Había pasado años haciendo giras por América Latina. Había dormido en hoteles de Buenos Aires y La Habana mientras pensaba en Ciudad de México. Y esa frase sobre morir lejos y pedir que trajeran el cuerpo de vuelta no era para él una imagen poética. Era algo que había sentido en noches de madrugada lejos de casa, antes de saber que existía una canción con esas palabras.
La filmación de la escena había sido hecha con la sencillez que Emilio Fernández usaba cuando quería que algo llegara sin intermediarios. Jorge Parado, el mariachi alrededor, la cámara sin movimiento, dejando que la voz llenara el espacio sin competencia. Monje estaba presente ese día de filmación y se quedó parado en un rincón del set escuchando a Jorge cantar por primera vez en voz alta lo que había escrito 30 años antes.
Y había en ese momento algo que describió después como la sensación de que la canción había finalmente llegado a donde siempre necesitó llegar, no en el papel, no en una grabación sin rostro, sino en una voz que entendía cada palabra por lo que realmente era. La escena quedó lista en pocas tomas porque no había nada que ajustar.

La voz estaba en el lugar correcto desde el principio. El disco que la RCA Víctor lanzó después de la película había puesto México lindo y querido en el lado B del sencillo, detrás del rogón, que era la apuesta real de la disquera. Noteb. Era la cuarta vez que la canción llegaba al mundo en posición de desventaja y Chucho Mon había recibido la noticia con la resignación de quien ya había aprendido a no confundir una nueva oportunidad con una garantía.
Pero había algo diferente esta vez, no en la posición del disco, que era la peor posible, sino en las radios, donde la gente empezó a llamar pidiendo escuchar el lado B, no el lado A, y el número de pedidos fue creciendo con esa lentitud específica de las cosas que no llegan de golpe, pero que cuando llegan no se van más.
La disquera no había apostado por México lindo y querido, y México lindo y querido había empezado a demostrar que la disquera estaba equivocada. Jorge había grabado la canción con el mariachi Pulido en 1951 y la grabación había encontrado en las radios un camino que las versiones anteriores nunca habían encontrado. No porque la canción fuera diferente, sino porque la voz había hecho algo con las palabras que las versiones anteriores no habían logrado hacer.
había vuelto cada frase personal de una manera que hacía que quien escuchaba sintiera que la canción estaba siendo cantada específicamente para él. Chucho Monje escuchaba la radio en ese periodo con la atención de quien pasó 30 años esperando algo y que había aprendido a no llamar llegada, lo que podía ser solo un paso. Pero había algo en esa voz sobre esas palabras que era diferente a todo lo que había existido antes.
Y la diferencia no estaba en la técnica ni en el arreglo, estaba en algo más difícil de nombrar que Mon reconocía antes de poder explicarlo. La canción fue creciendo a lo largo de 1951 y 1952 con esa velocidad específica de las músicas que no necesitan campaña para llegar, que van encontrando personas de una en una y construyendo un territorio que cuando está listo es imposible de ignorar.
En las fiestas del 15 de septiembre, cuando México celebraba la independencia con la intensidad que el país dedicaba a pocos otros momentos del año, México lindo y querido había empezado a aparecer junto al himno nacional, no por decreto de nadie, sino porque la gente simplemente comenzó a cantarla en esos momentos, como si siempre hubiera sido así.
Chucho Monje seguía todo aquello con la mezcla específica de gratitud e incredulidad, de quien esperó tanto tiempo por algo que cuando llegó parecía demasiado grande para ser real. Y había entre él y Jorge en ese periodo una complicidad tranquila de quien compartió algo sin necesitar hablar mucho sobre lo que compartió.
Jorge Negrete llegó a Los Ángeles en noviembre de 1953 para una serie de presentaciones en el Million Dollar Theater, donde había sido contratado por $45,000 y llegó con la salud ya comprometida por una hepatitis que cargaba desde 1937 y que había evolucionado hacia una cirrosis que los médicos seguían con preocupación creciente.
Una noche fue a ver la pelea de boxeo del mexicano Raúl Macías, que había atraído a la Comunidad Mexicana de Los Ángeles en uno de los eventos deportivos más grandes de ese año y durante la pelea sintió algo romperse por dentro, una variz del esófago que no aguantó y fue llevado de urgencia al hospital Cedros del Líbano con una hemorragia interna que los médicos intentaron controlar durante días sin lograr estabilizar lo que se había roto.
María Félix estaba en Francia filmando cuando recibió la noticia y tomó el primer vuelo disponible, llegando a Los Ángeles con la urgencia de quién sabe que el tiempo es una variable que ya no está bajo su control. Jorge entró en coma y murió el 5 de diciembre de 1953, 42 años, lejos de México, en una ciudad extranjera a la que había llegado a trabajar y de la que no pudo volver por sus propios pies.
La radio mexicana anunció la noticia esa mañana con la voz del locutor quebrándose a la mitad de la frase. Y cuando el silencio del shock colectivo de millones de personas necesitó algo para llenarlo, alguien puso, “¡México lindo y querido.” No fue una decisión planeada, fue un instinto. Lo mismo que hace que la gente cante ciertas músicas en ciertos momentos sin que nadie organice nada.
Y la canción salió de las radios de México con esas palabras que Chucho Mon había escrito cuando tenía 11 años. Si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí. Y el país entero escuchó esa letra como si fuera la primera vez, porque en ese momento había dejado de ser una canción y se había convertido en una profecía cumplida.
El cuerpo de Jorge Negrete fue traído de vuelta a México exactamente como la canción decía que debía ser traído y 200,000 personas lo acompañaron en las calles de Ciudad de México, en un funeral que el país vivió colectivamente, como si hubiera perdido algo que era imposible reponer. Los cines y teatros cerraron, las radios suspendieron su programación normal y México lindo y querido sonó en esos días con una frecuencia que no tenía nada de planeado y todo de necesario, porque había en esas palabras el único vocabulario disponible para lo que
México estaba sintiendo en ese momento. Chucho Monje escuchó la canción sonar por enésima vez en esos días con los ojos llenos de lágrimas. No por la fama que había llegado 32 años después de haberla escrito, sino por algo que no tenía nombre y que venía de saber que las palabras que había escrito en un cuarto en Morelia cuando era niño, habían encontrado la vida real de un hombre real, de una manera que ningún compositor puede planear y que cuando ocurre es imposible de procesar de forma simple. La versión de Jorge Negrete de
México, lindo y querido, sonó en las radios de todo México, mientras su cuerpo cruzaba el país de vuelta a la Tierra, que la canción había prometido que lo recibiría. Y había algo en ese momento que transformó para siempre la relación entre esa voz y esas palabras, porque la canción había descrito con 30 años de anticipación lo que estaba ocurriendo y la voz que la había cantado era la misma que ahora estaba en silencio dentro del féretro.