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¿Fin de Ecuador en la ONU? México y Sheinbaum van con todo contra Noboa.

Todo empieza la noche del 5 de abril de 2024. La embajada de México en Quito es territorio soberano mexicano, no metafóricamente. Jurídicamente, la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas de 1961, ratificada por Ecuador establece que los locales de la misión son inviolables  y que los agentes del Estado receptor no pueden penetrar en ellos sin el consentimiento del jefe de misión, sin excepción, sin importar quién esté dentro de qué se le acuse.

  Esta noche, las fuerzas especiales de la policía ecuatoriana con vehículos blindados y equipo  táctico, escalaron los muros de la embajada, forzaron la entrada y detuvieron al exvicepresidente Jorge Glas, a quien el gobierno mexicano había otorgado asilo político horas antes. Para comprender exactamente qué peso tiene lo que ocurrió esa noche, hay que entender por qué existe esa convención y qué protege.

En términos concretos. La inviolabilidad diplomática no es un privilegio que los países ricos se dan para proteger a sus funcionarios de los inconvenientes del mundo real. Es la condición mínima que hace posible que los países se comuniquen entre sí, aunque tengan conflictos profundos. Durante la Guerra Fría, espías soviéticos y estadounidenses operaban en las capitales del enemigo bajo cobertura diplomática.

 Ambas superpotencias lo sabían y lo toleraban porque entendían que si comenzaban a saltarse las embajadas mutuamente, el mecanismo de comunicación que impedía que las crisis se escalaran se destruía. La Convención de Viena codificó ese entendimiento en un tratado que existe precisamente porque el mundo decidió que hay ciertas cosas que los estados no pueden hacerse entre sí si quieren seguir coexistiendo de manera mínimamente ordenada.

 Novoa ignoró ese tratado, su firma, su ratificación y su incorporación al ordenamiento jurídico ecuatoriano en una noche por un objetivo político doméstico que en el balance de la historia va a resultar completamente desproporcionado respecto del daño que causó. Roberto Canseco, el jefe de cancillería, intentó físicamente interponerse.

 Lo sometieron en el suelo. Esas imágenes circularon por todo el mundo en cuestión de horas y la respuesta de las cancillerías internacionales no dejó ninguna duda sobre cómo se leía el acto, como una agresión contra los fundamentos del sistema diplomático que hace posible que los países convivan  aunque tengan conflictos.

El gobierno de Noboa intentó construir una justificación. dijo que Glass era un delincuente común, que México se entrometía en los asuntos internos de Ecuador, que la decisión de asilo era políticamente motivada. Ninguno de esos argumentos sobrevive el análisis del derecho aplicable.  La Convención sobre asilo diplomático de Caracas de 1954, también suscrita por Ecuador, establece sin ambigüedad que la calificación del carácter político de la persecución corresponde al Estado que otorga el asilo, no al Estado que quiere a la

persona detenida. Ecuador podía protestar, podía declarar al embajador mexicano persona nombrata, podía romper relaciones si consideraba la situación inaceptable. Lo que no podía hacer bajo ningún instrumento de derecho internacional reconocido era enviar a sus fuerzas armadas a tomar por la fuerza el territorio de otro estado para llevarse a quien ese estado había puesto bajo su protección.

 Eso no es resolver una disputa sobre asilo, eso es una invasión documentada en cámaras en tiempo real. La respuesta de México en las horas que siguieron fue ejecutada con la velocidad y la claridad que la situación exigía. El entonces presidente López Obrador anunció esa misma noche la ruptura inmediata y total de las relaciones diplomáticas con Ecuador.

 El personal de la embajada fue retirado. La cancillería declaró que México llevaría el caso a las instancias internacionales disponibles y lo que vino después fue una demostración de hasta qué punto el acto de Noboa fue indefendible desde cualquier perspectiva. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños se convocó de emergencia y emitió una condena unánime, no por cercanía ideológica con México, sino porque lo que Ecuador hizo amenaza a todos los países del continente que tienen embajadas en otros países. La

Organización de los Estados Americanos aprobó en sesión de emergencia una resolución de condena. El resultado fue aplastante. Solo Ecuador votó en contra. Estados Unidos y Canadá, que no son actores que suelan alinearse automáticamente con las posiciones de los gobiernos de izquierda latinoamericanos votaron a favor de la condena.

 El Departamento de Estado condenó la violación de la Convención de Viena. El consejero de Seguridad Nacional calificó las acciones ecuatorianas de equivocadas. La Unión Europea, España y docenas de gobiernos de todos los espectros políticos se sumaron. Noa encontró que prácticamente no había nadie dispuesto a defender públicamente lo que había ordenado.

 Y eso no es solo una señal política, es el resultado de que lo que hizo es indefendible desde cualquier perspectiva jurídica o diplomática, sin importar el color político del gobierno que intente defenderlo. Los presidentes más alejados ideológicamente de México, los que en cualquier otra circunstancia habrían aprovechado la oportunidad para criticar o distanciarse, eligieron condenar a Ecuador porque entendieron que guardar silencio o respaldar a Quito equivalía a aceptar que ese tipo de acto es aceptable cuando las circunstancias lo

justifican. Y ningún gobierno con embajadas en el mundo puede aceptar ese principio sin comprometer la seguridad de su propio personal diplomático en el extranjero.  El aislamiento que Ecuador enfrenta desde ese momento no es solo declarativo, tiene consecuencias económicas concretas que el gobierno de Noboa va a seguir acumulando indefinidamente.

 México suspendió de manera indefinida las negociaciones para un tratado de libre comercio bilateral. Para Ecuador eso no es un inconveniente menor. Era el principal canal de acceso a la Alianza del Pacífico, un bloque comercial que representa una oportunidad de diversificación de mercados que muy pocos países latinoamericanos tienen la posibilidad de aprovechar.

 México cerró esa puerta sin fecha de  reapertura y la condición para que vuelva a estar disponible es exactamente la que Novoa ha declarado que no está dispuesto a cumplir. La señal que ese aislamiento envía a los inversores internacionales sobre la previsibilidad del Estado ecuatoriano tiene su propio costo que no aparece en ningún titular, pero que se acumula en cada negociación donde el historial del gobierno de Novoa genera.

 Pregunta sobre la estabilidad jurídica del país. Un estado que demostró ser capaz de ordenar una incursión armada en una embajada extranjera cuando sus objetivos políticos internos así lo exigían, envía un mensaje sobre su disposición a respetar los compromisos internacionales que es muy difícil de ignorar. cuando  se está evaluando dónde invertir recursos a largo plazo.

 El derecho internacional no es solo un sistema de normas abstractas, es la base sobre la que operan los contratos, los acuerdos comerciales y las garantías jurídicas que los capitales necesitan para funcionar con un mínimo de certeza. Ecuador erosionó esa base de una manera que los mercados van a seguir calculando mucho después de que el ciclo noticios de este episodio haya terminado.

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