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Harfuch CATEA el Camerino Sellado de EDITH GONZÁLEZ… La Carta que su Hija Nunca Pudo Leer

Harfuch CATEA el Camerino Sellado de EDITH GONZÁLEZ… La Carta que su Hija Nunca Pudo Leer

No procede. Riesgo experimental alto. Esas tres palabras decidieron cuánto le quedaba de vida a Edit González. Las escribió a mano una sola persona en un papel que ella nunca llegó a ver. Quien las escribió no era médico, tampoco era oncólogo ni familiar de la paciente. Era el hombre con el que ella se había casado 6 años antes en una playa de Cartagena.

 Ese papel llevaba 6 años guardado en un cajón cerrado con llave dentro de un camerino que la productora selló el día que ella murió. Junto al papel había otros 245 documentos y junto a los documentos había un sobresellado con cinta blanca y un nombre escrito en tinta azul oscura. Hace 40 horas, alguien que había guardado la llave de ese cajón durante 6 años llamó a la oficina del secretario Omar García Harfch.

 La llamada se hizo a las 11:16 de la noche, duró 2 minutos y 28 segundos y disparó la orden de cateo que va a saber ejecutarse en los próximos minutos. Son las 4:20 de la madrugada del primer martes de junio en la ciudad de México. La temperatura bajó hasta los 9 ºC durante la noche y el frío todavía no se levanta.

 La avenida Chapultepec Angelín está vacía a esa hora. Los puestos cerrados, los semáforos parpadeando en amarillo. No hay tránsito, no hay nadie. Sobre la acera de Televisa San Ángel se detienen tres camionetas negras. De la del medio baja el secretario de seguridad pública Omar García Harf. Atrás de él ocho personas con maletas plateadas, cámaras y un serrajero.

 Una notaria carga un folder grueso bajo el brazo. Tres elementos de la Guardia Federal cierran la fila. Nadie habla, nadie revisa el teléfono, nadie fuma. Arfuch le entrega a la notaria la orden judicial firmada hace 72 horas. La fila empieza a caminar hacia la entrada del edificio de producción.

 El velador del turno de noche los está esperando con el casco en la mano. Lleva trabajando ahí 28 años. Conoció a la mujer cuyo camerino vienen a abrir. La saludaba todos los miércoles cuando ella llegaba a grabar, le decía señora. Ella siempre le devolvía el saludo por su nombre. El velador no pregunta nada, solamente abre la puerta de servicio y los guía por un pasillo donde las luces se prenden con sensor de movimiento.

 El pasillo huele a polvo viejo y a cera de piso barata. Las paredes son de un color crema que se volvió amarillento con los años. Cada 20 m hay puertas de camerinos numeradas 11, 12, 13. El velador se detiene frente al camerino número ocho. La puerta tiene tres sellos pegados con cinta canela, tres papeles con un logotipo de Televisa y una fecha.

 13 de junio de 2019, 2657 días sin abrirse. Harf mira los sellos, los toca con un dedo enguantado, le hace una seña al serrajero. El serrajero introduce una llave maestra. La cerradura no estaba forzada. Se abre con un click seco que rompe el silencio del pasillo. La fotógrafa toma la primera fotografía antes de que nadie entre. Después, Harf empuja la puerta con el guante puesto.

 Lo primero que sale del camerino es el olor. No huele a humedad. No huele a moo como uno esperaría de un cuarto cerrado durante 6 años. Huele a otra cosa. Huele a perfume. Un perfume dulce, cítrico, con base de almendra. El olor que una mujer dejó pegado a las paredes después de pasar 20 años entrando y saliendo de ese mismo cuarto cada semana.

 Es el olor que la última persona que estuvo ahí dejó cuando se fue. Harf se queda 2 segundos en el marco de la puerta sin entrar. Mira hacia adentro. La luz del pasillo entra en triángulo sobre el piso de duela. La fotógrafa enciende su linterna y la pasa lentamente sobre la pared del fondo. Hay un espejo redondo rodeado de 12 focos blancos.

 Frente al espejo, una silla giratoria forrada en tercio pelo verde oscuro. Sobre el tocador, lápices labiales rojos a medio usar, un par de aretes de oro con perla y un vaso de cristal con tres rosas blancas que en algún momento alguien dejó en el agua hasta que el agua se evaporó y los tallos quedaron resecos contra el cristal.

 A la izquierda del espejo, una vara de madera con 14 ganchos. En siete de los ganchos todavía hay ropa, vestidos largos, sacos oscuros y al fondo una bata blanca con un bordado en el bolsillo derecho. Las iniciales EGF. A la derecha del espejo hay una pared completa cubierta de fotografías sujetas con tachuelas.

 Fotografías que no son de revista. Son fotografías personales reveladas en papel mate. Una niña de 6 años en uniforme escolar. El primer día de clases, la misma niña a los 9 años pintando un caballete en un jardín. A los 12 con un violín entre las manos. A los 14 ya casi adolescente con el cabello largo, sonriendo con frenos en los dientes.

 La última fotografía es de la niña con 15 años. Está abrazada a su madre. La madre lleva una pañoleta en la cabeza porque ya no tenía pelo. Esa última fotografía se tomó dos meses antes de que cerraran el camerino. Harfook da el primer paso hacia adentro. El piso de Duela crue. Los peritos lo siguen. La notaria saca su tableta. La fotógrafa empieza a documentar cada esquina del cuarto con tomas de tres ángulos distintos.

 A la altura de la rodilla, debajo del tocador, hay un cajón cerrado con una pequeña cerradura redonda. Encima del cajón hay un papel doblado a la mitad. El papel se ve recién doblado, como si alguien lo hubiera puesto ahí hace una semana, no hace 6 años. Harf se aclilla. Lee el papel sin levantarlo. Las primeras palabras están escritas con una caligrafía firme y femenina en tinta azul oscura.

 Dice, “No la abran hasta que cumpla 18.” Y abajo una sola línea de instrucciones para alguien que iba a entrar a ese cuarto y necesitaba saber qué hacer. Arfuch se levanta, mira a la notaria, la notaria entiende y empieza a abrir el cajón. Dentro del cajón hay dos cosas. La primera es un sobre, un sobre grande, color crema, sellado por los cuatro lados con cinta de tela blanca y un nudo doble por encima.

 En el frente, escrito con la misma tinta azul oscura, dice, “Para Constanza, el día que cumpla 18. La fecha está calculada, 29 de junio de 2022. Faltaban 3 años y 16 días desde el momento en que esa carta se selló. Pero hoy es 2026. La fecha ya pasó. Pasó hace casi 4 años y el sobre nunca se entregó.

 La segunda cosa que hay en el cajón es un folder negro de plástico duro con un broche metálico. Adentro del folder, hojas. Muchas hojas, estados de cuenta bancarios, contratos, recibos, listas escritas a mano con números al lado. La notaria saca el folder con guantes y lo coloca sobre el tocador para que los peritos lo fotografien antes de tocar nada.

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