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ELSA Aguirre: el ENFERMO calvario y las PALIZAS que la DIOSA soportó en silencio

Ese estado de tensión constante que las personas que viven con violencia conocen y que destroza el sistema nervioso de una manera que no siempre se ve, pero que siempre se siente. Eso era la vida real de Els Aguirre, la diosa,  la mujer que México ponía en un pedestal mientras ella vivía literalmente en un infierno.

Y lo más brutal de todo es que durante años nadie  habló de eso, porque en el México de finales de los 50, el sufrimiento de una mujer, aunque fuera la actriz más bella del país, se quedaba en casa. se tapaba con maquillaje, con sonrisas, con la obligación de seguir brillando ante las cámaras, aunque por dentro todo estuviera destrozado.

Hoy vamos a hablar de lo que la cámara no grabó, del encierro, de los celos que bordeaban la psicosis,  de la noche en que Armando Rodríguez Morado sacó una pistola y apuntó a la mujer que llevaba su a su hijo en el vientre de los canarios quemados vivos como acto de crueldad premeditada.  Un acto de sadismo que sus propios familiares describieron con horror años después y del momento histórico, valiente, absolutamente pionero, en que Elsa Aguirre decidió alzar la voz cuando ninguna mujer de su posición lo hacía.

Cuando hacerlo era un suicidio social y profesional, cuando la sociedad entera le decía que se  quedara callada y ella dijo que no. Serie primero vas a descubrir  cómo la actriz más codiciada de la época de oro del cine mexicano cayó en las manos de un hombre que transformó su amor en miedo.

Segundo, te voy a contar el episodio de Los Canarios, ese momento que los propios hermanos de Elsa describieron como la señal más clara del nivel de perturbación que vivían dentro de esas paredes. Tercero, la noche del 17 de febrero de 1960,  cuando todo explotó en las calles de la colonia Juárez y Elsa tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida.

Y cuarto, el acto de valentía sin precedentes que convirtió a esta actriz no solo en una sobreviviente,  sino en un símbolo que abrió puertas para miles de mujeres que vivían el mismo infierno en silencio. Suscríbete  y activa la campanita antes de que empecemos, porque lo que viene es fuerte y es verdad documentada.

Eh, una vez que sepas esto, nunca más vas a poder ver a Elsa Aguirre de la misma forma. Lo que viene no tiene vuelta atrás, pero antes de entrar al infierno, necesitas saber de dónde vino esta mujer, porque ahí empieza todo. Chihuahua, 25 de septiembre de 1930. Una ciudad norteña donde el sol pega diferente, donde el polvo del desierto se mezcla con el orgullo de una gente que ha aprendido a sobrevivir  sin pedirle nada a nadie, que tiene en el carácter esa dureza particular de quienes crecen entre el calor extremo y

el frío brutal, entre la belleza abrupta del desierto y la aspereza de una tierra  que no regala nada. Ahí nació Elsa Irma Aguirre Juárez, hija de Ema Juárez y del capitán Jesús Aguirre Castillo, un militar que le dio a su familia una posición cómoda, respetable. De esas que en una ciudad de provincia significan que no te falta nada, pero tampoco te sobra para ser descuidado con lo que tienes.

Tenía cuatro hermanos: Hilda, Mario, Alma Rosa y Jesús.  Una familia grande, de esas, con sobremesas largas y apellido que en su contexto local abría puertas. El capitán era una figura de autoridad en el sentido más literal, un hombre del ejército mexicano que había construido su vida sobre la disciplina y el orden, que esperaba de sus hijos lo que la época esperaba de los hijos de familias como la suya, que respetaran las reglas, que se comportaran con decoro,  que construyeran un futuro en el carril marcado. Sus hijos crecieron en ese

ambiente aprendiendo que hay estructuras y  que las estructuras se respetan, que el mundo tiene un lugar para cada quien y que  salirse de ese lugar cuesta. Los primeros años fueron buenos. La estabilidad del capitán daba pumap a la  familia Aguirre. Una vida que en el norte de México de los años 30 era privilegiada.

Los hijos iban a la escuela, había comida en la mesa, había expectativas de futuro razonables. Él se ha dicho en algunas entrevistas que en la infancia se sentía como alguien que no terminaba de encajar, que subía a la azotea a mirar las estrellas y se le venían cosas de poesía que su familia no entendía, que le decían que se callara cuando quería  expresar lo que sentía por dentro.

Es la historia de muchos niños que tienen una vida interior más rica de lo que su entorno sabe contener y que aprenden a guardar eso adentro hasta que encuentran un espacio donde pueda salir. Para Elsa, ese espacio eventualmente serían los sets de filmación, que es el único lugar donde se le permitía ser otra persona, donde la intensidad de lo que sentía podía  encontrar un canal legítimo.

Pero entonces llegó la Segunda Guerra Mundial y aunque  México no entró directamente al conflicto armado, los efectos económicos empezaron a sacudir todo el norte del país con una fuerza que las familias de clase media sintieron de manera  muy concreta. Los ingresos del capitán ya no alcanzaban igual.

La estabilidad que había caracterizado los primeros años empezó a crujir y el futuro que parecía claro comenzó a volverse nebuloso. Es en ese contexto de reajuste económico y familiar donde la vida de Elsa Aguirre tomó el giro que nadie había planificado, pero que resultó definirla  para siempre. Lo que nadie podía prever que precisamente esa presión económica, ese movimiento de las placas tectónicas de una familia que tenía que reinventarse  acabaría empujando a dos de las hermanas Aguirre hacia los estudios de cine. No por

ambición ni por un sueño de estrellato que se hubiera estado cultivando desde niñas, sino  casi por accidente, como suele pasar con las historias que terminan siendo más grandes que cualquier plan previo. Elsa tenía 14 años cuando todo cambió. La productora Clasa Films Mundiales organizó un concurso de belleza en busca de  nuevos talentos, uno de esos eventos que en la época de la época de oro proliferaban porque la industria del cine mexicano estaba en plena efervescencia y necesitaba caras nuevas

constantemente para alimentar una maquinaria que producía decenas de películas al año. Las hermanas Aguirre participaron y ganaron. No ganó una, ganaron  las dos. Seita algo que los jueces no esperaban, pero que tampoco pudieron ignorar, porque frente a ellos había dos jóvenes norteñas  con una presencia física y una energía natural que la cámara simplemente no podía  rechazar.

En 1945, con 15 años recién cumplidos,  Elsa Aguirre hizo su debut en el cine con la película El sexo fuerte  junto a su hermana Alma Rosa. Así, sin haber tomado una sola clase  de actuación, sin tener contactos en la industria, sin el dinero que en ese mundo suele abrir puertas. Els Aguirre entró al cine mexicano y no salió por las siguientes décadas.

El debut fue más que aceptable para dos adolescentes que jamás habían pisado un set. La productora Kla reconoció rápidamente que había algo en esas dos hermanas norteñas que iba más allá de la belleza física, e que era una combinación de presencia natural y de una especie de autenticidad que la cámara detecta y amplifica.

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