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ERIK MORALES: su humillante KO… El oscuro FINAL que HUNDIÓ a la leyenda

ERIK MORALES: su humillante KO… El oscuro FINAL que HUNDIÓ a la leyenda

del Olimpo al abismo. Cuatro títulos mundiales en cuatro divisiones distintas. El primer mexicano en la historia del boxeo profesional en lograrlo. Nadie antes que él, nadie de su país. 52 victorias, 36 knockouts, 15 campeones mundiales derrotados a lo largo de 19 años de carrera. Nombrado dos veces protagonista de la pelea del año por la revista The Ring.

 El número 6 libra por libra en el mundo entero en el año 2005. Inducido al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en 2018 junto a los más grandes que el deporte ha producido. Si te vas antes del final, te [música] pierdes lo más importante. Como el boxeador más duro de su generación, el que en 20 años de carrera y 61 combates profesionales jamás le dio la espalda a nadie en el ring.

 Aprendió de la manera más brutal que hay golpes que no vienen con guantes. Y luego esto noqueado brutalmente en cuatro asaltos por un peleador que le doblaba en juventud. Positivo por una sustancia prohibida antes de su última pelea y las autoridades deportivas lo sabían con 24 horas de anticipación y dejaron que subiera al ring de todas formas.

 Su propio hijo, muerto de un paro cardíaco a [música] los 23 años, solo en su casa, después de ir [música] al oxo por un café y una imagen que México no pudo borrar jamás. Eric, el terrible Morales, el peleador más duro que Tijuana produjo en toda su historia, [música] sentado en las cuerdas de un ring de Las Vegas, sacudiendo la cabeza, diciéndole que no al árbitro, diciéndole que no al boxeo, diciéndole que no a todo lo que había sido durante 20 años de su vida.

Lo que nadie te contó es que la caída del terrible no fue un instante, eh, no fue un escándalo de una sola noche, ni una decisión equivocada que lo destruyo de golpe. Fue un proceso. Fue una máquina construida pieza a pieza desde los 5 años, [música] alimentada de sacrificio y de golpes dados y recibidos, que se fue desarmando derrota a derrota, año a año, durante un periodo que nadie supo leer bien cuando estaba pasando.

 Y cuando por fin se detuvo, lo hizo de la manera que ningún fanático [música] mundo esperaba de él, mirando a su padre desde la lona y decidiendo que ya era suficiente. Su nombre es Eric Isaac Morales Elvira. Nació el 1 de septiembre de 1976 en la zona norte de Tijuana, Baja California, México. Y lo que construyo y lo que perdió cambio para siempre la manera en que México entiende a sus heroes del deporte.

 En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nunca te contaron sobre [música] el primera que había detrás de Clen Buterol que apareció en su organismo justo [música] antes de la última pelea de su carrera. El resultado que la Comisión Atlética del Estado de Nueva York conoce con 24 horas de anticipación y que no fue suficiente para detener el combate.

Segunda, la noche exacta del 18 de noviembre de 2006, el momento preciso dentro del tercer asalto de la tercera pelea contra Manny Pacquiao, en el que el mito del terribles se quebró en directo ante millones de personas alrededor del mundo. Tercera. Lo que Morales confesó [música] años después sobre lo que pasó por su cabeza en esos segundos sentado en las cuerdas mirando hacia un costado del ring.

 Una confesión que lo cambia todo, que reencuadra todo lo que pensabas que sabías sobre esa noche. Cuarta, la tragedia que llegó mucho después del boxeo. El 1 de diciembre de 2021, su hijo mayor, José Fernando Morales Anaya murió de un paro cardíaco a los 23 años después de ir al Oxo por un café. Y lo que Morales con al mundo sobre esa pérdida.

 Te voy a avisar cuando llegue cada una, pero antes necesitas saber de dónde venía. Porque todo esto empezó en una calle de la zona norte de Tijuana, en una ciudad que tiene frontera con Estados Unidos a 2 km y una brecha económica que se mide en generaciones. Y si no sabes de dónde viene un hombre, no puedes entender por qué hace lo que hace cuando la vida le aprieta. Grábate. Esto es importante.

[música] Tijuana en los años 80 no era una ciudad donde los sueños llegaban solos. Era una ciudad de frontera donde el trabajo era concreto, físico y donde las familias que tenían algo lo habían conseguido con las manos. La zona norte. Entonces, el barrio donde creció Eric Morales era un sector urbano de clase trabajadora, calles entre talleres mecánicos, pequeños negocios, vecindades con patios [música] compartidos y televisores que transmitían la lucha libre los domingos.

 No era el peor lugar de México, pero tampoco era el lugar donde alguien se despertara un martes por la mañana pensando que un día iba a pelear en el MGM Grand Garden Arina de Las Vegas ante 14,000 personas [música] con un cinturón mundial en la cintura. La zona norte tenía algo específico que la diferenciaba de otros barrios trabajadores del país.

 La frontera estaba a a 2 km visible, presente, como un recordatorio diario de que el mundo de las oportunidades existía, pero que para la mayoría de las familias de ese barrio estaba siempre del otro lado. Ese contexto geográfico genera un tipo de mentalidad en los hijos de esas familias. Una mentalidad donde la velocidad de los sueños depende de lo rápido que seas capaz de moverte.

[música] Y en el México de los años 80, para un chico de la zona norte de Tijuana, moverse rápido significaba tener algo con que hacerlo. José Morales, el padre de Eric, [música] también había boxeado. No llegó lejos en el deporte, pero conoce el idioma del ring desde adentro. Sabia lo que se siente [música] cuando un chap conecta bien y lo que se siente cuando uno no llega a tiempo y la mano del rival ya está en tu cara.

 sabia la diferencia entre un golpe que duele y un golpe que te cambia el equilibrio. Cuando Eric tenía 5 años, su padre le puso los guantes por primera vez. 5 años. Mientras otros ninos de la zona norte todavía deletreaban su nombre en la primaria, Eric Morales ya aprendía a cubrirse, a moverse, a tirar un jub con el brazo izquierdo y a girar el cuerpo para poner peso detrás del golpe.

 Su padre no lo entrenaba para que fuera campeón del mundo necesariamente. Lo entrenaba para que tuviera algo suyo, para que tuviera disciplina, para que en una ciudad donde los caminos fáciles raramente terminan bien, el chico tuviera una razón para madrugar y trabajar duro. Y lo que encontró fue que el chico tenía algo que no se enseña con ningún manual, el instinto de pelear.

Grábate este detalle también. José Morales entró al boxing de su hijo desde los 5 años y siguió en su esquina durante toda la carrera profesional. 20 años de carrera, su padre en cada esquina. Ese detalle es central en esta historia. Más adelante vas a entender exactamente por qué. Le los primeros años de entrenamiento fueron en el gimnasio universitario de Tijuana.

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