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El último reportaje de Roxana Guzmán ¿Quién se le llevo?

El último reportaje de Roxana Guzmán ¿Quién se le llevo?

A ver, cabrón. A ver, a ver, a ver, a ver, a ver, a ver, a ver. Espérate, espérate. E es un vermate, cálmate. La primera pieza del rompecabezas no parece peligrosa. una vaca o varias vacas, animales que deambulan libremente por las calles de la colonia Mundo Nuevo en el municipio de Nanchital, al sur del estado de Veracruz.

 El 31 de mayo de 2026, pocos días antes de que un comando armado derribara su puerta a golpes de mazo, Roxana Berenice Guzmán Ramírez publicó en la página de Facebook de su portal Pulso Informativo del Sureste una nota que los vecinos de la calle 5 de febrero le habían pedido específicamente que difundiera. La denuncia era de apariencia menor.

 El propietario de varias reces las dejaba circular sin control por espacios públicos, callejones y áreas cercanas al DIF municipal. Los vecinos contaban que el ganado había entrado a terrenos privados y transitaba cerca de donde pasan estudiantes, motociclistas y conductores. La nota documentaba que el sábado anterior un adulto mayor había intentado retirar a los animales de un predio donde varios niños recogían mangos y que una de las vacas lo había derribado al suelo.

 El anciano terminó con lesiones de gravedad. Los denunciantes pedían que el responsable fuera identificado públicamente y que las autoridades intervinieran. En la nota aparecía un nombre, el del propietario del ganado, conocido en la zona como el negro de los cielos. Ese nombre, ese apodo, esa dirección hacia un sector específico de Nanchital, esa es la segunda pieza.

 En un municipio de aproximadamente 30,000 habitantes enclavado entre Cuatzacalcos y Minatitlán, donde los ductos de petróleos mexicanos cruzan el subsuelo como arterias de un organismo enfermo. Los apodos no son detalles anecdóticos, son mapas, son afiliaciones, son advertencias. Los documentos de inteligencia federal que circularon en años anteriores y que fueron consignados por la Secretaría de la Defensa Nacional identificaban a Nanchital como parte de un corredor estratégico que conecta el sur del estado de Veracruz con Tabasco,

una zona disputada simultáneamente por organizaciones como los ZAS Vieja Escuela, el Cártel de Noreste, el cártel Jalisco Nueva generación, Jarochos Unidos, Mando Sur, el grupo Sombra y el denominado Cártel Nuevo Veracruz. Sobre ese territorio se superponen el narcomenudeo, el huachicol, el tráfico de personas y la extorsión sistemática a comerciantes, ganaderos y pequeños empresarios.

En ese ecosistema, el ganado que circula libremente por las calles puede ser simplemente ganado o puede ser el indicador visible de algo que no está en la superficie. Roxana no era una periodista desconocida en Nanchital, aunque llevaba apenas unos meses de haber regresado. 9 años antes, el 11 de marzo de 2017, Carlos Fernández Escalante, conocido con el alias el loco, fue ejecutado a balazos en la colonia Brunet de ese mismo municipio.

 El crimen ocurrió a unos metros de donde se encontraba su esposa. Su esposa era Roxana. Las investigaciones del homicidio, según consignaron en su momento medios locales como plumas libres, apuntaron a una posible venganza por viejas rencillas. El historial de Fernández Escalante era conocido en la zona. En 2012 había sido detenido por elementos de las fuerzas armadas mexicanas en posesión de armas de uso exclusivo del ejército y drogas.

En diciembre de 2015, al recobrar su libertad, recibió al menos tres impactos de bala en un atentado. Los médicos del hospital comunitario de Cuatzacoalcos le salvaron la vida en esa ocasión. Dos años después no hubo segunda oportunidad. La organización Comunicación e Información de la Mujer confirmó que en 2017 Guzmán Ramírez se vio obligada a abandonar el estado de Veracruz por motivos de seguridad, posiblemente relacionados con la muerte de su esposo.

 Antes de salir había trabajado en el diario del Ismo. Después de 2017 hubo silencio. Ese silencio duró 8 años. En enero de 2025, Roxana Berenice Guzmán Ramírez regresó a Nanchital. no llegó en silencio. Fundó el portal Pulso Informativo del Sureste, también conocido localmente como Pulso Nanchiteco. El medio operaba principalmente a través de una página de Facebook desde donde realizaba transmisiones en vivo y publicaba reportes ciudadanos, notas sobre servicios públicos fallidos, denuncias de vecinos, seguimiento a la

política municipal y cobertura de la nota roja regional. En pocos meses, el portal acumuló 19,000 seguidores. Era un medio hiperlocal de trinchera. El tipo de periodismo que en teoría no amenaza a nadie porque no tiene alcance nacional. Pero en territorios donde el poder opera a escala de colonia, de calle, de nombre propio, 19,000 testigos son una cantidad suficiente para incomodar.

 La única excepción documentada al silencio institucional que rodeó su trabajo en esos meses, data de 2019 antes de su regreso, cuando Guzmán Ramírez solicitó la intervención de la Comisión Estatal para la atención y protección de los periodistas por un presunto hostigamiento de una funcionaria municipal de Nanchital.

El expediente existe. El seguimiento, si lo hubo, no dejó registro público visible. Un compañero de trabajo declaró a Milenio que nunca la escuchó hablar de amenazas, que llevaba dos o tres años trabajando activamente en el periodismo de la zona, que en ningún momento les platicó de situaciones que la pusieran en riesgo.

 Esa declaración no descarta el peligro, la confirma de otra manera. En Veracruz, la gente que recibe amenazas concretas no siempre las enuncia. A veces callar la amenaza es el único margen de maniobra disponible. En los días inmediatamente anteriores al 2 de junio de 2026, el portal de Roxana publicó tres notas que los analistas del caso han señalado como potencialmente relevantes.

 La primera era una denuncia ciudadana sobre la comercialización de huevos en mal estado en Nanchital, una nota de consumidor que en cualquier otro contexto sería intrascendente. La segunda era el reportaje sobre el adulto mayor herido por las vacas de El Negro de los cielos, con la exigencia de que el propietario asumiera responsabilidad civil y que las autoridades intervinieran.

 La tercera documentaba las exigencias de una familia al ayuntamiento municipal para que cubriera los gastos médicos derivados de un accidente en el que había estado involucrada una camioneta oficial del gobierno local. Tres piezas de la cotidianidad de un municipio, tres notas que en cualquier sala de redacción metropolitana no pasarían el filtro editorial del día.

 En Nanchital, en junio de 2026, aparecen en la cronología inmediatamente anterior al secuestro de su autora. El reportaje sobre el accidente con la camioneta oficial es la tercera pieza que merece atención, implica negligencia o responsabilidad de un vehículo del Ayuntamiento, implica lesiones a un ciudadano.

 implica la pretensión de que una institución municipal rinda cuentas. En regiones donde la estructura criminal y la estructura burocrática comparten espacios, intereses y a veces personal, exigir que el ayuntamiento pague consecuencias por sus camionetas puede equivaler, en términos de riesgo para el periodista a exigir cuentas de algo más complicado que una llanta mal alineada.

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