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EL MOTIVO REAL DEL ODIO ENTRE LUIS MIGUEL Y ALEJANDRO FERNANDEZ QUE LES LLEVÓ A COMETER UNA LOCURA

 

 

 Piensa en lo que significa eso. El hombre más famoso de la música latina, con todos los recursos del mundo a su disposición no pudo encontrar a su propia madre o no pudo obtener la verdad sobre lo que le pasó. Y hay personas que señalan directamente a Luisito Rey como la persona que sabe qué pasó con Marcela.

 Personas que dicen que el padre de Luis Miguel no solo robó el dinero de su hijo, sino que también le robó a su madre. Luisito Rey murió en 1992 sin haber dado una explicación completa. Se llevó los secretos a la tumba y Luis Miguel quedó con una herida que ningún éxito, ningún grami, ninguna gira multimillonaria ha podido cerrar.

 La madre que desapareció, el padre que traicionó. Esas dos ausencias son el núcleo de todo lo que Luis Miguel ha hecho y dejado de hacer durante 30 años. Alejandro Fernández tuvo una infancia completamente diferente en términos materiales. Creció en una familia estable, con dinero, con presencia paterna. Vicente Fernández estaba ahí.

Pero estar ahí no siempre significa estar presente de la manera que un hijo necesita. Vicente Fernández era un hombre que había construido su identidad sobre valores muy específicos. La masculinidad tradicional mexicana, el trabajo duro, la lealtad a la familia, el orgullo del apellido. Esos valores tenían cosas hermosas y cosas que podían aplastar a un hijo que no encajaba perfectamente en el molde.

 Alejandro era sensible, era artístico, tenía una voz que desde pequeño era claramente extraordinaria, pero también tenía una personalidad que no siempre coincidía con lo que su padre esperaba de un Fernández. La relación entre Vicente y Alejandro fue siempre compleja. Había amor, eso es indudable. Pero había también una expectativa que pesaba como una losa.

 Vicente Fernández había construido algo enorme y quería que su hijo lo continuara. no solo que tuviera éxito, que continuara específicamente lo que él había construido, que cantara ranchero, que representara los mismos valores, que fuera, en cierta forma la versión joven de Vicente Fernández. Y Alejandro tenía sus propias ideas sobre quién quería ser.

 Esa tensión entre lo que el padre quería y lo que el hijo necesitaba definió los primeros años de la carrera de Alejandro de formas que el público no siempre entendió. Cuando Alejandro lanzó su primer disco en 1992, lo hizo con canciones de ranchero, siguiendo el camino que su padre había trazado. Pero desde el principio había algo diferente, una energía distinta, una forma de interpretar que no era simplemente una copia de Vicente, era algo propio.

 Y eso, esa diferencia fue tanto su mayor fortaleza como la fuente de sus mayores conflictos. Aquí es donde las historias de Luis Miguel y Alejandro Fernández empiezan a cruzarse de formas interesantes, porque en los años 90 los dos hombres eran simultáneamente los artistas más importantes de la música latina y al mismo tiempo estaban en categorías completamente diferentes.

Luis Miguel era el rey del pop romántico en español. Alejandro Fernández era el príncipe del ranchero que intentaba expandirse hacia otros géneros. No eran competidores directos en términos musicales, pero sí lo eran en términos de atención, de portadas de revistas, de espacio en la radio, de presencia en los premios y en la industria musical.

 Ese tipo de competencia es tan real intensa como cualquier otra. Lo que muy pocos saben es que hubo un momento en que los dos estuvieron a punto de colaborar, un proyecto que habría sido histórico, un álbum o una gira conjunta que habría unido a los dos hombres más importantes de la música latina en un solo evento.

Las negociaciones llegaron lejos, hubo reuniones, hubo conversaciones, hubo personas de ambos equipos que trabajaron durante meses en los detalles y entonces algo pasó, algo que ninguno de los dos ha explicado públicamente con detalle. El proyecto se cayó, las negociaciones terminaron y los dos hombres siguieron sus caminos separados como si esas conversaciones nunca hubieran ocurrido.

Las versiones sobre por qué se cayó el proyecto son múltiples. Que los egos no cabían en el mismo escenario, que hubo desacuerdos sobre quién encabezaría el cartel, que las disqueras no llegaron a un acuerdo sobre los términos económicos, que hubo palabras que se dijeron en privado y que dejaron heridas que no sanaron.

 Lo que sí es claro es que después de ese momento la relación entre los dos cambió. no se convirtieron en enemigos declarados, pero tampoco volvieron a ser lo que podrían haber sido. Aquí viene la segunda revelación, el momento exacto en que Alejandro Fernández decidió que ya no iba a vivir a la sombra de nadie y lo que tuvo que pagar por esa decisión.

 En 1997, Alejandro Fernández hizo algo que nadie esperaba. lanzó un álbum llamado Me estoy Enamorando, que mezclaba el ranchero con el pop, con baladas, con ritmos que no tenían nada que ver con lo que su padre había construido. El álbum fue un éxito masivo, vendió millones de copias, generó hits que sonaron en toda Latinoamérica y al mismo tiempo generó una conversación que Alejandro no había anticipado completamente.

 la conversación sobre si estaba traicionando su herencia, si estaba abandonando el ranchero, si estaba eligiendo el éxito comercial sobre la autenticidad. Esa conversación llegó hasta Vicente Fernández y la respuesta de Vicente no fue la que Alejandro esperaba. Vicente Fernández era un hombre que había construido su carrera sobre la pureza del género.

 Para él, el ranchero no era simplemente un estilo musical, era una identidad, una filosofía, una forma de ser mexicano. Y ver a su hijo mezclarlo con pop, con baladas románticas, con elementos que él consideraba ajenos a esa identidad, le dolió de una manera que no supo ocultar completamente. No hubo una confrontación pública dramática.

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