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EL CASO QUE CONGELÓ A VENEZUELA: AMOR, TRAICIÓN Y UNA DESAPARICIÓN INEXPLICABLE

Qué linda pareja, hace match perfecto. Se nota que se aman de verdad. Elena, la madre de Mariana, también aprobaba la relación. Rodrigo era educado, trabajador, respetuoso. Cuando venía a la casa siempre traía algo, un postre, frutas. Una vez hasta me ayudó a arreglar una gotera en el baño. Yo pensaba, “Por fin mi hija encontró a alguien que la valora.

” Pero había algo que no todos sabían, algo que Mariana comenzó a notar, pero que decidió ignorar en esos primeros meses de euforia romántica. Todo comenzó de manera sutil. Rodrigo, quien al principio respetaba los espacios de Mariana, empezó a hacer preguntas. ¿Con quién estás? ¿Quién te llamó? ¿Por qué tardaste tanto? Al principio, Mariana lo interpretaba como interés genuino, como prueba de que él se preocupaba por ella.

Andrea recuerda una conversación que tuvo con Mariana en agosto de ese mismo año. Estábamos tomando café en el Starbucks de Chacao y su teléfono sonó como cinco veces seguidas. Era Rodrigo. Ella me miró incómoda y me dijo, “Perdona, es que se pone ansioso si no contesto rápido.” Yo le pregunté si todo estaba bien y ella me aseguró que sí, que solo era sobreprotector.

Los amigos de Rodrigo también comenzaron a notar cambios en él. se volvió más distante con nosotros. Cuenta a Miguel Herrera, amigo de Rodrigo desde el bachillerato. Antes salíamos los viernes, íbamos al gimnasio juntos, pero después de conocer a Mariana, todo era ella. Si lo invitábamos a algo y ella no podía ir, él tampoco iba.

Decía que prefería estar con ella. En septiembre de 2019, durante una reunión familiar por el cumpleaños de la hermana menor de Mariana, Rodrigo tuvo un incidente que levantó algunas cejas. Mariana estaba hablando animadamente con un primo que había regresado de Colombia para la celebración. Reían, se ponían al día, recordaban anécdotas de la infancia.

Rodrigo, que estaba del otro lado del patio de la casa, se acercó interrumpiendo la conversación. ¿No me vas a presentar? Preguntó con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Mariana, un poco sorprendida, hizo las presentaciones. El ambiente se tensó ligeramente. El primo de Mariana, notando la incomodidad, se excusó y se fue a hablar con otros invitados.

Esa noche, cuando ya estábamos solos, le pregunté qué había pasado. Contó Mariana semanas después a Andrea. Me dijo que solo quería conocer a mi familia, pero yo sentí que estaba molesto. Yo le dije que era mi primo, que no tenía por qué ponerse así. Y él se disculpó, me abrazó, me dijo que a veces se sentía inseguro porque yo era muy especial y tenía miedo de perderme.

Ese tipo de explicaciones se volvieron recurrentes. Cada vez que Mariana cuestionaba algún comportamiento, Rodrigo tenía una justificación que sonaba razonable, que apelaba a sus emociones, que la hacía sentir culpable por siquiera dudar de él. Para diciembre de 2019, la relación ya llevaba 9 meses.

Caracas se preparaba para la Navidad a pesar de la crisis. Las luces decoraban el centro Sanil. Las familias hacían malabares para preparar a con lo que podían conseguir. Y en las calles se escuchaban gaitas y aguinaldos que insistían en mantener vivo el espíritu navideño. Mariana había estado más callada de lo normal.

Su hermana menor, Carolina, de 22 años, lo notó. Le pregunté varias veces si todo estaba bien con Rodrigo. Ella me decía que sí, pero yo la conocía. Algo la estaba perturbando. Una tarde, mientras preparaban el arreglo de la casa para Nochebuena, Mariana le confesó algo a su madre que quedaría grabado en la memoria de Elena para siempre.

“Mamá, ¿tú crees que el amor debe doler?”, preguntó Mariana mientras colgaban adornos en el arbolito de Navidad. Elena dejó lo que estaba haciendo y miró fijamente a su hija. “¿Por qué me preguntas eso, mi amor? Mariana bajó la mirada. No por nada, solo es una pregunta que me hizo una paciente y me quedé pensando.

Elena no insistió en ese momento, pero esa pregunta la inquietó. Ahora me arrepiento de no haber profundizado más, dice Elena con la voz quebrada. Tal vez si hubiera preguntado más, si hubiera insistido, las cosas habrían sido diferentes. El 24 de diciembre, Rodrigo pasó la nochebuena con la familia Vázquez. Llevó un jamón planchado que consiguió a través de contactos en su trabajo, algo que en plena crisis era un lujo.

Se mostró encantador con todos, ayudó a servir la cena, brindó con la familia y abrazó a Mariana mientras las 12 campanadas marcaban el inicio de la Navidad. Parecía la familia perfecta. Recuerda un vecino que fue invitado a la celebración. Rodrigo trataba a Mariana como una reina, le servía, le llenaba el vaso, le apartaba el cabello de la cara con ternura.

Nadie hubiera imaginado lo que vendría después. Pero mientras todos brindaban y celebraban, Mariana recibió un mensaje en su teléfono. Era de un número desconocido. El mensaje decía simplemente, “Necesito hablar contigo sobre Rodrigo. Es urgente.” Mariana miró su teléfono con el seño fruncido, guardó el aparato en su bolsillo y siguió con la celebración.

No le dio importancia. No sabía que ese mensaje era la primera señal de que todo lo que creía saber sobre el hombre que amaba estaba por derrumbarse. ¿Quién envió ese mensaje? ¿Qué secreto guardaba Rodrigo? El caso apenas comienza y lo que viene es aún más perturbador. Si te está gustando esta historia, dale like, suscríbete y cuéntanos en los comentarios, ¿crees que Mariana ignoró señales de alerta? ¿Has estado en una relación donde algo no se sentía del todo bien? Queremos leer tu opinión.

El año nuevo llegó a Venezuela con las mismas dificultades del anterior. Los apagones continuaban, la gasolina escaseaba y las colas para comprar alimentos se habían vuelto de la rutina diaria. Pero para Mariana Vázquez, el 2020 comenzó con una inquietud que no podía quitarse de encima. Ese mensaje de Nochebuena dejaba de dar vueltas en su cabeza.

Necesito hablar contigo sobre Rodrigo. Es urgente. Durante días, Mariana intentó ignorarlo. Pensó que podría ser una broma, una exnovia celosa, alguien que quería causar problemas, pero la curiosidad y la duda son como semillas. una vez plantadas crecen sin permiso. El 7 de enero, mientras tomaba café en su consulta durante un receso entre pacientes, Mariana tomó una decisión.

Con las manos ligeramente temblorosas, abrió el mensaje y respondió, “¿Quién eres? ¿De qué quieres hablar?” La respuesta llegó casi inmediatamente. Me llamo Valeria. Rodrigo y yo estuvimos juntos hasta hace 4 meses. Hay cosas que debes saber sobre él. ¿Podemos encontrarnos? El corazón de Mariana dio un vuelco 4 meses atrás.

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