. La hermana mujer, la única, se llamaba Rosario. Y cuando Palito tenía 14 o 15 años ya viviendo en Buenos Aires intentando empezar su carrera, Rosario fue atropellada por un autocamino a la escuela.

Tenía 11 años, murió en el acto y Palito cuando recuerda eso lo dice así con estas mismas palabras, que esa nena lo alentaba, que le pedía siempre que le cantara y que ese dolor le quedó grabado para siempre sin consuelo. Esa es una de las cicatrices que el público nunca terminó de ver. Tú eres lo más lindo de mi vida, aunque yo no te lo diga, aunque yo no te lo diga.

Pero está ahí en cada una de las canciones alegres que el chico triste de Tucumán le regaló al país. La infancia en el ingenio Mercedes no fue solamente humilde, fue dura. Pensemos en las condiciones reales. Una zona cañera del noroeste argentino en la década del 40 sin electricidad estable, sin agua corriente moderna, con caminos de tierra que se inundaban en cada temporada de lluvias.

Los ingenios eran economías cerradas, donde casi todo el pueblo trabajaba para la safra del azúcar. Se vivía al ritmo de la cosecha. Cuando había caña que cortar, había trabajo. Cuando no había, la pobreza apretaba y los chicos de la zona empezaban a colaborar desde muy chicos. Ramoncito Ortega, el segundo de seis hermanos, no fue la excepción.

Hay relatos biográficos que cuentan cosas que hoy parecen impensables, que a los 10 años limpiaba sepulturas en el cementerio de Tucumán para conseguir unas monedas que a los 12 lustraba zapatos en la Plaza Independencia, que vendía diarios en las colonias Cañeras yendo de pueblo en pueblo y que entre pueblo y pueblo, mientras esperaba en algún galpón o en alguna estación de tren, jugaba a algo muy particular.

imitaba a un locutor de radio, ahuecaba las palmas de las manos para hacer el sonido del aplauso del público y se presentaba a sí mismo. Anunciaba al cantante Ramón Ortega y cantaba los temas que estaban sonando en ese momento en la radio, solo para nadie, en el medio del campo tucumano. Eso lo cuenta él mismo en una entrevista con Infobae cuando cumplió 83 años y agrega algo que pone la piel de gallina.

que años después, cuando era ya estrella en un show en Córdoba, subió al escenario y la avalancha de público le hizo retroceder y en ese segundo vio con una nitidez impresionante a ese pibe de 12 años imitando aplausos en el campo y entendió que estaba viviendo exactamente lo que había soñado.

Antes de eso, la familia se había roto por otro motivo. Los padres de Palito, Juan Ortega y Tomás Aavedra, se separaron cuando él era muy chico y Palito se crió con el padre.  A la madre, dice el mismo, la reencontró ya de grande y eso le marcó algo que después fue clave en su vida adulta. Cuando Palito conoció a Evangelina Salazar y se casó con ella, se prometió a sí mismo no separarse jamás porque no quería que sus hijos vivieran lo que él había vivido.

Y cumplió. Llevan más de 58 años casados. Renovaron los votos en el Vaticano frente al Papa Francisco en 2017. Pero esa parte la vamos a contar después, porque antes hay que entender cómo un changuito que limpiaba tumbas terminó cantando frente a multitudes. A los 16 años, Ramón hizo lo que hacen miles de pibes del interior.

Agarró una valija y se subió a un colectivo a Buenos Aires solo, sin contactos, sin un peso. Lo único que tenía dentro de esa valija era ropa, una guitarra y la idea fija de que iba a cantar. Sus primeros laburos en Buenos Aires fueron de los más bajos que se podían conseguir. Vendió diarios, lavó autos y, sobre todo, vendió café por las calles del Centro Porteño.

Iba con un termo enorme y unos pocillos ofreciendo café caliente a cuanto oficinista pasaba y un día vendiendo café llegó a la puerta de una radio y de esa radio no se fue nunca más. Pero ojo, acá también hay un detalle que cambia todo, porque la entrada al mundo del espectáculo no fue por la radio, fue por una compañía discográfica.

En 1962, Ramón entró a la RC Víctor, una de las grabadoras más importantes de la época. Y ahí pasó algo que hoy parece anecdótico, pero que cambió la historia. Un directivo lo miró, lo miró otra vez y le dijo una frase que iba a quedar para siempre. le dijo que era tan flaco que parecía un palito.

Y entonces empezaron a probar nombres artísticos. Probaron Nery Nelson, no funcionaba. Probaron Palito Saavedra tampoco. Y de pronto alguien en esa oficina escribió Palito Ortega y los dos apellidos juntos hicieron click. Ese día, Ramón Bautista Ortega Saavedra desapareció y nació palito. La leyenda cuenta que cuando salió de la oficina ese mismo día, un hombre que pasaba en bicicleta por la calle silvaba la canción Despeinada.

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