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Luz Elena Jiménez desapareció en Zapopan — su agenda personal apareció 10 años después

Tu apoyo nos ayuda a seguir contando estas historias que necesitan ser escuchadas. Voy a la junta de padres de familia y luego paso al súper. Llego como a las 8, le gritó desde la puerta. Roberto, concentrado en el partido de los Chivas que transmitían por televisión levantó la mano en señal de que había escuchado.

Esas fueron las últimas palabras que intercambiaron. La secundaria técnica número 47. ubicada en la colonia Constitución de Zapopan, bullía con la actividad vespertina. Luz Elena llegó puntual, como siempre a las 5:30 de la tarde. Sus compañeras maestras la recuerdan entrando al aula de usos múltiples con su caracteristic sonrisa cordial, saludando a los padres de familia que ya se encontraban acomodados en las sillas de plástico azul.

La reunión transcurrió con normalidad. Se discutieron los preparativos para el festival del día del niño, la necesidad de reparar los baños de la planta alta y el eterno problema del estacionamiento insuficiente. Lucelena tomó notas en su agenda, como era su costumbre, y participó activamente en la discusión sobre la organización de las quermeses del mes siguiente.

Marisol Vázquez, madre de uno de los alumnos de segundo grado, recuerda haber hablado con Luz Elena sobre los uniformes nuevos que la escuela estaba considerando implementar. Se veía normal, tranquila. Me preguntó por mi hijo menor, que había estado enfermo la semana anterior. Era muy atenta con todos los estudiantes, no solo con los suyos.

relataba años después, cuando las autoridades comenzaron a recabar testimonios. La junta terminó a las 7:15 de la noche. Lucelena guardó sus cosas con la misma metodicidad de siempre. Primero los papeles de la reunión, luego su pluma favorita, una Parker azul que le había regalado Roberto en su aniversario y finalmente su agenda personal en el compartimento lateral de la bolsa.

se despidió de sus colegas en el estacionamiento de la escuela. Patricia Hernández, la maestra de matemáticas, fue la última persona en verla. Me dijo que iba al Soriana de López Mateos a comprar algunas cosas para la comida del domingo porque venían sus suegros. Se subió a su suru blanco y arrancó. Recuerdo que tenía puesta una blusa azul marino y pantalones de mezclilla”, declaró Patricia cuando la familia comenzó a buscarla desesperadamente.

El supermercado Soriana de la avenida López Mateo Sur encontraba a 15 minutos de la escuela, siguiendo la ruta que Luz Elena acostumbraba a tomar. Sin embargo, las cámaras de seguridad del establecimiento nunca registraron su entrada esa noche. El Tsuru Blanco modelo 2008 tampoco apareció en el estacionamiento del centro comercial.

Roberto comenzó a preocuparse cuando dieron las 9 de la noche y Lucelena no había regresado. No era propio de ella llegar tarde sin avisar. marcó a su celular varias veces, pero las llamadas se iban directo al buzón de voz. El mensaje que había grabado meses atrás con su voz alegre diciendo, “Hola, soy Luz Elena.

Deja tu mensaje después del tono.” Se volvía más desgarrador con cada intento. A las 10 de la noche, Roberto decidió salir a buscarla. manejó hasta la escuela, pero el plantel estaba cerrado y en completo silencio. Se dirigió después al Soriana, donde preguntó a los empleados de seguridad si habían visto a una mujer de mediana estatura, cabello castaño rizado y que manejaba un surú blanco.

Nadie recordaba haberla visto. La madrugada del 16 de marzo de 2014 encontró a Roberto en la cocina de su casa con el teléfono en la mano y una taza de café frío sobre la mesa. Había llamado a todos los hospitales de la zona metropolitana de Guadalajara pensando que quizás había tenido un accidente. Contactó también a su cuñada Leticia, hermana de Luzelena, quien vivía en la colonia americana, y prometió ayudar en la búsqueda.

Las primeras horas de una desaparición son cruciales, pero en México del 2014 las autoridades requerían que pasaran 72 horas antes de levantar un reporte oficial. Esta regla, que había costado tiempo valioso en cientos de casos similares, obligó a la familia a organizar su propia búsqueda durante esos primeros días críticos.

Leticia llegó a la casa de los Jiménez antes del amanecer. Era una mujer práctica, 10 años menor que Lucelena, que trabajaba como administradora en una clínica dental del centro de Guadalajara. trajo consigo una lista de contactos y un plan de acción que había estado organizando mentalmente durante el trayecto en taxi desde su casa.

“Tenemos que dividirnos”, le dijo a Roberto mientras servía café recién hecho. “Tú vas a ir a todos los lugares donde Luz Elena acostumbra a ir. El banco, la papelería donde compra material para la escuela, la farmacia de la esquina. Yo voy a llamar a todas sus amigas y conocidas. Necesitamos saber si alguien más la vio después de las 7:15 de anoche.

Roberto asintió agradecido de tener una dirección clara en medio del caos emocional que sentía creciendo en su pecho. Se bañó rápidamente y salió de casa cuando apenas comenzaba a aclarar el cielo. Zapopán despertaba lentamente con el rumor de los camiones urbanos y el olor a tortillas recién hechas que se escapaba de las casas.

La farmacia Guadalajara de la esquina de López Cotilla y federalismo fue su primera parada. Don Raúl, el farmacéutico que conocía a Luz Elena desde hacía años, negó con la cabeza cuando Roberto le mostró una fotografía reciente de su esposa. “No la he visto desde el miércoles pasado cuando vino por sus vitaminas”, confirmó y se ofreció a preguntar a las muchachas del turno vespertino cuando llegaran.

El Banco Santander de la plaza comercial Los Arcos tampoco arrojó información útil. Los ejecutivos consultaron los movimientos recientes de la cuenta de Luz Elena, pero la última transacción había sido 3 días antes, un retiro de 500 pesos en el cajero automático de la escuela. Mientras Roberto recorría los lugares habituales de su esposa, Leticia había convertido la sala de la casa en un centro de operaciones improvisado.

Tenía extendida sobre la mesa del comedor una lista con todos los números telefónicos que había encontrado en la agenda personal de Luz Elena, la cual Roberto había localizado en su escritorio de la recámara. Esa agenda era diferente a la que Luz Elena llevaba siempre consigo. Era más antigua, donde guardaba contactos de años anteriores y números de familiares lejanos.

Las llamadas comenzaron temprano. Leticia habló con Rosario, la compañera maestra más cercana a Luz Elena, quien inmediatamente se ofreció para ayudar en la búsqueda. Contactó también a las vecinas de la cuadra, a las madres de familia de la escuela, con quienes Luz Elena mantenía más contacto, e incluso a su antigua jefa de cuando trabajaba en una oficina gubernamental antes de dedicarse completamente a la enseñanza.

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