Posted in

Así Vive Mario Villanueva: De Socio del Señor de los Cielos a Enfermo Grave

Hay un hombre de 77 años encerrado en una casa del fraccionamiento Andara en Chetumal, Quintana Ro. No puede salir. No puede cruzar la puerta de su domicilio sin violar la ley. Tiene problemas del corazón bien medicado las 24 horas. Tiene hernias que le impiden caminar sin detenerse cada pocos metros y tiene una sentencia de 36 años y 9 meses de prisión que lleva 25 años intentando terminar de pagar.

 Ese hombre fue gobernador, gobernador de Quintana Ro, del estado donde está Cancún, de la Riviera Maya, de Playa del Carmen, de Tulum, de Cozumel, del destino turístico más rentable de toda Latinoamérica, un estado donde cada año entran miles de millones de dólares en turismo internacional. Y ese hombre lo gobernó durante 6 años con el sello del PRI, con el poder absoluto que eso significaba en los años 90 en México.

 Un poder que no tenía límites ni contrapesos ni nadie que le dijera que no. Pero Mario Villanueva Madrid no solo gobernaba Quintana Ro, también trabajaba para otro hombre, un hombre que en los años 90 era considerado el narcotraficante más poderoso del planeta. Un hombre que movía más cocaína que cualquier otro ser humano en la historia.

 Un hombre que tenía una flota de aviones Boeing 727, aviones de pasajeros completos que llenaba hasta el techo de cocaína colombiana y hacía aterrizar en pistas clandestinas del norte de México. Un hombre que se ganó el apodo más espectacular del narcotráfico mundial. Le decían, “Se señor de los cielos”. Su nombre real era Amado Carrillo Fuentes y el gobernador de Quintana Ro era su socio, no su empleado, no su víctima, no alguien que fue amenazado y no tuvo opción, su socio, $500,000 por cada cargamento de cocaína que pasara por las

costas del estado. Ese era el trato. Cada vez que un avión, un barco o una lancha rápida descargaba cocaína colombiana en alguna playa desierta de Quintana Ro. Y la labor del gobernador era la más sencilla del mundo. No hacer nada, no mandar policía, no alertar al ejército, no interferir, mirar hacia otro lado mientras las lanchas llegaban de noche cargadas de cocaína y cobrar.

Para armar historias revisamos los expedientes judiciales Dorf District Sur de Manhattan en Nueva York, los registros de extradición entre México y Estados Unidos, los documentosos completos del maxi proceso de 1998, la operación judicial más grande contra el Nárcao en la historia de México, las declaraciones de más de 20 testigos protegidos y los registros del Buró Federal de Prisiones Americano.

Y lo que encontramos es la historia del primer narcogobernador de México, el primero en ser detenido, extraditado a Estados Unidos y condenado por trabajar directamente para un cártel del narcotráfico. Un hombre que hoy a sus 67 años con el corazón enfermo y las piernas que apenas los tiesens, lleva un cuarto de siglo pagando por decisiones que tomó cuando tenía todo el poder del mundo.

 y pensó que nunca iba a haber consecuencias. Pero hay algo en esta historia que casi nadie conoce. Algo que ocurrió la noche del 27 de marzo de 1999, la noche en que el gobernador de Quintana Raw decidió desaparecer y la forma en que lo hizo revela más sobre el poder del narco en México que cualquier expediente judicial. Para entender quién es Mario Villanueva, hay que entender primero qué era Quintana Ro en los años 90, no era lo que es hoy.

 Cancún existía como ciudad turística desde hace apenas 20 años. Antes de 1974, Quintana R no era siquiera un estado, era un territorio federal, un pedazo de selva y manglar entre el Caribe y la frontera con Belice y Guatemala, que al gobierno mexicano no le interesaba demasiado. No había carreteras, no había infraestructura, no había casi nada.

hasta que alguien decidió que esa costa de arena blanca y agua turquesa podía valer miles de millones de dólares. Y construyeron Cancún, de la nada, una ciudad entera levantada sobre un banco de arena para atraer turistas gringos y funcionó. En 15 años, Cancún pasó de ser una isla desierta a ser el destino turístico más visitado de Latinoamérica.

Pero la misma característica que hizo de Quintana Ro, un paraíso turístico, lo convirtió también en un paraíso para el narco, su costa, porque las costas de Quintanarro miran directamente al Caribe y y el Caribe en los años 80 y 90 era la autopista principal de la cocaína colombiana rumbo a Estados Unidos.

 Las lanchas rápidas tipo Go Fast salían de la costa norte de Colombia, pasaban por Jamaica, por las islas de Belice, por los gallos de Honduras y llegaban a playas completamente desiertas del sur de Quintana Ro. playas donde no había nadie, ni policía, ni marina, ni ejército, ni turistas, solo selva, arena, oscuridad y silencio, el lugar perfecto para descargar toneladas de cocaína sin que nadie se enterara y alguien se dio cuenta de eso mucho antes que las Siemens en los años 80, el cártel de Juárez, que en ese entonces

era la organización narco más poderosa de México, descubrió la ruta del Caribe por Quintana Ro, primero bajo el mando de Pablo Acosta. Después, cuando Acosta fue abatido en 1987 bajo el mando de un joven que venía de Sinaloa y que iba a convertirse en una leyenda del narcotráfico mundial, Amado Carrillo Fuentes.

El Señor de los Cielos no necesita mucha presentación para la audiencia de este canal, pero hay algo que sí es necesario entender para dimensionar la historia de Villanueva. Amado Carrillo era el narcotraficante más rico y más sofisticado de su época. La DEA estimó que en su mejor momento movía 200 millones de dólares a la semana.

 A la semana, no al mes, no al año. Cada 7 días 200 millones de dólares pasaban por las mannos de su organización. ¿Y cómo lo hacía? Con aviones Boeing 77. DS8, aviones de pasajeros que compraba usados, les quitaba los asientos, los llenaba con hasta 30 toneladas de cocaína colombiana en cada vuelo. Los hacía aterrizar en pistas clandestinas en el desierto de Chihuahua, descargaba la mercancía y quemaba el avión.

 Cada avión era de un solo uso, porque el dinero que generaba una carga de 30 toneladas de cocaína era tan obscenamente grande que el costo de un Boeing 7FIN 7 usado, unos tres o 4 millones de dólares. Era calderilla y la relación entre Amado y Villanueva no era casual, era estratégica. Amado Carrillo necesitaba la costa de Quintana Ro como alternativa a sus rutas aéreas del norte, porque a mediados de los 90 la DEA ya estaba rastreando los aviones.

Los radares americanos habían empezado a detectar los Boeing Cies27 que volaban desde Colombia. Las pistas clandestinas del desierto de Chihuahua estaban siendo vigiladas por satélites. Amado, necesitabas diversificaba otra vía de entrada para la cocaína. Y el Caribe era la respuesta perfecta. La ruta funcionaba así.

 La cocaína salía de la costa norte de Colombia en lanchas rápidas tipo Go Fast. Embarcaciones de 8 m con tres motores fuera de borda que podían alcanzar 120 km/h sobre el agua. Las lanchas cruzaban el Caribe de noche, navegando sin luces, usando GPS para evitar a la Marina Mexicana y a la guardia costera americana.

Read More